El posmodernismo historiográfico en los trabajos de Timothy Snyder sobre la Segunda Guerra Mundial en Europa centroriental y Europa del este: “Tierras de sangre. Europa entre Hitler y Stalin” y “Tierra Negra. El Holocausto como Historia y Advertencia”

El posmodernismo historiográfico en los trabajos de Timothy Snyder sobre la Segunda Guerra Mundial en Europa centroriental y Europa del este: “Tierras de sangre. Europa entre Hitler y Stalin” y “Tierra Negra. El Holocausto como Historia y Advertencia”

Imagen superior: El historiador estadounidense Timothy Snyder. Foto: dennikn.sk

Bloodlands: Europe Between Hitler y Stalin (Tierras de sangre: Europa entre Hitler y Stalin) y Black Earth. The Holocaust as History and Warning (Tierra Negra. El Holocausto como Historia y Advertencia) son dos famosas publicaciones del reconocido historiador norteamericano Timothy Snyder, que alcanzaron el rango de bestseller. En ambos trabajos el autor claramente utiliza una aproximación posmodernista para su labor historiográfica. Es identificable en su particular visión del Holocausto y también, en un sentido más amplio, de la Historia contemporánea de Europa centroriental.

Tierra Negra, en primer lugar, presenta una nueva tesis basada en la idea que el Holocausto fue posible a causa del cambio radical y convulsivo de status quo político que las ocupaciones alemana y soviética produjeron en los estados de la región. Es decir, Snyder argumenta que la exterminación de la mayoría de judíos europeos en estos territorios no se hubiera podido producir sin la destrucción de las estructuras estatales resultantes del pacto Molotov-Ribbentrop entre la Alemania nazi y la URSS y el estallido del conflicto.

El autor estadounidense presenta en esta obrauna segunda tesis, sin duda controvertida, sobre las causas del Holocausto. Snyder asegura que el Holocausto fue el resultado de la obsesión de Hitler por exterminar a los ciudadanos de otras nacionalidades o etnicidades al este del Tercer Reicht para solucionar lo que el líder nazi consideraba una escasez de espacio para los alemanes – el deseo de crear un mayor Lebensraum.

Snyder considera que la idea de exterminar a los judíos se concebió entorno a Hitler y no se puede achacar responsabilidad de la concepción de este genocidio a todo el pueblo alemán, a los oficiales políticos, militares y policiales bajo el mando del dictador, ni mucho menos a las sociedades europeas en general. Según el autor, todos los colaboradores no alemanes no pueden ser culpados por sus acciones desde un punto de vista de autoría intelectual, ya que actuaban bajo la presión de una ocupación nazi, y en algunos casos también inicialmente soviética, cruel y atroz. Además Snyder afirma que los nacionalsocialistas germanos se inspiraron hasta cierto punto en las acciones y el terror de los bolcheviques y Stalin (incluyendo purgas, asesinatos en masa, gulags, deportaciones, e inaniciones) y que el Holocausto resulta de esta inspiración.

En su anterior libro éxito de ventas con una temática parecida, Tierras de Sangre. El Holocausto como Historia y Advertencia, aunque sin una tesis clara, el autor da a entender que nazis y soviéticos se influyeron mutuamente e interactuaron mucho más de lo que generalmente se sospecha.

Por un lado una característica visible del posmodernismo en ambas publicaciones es que el análisis historiográfico no se centra exclusivamente en el pasado, sino que también mira a la contemporaneidad. Concretamente, el historiador posmodernista busca formas de aprovechar el conocimiento del pasado para entender la realidad actual del mundo –una visión instrumentalista de la historiografía.

Por otro lado es destacable que Snyder dedica mucho esfuerzo a describir no solo hechos históricos sino también emociones, experiencias y, ante todo, los pensamientos de los que vivieron los hechos y situaciones que él describe y analiza; esto a pesar de que ambos libros tienen un carácter más factográfico (compilación de información procedente de multitud de fuentes) que autográfico (reflexiones, análisis y aportaciones propias), especialmente en el caso de Tierras de sangre.

En las obras de Snyder puede identificarse una clara diferencia ente Historia y memoria. Puede leerse en Tierras de Sangre “los sistemas nazis y estalinista deben ser comparados no necesariamente para entender el uno y el otro, pero para entender nuestros tiempos y entendernos a nosotros mismos ”[1]. He aquí la prueba más clara del enfoque posmodernista que caracterizan a los trabajos de Snyder.

Sin embargo, no hace falta fijarse en detalles del relato de Snyder. La misma concepción y descripción del concepto de Tierras de sangre como definición geográfico-histórica es fruto también de una mirada a tiempos pasados a través del prisma posmodernista. Snyder decidió crear esta limitación territorial específica que incluyera únicamente esos territorios en los que en una primera fase de la Segunda Guerra Mundial alemanes y soviéticos compartían frontera tras dividirlos de acuerdo al pacto Ribbentrop-Molotov, y en los que durante la segunda etapa de la contienda a partir de junio de 1941, las dos potencias se enfrentaron militarmente. Es decir, Polonia, Ucrania, Bielorrusia, los Países Bálticos y Rusia occidental.

¿Por qué Snyder no incluyó en sus tierras sangrientas a los Balcanes y a otros territorios de Europa donde también se produjeron masacres durante la Segunda Guerra Mundial? La respuesta a esta pregunta es clara: porque de hacerlo, no le sería entonces posible asociar tan fácilmene estas masacres con la interacción entre las ocupaciones nazi y soviética. Esto no encajaría con su argumento, según el cual la violencia en la región fue fruto únicamente del totalitarismo de estas dos potencias, impulsado por sus líderes.

El autor hace esto para apoyar su tesis sobre la influencia mutua de Hitler y Stalin y para mostrar a las dos potencias como parte de un mismo fenómeno: el totalitarismo. Y como únicos culpables de la muerte de millones de europeos durante la Segunda Guerra Mundial. La Alemania de Hitler y la Unión Soviética de Stalin son la explicación para todo, según esta visión. Precisamente a causa de esta visión de la mayor contienda de todos los tiempos en Europa, Snyder recibió reseñas muy negativas de Tierra Negra por parte de numerosos historiadores y articulistas (tres ejemplos a pie de página), que vieron en la publicación una clara e intencional instrumentalización en la interpretación de la Historia. [2]

Parecer ser, no obstante, que Tierra Negra tiene como objetivo advertir y dar una lección moral hoy en día en relación con los eventos en el mundo actual, aprovechando el conocimiento y el estudio del Holocausto y sus causas. En este sentido cabe destacar el hecho de que el libro fue publicado menos de año y medio después de la revolución del Maidan en Kiev, de la ocupación rusa de Crimea y del estallido de la guerra al este de Ucrania. También en un momento en que los nacionalismos europeos empezaban a resurgir.

Un enfoque todavía mucho más sorprendente, innovador y que supone un trecho puramente posmodernista es la conexión que Snyder realiza de Hitler y el Holocausto con la ecología. El articulista Edward Delman le preguntó a Snyder si cuando este último escribe en Tierra Negra que Hitler veía a los judíos como una amenaza ecológica para el mundo, esto implica que el dirigente nazi creía que los judíos alteraban el orden natural del mundo. Éste respondió que el líder nazi entendía el exterminio de los judíos literalmente como una forma de devolver la limpieza ecológica al mundo a través de la lucha de razas y evitando la infección y destrucción generadas por los hijos de Israel.

La metodología historiográfica de Snyder es muy cercana a la literatura, quizás excesivamente ambiciosa; tiende a mezclar diferentes fenómenos y procesos históricos, aparentemente no conectados, en un mismo análisis y no parece seguir los cánones de los trabajos académicos. Además, el autor norteamericano basa su trabajo como historiador en un acercamiento subjetivo a solo un fragmento, subjetivamente elegido, del cuándo y dónde en el pasado que analiza. Por estas razones Snyder se distingue como el principal referente del posmodernismo entre los investigadores actuales que se ocupan de la Europa centroriental. A pesar de todas sus flaquezas, y el analizado acercamiento a la Historia excesivamente marcado por el posmodernismo, sus trabajos deberían ser valorados muy positivamente, aunque no como obras de investigación académica, sino como publicaciones de carácter divulgativo o popular.

Bibliografía

Timothy Snyder. Bloodlands. Europe between Hitler and Stalin. Vintage Books, Londres, 2011

Timothy Snyder. Black Earth. The Holocaust as history and warning.  The Bodley Head, Londres, 2015

Entrevista con Timothy Snyder de Edward Delman en The Atlantic. 9 septiembre 2015. http://www.theatlantic.com/international/archive/2015/09/hitler-holocaust-antisemitismtimothy-snyder/404260/  Consultado en mayo de 2016.

[1] Traducción propia de la afirmación “The Nazi and the Stalinist systems must be compared, not so much to understand the one or the other but to understand our times and ourselves” Timothy Snyder. Bloodlands. Europe between Hitler and Stalin. Vintage Books, Londres, 2011 pág. 380

[2]

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Filip Mazurczak: El reconocimiento como genocidio de las masacres de Volinia, un reto para la reconciliación polaco-ucraniana

Filip Mazurczak: El reconocimiento como genocidio de las masacres de Volinia, un reto para la  reconciliación polaco-ucraniana

Lviv, antaño la polaca Lwów y la austríaca Lemberg, capital de la  región histórica de la Galicia oriental, es hoy en día el mayor feudo del nacionalismo ucraniano. Foto: Ángel López Peiró

El periodista e historiador polaco Filip Mazurczak, quien ya contribuyó a “La Polonia de los polacos” con un monográfico sobre las aportaciones polacas a la ciencia y la tecnología a lo largo de la historia, ha acordado ceder el contenido de un artículo suyo en inglés  en Visegrad Insight para ser traducido al español en este portal. El  esclarecedor, objetivo y bien documentado artículo de Mazurczak explora una cuestión a la cuál  ya me referí aquí: las relaciones polaco-ucranianas en la actualidad en relación con las masacres de polacos por parte de ucranianos durante la Segunda Guerra Mundial.

Texto original en inglés: Filip Mazurczak / Traducción al español: Ángel López Peiró

Aparentemente Polonia y Ucrania son hoy en día son estados aliados y cercanos en política exterior. Varsovia apoya de forma consistente las aspiraciones de su vecino exterior para ingresar en la OTAN y en la Unión Europea. Sin embargo, en realidad las tensiones generadas por la continuada negación del genocidio [o de tal consideración para dichas masacres] de decenas de miles de polacos cometido por parte de nacionalistas ucranianos dificultan la posibilidad de una reconciliación total entre ambas naciones. La negación del genocidio no es solo un flaco favor a la memoria histórica polaca, sino también tóxica para la incipiente identidad ucraniana postsoviética.

Durante siglos la Ucrania occidental fue reinada por Polonia [Mancomunidad de Polonia y Lituania]. Después del resurgimiento de un nuevo estado polaco independiente en 1918, las regiones de Galicia oriental [excepto su principal ciudad Lwów, poblada  por un gran porcentaje de polacos] y Volinia, pobladas mayoritariamente por ucranianos, volvieron a quedar bajo la administración polaca. La Segunda República Polaca (1918-1939)  llevó a cabo políticas discriminatorias con los ucranianos [principal minoría del país], convirtiendo las escuelas ucranianas en escuelas bilingües y promoviendo los asentamientos de colonos polacos en estas zonas.

Como respuesta, en 1929 se formó  la Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN). Dicha entidad realizó actividades terroristas, como el asesinato del ministro polaco Bronisław Pieracki en 1934. El OUN estaba influenciado por la ideología fascista de Dmytro Dontsov,  quien buscó establecer de una forma violenta un estado ucraniano étnicamente homogéneo. Existían dos facciones dentro del OUN, una moderada liderada por Andriy Melnyk, y otra genocida, liderada por Stepan Bandera.

En 1939 con la invasión de Polonia por parte de la Alemania Nazi y la Unión Soviética, los nacionalistas ucranianos se llevaron una alegría y se aprovecharon de la situación. La facción de Bandera dentro del OUN formó el Ejército Ucraniano (UPA). En 1943,  el UPA buscó exterminar todos los no ucranianos en el oeste de Ucrania. La mayoría eran polacos, pero entre sus objetivos también había judíos, armenios  y otras minorías, así como ucranianos no nacionalistas. Más de 100.000 civiles fueron asesinados. Los métodos del UPA eran sádicos;  niños forzados a beberse la sangre de sus padres asesinados eran situaciones habituales. 

Después de la anexión del oeste de Ucrania por la USSR [1944], Stalin mandó a los miembros del UPA a los gulags, donde, como Aleksandr Solzhenitsyn escribió, organizaron rebeliones. Desde que Ucrania se convirtiera en un estado independiente en 1991, el país ha estado muy dividido sobre esta cuestión. En la mitad este del país, UPA y Bandera son hoy considerados escoria fascista. En el oeste, sin embargo, donde el nacionalismo ucraniano tiene más popularidad, muchos ven a los banderitas como héroes nacionales.

Viktor Yuschenko, presidente de Ucrania de 2005 a 2010, otorgó el mayor honor de estado a Bandera. Su sucesor, Viktor Yanukovych, retiró esta condecoración honorífica. Con Petro Poroshenko, presidente desde 2014, UPA y Bandera son de nuevo emblemas nacionales. Poroshenko ha elogiado repetidamente el UPA por su lucha en pro de la independencia de Ucrania  y su “heroísmo,” y ha convertido el aniversario de la fundación de UPA en una fiesta nacional. El parlamento ucraniano ha ratificado una resolución que criminaliza la crítica del UPA. Recientemente una calle de Kiev fue renombrada en honor de Stepan Bandera.

Desde su ingreso a la OTAN en 1999 y a la Unión Europea en 2004, un aspecto crucial de la política exterior de Polonia ha sido atraer a Ucrania y  otras antiguas repúblicas soviéticas hacia estas estructuras. Como los nacionalistas ucranianos apoyan la aproximación de Ucrania a occidente, el gobierno polaco no ha reconocido los eventos de 1943 como genocidio, para disgusto de muchos polacos. El partido liberal Plataforma Cívica, que gobernó Polonia de 2007 a 2015, bloqueó la aprobación de resoluciones que condenaban  la aprobación de resoluciones parlamentarias  condenando los eventos en el oeste de Ucrania como genocidio, argumentando que esto dañaría las  relaciones polaco-ucranianas.

El otoño de 2015, el partido conservador Ley y Justicia (PIS) se hizo con el poder en Polonia. Su política con Ucrania ha sido similar a la de su predecesor. Derecho y Justicia (PIS) es más proclive a la catalogación  y condena de la masacre como genocidio, pero existe división dentro del partido en relación a esta cuestión. Recientemente, su líder Jarosław Kaczyński se refirió a la masacre  de 1943 como  “genocidio;” sin embargo, el portavoz de Derecho y Justicia en la cámara baja del Parlamento  rechazó entregar un borrador realizado por senadores del partido para someter a votación la definición de la susodicho crimen como genocidio.

La mayor parte de los medios polacos también son cautelosos con el uso del término “genocidio.” Por ejemplo, el periódico derechista Gazeta Polska despidió al padre Tadeusz Isakowicz-Zaleski, un sacerdote católico y veterano de Solidaridad que trabajaba como columnista para esta publicación, después de que escribiera un artículo criticando a los protestantes del Maidan por glorificar a UPA. Por su parte, Adam Szostkiewicz de la publicación izquierdista  polaca Polityka escribió que los ucranianos necesitan UPA y Bandera porque cada nación necesita mitología.

Algunos ucranianos han intentado reparar el daño, pero sus intentos se quedan muy cortos. Recientemente, intelectuales, políticos y obispos ucranianos mandaron una carta abierta, pidiendo perdón y perdonando a los polacos por sus pecados pasados. Sin embargo, las palabras “UPA” y “genocidio” nunca aparecen en la carta;  esta se refiere eufemísticamente a la “tragedia de Volinia.” Mientras tanto, historiadores ucranianos como Jaroslav Hrytsak presentan el genocidio de 1943 como parte de un complejo conflicto polaco-ucraniano con el mismo nivel de fechorías. El periodista Andrzej Brzeziecki escribió en Gazeta Wyborcza que los orígenes de este genocidio están en las políticas polacas del periodo de entreguerras hacia la minoría ucraniana. Tales declaraciones revelan mala voluntad;  la Segunda República Polaca no era ningún paraíso para los ucranianos, pero hay una gran diferencia entre polonizar escuelas y el genocidio.

A largo plazo, no reconocer los eventos de 1943 como genocidio tendrá consecuencias negativas no solo para los polacos, pero también para Ucrania. Como Ucrania, atascada por la guerra y la pobreza, no parece mostrar ninguna señal de que pueda rebotar de su miseria, es probable que los ucranianos sigan emigrando a su vecino más próspero, Polonia. Algunas estimaciones sitúan el número de ucranianos en Polonia en un millón. Sin una disculpa ucraniana, las tensiones entre ambos países crecerán. Una encuesta muestra que a los ucranianos les gusta Polonia más que ningún otro país extranjero. Sin embargo, no se trata de un amor correspondido. Muchos polacos guardan cierta aprensión a los ucranianos por los hechos de 1943.

Contrariamente, los rencores polacos contra los alemanes, que también cometieron enormes crímenes [mucho mayores] contra los polacos durante la guerra, están desapareciendo. Esto sucede principalmente porque los alemanes se han disculpado por las atrocidades cometidas contra los polacos, empezando por la visita de Willy Brandt a Varsovia en 1970. Glorificando al UPA, el gobierno ucraniano está generando sentimientos amargos hacia Ucrania entre los polacos.

Además, si tanto Polonia como Ucrania quieren que esta última  ingrese en la OTAN y en la UE, no es mucho pedir que los ucranianos adopten valores occidentales. Bruselas ha convertido el reconocimiento por parte de  Turquía del genocidio armenio en una conditio sine qua non para un futuro acceso a la UE. Es inconcebible que un país dirigido por un gobierno que abiertamente glorifica a nacionalistas genocidas pueda pertenecer a la UE. Con solo 25 años de independencia como estado, Ucrania es una nación joven que está empezando a crear su mythos. Si nada cambia, UPA y Bandera podrían convertirse en pilares de la identidad ucraniana.

Aquellos que aseguran que Ucrania necesita Stepan Bandera y UPA para tener una identidad fuerte  son ignorantes de la historia ucraniana. Cuando Yuschenko dio a  Bandera la mayor distinción honorífica de Ucrania en 2010, la llamada Anti-Defamation League, una organización judía dedicada a luchar contra el  antisemitismo, sugirió que se diera este honor en su lugar a los ucranianos que escondieron judíos durante el Holocausto. El cáncer nacionalista hizo metástasis en solo una parte de la sociedad ucraniana, y muchos ucranianos nobles fueron asesinados por esconder sus vecinos polacos y judíos. En lugar de honorar a Stepan Bandera, Kiev debería promover luchadores ucranianos por la independencia que no cayeron en el chauvinismo, como Symon Petliura,  líder de la efímera República Popular de Ucrania occidental (1918-1919). Petliura fue un aliado de Polonia durante la guerra polaco-bolchevica y se opuso al antisemitismo, interviniendo para intentar parar pogromos.

Todas las naciones cuentan con episodios oscuros en su pasado, porque cada nación está formada por personas falibles. Confesar transgresiones pasadas e intentar evitar que se repitan convierte a las sociedades en más maduras. No es la continuada glorificación del UPA y Stepan Bandera, como ha sugerido Adam Szostkiewicz, lo que fortalecerá la identidad ucraniana. Solo una evaluación objetiva del pasado de una nación, tanto sus logros como sus fracasos, la puede hacer más fuerte

“En Polonia religión y nación han ido siempre de la mano”. Entrevista al sacerdote Gerardo Rodríguez, experto en el papel de los religiosos polacos durante la Segunda Guerra Mundial

“En Polonia religión y nación han ido siempre de la mano”. Entrevista al sacerdote Gerardo Rodríguez, experto en el papel de los religiosos polacos durante la Segunda Guerra Mundial

Imagen de una misa en Polonia durante la Segunda Guerra Mundial en medio de la destrucción Foto: aleteia.org

El sacerdote argentino Gerardo Rodríguez (Rosario, 1966) ha investigado y escrito una cincuentena de historias relacionadas con el papel y las experiencias de los religiosos católicos polacos durante la Segunda Guerra Mundial. Un exhaustivo trabajo historiográfico y periodístico único que puede consultarse en el portal aleteia.org, donde se han publicado estos 50 relatos. Historias reales de épica, tristeza, desolación y martirio. Muchos de estos reportajes extremadamente documentados tratan sobre la implicación de los eclesiásticos polacos en el Levantamiento de Varsovia.

Gerardo Rodriguez en diciembre de 2014 felicitando las navidades y un feliz año 2015 a sus amigos polacos
Gerardo Rodriguez en diciembre de 2014 felicitando  las navidades y deseando un feliz año nuevo a sus amigos polacos

En primer lugar, ¿me podría explicar cuál es su vínculo con Polonia?

San Juan Pablo II. Toda mi formación (ingresé al seminario el 11 de marzo de 1979 y fui ordenado sacerdote el 12 de diciembre de 1991) y parte del ejercicio de mi ministerio transcurrió bajo el pontificado del papa polaco.

No tengo parientes polacos. Lo único eslavo que tengo es el apellido de mi abuela por parte materna, que es croata: Pavicic

¿Cuál es su motivación para investigar y escribir sobre los religiosos polacos que vivieron la mayor tragedia de la historia de Europa? Un trabajo que nadie había realizado antes. ¿Cómo empezó todo?

Todo empezó con la historia de San Maximiliano Kolbe, eso me llevó a interesarme por las circunstancias históricas y por las vicisitudes del pueblo y del clero polaco durante la ocupación alemana en el así denominado período del Tercer Reich.

Y eso ya comenzó siendo seminarista. Luego pasé a interesarme por los sacerdotes en los campos de concentración, comenzando no por un sacerdote polaco, sino por uno alemán, el padre José Kentenich, fundador del movimiento de Schönstatt. Con la beatificación de los 108 mártires polacos del período nazi en el año 1999 se potenció mucho mas el interés y el afán de investigación ya por un colectivo único, los sacerdotes polacos. Al año siguiente viajé a Alemania y pude ir hasta Dachau.

Conseguí el libro en polaco de la biografía de los 108 mártires que gentilmente un sacerdote miguelino polaco que vive en Buenos Aires me cedió, y de diferentes congregaciones varios materiales en italiano y en español. Mucho material en las páginas de las diócesis polacas y de las congregaciones.

¿Cuál fue la posición de la Iglesia católica polaca durante la ocupación de la Alemania nazi?

El fuerte vínculo entre patriotismo y religión fue un rasgo característico en el renacimiento del estado polaco independiente. Durante los más de 100 años en que la nación estuvo desmembrada y repartida caprichosamente por sus poderosos vecinos, fue la Iglesia la que mantuvo vigente la identidad y la tradición polaca por ello los términos polaco y católico eran casi equivalentes. Al atacar Polonia los nazis atacaban también a la iglesia polaca. Con la invasión militar inmediatamente comenzó la persecución religiosa.

Se calcula que el número de víctimas está dado por 4 obispos, 1996 sacerdotes, 113 seminaristas, 238 religiosas, mientras se estima que a los campos de concentración fueron enviados 3642 sacerdotes, 389 seminaristas, 341 religiosos, 1117 religiosas.

De los 1.034 eclesiásticos que encontraron la muerte en el campo de concentración de Dachau, 868 eran polacos.Al respecto recomiendo leer en Aleteia mi artículo: “El poco conocido heroísmo de la Iglesia polaca durante la segunda guerra mundial”.

En Actes y documents du Saint Siege relatifs a la seconde guerre mondiale hay una abundante documentación, que incluso se puede consultar por internet, donde se ve el esfuerzo constante de la iglesia católica polaca por defender sus derechos y sobre todo por velar por la grey del pueblo de Dios. Muchas veces eran esfuerzos ímprobos y hasta contraproducentes.

Hay una síntesis del contenido de estos doce volúmenes en un libro escrito por el padre jesuita Pierre Blet, experto en este periodo histórico. El original es en francés, y esta traducido al italiano. Hasta donde tengo entendido esa es la única traducción del original, desconozco si se hizo una traducción española. Yo poseo este libro en italiano: “Pio XII e la Seconda Guerra mondiale negli Archivi Vaticani”. El capitulo IV está dedicado enteramente a Polonia: “La Chiesa nella Polonia invasa”.

en caso de que los alemanes hubieran ganado la guerra, los polacos hubieran sufrido el mismo destino que los judíos, es decir, el genocidio

¿Era consciente la Iglesia católica polaca, y también el Vaticano, del alcance del horror creado por los nazis en el Holocausto?

Es una pregunta que tiene su complejidad y creo que la respuesta es diferente y particular en cada país. Simplemente voy a subrayar algunas ideas. De todos los países ocupados, Polonia y los polacos constituían uno de los países y nacionalidades más reprimidos y oprimidos, con apenas vestigios de independencia. Lo describe muy bien la siguiente cita:

“… en caso de que los alemanes hubieran ganado la guerra, los polacos hubieran sufrido el mismo destino que los judíos, es decir, el genocidio. Lo anterior no es una mera conjetura, ya que los polacos de Alemania comenzaban a ser obligados a llevar un distintivo en el que una “P” sustituía la estrella judía, y esto, tal como hemos visto, fue siempre la primera medida adoptada por la policía al iniciar el proceso de destrucción”. Hannah Arendt, Eichmann en Jerusalen, pag. 329

Las noticias del Holocausto provocaron una reacción mínima en el exterior. De la alarma que dio el gobierno polaco en el exilio en 1942 se hizo caso omiso. Los informes de testigos presenciales como Nowak y Karski cayeron en saco roto. Las peticiones de las organizaciones sionistas de bombardear los accesos a Auschwitz no se tuvieron en cuenta.

Mientras tanto en Polonia se multiplicaban las operaciones de rescate. Decenas de miles de judíos buscaron ayuda en el así llamado lado “ario”. El rescate se concretó en una acción protagonizada principalmente por individuos concretos. Sin embargo, es importante subrayar que en Polonia esconder y ayudar a los judíos, no solo suponía poner en peligro las vidas de los judíos, sino también las de los polacos y sus vigilantes familias. Cientos de polacos pagaron con la vida por su espíritu humanitario. Los hechos de los “Justos entre las naciones” polacos sobrepasan en dignidad y heroísmo a los de toda la gente que se consagró a esta causa.

6532 de los 25687 “Justos” de todo el mundo son polacos, incluyendo gente de diferentes clases sociales, católicos fervientes, monasterios y miembros de varios grupos políticos.

La iglesia católica polaca subraya que en 70 monasterios masculinos y en 363 casas religiosas femeninas fueron escondidos judíos. El número de sacerdotes que fueron asesinados por rescatar judíos supera los 150.

Con respecto al Vaticano simplemente un breve enunciado: el Papa estaba convencido de que su intervención pública no lograría salvar ni la vida de un solo judío, y que debía sacrificarlo todo a la causa mayor de poner fin a la guerra, y así, terminar también con las condiciones que hacían posible la matanza masiva de los inocentes. Hizo mucho por ellos mediante la intervención de sus nuncios en los países ocupados.

Esto no impidió que interviniera en persona para salvar a la mayoría de los judíos de Roma. Hoy sabemos fehacientemente que se salvaron 7000 judíos en Roma, de una población, que según las propias cifras de las SS, sobrepasaba por muy poco los ocho mil.

Hay un libro muy bueno de Gordon Thomas sobre esta cuestión, “Los judíos del Papa”, editorial Edhasa, 2013

¿Cuál fue el posicionamiento de los religiosos católicos de Varsovia ante el Levantamiento del Gueto de Varsovia? ¿Intentaron ayudar a los judíos de algún modo?

Sinceramente no tengo muchos elementos ni un material informativo amplio para responder a esa pregunta en particular. Atendiendo a la respuesta precedente se supone que intentaron ayudar todo lo posible.

Si se puede decir que inmediatamente después de la Gross Aktion (entre julio y septiembre de 1942 fueron deportados 300000 judíos del gueto y exterminados en Treblinka) varias personas del partido católico FOP (Frente para la Resurrección de Polonia, en sus siglas en polaco) y del Partido Democrático alentaron y fundaron Zegota, el Consejo Secreto de Ayuda a los Judíos.

Los cientos de judíos que se ocultaban y los miles cuyas vidas dependían a menudo de una azarosa mano que los rescatara, se hallaban bajo el ala del Zegota.

La declaración de Irena Sendler (Justa entre las Naciones) también es contundente: “Ningún sacerdote, ninguna monja me negaron, jamás, ayuda para salvar a niños judíos. Todo lo contrario, colaboraron hasta el final de la guerra, poniendo en peligro sus propias vidas. Ningún orfanato dirigido por religiosos se negó nunca a acoger a un niño judío”. (Jose M. Garcia Pelegrín, “Cristianos contra Hitler”, editorial Libroslibes, pag. 164)

Con toda la información de que disponemos hoy en día, ¿Cree que el Levantamiento de Varsovia fue un error?

Me suscribo a una de las conclusiones a la que llega uno de los expertos en el tema, el historiador britanico-polaco Norman Davies:

“El levantamiento de Varsovia fue la mayor acción militar emprendida por cualquiera de los movimientos de resistencia en el curso de la guerra. Cincuenta mil combatientes polacos equipados con armas ligeras hicieron frente a un número similar de SS y tropas auxiliares- incluida la brigada RONA de renegados rusos- armados con tanques, artillería pesada y aviones de combate. Tenía que durar cinco o seis días, pero se prolongó hasta casi diez semanas. Ninguno de los observadores experimentados, incluido Stalin, pudo entenderlo. Pero la explicación es sencilla: puro coraje” (Norman Davies, Europa en guerra 1939-1945, pag.172).

“En términos militares, el Levantamiento de Varsovia constituyó un ejemplo de manual de guerrilla urbana. Un ejército aficionado, con elevada motivación, mantiene a raya a un ejército profesional durante semanas, resistiendo los ataques de tanques, cañones pesados y bombarderos en picado. En términos políticos, muchos lo consideran una cínica traición de los aliados occidentales, que, por no importunar a Stalin, no intervinieron a favor de sus aliados polacos. La confusión, la falta de preparativos y una información defectuosa proporcionan una explicación alternativa” (ibid 173).

También ilustra la alegoría con la que concluye su monumental obra Varsovia 1944: “Un hombre ( AK) se lanza a un río para pelear con una banda criminal (los nazis) que ha estado humillando, apaleando y matando a su familia durante años, tras integrarse en un equipo dedicado a combatir a esos criminales. Los dirigentes del equipo (Inglaterra y Estados Unidos) le han asegurado que todos colaborarían en la tarea. Elige el momento en el que en la otra orilla aparecen “amigos de sus amigos” (Ejército Rojo) de los que espera ayuda. Pero todo sale mal: los criminales no huyen sino que se enfrentan al hombre y masacran a sus parientes. Los “amigos de sus amigos” permanecen impasibles. El hombre comienza a derrumbarse. Los jefes de su equipo llaman al otro lado del río y piden ayuda a los amigos, pero la llamada es confusa y poco comprometida. Los “amigos” siguen sin hacer nada y nuevas llamadas no obtienen respuesta. Al final uno de ellos se lanza al río pero pronto el mismo se ve en dificultades. Tras una larga lucha los criminales agarran al hombre, le aprietan en la garganta, lo hunden en el agua y se ahoga.
¿A quién hay que culpar y a quién hay que alabar?” (págs. 762-763)

Más que un país castigado por la historia, Polonia es un país castigado por sus vecinos

¿Merece la pena dar la vida en la lucha por la libertad de una nación?

El Catecismo de la Iglesia Católica dice que “una guerra de agresión es intrínsecamente inmoral. En el trágico caso que estalle la guerra, los responsables del Estado agredido tienen el derecho y el deber de organizar la defensa, incluso usando la fuerza de las armas” (2265).

La respuesta es afirmativa pero los soldados polacos no solo dieron la vida por la libertad de su patria.
El nacionalismo polaco, con todo su fervor patriótico, jamás abrigó sentimientos mezquinos y xenófobos. Esto no se puede decir de igual manera de otros nacionalismos modernos que convertirían a la Europa del siglo XX en un osario.

Todo esto lo resume claramente el epitafio del cementerio polaco en Monte Cassino: “Nosotros, los soldados polacos/Por vuestra libertad y la nuestra/Entregamos nuestros cuerpos al suelo de Italia/Nuestras almas, a Dios/Pero nuestros corazones, a Polonia”.

¿Abandonó Dios a Polonia en el siglo XX? ¿Es Polonia un país castigado por la historia en su opinión?

Primero contesto la segunda pregunta. Más que un país castigado por la historia es un país castigado por sus vecinos. La enorme y llana planicie polaca siempre se encontró limitada por vecinos de mayor envergadura, agresivos y materialmente superiores. Dígase caballeros teutónicos, soldados-estadistas prusianos o los ejércitos del Tercer Reich. Siempre en el oeste han tenido a los germanos y casi siempre en actitud agresiva. El paroxismo de esta animadversión germano-polaca llego con la Segunda Guerra mundial donde Hitler intento liquidar definitivamente el “asunto polaco”.

Sin embargo, las auténticas y perdurables iras de la antipatía polaca van dirigidas hacia el este, hacia Rusia. Ese odio era reciproco. Durante las particiones del siglo XVIII, tales sentimientos de odio mutuo se endurecerían al tratar las autoridades autocráticas rusas de convertir a los polacos en rusos y contribuir aquéllos a la violencia conspirativa que resquebrajaría el imperio zarista.

¿Cree que los eventos vividos en Europa durante la Segunda Guerra Mundial se podrían llegar a repetir?

Respondo con las palabras del papa Francisco, me parece que son muy iluminadoras. Subrayo algunos párrafos de las palabras que dirigió a los fieles reunidos en la basílica de San Pedro antes de iniciar la misa en conmemoración de los mártires armenios.

“En varias ocasiones, he definido este tiempo como un tiempo de guerra, una tercera guerra mundial ‘en etapas’, en la cual diariamente asistimos a crímenes atroces, a masacres sangrientas y a la locura de la destrucción.

Lamentablemente aún hoy escuchamos el grito, sofocado y no atendido de tantos hermanos y hermanas, indefensos, que a causa de su fe en Cristo o pertenencia étnica, son públicamente y atrozmente asesinados, decapitados, crucificados, quemados vivos, u obligados a abandonar sus tierras.
También hoy estamos viviendo una especie de genocidio causado por la indiferencia general y colectiva, por el silencio cómplice de Caín que exclama: ‘¿Y a mi qué me importa? ¿Soy yo quizás el guardián de mi hermano?’.

La humanidad vivió en el siglo pasado tres grandes tragedias y sin precedentes: la primera se considera generalmente como ‘el primer genocidio del siglo XX’. (Juan Pablo II y Karekin II, Declaración Conjunta, Etchmiadzin 27 de septiembre de 2001). Esa ha golpeado a vuestro pueblo armenio, la primera nación cristiana, junto a los católicos y los ortodoxos sirios, asirios, caldeos y griegos.

Fueron asesinados obispos, sacerdotes, religiosos, mujeres, hombres, ancianos y niños e incluso enfermos e indefensos. Los otros fueron los perpetrados por el nazismo y el estalinismo. Y más recientemente, ha habido otros exterminios de masa, como en Camboya, Ruanda, Burundi y en Bosnia.

Y sin embargo, parece que la humanidad no puede dejar de derramar sangre inocente. Parece que el entusiasmo surgido a finales de la Segunda Guerra Mundial vaya desapareciendo y disolviéndose.
Parece que la familia humana se niegue a aprender de sus propios errores causados por la ley del terror; y por lo tanto, todavía hoy hay quienes tratan de eliminar a su similar, con la ayuda de algunos y el silencio cómplice de otros, que permanecen espectadores. Aún no hemos aprendido que “la guerra es una locura, masacre inútil”.
(…)
(12 de abril de 2015)

¿Qué mensaje nos deja la historia de San Maximiliano Kolbe?

Cuando en el campo de concentración de Auschwitz se presentó el frágil franciscano de Niepokalonow frente al comandante Karl Fritsch sucedieron tres milagros:

El primero: el prisionero no fue ejecutado de un tiro en el acto.

El segundo: el hombre perteneciente a la raza superior se “interesó” por el osado movimiento en medio de ese ejército de espectros. “¿Qué quiere este cerdo polaco?”

El tercero: el gran milagro, porque para Fritsch quien estaba delante de él con la cabeza descubierta y la vista en el suelo era sólo el número 16670. Precisamente el milagro es la pregunta del comandante: Wer bist du? (¿Quién eres tú?). Sin querer el señor de la vida y de la muerte en el campo de exterminio recordó a todos que eran hombres y no números.

El resto de la historia ya la conocemos. Se borra el número 5659 (Francisco Gajowniczek) de la lista de los candidatos al bunker del hambre y se reemplaza por el 16670 (Maximiliano Kolbe). A partir de ese momento con esta donación Auschwitz deja de ser un campo de extermino y se convierte en un calvario.

Con esta oblación el padre Maximiliano Kolbe hace carne lo que le decía a sus compañeros de infortunio: “El odio no es una fuerza creativa; sólo el amor es fuerza creativa”.

¿Entiende que pueda a veces ser difícil creer en Dios con la gran cantidad de desgracias que ocurren en el mundo?

Sigo respondiendo con las palabras del papa Francisco que dirigió a los fieles en la basílica de San Pedro:

“Con la firme certeza de que el mal nunca viene de Dios, infinitamente bueno, y arraigados en la fe, profesamos que la crueldad no se puede atribuir a la acción de Dios, y más aún, no debe de ninguna manera encontrar justificación en su santo nombre. ¡Vivamos juntos esta celebración, poniendo los ojos en Jesús Cristo resucitado, vencedor de la muerte y el mal!”
12 de abril de 2015

¿Cuál es su historia favorita, entre todas las que ha explorado con sus artículos? ¿Cuál es la más sorprendente?

Son historias de fidelidad y de martirio. Son historias donde el pastor a imagen del Buen Pastor da la vida por sus ovejas. Son historias donde muchas veces el sacerdote que amaba a los suyos que estaban en el mundo, los amo hasta el extremo, hasta el fin. Y a veces junto con el pastor, también el rebaño era aniquilado…

Me impresiona en estos relatos la postura sacerdotal sosteniendo, acompañando, rezando, preparando literalmente a sus fieles hasta el borde mismo de la fosa de ejecución.
Por eso no puedo hablar de una historia favorita. Todas edifican, todas son amables, todas son representativas de quienes fueron fieles a Dios y a la Patria.

No olvido la historia de las religiosas, dignas también por el ejercicio de una caridad heroica hasta el martirio.

Las historias más sorprendentes fue recorriendo una Varsovia en llamas y condenada a la destrucción. Son historias sorprendentes porque son historias de vida en una ciudad de muerte.

¿Cuáles han sido sus mayores dificultades a la hora de afrontar este proyecto?

A la hora de afrontar este proyecto evidentemente la primera y mayor dificultad fue el idioma. Así que solo con un diccionario y la paciencia de un sacerdote polaco primero y luego de una señora polaca que me iba corrigiendo las traducciones. Ambos nos sorprendíamos de como captaba el sentido del texto. Recuerdo que en una oportunidad esta señora polaca, sobreviviente de los campos de concentración, me dijo: “Usted Padre tiene una ayuda extra, el Espíritu Santo”. Finalmente decidí estudiar el idioma polaco.

El material de investigación que se encontraba en internet también estaba en polaco, especialmente los mártires del clero diocesano. Solo pude acceder a otros idiomas cuando consultaba en los mártires de las órdenes religiosas. Agradezco a los miembros de diferentes congregaciones religiosas que generosamente me brindaron material, incluso inédito aquí en Argentina.

Hay un trabajo, sin publicar, que hice sobre los mártires capuchinos asesinados en Auschwitz y Dachau.

¿Qué planes de futuro tiene en relación con este proyecto?

En relación con este proyecto a futuro quisiera que se difunda por medio de alguna publicación. Lo más avanzado es una serie de artículos sobre la insurrección de Varsovia y el papel del clero en la misma. También tengo en mente publicar una serie de historias de los sacerdotes polacos en los campos de concentración. Cuento con mucho material traducido.

¿Cuáles fueron las mayores virtudes y logros de Juan Pablo II?

Enamorado de la Eucaristía y devoto de María, supo llegar al corazón de todos con independencia de razas, credos, edades, profesiones. Un gran Pastor. También filósofo y teólogo destacado. Defensor de la moral y de los derechos humanos, de la cultura de la vida, amante de la paz y de la justicia, papa de los jóvenes (con el surgieron las Jornadas Mundiales de la Juventud, la próxima en Cracovia) y de las familias, adalid de los derechos del no nacido, de los ancianos y de los enfermos. Apóstol de la reconciliación que supo aglutinar a credos diversos en Asís abriendo una vía ecuménica del diálogo interreligioso de un valor incalculable. El papa viajero que recorrió el mundo una y otra vez abrazando y bendiciendo a todos.

¿Cómo ve a Polonia hoy en día?

Veo a un país pujante, creo que económicamente está estable, queriendo también tener su protagonismo en el concierto de Europa.

Honestamente tendría que leer más para dar una respuesta con mayores elementos de juicio.

¿Cómo ve a la Iglesia polaca y su papel en la sociedad polaca hoy en día?

Me da la impresión que la figura del papa Francisco sacudió un poco las estructuras de la iglesia atada a cuestiones anacrónicas especialmente en lo que hace a su dimensión de servicio y ministerio.

Parece que la iglesia polaca no está ajena en este momento de lo que el Papa Francisco define como mundanidad espiritual.

¿Es Polonia un país de fervor religioso, o un país extremadamente tradicional?

Creo que una cosa no quita la otra. El fervor religioso mantuvo la estructura de la nación y aun en los momentos más trágicos todo polaco supo ser fiel a Dios y a la Patria. También mantiene las tradiciones religiosas y patrióticas de modo ejemplar.

¿Necesita la Iglesia católica una profunda transformación? ¿Cuál es su opinión sobre la labor de su compatriota el Papa Francisco?

Creo que la respuesta está en la exhortación programática Evangelii Gaudium donde el Papa nos invita a “una nueva etapa evangelizadora marcada por la alegría del Evangelio” y quiere “indicar caminos para la marcha de la iglesia en los próximos años”.

Pero la profunda transformación la está generando el mismo con su estilo de vida y su coherencia pastoral en el servicio que presta a la iglesia universal. Bien vale aquí el adagio latino: Verba docent, exempla trahunt (las palabras enseñan, los ejemplos arrastran).

Me pica la curiosidad, ¿Qué le atrae tanto de Polonia?

Que es, fue y será siempre fiel. Polonia semper fidelis!

Josef Bau: una visión optimista ante la vida pese al Holocausto

Josef Bau: una visión optimista ante la vida pese al Holocausto

Este año se cumple el 70 aniversario de la liberación de los campos de concentración y exterminio alemanes nazis en la Europa central oriental. El pasado 27 de enero, con motivo del 70 aniversario de la liberación de Auschwitz, 300 supervivientes del campo participaron en un acto conmemorativo junto a autoridades y personalidades de Polonia y todo el mundo en el actual museo.

Este lugar constituye un símbolo del horror del nacionalismo y racismo extremos cultivados por Alemania en los años 1930, cuyo resultado no fue sólo los campos de concentración, y cuyas víctimas no fueron sólo los judíos (polacos, gitanos, prisioneros de guerra soviéticos, discapacitados y homosexuales). En el ideario nazi la siguiente raza inferior a eliminar después de la judía era la eslava.

Un mensaje claro se transmite con motivo de esta efeméride: no hay que olvidar, para intentar que no se vuelva a repetir, algo que nada ni nadie puede garantizar. Un mensaje que  es más necesario que nunca en un contexto de auge de los extremismos nacionalistas y el antisemitismo en Europa, (y de persecución y asesinato de cristianos por parte del Estado Islámico en Oriente Medio).

La parte positiva–si es que puede haberla, en la mayor tragedia de la historia de Europa–es la de los que milagrosamente sobrevivieron al Holocausto, y de los que pusieron en peligro su propia vida para salvar a la de otros, como fue el caso del protagonista de esta historia en ambos aspectos.

En junio de 2014, durante un evento enmarcado en el Festival de Cultura Judía de Cracovia, tuve el placer de hablar con las dos hijas de un superviviente del Holocausto y uno de los más de mil nombres que figuraban en la Lista de Schindler: Josef Bau.

La historia de Josef Bau

Bau

Evento en el JCC de Cracovia conducido por las hijas de Bau para conmemorar el 70 aniversario de la boda de sus padres en el campo de Plaszów
Evento en el JCC (Centro de la Comunidad Judía) de Cracovia el 29 de junio de 2014 conducido por las hijas de Bau para conmemorar el 70 aniversario de la boda de sus padres en el campo de Plaszów. En la imagen las hermanas Bau hablando del mapa de dicho campo que su padre tuvo que dibujar para los nazis. Foto: Ángel López Peiró

Josef Bau fue un dibujante, pintor y poeta polaco judío, uno de los pioneros del cine de animación israelí y también trabajó para el Mossad falsificando documentos de identidad para los espías israelíes operando en diferentes países de Oriente Medio (algo que sus hijas no descubrieron hasta después de su muerte).

Durante la Segunda Guerra Mundial fue empleado (ganando a cambio su supervivencia, luego extendida gracias a la archiconocida lista de Schindler) por los nazis para dibujar mapas y escribir señales al ser capaz de escribir letras góticas. Una habilidad que utilizó para salvar a centenares de judíos gracias a la falsificación de documentos.

Bau se casó  de forma clandestina con una interna judía, Rebecca Tennenbaum, dentro el campo de concentración nazi de Płaszów en Cracovia, jugándose la vida con ello. Una boda que fue plasmada por Steven Spielberg en una escena de la película La Lista de Schindler.

Precisamente, en el acto en Cracovia las dos hermanas Bau, que dirigen el museo Joseph Bau en Tel Aviv, realizaron una conferencia en el Centro de la Comunidad Judía de Cracovia sobre la vida y obra de su padre. Además, organizaron una recreación de la boda de sus padres en Płaszów para conmemorar el 70 aniversario del enlace.

Antes de la guerra

Bau nació en Cracovia en 1920 en el seno de una familia judía asimilada donde se hablaba polaco y donde había un sentimiento de pertenencia a Polonia, al igual que a la tradición, cultura y religión judías. Desde bien joven  Josef mostró ya un llamativo y polifacético talento artístico. En 1938 empezó a cursar sus estudios en la Universidad de Artes Plásticas de Cracovia. Estudios que quedaron interrumpidos por el estallido de la guerra. Precisamente en la universidad decidió aprender a dibujar letras góticas germánicas; algo que les ofreció un profesor a los alumnos de una clase pero que sólo, Bau, un judío, quiso aprender, ya que había mucha recelo a todo lo alemán, por todas la noticias que llegaban esos años a Polonia sobre el III Reich. Bau quedó fascinado por las letras góticas, que durante la guerra le salvaron la vida y le ayudaron a salvar la de muchos otros.

Gueto de Cracovia

Josef y su hermano Marcel no disponían de kennkarten (documentos de identidad válidos ante las autoridades de la ocupación nazi) y corrían el riesgo de deportación a un campo de concentración. Después de merodear por Cracovia y alojarse en una casa en un pueblo a las afueras de Cracovia donde sólo podían pasar las noches, tuvieron que entrar en el gueto en el barrio de Podgórze de forma ilegal para poder reunirse con el resto de su familia, que vivía en condiciones infrahumanas un apartamento diminuto de Plac Zgody 1 (Plaza de la Paz, actualmente llamada Plaza de los héroes del Gueto) tras ser expulsados de su casa. Los valientes e intrépidos hermanos Bau tampoco disponían de libros de racionamiento para comprar alimentos ni permiso de residencia (carta azul) del Judenrat.

Dibujo que hizo Josef Bau de la puerta de entrada al Gueto de Cracovia josephbau.com
Dibujo que hizo Josef Bau de la puerta de entrada al Gueto de Cracovia josephbau.com

El Judenrat le contrata como dibujante y escritor de letras góticas para los administradores del gueto. Se le encarga dibujar un nuevo mapa del gueto en que se divide este entre una zona A y una B. Un mapa que reflejaba la reducción de tamaño del gueto y las inminentes primeras deportaciones en masa. Consigue a cambio una kennkarte pero no la carta azul que le permitiría permanecer en el gueto legalmente. Estuvo a punto de morir en el patio de la fábrica Optyma donde estaba retenido, pero fue rescatado por la intervención de su madre ante el comandante del gueto, que le estaba en deuda por su trabajo.

En el campo de concentración de Plaszów, Cracovia

En 1942 Bau es trasladado a Plazsów, a unos 2 km del gueto, junto con algunos centenares de residentes del gueto que pudieron escapar de las deportaciones a campos de exterminio o las ejecuciones inmediatas.

Fuente: josephbau.com
Fuente: josephbau.com
plaszow map - baum
Mapa del campo de Plaszów josephbau.com

Aquí Bau trabajaba para los administradores del campo dibujando mapas y escribiendo letras góticas para señales. A cambio, recibía un poco más de comida que el resto de los internos.

Josef y Rebeca se conocieron en Plaszów, se enamoraron y se casaron de forma secreta en los barracones para mujeres del campo. Fue un auténtico milagro que pudieran enamorarse y casarse en esa situación,  y todavía más que pudieran vivir juntos y felices después de la guerra durante muchos años. No es de extrañar entonces que Bau hasta el día de su muerte creyera en los milagros.

Un día vio desde la distancia como un oficial de las SS, Gruen, mataba a su padre. El oficial hubiera acabado también con su vida si no fuera por Isaac Stern, que le evitó acercarse más al asesino de su progenitor. Su hermano fue asesinado en el gueto y su madre murió por un exceso de comida cuando fue liberada del campo de Bergen-Belsen por las tropas norteamericanas.

Pese al horror, Josef nunca perdió su gran dotación de humanidad, esperanza y buen humor durante su tiempo en Plaszów. Incluso en las circunstancias horribles que le rodeaban, no dejó de dibujar, pintar y escribir historias divertidas además de poemas de amor a su querida Rebecca.

En Moravia con los salvados por la Lista de Schindler

La mujer de Bau consiguió incluirle en la Lista de Schindler (una lista que fue posible gracias a la inestimable contribución de Mietek Pemper, aunque la película minimice este punto), mientras que ella escapó de la muerte hasta tres veces en Auswitch, engañando al Dr. Menguele, el Ángel de la Muerte.

Bau se trasladó con el resto de listados a la nueva fábrica de Oskar Schindler en Brünnlitz (actual República Checa) en octubre de 1944. Una fábrica donde se cambió la producción de cacharros de cocina y esmaltes que se hacía en Cracovia por la de granadas, pero con una productividad extremadamente baja intencionada.

Lo que no es ampliamente conocido es que Josef Bau, al igual que la mayoría de los salvados por la lista de Schinler, muchos años después mandó dinero a Oskar Schindler cada mes cuando este estaba pasando por una situación económica muy difícil, porque ninguno de sus negocios después de la guerra tuvo éxito.

retrato de Oskar Schindler

Regreso a Cracovia tras el horror

Después de una auténtica odisea desde Moravia y tras poder reencontrarse por casualidad con su esposa consigue regresar a su ciudad, pero su antiguo piso había sido ocupado por otros ‘inquilinos’. Durante los primeros años de posguerra Bau completa sus estudios universitarios en Cracovia y trabaja como caricaturista para tres periódicos locales.

Años después de la guerra cuando le preguntaron por qué no escapó de los campos de concentración falsificando documentos para él mismo, y respondió: “Si hubiera escapado, ¿quien hubiera salvado a los otros? Además, si hubiera escapado en lugar de sufrir durante 5 años nunca hubiera conocido a mi mujer”

Nueva vida en un nuevo país: Israel

En 1950 Bau decide emigrar a Israel para emprender una nueva vida junto con su mujer y su hija de tres años. Una decisión que hay que contextualizar en las secuelas creadas por el lugar de los horrorosos hechos que vivió durante el Holocausto y el duro momento que vive Polonia entonces bajo el régimen estalinista.

En Israel al principió trabaja para el Brandwein Institute de Haifa y más tarde en 1956, toda la familia se traslada a Tel Aviv, donde continuó pintando, dibujando en su propio estudio. En los años 1960 creó los títulos de casi todas las películas israelís.

Bau se convirtió en un artista pionero en Israel y el padre del sector de los dibujos animados en el país de Sión. Era conocido como “el Walt Disney de Israel”. Sin duda, el arte de Josef Bau ayudó a transformar el nuevo estado de Israel, infundiéndole solidaridad, esperanza, humor y sobre todo, optimismo.

En 1998 fue candidato al Premio Israel que condecora a aquellas personas o instituciones que han contribuido de forma más notable a la cultura israelí.

Juicio de Viena

En febrero de 1971 Bau y su mujer reciben invitaciones del gobierno austriaco para testificar en un juicio contra  Gruen, acusado de matar a miles de judíos en Plaszów. Tras ciertas dudas el matrimonio decide viajar a Viena y ayudar a que se imparta justicia. El juicio le trae tanto a la memoria todo lo vivido durante la ocupación nazi de Cracovia, que Bau sufre una fuerte subida de tensión. Tuvo que permanecer un mes en el hospital antes de poder regresar a Israel. Durante su estancia en el hospital Oskar Schindler, quien entonces residía en la capital austriaca, le visitó dos veces.

Durante su vida en Israel, y especialmente durante y después de su viaje a Viena, Bau sufrió los traumas de la guerra y en muchas ocasiones llegó a tener alucinaciones que le devolvían a los escenarios y momentos como si los estuviera reviviendo.

Josef Bau murió en Tel Aviv en 2002 a los 82 años de edad a causa de una neumonía.

El Museo Bau en Tel Aviv

La Casa de Josef Bau se ubica en el edifico donde el artista polaco tenía su estudio en Tel Aviv. Aquí pueden verse muchos de sus trabajos en los campos del dibujo, pintura, cine de animación, poesía y humor, además de consultar materiales que permiten profundizar en la figura de Bau y su legado. Un museo que estuvo a punto de cerrar sus puertas hace un par de años por problemas económicos, por lo que sus hijas, Hadassah y Tzlila animan a los interesados en la figura de Bau a realizar donaciones.

Vea este reportaje sobre el Museo Bau (en inglés, 15 minutos)

Museos y galerías de arte en todo el mundo siguen exponiendo los trabajos de Bau así como lugares tan emblemáticos como el Knesset de Israel, la sede las Naciones Unidas en Nueva York y el Congreso de los Diputados en Madrid.

Bibliografía

Para aquellos interesados en indagar en la figura de Josef Bau, su autobiografía ha sido traducida al español bajo el título “El Pintor de Cracovia”(Ediciones B, 2008).  Sin duda, una de las memorias de un superviviente del Holocausto más notables y sorprendentes que se hayan escrito hasta ahora. En el libro Bau, una persona muy humilde como destacan quienes le conocieron, no menciona en ningún momento que salvó la vida de centenares de judíos en las selecciones realizadas por las autoridades ocupantes nazis, gracias a la falsificación de documentos de identidad.

¿Por qué los alemanes nazis no quisieron destruir Cracovia?

¿Por qué los alemanes nazis no quisieron destruir Cracovia?
El Castillo de Wawel en Cracovia, Polonia
La Catedral junto al castillo, donde residía el Gobernador General Hans Frank durante la ocupación alemana nazi, en la colina de Wawel en Cracovia Foto: superior Guillermo Romero Gil, inferior Ángel López Peiró

[Tiempo de lectura estimado: 8′]

Si Cracovia es hoy una de las ciudades más bellas en Europa es, en gran parte, porque no sufrió daños significativos durante la Segunda Guerra Mundial y pudo conservar su legado histórico y arquitectónico. Justo lo contrario de lo que sucedió en todas las otras grandes ciudades polacas; sobre todo en Varsovia, la ciudad más destruida durante la contienda en toda Europa.

Cracovia no sufrió casi destrucción durante la guerra en primer lugar porque las fuerzas de la Alemania nazi tomaron la ciudad el 6 de septiembre de 1939 sin tener que hacer frente a ninguna resistencia armada. Unos días antes, al inicio de la operación de invasión de Polonia el 1 de septiembre, la aviación alemana dejó caer algunas bombas sobre la ciudad que no causaron grandes daños.

En segundo lugar, porque la ciudad salió bien parada del conflicto ya que nunca fue bombardeada por los aliados.

Pero ante todo, porque después de una ocupación alemana, que duró 1.869 días y durante la cual Cracovia fue la capital de la Polonia ocupada, el Generalgouvernment, los alemanes abandonaron la ciudad rápidamente en dirección suroeste el 17 de enero de 1945 ante la inminente llegada del Ejército Rojo, que entró en la ciudad al día siguiente.

No se libró ninguna batalla entre soviéticos y alemanes en la ciudad y los ocupantes únicamente destruyeron los puentes sobre el río Vístula antes de escapar.

Es rotundamente falso, como se lee habitualmente en diferentes fuentes bibliográficas y en algunos medios, que  los ocupantes nazis tuvieran fecha y hora para destruir la ciudad, que en 1944 ya hubieran minado casi todos sus barrios y los monumentos más importantes, y que una afortunada maniobra de un general ruso evitara la destrucción de Cracovia. Esta historia fue un mito creado por los soviéticos y alimentado por la historiografía de la Polonia comunista y que ha trascencido hasta la actualidad.

Durante la guerra en Cracovia, teniendo en cuenta la excepcionalidad de la situación, la vida también transcurrió para la mayoría de polacos que no escaparon con una relativa normalidad, excepto para la población judía y los prisioneros políticos, en comparación con el resto del país.

De hecho, muchos refugiados que llegaron a la ciudad de diferentes partes en 1945 quedaron sorprendidos al ver la ciudad con toda su majestuosidad casi inalterada por la guerra.

Los alemanes nazis en ningún momento durante la Segunda Guerra Mundial tuvieron la más mínima intención de destruir Cracovia por las siguientes razones:

  • Los alemanes nazis consideraban Cracovia como una antigua ciudad histórica alemana (urdeutsche Stadt) basándose en el hecho verídico histórico que existió una importante colonia alemana en la ciudad durante siglos y la lengua alemana compitió durante mucho tiempo con el polaco como lengua de uso. Los ocupantes se esforzaron en justificar esta tesis y para tal fin crearon el Instituto para el Trabajo Alemán en el Este (Institut für deutsche Ostarbeit) con la labor de implantar y activar las costumbres alemanas en Cracovia. Las calles recibieron nombres alemanes–la Plaza del Mercado Principal pasó a ser la Adolf Hitler Platz–y los monumentos y símbolos polacos  más representaticos fueron destruidos.
  • Después de la destrucción causada por una invasión tártara, la ciudad fue refundada como tal y reconstruída por orden del rei Boleslavo V el Casto, según el derecho urbano alemán de Magdeburgo en 1257, que otorgó a su centro histórico la característica distribución de calles cuadriculada con una gran plaza en el centro que se conserva hoy en día. En otras palabras lo significativo aquí es que la población recibió el estatus de ciudad alemana.
  • Hitler quería que tras la guerra Cracovia fuera la capital de un nuevo estado polaco germanizado con mucha población alemana y títere bajo el control del Tercer Reich pero sin integrarse en este, y por eso decidió establecer en esta ciudad el gobierno general de la Polonia ocupada. Los nazis desarrollaron un ambicioso proyecto urbanístico para Cracovia que imitaba algunos aspectos de Berlín pero que no tuvieron tiempo para llevar a cabo. Se pueden ver los planos de algunos de los proyectos en el antiguo cuartel de la Gestapo en la calle Pomorska, actualmente una sede del Museo de Historia de la Ciudad, centrada en los tiempos de la Cracovia ocupada por el régimen alemán.
  • Los alemanes nazis asociaban la capital Varsovia a la polonidad mientras que irónicamente Cracovia–la capital histórica, espiritual y cultural de Polonia lugar de residencia en vida y muerte de los reyes, para los polacos–era para ellos un símbolo de germanidad.
  • En Cracovia no tuvo lugar una rebelión a gran escala como el Levantamiento de Varsovia que generara en las autoridades nazis un deseo de venganza y destrucción total–a causa de una mayor presencia de administradores y policías alemanes, un mayor número de infiltrados y delatores, y un mala organización de la resistencia. Sin embargo, hay que matizar que sí que existía en Cracovia una importante actividad de movimientos de resistencia clandestinos que llegó a ejecutar acciones concretas. Por ejemplo, una de ella fue un ataque con bomba el 22 de diciembre de 1942, con importante participación de la resistencia judía, a la cafetería Cyganerja en la calle Szpitalna donde se reunían comandantes nazis de alto rango. 11 de ellos resultaron muertos.
  • Aunque no hay estudios historiográficos serios sobre esta cuestión, algunas fuentes apuntan a que los alemanes nazis se tomaron en serio la leyenda o creencia hindú del chakra de Wawel y querían protegerlo para beneficiarse de él. Según esta creencia que dió a conocer un visitante hindú en Cracovia en los años 1920, en los restos de la iglesia de San Gereón escondidos detrás de la pared del extremo noreste del patio el Castillo de Wawel se encuentra uno de los 7 chakras en la Tierra: una piedra que emana una poderosa energía espiritual. Curiosamente, los creyentes en esta historia, que desde todo el mundo se acercan a menudo a ese rincón del patio del castillo, defienden la idea que fue el chakra de Wawel el que salvó a la ciudad de la destrucción durante la Segunda Guerra Mundial.
  • Ni siquiera las sinagogas del barrio judío, Kazimierz, fueron destruídas, aunque sí saqueadas, a pesar de que casi la totalidad de los 60.000 judíos residentes en la ciudad–un tercio de la población– fueron exterminados. (Verdad o leyenda, en varias fuentes se puede leer que aunque lo intentaron, no pudieron destruir la tumba de Moshe Iserles en el cementerio judío viejo junto a la sinagoga ReMu porque al ver que los martillos no pudieron romper ni siquiera la lápida a los soldados les invadió el pánico y se fueron corriendo). En realidad los nazis querían dejar el barrio de Kazimierz intacto como si fuera un museo o parque temático testimonio de la presencia judía en la ciudad durante más de 800 años, como prueba de la aniquilación de lo que ellos consideraban una raza subhumana. El aspecto arquitectónico de este barrio en los años 1930 difiere poco del actual y del que Steven Spielberg mostró en La Lista de Schindler en 1993.

Vídeo con imágenes reales de la Cracovia bajo la ocupación nazi

Fuentes:

Información facilitada durante una visita guiada en Cracovia dirigida por la investigadora polaca norteamericana Dra. Agnieszka Legutko, responsable del programa de estudios de lengua yiddish en la Universidad de Columbia en EE.UU. Datos basados en su propia investigación.

A History of Kraków for Everyone. John M. Malecki. Wydawnictwo Literackie 2008

Cracovia Legendaria, Historias Conocidas y Desconocidas. Ewa Basiura. Storyteller 2006

God’s Playground: A history of Poland. Revised Edition. Norman Davies. Oxford University Press 2005

Iron Curtain. The Crushing of Eastern Europe 1944-1956. Anne Applebaum Penguin Books 2012

‘Mi amigo el enemigo’–una historia de reconciliación y humanidad 70 años después de las masacres de Volinia

‘Mi amigo el enemigo’–una historia de reconciliación y humanidad 70 años después de las masacres de Volinia
Montículo de homenaje al Ejército Ucraniano de Insurrección UPA en un punto donde de encontraba un puesto del comandante en jefe del UPA en Volinia, ahora en el oeste de Ucrania y durante el periodo de entreguerras en Polonia Foto: myfriendtheenemyfilm.com

Autotraducción al español del artículo en inglés publicado el 21 de agosto en la revista Visegrad Insight:

Una entrevista con Wanda Koscia, directora y productora del documental My Friend the Enemy (Mi amigo el enemigo)

Verano de 2013, al noroeste de Ucrania. El equipo que realiza la película se une a un grupo de polacos en un viaje a la región de Volinia, Ucrania, donde en 1943 decenas de miles de aldeanos polacos fueron masacrados en pocos meses. Las muertes fueron un acto de genocidio organizado por los nacionalistas ucranianos–aprovechándose de la ocupación nazi. Setenta años más tarde, un grupo de polacos han regresado para visitar los pueblos de los que huyeron, ahora  campos en su mayoría vacíos, donde se encuentran todavía algunos de sus antiguos vecinos ucranianos.

Los ucranianos y polacos en este documental cuentan historias personales sobre estas horribles masacres. En el film se describen las relaciones complejas y fluídas entre las personas que habían vivido al lado de uno del otro durante siglos. Algunos habían arriesgado sus vidas para salvar a sus vecinos y amigos, del otro grupo étnico. En ese momento histórico, los polacos en esta zona, los territorios de la frontera oriental de Polonia, Kresy, eran considerados como enemigos por los banderitas – los seguidores del líder nacionalista ucraniano Stepan Bandera. Por lo tanto, los ucranianos  que ayudaron a polacos ciertamente arriesgaron sus vidas. En este documental, se puede ver  cómo los conceptos de amigo y enemigo se entremezclan y las voces de los protagonistas fluyen sin ser interrumpidos por la narración. El telón de fondo es un bucólico paisaje rural de aspecto atemporal.

Trailer de Mi amigo el enemigo (en polaco y ucraniano con subtítulos en inglés):

Tuve el gran placer de poder encontrarme en Cracovia con la directora y productora  de la película, Wanda Koscia, una documentalista británica, hija de padres polacos y con gran dominio de la lengua polaca, con varias décadas de experiencia en la investigación, producción y dirección de documentales de historia contemporánea para medios como la BBC y Channel 4 (Reino Unido). Koscia está especializada  en temas de Europa del Este, aunque no exclusivamente.  Algunos de sus recientes trabajos con notariedad incluyen un episodio de Putin, Rusia y Occidente, una importante serie de cuatro partes realizada para la BBC; Batalla por Varsovia ’44’– que se hizo para Discovery Europe y luego se proyectó en el programa de la BBC Timewatch — y Dunkerque, La Historia de los Soldados ‘, que contó la historia de la retirada británica de Dunkerque en 1940 y ganó el prestigioso Premio Grierson al Mejor Documental Histórico en 2004.

Ángel López Peiró: ¿Cuál es la idea detrás de este película?

Wanda Koscia: Con motivo del 70 aniversario de las masacres de Volinia, queríamos dar una nuevo visión a estos terribles acontecimientos históricos. Se han realizado muchos documentales polacos sobre las masacres, pero hasta ahora ninguno se ha centrado en la historia de los ucranianos que salvaron a polacos de la muerte.

¿Qué es lo que quiere lograr con la película?

Quería crear conciencia sobre el hecho que la situación no era blanca o negra; que no todos los ucranianos en Volinia eran asesinos, y tampoco todos los polacos eran santos. Nuestro objetivo era contar una historia humana de personas normales y corrientes que arriesgaron sus vidas para salvar a sus vecinos, incluso cuando  se les decía que sus vecinos  eran el enemigo. Queremos recordar a las víctimas, ayudar a la gente a entender el contexto de estos eventos, y, a pesar de la terrible tragedia, transmitir un mensaje de reconciliación. Lamentablemente, esta es una historia muy universal, la  podríamos haber filmado en la extinta Yugoslavia o en Ruanda.

Es un hecho que los gobiernos de Polonia en el periodo de entreguerras (1918-1939) discriminaron a las relativamente numerosas minorías ucranianas. ¿Fue esta quizás una de las principales causas de las masacres?

Hubo discriminación contra la minoría ucraniana en Polonia antes de la Segunda Guerra Mundial. Los ucranianos esperaban tener su propio Estado independiente y estas esperanzas fueron echadas por tierra. Decir que las relaciones entre estos dos pubelos fueron difíciles es un eufemismo, con actos de terror cometidos por ambas partes. De hecho, los ucranianos formaban una mayoría en lo que entonces era el sureste de Polonia (con excepción de Lwów).

En Volinia, el ucraniano era la lengua materna del 68% de la población con el polaco hablado por un mero 17% de la población. Sea como fuere, no hay ninguna excusa válida para matar a personas inocentes, en su mayoría mujeres y niños y los ancianos, simplemente porque eran de otra nacionalidad, que fue la política del Ejército Insurgente Ucraniano en 1943.

¿Qué opina de la película de Agnieszka Holland In Darkness,  y sobre cómo las relaciones polaco-ucranianas son descritas en el film?

Creo que la película de Agnieszka Holland es una maravillosa representación del drama y la tragedia de la población urbana multicultural de Lwów, de las relaciones en tiempo de guerra entre judíos, polacos y ucranianos. La historia que narra, aunque también se trata de la limpieza étnica durante la guerra, tiene un ambiente muy diferente. Volina era una provincia rural, que antes de 1918 había estado bajo el dominio zarista de Rusia durante más de un siglo. Antes de 1918, Lviv había sido gobernada por Austria, que dejó un legado muy diferente. Cabe destacar que el 70% de los residentes  de Volinia eran analfabetos en ese momento mientras Lviv era una ciudad universitaria sofisticada. Los dos trabajos, el mío y el de Agnieszka Holland, son incomparables.

¿Cuáles son sus principales influencias como directora?

Hay muchos directores y cineastas que admiro y yo siempre he aprendido de la gente con la que trabajo. Pero lo que realmente ha influido en esta película es la forma en que se hizo. Normalmente, yo trabajo en producciones encargadas por un organismos de radiodifusión y  editores que son, por lo tanto, planificadas de forma muy estricta y cuentan con roductores ejecutivos que controlan cada etapa del proceso. Esta película se produjo de forma muy diferente, se podría decir, de atrás hacia adelante.

En la productora con sede en Varsovia Grupa Filmowa se prepararon para poner el dinero por adelantado para una película sobre las masacres de 1943 centrada en los “ucranianos justos”, y esa era la única “directiva” que recibí. Me dieron un cheque en blanco, lo cual era a la vez aterrador y liberador. No había tiempo ni fondos para largos viajes  de investigación, por lo que cada viaje a Ucrania fue con nuestros dos encargados de filmar.

Nos pusimos en marcha para buscar historias de salvación, y puesto que esa era la pregunta, esta es la respuesta que nos dieron. La película evolucionó orgánicamente a medida que trabajábamos y cooperamos todos en la edición, donde decidimos muy pronto que ni la voz de un narrador, ni tomas de archivo serían necesarias para contar esta  historia. Por encima de todo, fue la fantástica profesionalidad y pasión incansable de Andrzej Adamczak, el camarógrafo, y Stefan Ronowicz, el editor, que influyeron en la película.

¿Qué hubiera hecho de otra forma?

De la forma como resultaron las cosas, probablemente nada. Una vez editada, la historia está cerrada. Me hubiera gustado encontrar testigos para contar una historia más detallada de polacos que salvaron ucranianos del ataque de venganza polaco. No obstante, espero que la película sea justa y equilibrada. Si hubiera  tenido el tiempo y los recursos, me hubiera encantado pasar un año de rodaje en uno de los pueblos con algunas de las personas que conocimos. Pero eso sería una película distinta por completo.

¿Podrían polacos y ucranianos vivir juntos en la Galicia y Volinia actuales?

Eso desearía. Desde la caída del comunismo, la política exterior de Polonia en relación a su vecino oriental ha sido de apoyo a la independencia de Ucrania. Las buenas relaciones son beneficiosas para ambos países. Yo estaría muy contenta si la película ayuda a traer la reconciliación y el respeto.

¿Es visible el movimiento nacionalista ucraniano dirigido por Stepan Bandera en el movimiento del Maidán?

Stepan Bandera es un héroe para muchos ucranianos, pero hace  tiempo que está muerto, ya que fue asesinado por agentes soviéticos en 1959 en Munich. Tampoco se le puede culpar directamente por la masacre de Volinia ya que fue encarcelado por los alemanes en 1941 y fue prisionero del campo de concentración de Sachsenhausen, desde enero de 1942 a septiembre de 1944. La masacre de Volinia que tuvo lugar en 1943 fue organizada por algunos de sus seguidores radicales.

El movimiento Maidan congregó a una gran variedad de personas, incluyendo a los nacionalistas. Pero como vimos en las elecciones presidenciales de mayo de 2014, la extrema derecha obtuvo unos malos resultados, con Oleh Tyahnibok del ultranacionalista Partido Svoboda con miserable 1% del sufragio y Dmitry Yarosh del Partido Sector Derecho obteniendo incluso menos votos.

La sociedad polaca en general, en la línea de las instituciones y partidos políticos polacos, parece apoyar a Ucrania en el conflicto actual, aunque algunos polacos afirman que los ucranianos nunca han sido amigos de polacos, y que siempre han sido enemigos de Polonia. Según en su experiencia como cineasta y documentalista, ¿cómo respondería a los polacos con esta opinión?

Polonia tiene un gran interés en ener un vecino democrático y próspero en su frontera oriental. La mayoría de los polacos que conozco tienen una actitud positiva hacia Ucrania. Los polacos que vivieron los eventos de 1943 eventos son a menudo cautelosos, algunos  desconfiados, incluso en ocasiones hostiles con los ucranianos, lo cual no es de extrañar teniendo en cuenta su experiencia.

Pero también hay muchos sobrevivientes, o sus descendientes, que trabajan activamente no sólo para restaurar la memoria de la presencia polaca en Volinia, sino también para construir puentes y  buenas relaciones con la población local. Durante el rodaje en Ucrania todo lo que nos encontramos fue amabilidad y hospitalidad.

‘Mi amigo el Enemigo’ todavía no ha sido estrenada oficialmente y ha sido preseleccionada para el prestigioso Festival Internacional de Documentales de Amsterdam el próximo mes de noviembre. Más información sobre el film en su página web oficial.

Sabaton–el grupo sueco de heavy metal que canta sobre la historia bélica de Polonia

Sabaton–el grupo sueco de heavy metal que canta sobre la historia bélica de Polonia

El grupo sueco de havy metal Sabaton Foto: wikicommons

Desfile el Día de la Constitución (3 de mayo) en Cracovia Foto: David Corral
Desfile el Día de la Constitución (3 de mayo) en Cracovia Foto: David Corral Abad

Sabaton es un conocido grupo de heavy metal sueco que se creó en 1999 en la ciudad de Falun, formado actualmente por cinco miembros. Hasta aquí nada especial.

El grupo sueco Sabaton  Foto: wikicommons

Lo que no es nada habitual es que un grupo musical centralice las letras de todas sus canciones y sus videoclips en episodios bélicos e históricos. Y lo que es todavía más sorprendente es que un grupo sueco dedique muchas de sus canciones a episodios bélicos de la historia de Polonia, sobre todo de la Segunda Guerra Mundial, y con un tono y emoción realmente patrióticos.

Sabaton interpretan sus canciones principalmente en inglés, con uso frecuente de algunos términos polacos relacionados con eventos históricos. Eso hace que las letras de sus canciones tengan una gran repercusión para poder divulgar la historia de Polonia a nivel internacional, con la ayuda de las redes sociales.

Estos son algunos de los vídeo clips de canciones de Sabaton dedicadas a episodios de la historia de Polonia:

Sabaton – 40:1

Canción que relata la Batalla de Wizna, un enfrentamiento entre el ejército polaco y el alemán durante los primeros días tras la invasión nazi de Polonia, en que 700 soldados polacos resistieron estoicamente a 42.000 alemanes. De ahí viene el nombre de la canción.

Esta canción dio al grupo tal fama en Polonia en 2008, que ese año fueron invitados a actuar en directo en los actos oficiales de conmemoración de la Independencia de Polonia el 11 de noviembre. Sabaton se ganó el corazón de muchos polacos, amnate so no del heavy metal.

Sabaton- Uprising (Levantamiento)

Emotivo tema sobre el Levantamiento de Varsovia en 1944 contra la ocupación de la Alemania nazi, que incluye el grito de guerra de los insurgentes: Warszawo, walcz! (Varsovia, lucha!)

Sabaton – Inmate 4859 (preso 4859)

Canción que narra la biografía de Witold Pilecki, soldado polaco que formó parte del ejército de la Segunda República y del ejército clandestino de resistencia Armia Krajowa. La única persona que se haya internado en Auschwitz voluntariamente, lo que hizo con la intención de organizar la resistencia y mandar informes al exterior con lo que allí acontecía. Consiguió escapar con vida y posteriormente participó activamente en el Levantamiento de Varsovia.
Tras la guerra fue arrestado y ejecutado el 25 de mayo de 1948 por le nuevo régimen comunista polaco impuetso por los soviéticos

Sabaton – In The Army Now
(Estás en el ejército ahora)

Tema que indirectamente hace referencia al llamado Milagro del Vístula (Cud nad Wisłą), la guerra que la Polonia renacida tras la Primera Guerra Mundial ganó a la Rusia Bolchevique de Lenin y Stalin en 1920 para asegurar los territorios al este del país.

Sabaton actuó en la edición 2012 del famoso Festival Przystanek Woodstock que se celebra cada año en la localidad polaca de Kostrzyn nad Odrą en la costa del Báltico. Un festival que tiene como objetivo recaudar fondos para la Gran Orquesta Caritativa de Navidad del periodista polaco Jerzy Owsiak.