La minoría alemana en la Polonia actual

La minoría alemana en la Polonia actual

Miembros de la minoría alemana en Polonia junto al un cartel bilingüe polaco-alemán en la localidad polaca de Raszków. Foto: gorzow.com

Los alemanes en Polonia forman el segundo mayor colectivo de extranjeros en el país, después de los ucranianos, con un  escaso 0.8% de la población. Una cifra que no debe sorprender si tenemos en cuenta que estamos ante uno de los estados con la población más homogénea en toda Europa. De hecho, los ciudadanos originarios del país vecino eran el principal grupo de población extranjera en Polonia hasta el inicio de la inestabilidad en Ucrania en 2014. En 2011 residían en Polonia casi 150.000 ciudadanos de nacionalidad alemana y unos 50.000 ucranianos. La actual cifra de ucranianos residentes en Polonia en 2016 se estima ya en más de un millón.

logo-minoria-alemana
Logo de la minoría alemana en Polonia Foto: Wikimedia commons

Ubicación de la minoría alemana en la actualidad

La mayor parte de los alemanes residentes en Polonia son nacidos en el país y descendientes de (o los mismos) ciudadanos alemanes que no abandonaron los territorios en Silesia, Pomerania, Varmia y Mazuria que pasaron de Alemania a Polonia tras la Segunda Guerra Mundial. Unas zonas conocidas en Polonia como Territorios Recuperados porque eran territorios polacos durante los primeros siglos de existencia del Reino polaco.

La mayoría de estos alemanes residen en la región histórica de Silesia: los voivodatos (divisiones administrativas, provincias) de Opole y Alta Silesia. En el primero residen el 53.2% y en el segundo un 23.8% de los alemanes en Polonia. Algunos se consideran polacos de origen alemán y otros se identifican como alemanes polacos.

mapa-elecciones-polonia-octubre-2015
En este mapa de las elecciones parlamentarias en Polonia de octubre de 2015 se ve en rojo oscuro los municipios (gminas) donde ganó el partido de la minoría alemana, concentradas en la región de Opole. Fuente: wyborynamapie.pl

Otra parte, menos significativa, de la población germana en Polonia la constituyen los inmigrantes o expatriados alemanes de primera o segunda generación que llegaron al vecino oriental por motivos laborales o personales. Están repartidos por todo el territorio polaco, pero con una mayor presencia en las ciudades más grandes–sobre todo, además de la capital, las del norte y oeste del país.

Strzelce Opolskie, Dobrodzień, Prudnik, Głogówek y Gogolin, todas ellas en el voivodato de Opole, son las localidades con un mayor porcentaje de población alemana en Polonia y albergan más alemanes que la misma capital del voivodato.

Trasfondo histórico

Las disputas territoriales y los cambios de fronteras son una constante en la historia de Europa centroccidental y Europa centroriental. El caso polaco-alemán es el ejemplo por antonomasia.

territorios-recuperados-wikiband
En rosado los territorios ganados, y en gris los perdidos, por Polonia tras la Segunda Guerra Mundial Fuente: wikipedia/Wikimedia commons

La colonización alemana de las tierras que originalmente eran polacas, pero después quedaron bajo control alemán durante siglos hasta la Segunda Guerra Mundial, se inició con las devastadoras invasiones tártaras del reino polaco en los siglos XII y XIII. Muchas de estas tierras quedaban despobladas y los reyes polacos invitaban a asentarse a los colones alemanes, dándoles privilegios como exenciones de ciertas cargas feudales de tipo impositivo.

El reino de Polonia pidió inicialmente ayuda a la  germanica Orden de  los Caballeros Teutónicos para luchar contra los paganos prusianos, a los que derrotaron y cristianizaron. Pero luego esta situación derivó en un conflicto entre Polonia y dicha orden germánica por el control de las tierras que hoy en día se encuentran al norte de Polonia, Kaliningrado y oeste de Lituania que determinó que zonas quedarían más adelante bajo control polaco y cuáles bajo control de los reinos germánicos.

Más adelante, los alemanes pasaron a  formar parte del núcleo de la burguesía en grandes ciudades polacas, como fue el caso de Cracovia, y empezó la germanificación de Polonia. Los artistas alemanes como Wit Stwosz introdujeron el estilo gótico a Polonia.

Se crearon nuevos pueblos y ciudades de población germánica, como todas cuyo nombre actual termina en “sztyn” (por ejemplo Olsztyn), traducción al polaco de “stein” (piedra).

Cuando Prusia le arrebató Silesia a Austria en esta región la germanificación se intensificó, pese a la oposición de la Iglesia Católica, que defendía la identidad silesiano-polaca.

Sin embargo, hubo varios alemanes, que enviados por las autoridades de los ocupantes austríacos o prusianos, se polonizaron totalmente y se convirtieron en auténticos patriotas polacos. Un buen ejemplo aunque con efecto posterior es el caso de Rudolf Weigl, un científico polaco de Leópolis (Lwów) que desarrolló la primera vacuna efectiva contra el trifus. Era de origen austríaco y durante la Segunda Guerra Mundial los alemanes propusieron darle el estatus de Volksdeutsche, pero rechazó la oferta. Trabajó con la resistencia polaca y mandó de forma secreta vacunas al Gueto de Varsovia.

Antes de la Segunda Guerra Mundial  existían ya algunas minorías de población  polaca en los territorios alemanes de Baja Silesia, Pomerania (población kazubo-polaca), Varmia y Mazuria. La presencia polaca era mucho más notable en el caso de esta última región.

Tras la Segunda Guerra Mundial en los nuevos territorios polacos ganados al oeste y al norte, hubo un gran choque entres los polacos llegados de los territorios perdidos por Polonia en favor de la Unión Soviética al este (Kresy orientales) y los alemanes autóctonos que evitaron ser expulsados y decidieron quedarse. Para los unos los autóctonos eran alemanes hitlerianos, y para los otros los recién llegados eran rusos. Una brecha que no se ha cerrado totalmente en la actualidad.

Durante la Guerra las autoridades alemanas nazis habían catalogado a la población de los territorios polacos integrados en el Tercer Reicht según su nivel de germanidad en la llamada Deutsche Volksliste. Algo que no era fácil ya que había mucha ambigüedad en cuanto a la definición de ser alemán en la Polonia ocupada. En la lista había cuatro categorías:

  1. Los que habían demostrado su identidad alemana antés de 1939 por su activismo en pro de la causa nazi.
  2. Los que eran étnica y lingüísticamente alemanes, pero no se habián implicado en política antes de la guerra
  3. Los que habían sido catalogados por los nazis como parcialmente polonizados, categoría en que se incuía a los que hablaban los dialectos silesiano y kazubo)
  4. Los alemanes polonizados, incluyendo a cualquier individuo cuyo apellido sonara alemán pero que no hablara el idioma o hubiera participado en organizaciones polacas antes de la contienda.

Tras el conflicto, la mayoría de la población Volksdeutsche, polacos de etnicidad alemana, de la Polonia de preguerra escapó o fue expulsada.

Sin embargo, a algunos se les permitió permanecer en Polonia y se les devolvió la ciudadanía polaca que ostentaban antes de la guerra. Los que habían firmado las categorías 1 y 2 en la Volskiste, es decir, que se consideraban alemanes puros fueron expulsados, mientras que los que hablaban polaco (o silesiano o kazubio), procedían de familias mezcladas germano-polacas, habían estado en campos de trabajos forzados o no constituían una amenaza se les dió asilo. Una minoria en realidad. A estos, una vez otorgada su ciudadanía, se les pedía que polonizaran sus nombres o volvieran a usar sus nombres polacos originales, en caso que se  hubieran visto forzados a germanizarlos durante la contienda.

A algunos alemanes se les permitió seguir en Polonia por motivos profesionales; si tenían habilidades laborales concretas que ningún polaco poseía. A estos alemanes se les trataba como a ciudadanos de segunda categoría, sobre todo en cuanto a salarios y condiciones laborales.

Numerosas mujeres alemanas en la Polonia, cuyos esposos se encontraban en Alemania tras la guerra y no podían regresar, fueron obligadas a divorciarse y a quedarse al este del río Odra hasta 1952, o 1956 en algunos casos. Una situación que también afectaba al resto de sus familias y que se produjo principalmente en Breslavia, Legnica y Wałbrzych en la Baja Silesia además de Koszalin en Pomerania. No se sabe cuantas de estas mujeres no llegaron a desplazarse a Alemania.

Es importante aclarar que los alemanes no fueron expulsados de sus tierras por un acto de venganza polaca tras las atrocidades cometidas por los germanos contra el pueblo polaco, sino como una reparación de guerra impuesta por los vencedores aliados. 

territorios-recuperados-y-voivodatos
Los territorios que pasaron de Alemania a Polonia tras la Segunda Guerra Mundial en verde semioscuro, superpuestos a la actual división administrativa de Polonia en voivodatos. Fuente: wikiwand.com

En las poblaciones donde se concentró la minoría alemana hubo muchos conflictos a la hora de poner nombres en alemán, para las mismas poblaciones, calles, etc. La causa: los líderes de la minoría querían volver a los nombres de justo antes de la guerra, y algunos eran nombres inventados por las autoridades hitlerianas para sustituir a los nombres originales de origen eslavo y avanzar en el proceso de germanización. En toda Alemania hubo un intento de deslavizar nombres de ciudades. Un ejemplo es la ciudad de Bautzen (en polaco Budziszyn) en la Lusacia sajona, que en el siglo XIX todavía se llamaba oficialmente Budissyn.

Polonia pasó de ser una nación multiétnica y multireligiosa a una nueva Polonia: un país homogéneo habitado por católicos polacoparlantes junto a unas minorías residuales en cuanto a cifras demográficas. No sorprende que durante la época comunista el trato institucional a las minorías étnicas, lingüísticas o religiosas– los grupos de población alemana que permanecieron al este del río Odra entre ellas–consistió básicamente en ignorarlas, con la infame excepción de la campaña contra los judíos polacos orquestrada por las autoridades comunistas en 1968.

Muchos miembros de la minoría germana en Polonia regresaron a Alemania en los años 1970s y 1980s por las dificultades económicas dentro del insostenible sistema económico polaco y las mejores condiciones de vida en la República Federal Alemana.

Actividades, derechos y privilegios de la minoría alemana en Polonia

Gracias a la Ley Electoral de Polonia la minoría alemana de Polonia tiene virtualmente garantizada la representación en el Parlamento (Sejm) a través de un diputado como mínimo, independientemente del resultado electoral, ya que le exime el umbral requerido a otros partidos de un 5% para poder obtener un escaño. La minoría alemana tendría problemas parar alcanzar a través de los resultados electorales hoy en día tal representación, aunque llegó a ostentar 7 escaños en 1991 y  3 escaños entre 1993 y 1997. Desde 2007 no ha pasado de un solo escaño.

festival-cultural-de-la-minoria-alemana

evento-de-la-minoria-alemana-en-wroclaw-oct-2012
El Festival de la Cultura de la Minoría Alemana en Polonia tiene lugar cada año en Breslavia desde 2011. Foto superior: quinta edición halastulecia.pl. Foto inferior: segunda edicion, 2012, Ángel López Peiro-el autor tuvo la oportunidad de presenciar el evento en directo

Unos 300 centros educativos públicos en Polonia usan el alemán como lengua de instrucción secundaria (solo algunas horas lectivas) para unos 40.000 alumnos. La lengua germana está reconocida como lengua oficial auxiliar en algunos municipios dentro de los voivodatos de Opole y Alta Silesia. Además el alemán es habitual, junto al polaco, en los carteles de las localidades con notable presencia de la minoría alemana.

german_language_in_gminas
En amarillo los municipios polacos (gminas) donde el alemán tiene estatus de segundo idioma oficial y en beige los municipios donde está permitido otorgar a la lengua alemana tal condición.  Fuente: wikipedia/Wikimedia commons

Los alemanes en Polonia son mayoritariamente católicos aunque algunos también son fieles del Evangelismo luterano.

komorowski-minoria-alemana
El expresidente polaco Bronislaw Komorowski durante una visita a una de las comunidades de la minoría alemana en la región de Opole. Foto: newsweek.pl

Existen en Polonia varios medios de comunicación en lengua alemana. Destacan el semanario Schlesisches Wochenblatt, el periódico Polen-Rundschau, las emisora de radio Schlesien Aktuell y Radio Polonia (una hora al día en alemán) además del portal polenammorgen.

La minoría alemana en Polonia cuenta con sus propias asociaciones, grupos culturales y organiza a menudo multitudinarios eventos que reúnen a miles de asistentes. Sobresale la actividad de la Asociación Socio-Cultural de los Alemanes en la Silesia de Opole (Towarzystwo Społeczno-Kulturalne Niemców na Śląsku Opolskim) impulsora del mencionado partido político de la minoría alemana. Sin olvidarse de la tambén muy activa Asociación Alemana Socio-Cultural de Breslavia (Niemieckie Towarzystwo Kulturalno-Społeczne we Wrocławiu).

Vídeo de la edición 2015 del ya mencionado Festival de la Minoría Alemana en Polonia

Es evidente que hay un claro desequilibrio entre el trato del estado polaco a la minoría alemana con el trato del estado alemán a la minoria polaca. Alemania no reconoce institucionalmente la existencia de una minoría polaca por una ley hitleriana que sigue hoy en día vigente. Más de 2.500.000 polacos residen en Alemania, aunque algunos de segunda o tercera generación ya no se identifican como ciudadanos de nacionalidad polaca.

Las relaciones polaco-germanas son hoy en día complejas y afrontan nuevos retos pero, a diferencia de las relaciones polaco-rusas, son sólidas y positivas a muchos niveles. Asimismo, en líneas generales la minoría alemana está muy integrada dentro de la sociedad polaca y no se conoce que haya grandes conflictos que afecten a sus comunidades.

No obstante, sí que persisten ciertas rencillas causadas por los constantes conflictos entre germanos y polacos a lo largo de la historia–sobre todo la Segunda Guerra Mundial y sus consecuencias–todavía frescas en la memoria de los más ancianos.

Muy acertadamente el historiador británico Norman Davies argumenta que muchos alemanes y polacos todavía están asimilando los cambios de 1945, pero que se está trabajando muy bien desde ambas partes para terminar con los estereotipos hostiles entre ambas naciones. Un proceso de reconciliación que, sin lugar a dudas, beneficia a la situación de los alemanes polacos y /o polacos alemanes.

Mniejszość niemiecka w Polsce
Datos demográficos de 2011 sobre la población alemana en Polonia. Fuente: Onet.pl/ GUS/ Polska Grupa Infograficzna

Fuentes

Poland in the Modern World: Beyond Martyrdom, de Brian Porter-Szucs. Wiley Blackwell 2014
God’s Playground: A history of Poland. Revised Edition de Norman Davies. Oxford University Press 2005
Onet.pl
Wikipedia
http://halastulecia.pl/wydarzenie/v-festiwal-kultury-mniejszosci-niemieckiej/
http://www.newsweek.pl/polska/mniejszosc-niemiecka-wybory-samorzadowe-newsweek-pl,artykuly,348931,1.html

Anuncios

La actual crisis política polaca y sus raíces históricas y sociológicas–según Judy Dempsey del think tank Carnegie Europe

La actual crisis política polaca y sus raíces históricas y sociológicas–según Judy Dempsey del think tank Carnegie Europe

Entre los cientos de artículos de análisis–el de quien les escribe sigue en lento proceso de cocción–que he leído en los últimos meses sobre la  tormentosa realidad sociopolítica de Polonia, me ha llamado la atención, positivamente, especialmente uno (aunque tampoco uno pueda compartir al 100% sus argumentos).

Judy Dempsey, del think tank Carnegie Europe, se ha fijado en la historia de Polonia de los años 1980 y 1990 y en aspectos sociológicos para explicar lo que pasa en Polonia hoy. Además lo ha hecho criticando las controvertidas y preocupantes políticas (sobre todo en el terreno económico, desde mi punto de vista) del nuevo gobierno polaco con un gran respeto a sus votantes y simpatizantes, sin caer en las fáciles, tópicas, dogmáticas e inmerecidas etiquetas de ultra-conservador, ultra-nacionalista, autoritario, extrema derecha, que muchos periodistas usan al informar sobre Polonia. Y con una sorprendente brevedad y capacidad de síntesis que es de agradecer.

He decidido por eso traducir al español este análisis, publicado el lunes 9 de mayo  de 2016 como resultado de la masiva manifestación contra el gobierno en Varsovia el sábado 7 de mayo,  e intentar empezar a aportar así un poco de luz a la complicada realidad polaca en 2016, a la espera de poder completar mi propio análisis. Judy Dempsey argumenta lo siguiente:

La polarizada política de Polonia

 

Primero las buenas noticias. Decenas de miles de polacos tomaron las calles en Varsovia el 7 de mayo. Su eslogan: somos europeos y permaneceremos en Europa. Las enormes multitudes protestaban contra las políticas del partido Ley y Justicia (PIS), que se hizo con el poder gracias a la mayoría parlamentaria en octubre de 2015.

 

Los manifestantes no soportan el hecho que Ley Justicia  (PIS) quiere promover un programa político nacionalista y patriótico a través de la designación de jueces, cambios en el funcionamiento del Tribunal Constitucional y la elección de directores de la radio y televisión estatales que se posicionan claramente a favor del partido. Y mucho más que eso. Los manifestantes del pasado sábado desafiaron la futura dirección de Polonia [bajo el gobierno de PIS].

 

Los partidarios del gobierno organizaron una contramanifestación, de tamaño menor a la manifestación. Su eslogan: Polonia, ten coraje. Le pidieron a Ley y Justicia que no ceda ante “grupillos” vinculados al partido de centro-derecha Plataforma Cívica (PO), que según ellos no ha asumido la derrota en las elecciones de 2015 después de gobernar Polonia durante 9 años.

 

A pesar de las grandes diferencias de tamaño, las dos manifestaciones  mostraron que la sociedad civil está viva y en buen estado en Polonia. Esto es importante  no solo para Polonia sino también en el contexto más amplio de Europa y Europa [centro]oriental.

 

Los activistas de la sociedad civil en Ucrania han sido cruciales para intentar reducir la insidiosa influencia de los oligarcas que se han incrustado profundamente en las instituciones estatales.

 

En Rumanía movimientos de la sociedad civil, hartos de la corrupción, ayudaron a la elección de Klaus Iohannis como presidente en 2014. La corrupción continúa, pero los tribunales, aunque con retraso, han empezado a pronunciar sentencias contra los que abusan del poder público. Este cambio muestra que la sociedad civil puede cambiar la política cultural.

 

En el caso de Polonia, las últimas manifestaciones contra el gobierno no implicaron solamente a la oposición parlamentaria sino también un amplio espectro de movimientos independientes que no quieren que el estado usurpe en sus vidas.

 

Después de todo fueron mujeres las que forzaron a la primer ministro polaca  Beata Szydło a renunciar a sus planes de hacer la estricta ley del aborto polaca todavía mucho más restrictiva. La líder del ejecutivo fue ferozmente criticada y víctima de mucho sarcasmo en las redes sociales.

 

Pero ahora las malas noticias sobre Polonia: lo que está sucediendo en el quinto mayor estado miembro de la UE  es la política de venganza.

 

Ley y Justicia, dirigido por Jarosław Kaczyński ha justificado su batería de cambios de políticas y personal en la esfera pública asegurado que simplemente esta revertiendo lo que hizo su predecesor, Plataforma Cívica, durante su periodo de gobierno entre 2007 y 2015. Antes de esto, Ley y Justicia había intentado virar el país en una dirección conservadora y euroescéptica durante su anterior legislatura en el gobierno entre 2005 y 2007–una dirección que Plataforma Cívica revertió.

 

La polarizada política de venganza en Polonia tiene sus raíces en el movimiento Solidaridad, que en 1989 consiguió poner al régimen comunista contra las cuerdas. Entonces, ambos lados acordaron las conversaciones de la mesa redonda para preparar el terreno de cara a una transición pacífica a la democracia. La propia esencia de esas conversaciones de la mesa redonda  afloró  las profundas divisiones ideológicas dentro de Solidaridad.

 

Un ala estaba dominada por intelectuales liberales y laicos. Estos creían en políticas de inclusión durante el periodo de transición. Sus políticas económicas basadas en la terapia de choque tenían como objetivo modernizar Polonia lo más rápido posible parar terminar con la influencia de la antigua nomenclatura comunista.

 

El otro ala, liderada por conservadores y anticomunistas, quería una ruptura total con el pasado basada en la política de exclusión  [de los comunistas].

 

Estas dos alas de Solidaridad desde entonces han continuado compitiendo por el futuro de Polonia–al igual que por el pasado del país–a pesar de que los comunistas son ya una reliquia y Solidaridad como movimiento ya no existe.

 

Esencialmente, más de 25 años después de la caída del régimen comunista, las diferencias ahora se centran en la dirección y alcance de la Unión Europea en Polonia, particularmente en relación a valores. Para Ley y Justicia, los [actuales] valores de la UE–como la igualdad de género y el laicismo que minimiza  la tradición cristiana de Europa–son intrusivos y dañinos para la identidad de Europa y sobre todo de Polonia.

 

La embestida de la globalización es otro tema a tener en cuenta. Ha dejado a los partidarios de Ley y Justicia, especialmente comunidades rurales, conservadoras sin anclas–con la excepción de la Iglesia Católica. Estos sectores de la sociedad fueron generalmente ignorados por Plataforma Cívica. Ley Justicia quiero rectificar esto.

 

Pero hay algo más que perpetua este tipo de políticas de venganza. Es la ausencia de una cultura de la función pública independiente. Funcionarios y profesionales competentes del Ministerio de Exteriores entre otros ministerios están siendo reemplazados o degradados. (Lo mismo sucedió en Hungría). Eso priva  a los ministerios de continuidad, una memoria institucional y lealtad. Les roba ambición e independencia.

 

Quizás sea la hora para que  la sociedad civil–especialmente Moderna (Nowoczesna), un nuevo partido de crecimiento rápido liderado por Ryszard Petru [que según algunos medios polacos se ha apoderado de la masa social de manifestantes contra el gobierno (KOD, comité para la defensa de la Democracia) en detrimento de Plataforma Cívica]–para empezar a hacer campaña y movilizarse para algo que la política polaca ha eludido desde 1989: una función pública independiente, bien pagada, que esté libre de la políticas de venganza. Esto es algo que los activistas de la sociedad civil  están en condiciones de hacer. Son una generación más joven–libre, ojalá así sea, de las encarnizadas y polarizadas disputas ideológicas.

Polonia: uno de los países más seguros del mundo – y segundo con mayor seguridad individual en la OCDE

Polonia: uno de los países más seguros del mundo – y segundo con mayor seguridad individual en la OCDE

Un tranquilo día de verano en la playa de Gdynia, en la costa báltica de Polonia. Foto: Ángel López Peiró

 

Polonia es hoy en día uno de los países más seguros en Europa y en el mundo: no ha sufrido ataques terroristas desde la época de entreguerras (1918-1939, en que eran habituales los atentados cometidos por nacionalistas ucranianos), ni  enfrentamientos bélicos desde 1945-47. Asimismo, en el país centroeuropeo no se han producido eventos de violencia masiva organizada (como los que desencadenó la Ley Marcial) ni represión desde la restauración de la democracia en 1989.

En 2014 la ocupación rusa de Crimea y el estallido de la guerra en el sureste de Ucrania entre el ejército ucraniano y los rebeldes prorrusos–apoyados militarmente por Rusia–despertaron viejos fantasmas en Polonia y pusieron el miedo a un posible ataque ruso en el cuerpo de muchos polacos (también a causa de las informaciones emitidas por muchos medios y políticos polacos al respecto). Sin embargo, nada más lejos de la realidad, un ataque militar ruso a Polonia es muy improbable a corto medio plazo. Aunque los polacos conocen bien el dicho de que “más vale prevenir que curar”, y para el nuevo gobierno polaco el establecimiento de bases permanentes de la OTAN es una prioridad.

De momento, el país, a diferencia de los estados de Europa occidental, no ha estado en el punto de mira del terrorismo islámico, aunque si ha aparecido como objetivo terrorista en vídeos del Daesh (Estado Islámico).

Polonia tampoco sufre amenazas de terrorismo interno. El único supuesto caso conocido es el del químico Brunon K, profesor de la Universidad de Agricultura de Cracovia, que en noviembre 2012 fue detenido por la policía por intentar atentar contra el Parlamento polaco.  [1]

Por otra parte, al nivel de la vida cotidiana de los ciudadanos, Polonia parece ser un país muy seguro. Por poner solo dos ejemplos, en Polonia es muy habitual sacar dinero de cajeros automáticos al aire libre, y se puede pasear de noche con tranquilidad por la mayoría de barrios en las ciudades polacas. Eso no significa, por supuesto, que no ocurran a veces hechos desagradables o irreparables. Y, por supuesto, el esteoreotipo extendido en Alemania del polaco como ladrón de coches no podría estar más alejado de la realidad.

Esa seguridad palpable en las calles de Polonia queda refrendada por el índice Better Life (sobre la calidad de vida) de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), que sitúa a Polonia como el segundo país más seguro (en lo que a seguridad individual se refiere) entre los 34 estados pertenecientes a la organización. Polonia obtiene en esta categoría una puntuación de 9.8 y es superada solo por Japón que obtiene un 10.

better-life-seguridad

Según el informe “la seguridad individual es un factor determinante para el bienestar de las personas que incluye el riesgo de que sean víctimas de un asalto físico o de otro tipo de delito”.

Así describe la OCDE la situación de Polonia en este aspecto:

“En Polonia, el 1.4% de las personas informaron haber sido víctimas de un asalto durante los últimos 12 meses. Una cifra mucho menor que el promedio de la OCDE de 3.9% y una de las menores en la OCDE. Hay una diferencia de casi 1 punto porcentual entre hombres y mujeres en las tasas de asalto: 1% para hombres y 1.8% para mujeres.

La tasa de homicidios (el número de asesinatos por cada 100 000 habitantes) es una medida más fiable del nivel de seguridad de un país debido a que, a diferencia de otros delitos, los asesinatos siempre se denuncian a la policía. Según la información más reciente de la OCDE, la tasa de homicidios en Polonia es de 0.9, cifra mucho menor que el promedio de la OCDE de 4.0. La tasa de homicidios de hombres es de 1.4 en comparación con 0.5 en el caso de las mujeres.”

Y destaca dos aspectos a tener en cuenta para entender la percepción de seguridad que tienen los ciudadanos:

“Pese a que los hombres corren mayor riesgo de ser víctimas de asaltos y crímenes violentos, las mujeres manifiestan menos sensación de seguridad. Esto puede explicarse por un miedo mayor a los ataques sexuales, el sentimiento de que también deben proteger a sus hijos y la preocupación de que se las pueda considerar en parte responsables.

La condición social también causa un impacto en las tasas de victimización y la percepción de seguridad. Las personas con ingresos y un nivel educativo más altos suelen expresar una mayor sensación de seguridad y afrontan un riesgo menor de ser víctimas de un delito. Esto se debe a que pueden costearse una mejor seguridad y están menos expuestas a actividades criminales como las de las pandillas juveniles o el tráfico de drogas.”

Finalmente, en relación a esta cuestión es importante entender (justificar o no sería otro debate o análisis) que una de las razones por la que muchos polacos (tanto conservadores nacionalistas euroescépticos como liberales proeuropeos) son reacios a la llegada de “refugiados” (la mayoría en realidad serían emigrantes económicos) al país–además de su difícil integración, condición de musulmanes y costes en políticas sociales que pueden generar–es porque temen que en Polonia aumente la inseguridad, se creen guetos y puedan incluso llegar a surgir células terroristas, como ha sucedido en España, Francia, Bélgica, Alemania, Suecia y Reino Unido, entre otros países.

[1] Según la versión oficial de los hechos, Brunon K. ya se había hecho con cuatro toneladas de explosivos y armas, pero se le paró a tiempo gracias al trabajo de los servicios secretos polacos. En los medios rápidamente se le apodó “el Breivik polaco” porque supuestamente el fanatismo ideológico estaba detrás de sus intenciones. Sin embargo hay medios polacos, como W Polityce, que cuestionan la versión oficial y aseguran que se trata de una persona con problemas psicológicos, que no tenía intenciones reales de llevar a cabo el atentado, que compró fertilizante en lugar de explosivos, no disponía de armas, y que sus supuestos colaboradores eran en realidad tres agentes del servicio secreto (de seguridad) interno ABW (Agencja Bezpieczeństwa Wewnętrznego, literalmente Agencia de Seguridad Interior) que le seguían la pista como si de una amenaza terrorista real se tratara. Según esta versión alternativa de los hechos, los agentes, una vez descubrieron que no se trataba de un terrorista, tuvieron que tapar la verdad, probablente para no quedar en ridículo de cara a la opinión pública.  El sujeto fue condenado a 13 años de prisión, pero la investigación judicial no encontró ni rastro de armas ni explosivos. La condena está ahora pendiente de apelación. Los que le conocen aseguran que de joven en su casa de Nowa Huta siempre le había gustado hacer experimentos químicos (ruidosos y con llamas).

Polonia aprueba con buena nota en inglés

Polonia aprueba con buena nota en inglés

En la calle Bracka del centro histórico de Cracovia se proyectan poemas y mensajes mandados por cracovianos y visitantes en diferentes idiomas. Foto: poemat.com.pl

Polonia saca un notable cercano al excelente en inglés. El país centroeuropeo se encuentra entre las 10 naciones del mundo (no anglosajón) donde los ciudadanos tienen un mayor dominio de la lengua de Shakespeare.

Así queda reflejado al menos en el informe EF English Proficiency Index 2015, que sitúa a Polonia en la novena posición entre un total de 70 países que se han analizado para la realización de este índice.

Las causas de este éxito con el inglés hay que buscarlas en las reformas educativas que han ido implantando el inglés como lengua vehicular secundaria en la educación obligatoria y en el interés generalizado por aprender idiomas extranjeros entre los polacos, sobre todo visible en las generaciones más jóvenes. Las academias de idiomas aparecen como setas en todas las ciudades polacas, donde el interés por el español también es notable y ha crecido en los ultimos años. No en vano unas 80.000 – 100.000 personas hablan español en Polonia.

En los cines polacos todas las películas (excepto las de animación para niños que son dobladas) se proyectan en versión original con subtítulos en polaco y en televisión, pese a la presencia del lector (doblaje con una sola voz,con las voces originales de fondo, muy típico de los países de la esfera postsoviética) por defecto, también existe la posibilidad en muchos canales de cambiar el audio a versión original.

Aprender inglés es visto en Polonia como una forma muy eficaz de ganar competitividad laboral en Polonia o posibilidades de poder emigrar al Reino Unido u otros países del norte de Europa.

Además, en un sentido más amplio y cultural, conviene explicar que  tras la Segunda Guerra Mundial y sobre todo tras el regreso a la democracia capitalista, una gran parte de la sociedad y las élites polacas entendieron y comunicaron que los polacos masivamente (no sólo las élites) deberían dominar el uso de lenguas extranjeras para mejorar sus relaciones con otras naciones y así evitar que tengan lugar otra vez los trágicos conflictos con sus vecinos que sufrió el país a lo largo del siglo XX.

Aún así, es necesario puntualizar que debido a las Particiones del país durante 123 años entre los tres imperios vecinos, muchos polacos a lo largo del siglo XIX y principios del XX fueron educados en aleman o en ruso, por lo que muchos polacos dominaban estos dos idiomas antes del conflicto en 1939. Por otra parte, el idioma  extranjero favorito y muy usado de la élite intelectual, económica y militar polaca durante esa época era el francés. Francia era el referente, el destino de muchos polacos que emigraron durante el siglo XIX y la nación que intentó devolver a Polonia su independencia. Polonia fue un país muy francófilo hasta hace bien poco, ya en la Polonia poscomunista, en que el interés de los polacos viró hacia el mundo aglosajón.

Es importante señalar que en Polonia hay grandes diferencias en cuanto a dominio del inglés  entre las grandes ciudades–donde muchos polacos tratan con visitantes y residentes extranjeros–por un lado, y las capitales provinciales y zonas rurales por el otro.  Asimismo, existen unas enormes diferencias intergeneracionales en cuanto al conocimiento de este idioma, ya que el inglés no se introdujo en el sistema educativo de Polonia y adquirió popularidad a orillas del Vístula hasta los años 1990 tras la caída del comunismo. En la época bajo el telón de acero el idioma más estudiado en Polonia era evidentemente el ruso (por su obligatoriedad en el sistema educativo), además del francés y el alemán.

Por último, es también  necesario puntualizar que “un porcentaje significativo de polacos tiene un alto nivel de comprension del inglés, lo habla con cierta soltura, pero ni lo habla ni lo escribe con un elevado grado de perfección“. Así al menos lo asegura el norteamericano Douglas Wilcox, profesor de lingüística e inglés en la Universidad Pedagógica de Cracovia.

A continuación puede consultar el ranking de dominio del inglés EF English Proficiency Index 2015:

ef epi index mundo

regional ranking ef epi Europa

¿Qué es moralmente aceptable para los polacos?

¿Qué es moralmente aceptable para los polacos?

Plac Zamkowy (Plaza del Castillo) en el reconstruido centro histórico de Varsovia Foto: Ángel López Peiró

El Pew Research Centre realizó durante 2013 un estudio, publicado en abril de 2014, sobre la visión que tienen de la moralidad en relación con varias cuestiones sociales los ciudadanos de 40 países. Polonia estuvo entre los países analizados.

Este centro de investigación norteamericano preguntó a los polacos encuestados sobre la aceptabilidad moral de las relaciones extramatrimoniales, el aborto, el juego, el consumo de alcohol, la homosexualidad o el sexo premarital. Y los resultados fueron los siguientes:

Moralidad de los polacos
Fuente: pewglobal.org

Para un 71% de los polacos las relaciones extramatrimoniales no son aceptables, un 47% piensa lo mismo sobre el aborto, un 33% sobre el juego y  un 17% ve el consumo de alcohol como moralmente inaceptable. Los datos del estudio podrían proporcionar argumentos a los que acusan a Polonia de ser un país relativamente homófobo, ya que el 44% de los encuestados consideraron la homosexualidad moralmente inaceptable. Un 22 % de los polacos encontrarían el divorcio y el sexo premarital una amoralidad y un 17% se opondría al uso de métodos anticonceptivos por principios morales.

La infidelidad matrimonial destaca como el comportamiento menos aceptado moralmente por los polacos, seguida por el aborto y la homosexualidad con un nivel de aceptación parecido.  Sin embargo, la conclusión a la que se puede llegar es que la sociedad polaca está muy dividida en cuanto a la percepción que tienen los polacos de la moralidad y la aceptabilidad moral de ciertas prácticas y comportamientos.

Al comparar los resultados de Polonia con los de la media de los 40 países encuestados, se desprenden las siguientes observaciones:

Fuente: pewglobal.org
Fuente: pewglobal.org

En Polonia hay menos ciudadanos que encuentren las relaciones extramatrimoniales, el aborto, el juego, el sexo premarital y el divorcio moralmente inaceptables, en comparación con la media para los 40 países incluidos en el estudio. Sin embargo, las mayores diferencias entre Polonia y la media se encuentran en la percepción del consumo de alcohol y el juego, que aparentemente de lejos son mucho más moralmente aceptables en Polonia que en la mayoría de países del mundo.

Los otros 39 países incluidos en el estudio son Indonesia, Jordania, Pakistan, Territorios Palestinos, Turquía, Egipto, Túnez, Malasia, Ghana, Líbano, Kenya, Nigeria, Uganda, Filipinas, India, Senegal, China, El Salvador, Bolivia, República Surafricana, México, Israel, Corea del Sur, Brasil, Rusia, Estados Unidos, Argentina, Venezuela, Japón, Canadá, Australia, Chile, Reino Unido, Grecia, Italia, República Checa, España, Alemania y Francia.

En todo caso, el viejo estereotipo basado en prejuicios del polaco medio como ultracatólico, ultraconservador, homófobo, racista y antisemita (se proporcionarán más adelante en este portal datos de estudios sobre estos dos últimos aspectos) no se sostiene de ninguna forma en la Polonia de 2015, aunque se pueda dar en muchos casos.

Dzień Kobiet–el Día de la Mujer en Polonia

Dzień Kobiet–el Día de la Mujer en Polonia

En todo el mundo se celebra el 8 de marzo El Día de la Mujer en memoria de aquellas personas que lucharon por la igualdad de género. La conmemoración recae en este día porque el 8 de marzo de 1914 una significativa manifestación a favor del sufragio femenino tuvo lugar en Londres. Sin embargo, la celebración tiene su origen en el apogeo del comunismo, y anteriormente ya se celebraba desde 1909, cuando la Segunda Internacional la adoptó en Copenhagen.

En Polonia esta celebración nació y fue muy popular durante la época comunista. Hoy en día se sigue asociando a la propaganda del régimen de PRL, aunque esté ya plenamente integrada en la cultura polaca y haya adquirido un carácter social y menos político. La primera vez que se celebró fue en 1948, en pleno apogeo del estalinismo. Celebración no sería la palabra adecuada para referirse al Día de la Mujer en esa época. Se obligaba a las mujeres a exceder las normas de producción en ese día. Los periódicos de la época deseaban a las mujeres polacas  un mayor rendimiento en el trabajo. En los talleres y fábricas polacas colgaban carteles de mujeres stakovitas (o estajanovistas, trabajadores extremadamente productivos) como modelo a seguir por todas las mujeres.

Posteres referentes al Día de la Mujer durante PRL Fuente: ciacho.pl
Posteres referentes al Día de la Mujer durante PRL Fuente: ciacho.pl

Cuando el estalinismo llegó a su fin, las autoridades comunistas empezaron a entender que las mujeres polacas también eran madres y esposas. Aunque los medios de comunicación–controlados por el aparato del estado–continuaban animando a las mujeres a construir un futuro socialista en Polonia, también a partir de ese momento deseaban a las mujeres su felicidad y bienestar personal.

Con motivo de este día, se publicaban retratos de mujeres de diferentes sectores de la economía, ya que como aseguraba el líder comunista Wladyslaw Gomulka, “no hay ningún sector en Polonia en la que las mujeres no jueguen un papel importante.” En los lugares de trabajo o escuelas se celebró de forma obligatoria. Fue una buena ocasión para lidiar con la escasez de productos accesibles a la población, por lo que a  las damas se le entregó bienes materiales, tales como medias, toallas, ropa, jabón y café.

En los años 1970 el  Miedzynarodowy Dzien Kobiet, (El Día Internacional de la Mujer), ganó popularidad y aprobación dentro de la sociedad polaca en general, tanto en privado como en la esfera pública. En esa época ‘Una flor para Ewa’ se convirtió en el eslógan del partido comunista. Este día se celebraba con discursos oficiales en el trabajo,  los hombres compraban flores a las mujeres, y los chicos también regalaban flores a las chicas en las escuelas. También en esta época se empezó a regalar medias a las empleadas de las fábricas–eso así, todas de la misma talla–siguiendo la doctrina comunista.

En los años 1980 fuera del ámbito del trabajo los hombres polacos empezaron a hacer otros regalos, además de las habituales flores hasta entonces, a sus mujeres el 8 de marzo. Sin embargo, esta celebración de la mujer, tan  estrechamente asociada con el cada vez más odiado régimen comunista, perdió terreno poco a poco ante la tradición occidental importada del Día de San Valentín.

Ya en democarcia, en 1993, el Día de la Mujer fue abolido como día festivo en Polonia. Sin embargo, en la sociedad polaca actual se hace patente un intento para revitalizar esta celebración–en que, una vez al año, las mujeres pueden sentirse especiales–pero con un carácter my diferente al que tenía en la época comunista. Se sigue celebrando con numerosas, manifestaciones o acontecimientos relacionados con la igualdad de trato entre hombres y mujeres. Además, se siguen haciendo los regalos a las mujeres, los más habitualmente son generalmente flores–principalmente tulipanes–o dulces, aunque muchos polacos siguen comprando medias o leotardos a sus mujeres, hermanas, amigas o compañeras del trabajo para bromear sobre el pasado comunista de esta tradición.

En relación con el carácter reivindicativo de esta fecha, no faltan las polémicas entorno a las políticas de género y las controvertidas visiones de la Iglesia católica polaca, muy contraria a la llamada ideología de género. Sin duda, Polonia cuenta con una sociedad todavía muy tradicional (con significativas variaciones regionales y ciudad-campo) pero cambiante y con un movimiento feminista significativo. Es necesario contextualizar y explicar que en este país desde finales de los años 1990 la mujer está plenamente integrada en el mercado laboral–es de hecho uno de los mejores países del mundo para ser mujer trabajadora–y dónde las mujeres cada vez ocupan más puestos de gran responsabilidad en diferentes ámbitos. La creciente igualdad de género ha llegado a Polonia con la apertura al mundo, la democracia, la libertad y el capitalismo.

Hay quienes, no sin cierto cinismo, aseguran que la situación de la mujer en la Polonia comunista era casi mejor que en la actualidad, por la menor influencia de la Iglesia en la sociedad, pero nada más lejos de la realidad. Sin ir más lejos, para describir la situación actual de la mujer en el país, Polonia actualmente cuenta con una mujer como primer ministro, Ewa Kopacz (quien tras unos meses en el cargo se ha ganado el apodo de la Margaret Tacther polaca por su posición ante las protestas de los mineros polacos) y una candidata a la presidencia del país, la mediática Magdalena Ogórek, (quien además de contar con un nivel de estudios y cultural portentoso, despierta pasiones por su belleza incluso fuera de Polonia).

Sin embargo, como en muchos otros países, en el país centroeuropeo hay mucho por hacer todavía en lo que concierne a la igualdad de género. En Polonia se puede mejorar mucho en cuanto a igualdad de salarios, algunos aspectos de conciliación laboral familiar y  a nivel privado probablemente el reparto de las tareas en el hogar.

Cualquiera que haya vivido en Polonia durante un tiempo se da cuenta que este es un país que no progresaría de la forma que lo hace si no fuera por el gran ímpetu y sentido común de sus mujeres, extremadamente trabajadoras y responsables si hacemos una generalización. Nos encontramos todo parece indicar ante una sociedad muy matriarcal, en gran parte como legado de un pasado en que a menudo las mujeres sacaban adelante sus familias ellas solas mientras los hombres estaban luchando en guerras y levantamientos. De lo que no cabe la menor duda es que las mujeres polacas se merecen la celebración del Día de la Mujer en su honor.

¿Es la sanidad polaca una de las peores en Europa?

¿Es la sanidad polaca una de las peores en Europa?

En la imagen el Hospital Nicolás Copérnico de Łódź Foto: wikimedia

La respuesta posiblemente sea un no, aunque tampoco parece, por los datos que se disponen, que esté entre las mejores del continente. Aun así los médicos y otros profesionales sanitarios polacos cuentan con muy buena fama a nivel internacional, y las instalaciones y equipos médicos son suficientemente modernos y adecuados. Los costes de los tratamientos y operaciones son generalmente más bajos que en Europa occidental (muchos extranjeros no residentes en Polonia acuden a dentistas y centros de ortodoncia polacos, numerosas familias alemanas ingresan a sus ancianos en geriátricos polacos).

El problema está seguramente en la escasez de recursos económicos públicos destinados a este sector. Polonia cuenta con 377.000 médicos y enfermeras (2014), siendo el país de la UE con menos médicos por habitante. Las listas de espera para operaciones son enormes, el tiempo para atender a los pacientes en las consultas es limitado, así como el número de ambulatorios, clínicas y hospitales.

En Polonia muchos ciudadanos, los que se lo pueden permitir, acuden en primer lugar a una consulta privada de un especialista que alguien les ha recomendado. Una forma de ganarse muy bien la vida para algunos médicos polacos (los que trabajan exclusivamente en la sanidad pública no suelen percibir más de 2000-2500 zlotys netos al mes). Otros se aprovechan de la cobertura sanitaria pagada por su empleador proporcionada por mutuas. Algo muy habitual en las empresas multinacionales operando en Polonia. Una cobertura que termina cuando se trata de un problema un poco grave, ya que estas mutuas no disponen de muchos equipos ni hospitales propios.

Existen multitud de foros en Internet con opiniones sobre médicos en particular, en que los usuarios polacos alaban o critican la labor de estos sin ningún tipo de tapujos.

De lo que no hay ninguna duda es que la sanidad polaca es una de las peores valoradas por los usuarios de sus servicios. Así se desprende de los datos proporcionados por el Euro Health Consumer Index 2014, realizado por la empresa sueca Health Consumer Powerhouse. Algo nada sorprendente teniendo en cuenta el inconformismo generalizado entre muchos polacos pero que puede dar algunas pistas sobre el estado real del sistema sanitario polaco. Este informe tiene en cuenta tiempos de espera, derechos de los pacientes, resultados de los tratamientos, acceso a nuevos medicamentos, mortalidad infantil y otros aspectos, medidos a través de 48 indicadores en 37 países.

Fuente: http://en.wikipedia.org/wiki/Euro_health_consumer_index

Polonia es trigésimo segunda, quinta por la cola en esta clasificación; con su mejor puntuación en derechos de los pacientes e información y su peor puntuación en tiempos de espera además de esperanza de vida y calidad de vida. Solo Bosnia, Rumanía, Montenegro, Serbia y Lituania obtienen peor puntuación en la clasificación, en la que Polonia empeoró 10 puntos respecto a 2013.

El informe de consumo de salud de Health Consumer Powerhouse adjunta un análisis de la situación sanitaria polaca en que se destaca lo siguiente:

  • Es sorprende la falta de atención a la sanidad por parte de las políticas públicas en Polonia, en un momento de bonanza económica para el país.
  • Polonia debería tomar como modelo la sanidad en países de alrededor como Estonia, Letonia y la República Checa. Los tiempos de espera para tratamientos contra el cáncer son peligrosamente largos.
  • Se producen numerosas infecciones intrahospitalarias.
  • Hay que eliminar la prohibición anacrónica del aborto (aquí el informe parece extralimitarse del campo médico y entrar en el terreno social).
  • Hay que reforzar la prevención en el tratamiento de la adicción al tabaco y al alcohol.
  • Un punto muy fuerte de la atención sanitaria en Polonia es la cardiología.

En los círculos mediáticos de Polonia se habla de que en algunos países occidentales, con una sanidad muy cara, las autoridades pueden tener cierto interés en desprestigiar la sanidad de Polonia para evitar turismo sanitario a este país a causa de un precio más competitivo. Sin poder confirmar o desmentir esa hipótesis queda claro, como mínimo, que hay mucho por mejorar en el sistema sanitario polaco.