“La suerte bizca” (1960) de Andrzej Munk: un oportunista gafe ante el martirio de Polonia

"La suerte bizca" (Zezowate Szczescie, 1960) de Andrzej Munch explora las desventuras de un polaco oportunista que sin éxito intenta aprovechar a su favor los tráficos cambios que Polonia experimenta antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial. Una comedia muy seria y un drama muy cómico

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El actor Bogumił Kobiela con la actriz Maria Ciesielska en un plano de la película. Foto: Filmoteka Narodowa/ http://fototeka.fn.org.pl/

La suerte bizca (Zezowate Szczęście) explora las desventuras de un polaco totalmente gafado que se vende a todas las ideologías y movimientos  políticos en los últimos años de la Polonia de entreguerras, la Segunda Guerra Mundial y en el periodo estalinista. Una comedia muy seria, un drama muy cómico sobre el trágico destino de Polonia.

Datos sobre la película

Director: Andrzej Munk
Año: 1960
Guionista: Jerzy Stefan Stawinski
Reparto: Bogumił Kobiela, Barbara Kwiatowska, Wojciech Siemon, Adam Pawlikowski
Duración: 128 min
Rodada en: Varsovia, Cracovia y la cárcel de Sieradz
Valoración de La Polonia de los Polacos: 9/10.

Puede ver la película (en polaco, sin subtítulos) en el siguiente enlace y cuadro. Aviso: este artículo contiene información sobre el argumento de la película (spoilers).

La cuarta película de Andrzej Munk, a quien la historia le debe alcanzar algún día tanta fama como Edvard Munch, hace reír para no llorar. Una comedia sobre el desastre polaco. Un tratado sobre el trágico destino de Polonia con un toque divertido.

Definida por algunos como la quintaesencia del deshielo postestalinista en el cine y el asentamiento de los mitos del coraje y la constancia nacional presentes en las artes polacas hasta hoy. Ésta es una de las primeras películas que trascendió los marcos románticos sobre la historia polaca, justo al lado opuesto de gran parte del cine de Wajda. Fue basada en la novela de Jerzy Stefan Stawinski Las seis encarnaciones de Jan Piszczyk

Las desventuras del gafe Piszczyk

El personaje principal Jan Piszczyk (Bogumił Kobiela) desde su niñez trata de adaptarse mejor a las tendencias sociales y políticas en cada momento. Piszczyk, un testigo de los eventos del siglo XX, intenta deslizarse a través de ellos con la ayuda de intrigantes, el egoísmo y una gran dosis de conformismo. Buscando la aceptación social, puede involucrarse con cada ideología. Sin embargo, nada le permite escapar de su cruel destino, su mala suerte está echada.

Antes de la guerra, se inscribió a los escoltas. En la una manifestación antisemita y a favor de la toma polaca de Kaunas del partido radical autoritario Obóz Zjednoczenia Narodowego (Campo de Unidad Nacional, escisión sanatista no fascista, creada por el general Edward Śmigły Rydz), Piszczyk, debido a su considerable nariz, es tomado por un judío y golpeado. Durante la Segunda Guerra Mundial, se coloca el uniforme de un cadete polaco, es detenido por los alemanes finalmente termina en un campo de concentración. Allí, otros prisioneros polacos lo reconocen como un espía y lo someten al ostracismo. Finalmente, con la llegada de la República Popular Polaca (PRL), parecía que el destino le empezaba a sonreír. No por mucho tiempo.

De vuelta en Varsovia tras conseguir escapar del campo, llevado por su enamoramiento de su exalumna de clases de repaso Basia, Piszczyk pretende ser un héroe de la conspiración contra la ocupación alemana durante el Levantamiento de Varsovia, trayendo más problemas a sí mismo. Es ayudado por Jelonek, un antiguo amigo con buen corazón, quien a diferencia de Piszczyk, se adapta bien a las cambiantes condiciones políticas y sociales.

Tras la guerra, Piszczyk hace una carrera impresionante en administración. Se dedica con entusiasmo a escribir unos informes interminables. El brillante futuro de un burócrata perfecto, sin embargo, queda arruinado por un eslogan anticomunista escrito con su letra—una trampa tendida por un compañero envidioso—en un tablero de la oficina. Es encarcelado.  Allí Pisczyk se siente seguro por primera vez y le cuenta su vida a un carcelero.

Las primeras escenas de la película, que tiene lugar en el salón de sastrería del protagonista, nos recuerdan a las comedias del cine mudo con Charlie Chaplin o Buster Keaton. Gags rozando el límite de la farsa y la payasada llevan al espectador sin problemas a la trágica épica del destino de Jan Piszczyk, un hombre que no soporta el sonido de las tijeras y la necesidad de tener su propia opinión. Acomplejado, ajeno a lo que sucede a su alrededor, Piszczyk es el antihéroe en una típica de comedia de malentendidos con elementos realistas.

Una comedia trágica sobre un gafe

La idea de Munk para Zezowate Szczęście era sencilla: después de la muy dura Eroica (1957), los espectadores necesitaban una comedia sobre un gafe que mostrara la absurdidad de la vida diaria, la casualidad como desencadenante de los hechos históricos y rompiera algunos mitos sobre la heroicidad polaca. A finales de la década de 1980, “Zezowate szczęście” fue continuada por la secuela “Obywatel Piszczyk” (ciudadano Piszczyk) con guión de Stawiński, dirigida por Andrzej Kotkowski con una actuación estelar de Jerzy Stuhr en el papel principal.

Mala suerte con la crítica

Algunos críticos cuestionan ferozmente el resultado final del experimento de Munk, pero nadie pude quitarle a esta película el rango de obra maestra del cine polaco, simplemente si tenemos solo en cuenta la actuación de Bogumil Kobiela y las implicaciones simbólicas del filme en relación con las diferentes narrativas sobre la trágica historia polaca del siglo XX.

Sin embargo, la película de Munk no debe analizarse desde la perspectiva de una comedia, ya que lleva una gran carga de drama y tragedia, y el director entreteje hábilmente diferentes estilos y formas de expresión. Como resultado, obtenemos una historia divertida con un toque amargo que señala con precisión las debilidades polacas y el vacío detrás de las fachadas nacionales e ideológicas. De esta película los críticos destacan la capacidad de Munk para exponer la falsedad de los estereotipos y los símbolos nacionales polacos.

Sería realmente muy interesante ver esta misma película, pero realizada desde la perspectiva de la Polonia democrática, capitalista y patriótica del siglo XXI en lugar del prisma de la Polonia comunista postestalinista.

 

 

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