Walenty Badylak: El antiguo combatiente de AK (Ejército Nacional en la Polonia ocupada) que se quemó a lo bonzo en la Plaza de Cracovia para denunciar la mentira de Katyn

Walenty Badylak: El antiguo combatiente de AK (Ejército Nacional en la Polonia ocupada) que se quemó a lo bonzo en la Plaza de Cracovia para denunciar la mentira de Katyn

El frío viernes 21 de marzo de 1980 un suceso tan inesperado como estremecedor interrumpió el trascurso de la vida de Cracovia, el ir y venir de los cracovianos, en el mismísimo centro neurálgico de la ciudad: la medieval, famosa y enorme Plaza del Mercado Principal (Rynek Glowny); entonces no era todavía un conocido punto de interés turístico y ese día estaba cubierta por un fino manto de nieve.

Ante la mirada de los transeúntes, un hombre mayor primero se encadenó a una toma de agua (boca de acceso), ubicada en la zona noroeste de la plaza. A continuación se roció con gasolina y se prendió fuego. Murió allí mismo, generando horror, incredulidad, e incluso indiferencia, en los que presenciaron los hechos.

A los pocos minutos de la tragedia un grupo de gente se aglomeró alrededor de sus restos mortales. Una imagen del lugar que recogió muchas otras durante las siguientes horas y días el fotógrafo Stanisław Markowski. Fotos recopiladas en su libro Ku Wolnosci (Hacia la libertad) publicado en 2010.

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El cadáver de Walenty Badylak poco después de autominmolarse en la Plaza del Mercado de Cracovia. Foto: Stanisław Markowski

Por la noche numerosos cracovianos dejaron en el lugar velas y flores y algunos se quedaron rezando en el lugar de la inmolación. Por la mañana estas habían desaparecido. Nadie sabe quién las cogió, aunque es lógico sospechar de las autoridades locales y la milicia.

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Foto: Stanisław Markowski

La prensa local informó sobre el suceso con crónicas que hablaban de un jubilado enfermo mental, que había estado mucho tiempo en tratamiento.  Ese fue el rumor que se extendió por la ciudad durante las primeras horas tras el suceso y la versión oficial que anunció la milicia, que por cierto contaba con una comisaría muy cerca del lugar de la tragedia.

Al día siguiente, las autoridades locales colocaron unos enormes carteles para tapar el lugar, como se aprecia en esta fotografía de Markowski:

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Foto: Stanisław Markowski

Sin embargo, los que conocían a este hombre sabían ya la verdad. Walenty Badylak, a sus 76 años, tras haber luchado en el Ejército Nacional contra los ocupantes alemanes y soviéticos, no podía soportar que el gobierno comunista polaco, impuesto y controlado por los soviéticos, escondiera la verdad sobre las llamadas masacres de Katyn de 1940 y que nadie hiciera o estuviera en condiciones de hacer nada para acabar con esa situación. En abril de ese año el NVKD asesinó a unos 20.000 oficiales, policías, intelectuales y civiles polacos deportados a la Unión Soviética.

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Walenty Badylak

En un primer momento, casi nadie relacionó el trágico evento en la plaza con motivos políticos y menos todavía con Katyn. En 1980 nadie en Polonia hablaba (públicamente) sobre Katyn–al igual que sobre la mayoría de episodios más escabrosos y espinosos de la guerra como el Holocausto– y las autoridades seguían escondiendo la verdad. El gobierno comunista intentaba acallar cualquier referencia al tema y en todo caso aferrarse siempre a la versión oficial soviética de los hechos, que había sido culpabilizar a las SS alemanas por los crímenes; estos salieron a la luz cuando el oficial Rudolf Christoph Freiherr von Gersdorff descubrió las primeras fosas comunes en el bosque de Katyn en abril de 1943.

En agosto de 1980 varios activistas cracovianos de oposición al régimen, tras averiguar la verdad sobre las razones para el suicidio de Badylak, empezaron a organizar actos para honrar su figura. Se trataba de  miembros de la Comunidad de trabajadores Cristianos, la Confederación para una Polonia Independiente y el Comité de Estudiantes del sindicato Solidaridad, entre otras organizaciones.

En 1982, en plena Ley Marcial, un grupo de estudiantes activistas de la oposición al régimen depositaron flores en forma de V de victoria, el símbolo de Solidaridad, que empezaba en el punto donde se produjo la muerte de Badylak. El día antes habían avisado al ya mencionado Markowski para que capturara la imagen. Este se subio a uno de los edificios contiguos y tomó la instantanea, en la que también incluyó a una pareja joven. Una fotografía poco conocida con un gran valor simbólico en la lucha histórica por la libertad de Polonia.

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Foto: Stanislaw Markowski en su libro Ku Wolności.

En el lugar de la inmolación del soldado retirado, se creó en 1990, ya en una Polonia libre, un pozo de vista o registro, junto al que se añadió una placa conmemorativa en el suelo en la que se leía

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Foto: Stanisław Markowski

y se lee hoy en día:

Pozo de registro en honor a Walenty Badylak

Walenty Badylak 1904-1980

En este lugar el día 21 de marzo de 1980 Walenty Badilak soldado de Armia Krajowa (Ejército Nacional) cometió un dramático acto de inmolación en protesta contra la desmoralización de los jóvenes, contra la destrucción de los oficios artesanales y contra la confabulación silenciosa entorno a la masacre sufrida por los oficiales polacos en Katyn a manos de comunistas bolcheviques genocidas.

Como no podía vivir en una mentira, murió por la verdad

La placa fue revelada por un nieto de Badylak, el sacerdote Wojciech Badylak. En 2004 se añadió de nuevo al lugar una toma de agua, en referencia a la que se había  encadenó el que es ya considerado por muchos un mártir o héroe en la lucha polaca por la libertad. Se añadió también a la toma de agua un texto parecido al de la placa para hacerlo más visible.  Un lugar de donde hoy se saca agua para los caballos de las calesas y para las paradas de flores de la plaza. Un punto por el pasan cada día miles de cracovianos y turistas, la mayoría desconocedores de lo que allí sucedió.

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Foto: Wikimedia commons
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Foto: Ángel López Peiró

Hace unos años los directores Jaroslaw Manka y Maciej Grabys realizaron un film documental dedicado a la figura de con el título Swiety Ogien -Katyn (Fuego Sagrado-Katyn). Lo pueden ver a continuación. Es en polaco y desgraciadamente no está subtitulado.

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Frente Nadmorski (costero): El plan militar de la URSS para que la Polonia comunista invadiera Alemania, Dinamarca, Bélgica y Holanda en caso de guerra con la OTAN

Frente Nadmorski (costero): El plan militar de la URSS para que la Polonia comunista invadiera Alemania, Dinamarca, Bélgica y Holanda en caso de guerra con la OTAN

El Ejército Popular de Polonia tenía que formar un frente costero y atacar a Alemania, Dinamarca, Bélgica y Holanda bajo mando militar soviético en caso de un conflicto armado directo con la OTAN durante la Guerra Fría, cumpliendo un plan acordado entre la Polonia comunista y la Unión Soviética–parte de una operación mucho más amplia y compleja. Increíble pero cierto. Un plan que no fue revelado a la opinión pública hasta el año 2006.

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Alianzas militares en Europa durante la Guerra Fría. Foto: wikimedia commons

El Ejército de la Polonia comunista

Después de la Segunda Guerra Mundial las nuevas autoridades comunistas de Polonia, que inició entonces un costoso proceso de reconstrucción, se vieron obligadas a recortar el presupuesto militar y reducir el número de efectivos. En 1948 el ejército polaco contaba con 140.000 soldados.

La situación, sin embargo, cambió en 1949 con la rápida escalada de la Guerra Fría, que obligó a Polonia, bajo el mandato soviético, a mover ficha. El gobierno lanzó un plan para aumentar el gasto en el ejército, reorganizarlo, aumentar el número de soldados y dotarlo de armamento de última tecnología. A principios de 1950 se extendió el servicio militar obligatorio a dos años para las fuerzas de tierra y a tres años para la armada y la aviación. Con el estallido de la Guerra de Corea, los planes para fortalecer al ejército se aceleraron. En 1953 había ya 380.000 soldados y el número de oficiales casi se triplicó. En 1952 un 15% del PIB polaco estaba destinado al ejército.

El ejército polaco en todo momento careció de independencia militar y estuvo completamente subordinado al ejército soviético. Buena muestra de ello es el hecho que numerosos oficiales soviéticos ocupaban puestos de mando, empezando por Konstanty Rokossowski, que fue incluso ministro de defensa nacional. Algunos de estos oficiales soviéticos tenían origen polaco pero la mayoría no. Se erradicaron las tradiciones militares polacas anteriores a la guerra  para reemplazarlas por las soviéticas. Los sombreros militares polacos rogatywka fueron eliminados y el juramento hacía referencia a la alianza con el ejército soviético.

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El Ejército popular de Polonia en Przemysl. Foto: phw.org.pl

En 1955 la República Popular de Polonia, junto con otros países del llamado Bloque del Este, forman el Pacto de Varsovia. Polonia contaba con el segundo mayor poder militar dentro de la alianza. Un año más tarde Konstanty Rokossowski y la mayoría de oficiales soviéticos se fueron de Polonia, pero este hecho no rebajó el nivel de dependencia polaca de la URRS.

Hasta la desaparición del Bloque del Este, el Ejército Popular de Polonia estuvo condenado a la coalición con el Ejército Soviético y a recibir suministros de equipo por parte de este, mientras constantemente se preparaba para una guerra con los países de la OTAN, que nunca llegó a suceder. Una alarma de guerra (nuclear) que el gobierno comunista usó como herramienta de propaganda y control ciudadano con el fin de evitar revueltas y tensión social.

La concepción del Frente Nadmorski

Apareció por primera vez la idea del Frente Nadmorski con unos ejercicios militares practicados por el ejército polaco junto con el ejército soviético en mayo de 1950. Dicho frente estaba formado por tres divisiones de tierra del ejército popular de Polonia (los ejércitos 1,2 y 4) además de algunas fuerzas del ejército del aire, actuaba bajo el mando del general Poplavsky.

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Plano del primer ataque nuclear previsto dentro de la operación del Frente Nadmorski

La misión del llamado Frente Costero–o también conocido como Frente Polaco en el marco más amplio de toda la operación militar soviética–durante esos ejercicios era, por un lado, la defensa del litoral báltico ante desembarcos marinos y, por otro lado, una vez fuerzas del ejército soviético hubieran repelido el ataque de los ejércitos de la OTAN, tomar el norte de Alemania y Dinamarca para permitir la salida de las fuerzas navales soviéticas hacia el Mar del Norte y el Océano Atlántico.

Un protocolo acordado por los gobiernos de la República Popular de Polonia (PRL) y la Unión Soviética entre 4 y el 7 de enero de 1955, antes de la oficialización del Pacto de Varsovia, oficializó la potencial activación del Frente Nadmorski.

Durante los ejercicios Burza (tormenta en polaco) de 1961 se introduje como objetivo por primera vez Holanda y Bélgica además de la zona norte de la República Federal Alemana y Dinamarca.

El primer objetivo del frente polaco era, con ayuda de la Flota Soviética en el Báltico y las armadas polaca y germanoriental, controlar en 8 días el territorio de Dinamarca para poder dominar el acceso al Mar del Norte a través de los estrechos que conectan este con el Mar Báltico. El ataque polaco tenía que recibir el apoyo de un fuerte ataque nuclear  y toda la operación tenía que durar unos 15 días.

La distribución de misiones para los ejércitos polacos era la siguiente:

  • Ejército 1: Ataque desde más allá del río Odra a los cuerpos alemán occidental y holandés del Grupo Norte de los Ejércitos de la OTAN y continuación hacia Dinamarca
  • Ejército 2: Ataque desde más allá del río Odra a los cuerpos alemán y holandés y continuación del ataque hasta la costa alemana del Mar del Norte.
  • Ejército 4: Ataque desde la posición del ejército 2 en el norte de la República Federal Alemana  a Holanda y Bélgica.
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Copia del documento original con el esquema del primer ataque nuclear previsto dentro de la operación del Frente Nadmorski. Foto: wkopi.pl/WIW

El hecho que se quisiera lanzar esta operación militar del Frente Nadmorski a través de la Costa Báltica tenía tres razones muy claras:

  • La ubicación geopolítica de Polonia y amplio acceso al mar de esta que hizo que se organizara ya durante la parte final de la guerra la defensa de la costa. En el lado occidental existía una zona de seguridad: la República Democrática Alemana y su ejército, lo que evitaría un ataque directo a Polonia desde el oeste.
  • Las limitadas posibilidades operativas de los ejércitos 1,2 y 4 polacos, que eran mucho más débiles que los del frente organizado por el ejército soviético e incluso el frente checoslovaco. En este sentido las fuerzas del Pacto de Varsovia eran conscientes que el frente báltico sería el peor defendido por los ejércitos de la OTAN y sería buena idea lanzar por allí el frente polaco.
  • El mando militar de la Unión Soviética temía que los soldados polacos no quisieran luchar contra soldados de Reino Unido, Estados Unidos y Francia. En el frente costero su principal enemigo sería el ejército de la República Federal Alemana, la Bundeswehr.

En 1965 se aprueba un segundo plan estratégico de ataque para el Frente Costero de las Fuerzas Armadas de los estados del Pacto de Varsovia. Era parecido al que se entrenó en 1961 pero concretaba que el frente polaco protegería a los ejércitos soviéticos 1 y 2, defendería la costa báltica de posibles desembarcos de las fuerzas de la OTAN y contaría con el apoyo de las divisiones mecanizadas del ejército germanoriental.

Desarrollo y no ejecución del plan en los años 1970 y 1980

En 1970 el entonces Ministro de Defensa Nacional polaco Wojciech Jaruzelski aprobó una versión definitiva del plan del Frente Nadmorski. Hay que tener en cuenta que después de la crisis checoslovaca de 1968–la intervención militar soviética con participación polaca y del resto de fuerzas del Pacto excepto Rumanía para frenar la Primavera de Praga–ya se había empezado a aplicar la Doctrina Brézhnev: si el sistema socialista estaba en peligro en uno de los países la URSS tenía que intervenir para salvar al sistema. Por eso, el régimen comunista polaco quería mostrar su compromiso con la Unión Soviética tanto en el mantenimiento de un comunismo a la soviética, como en a su alianza militar, para evitar cualquier represalia militar soviética sobre territorio polaco. Una amenaza de intervención mlitar, que, sin embargo,  tras el estallido de la Guerra en Afganistán era ya impensable.

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Unidades del ejército popular de Polonia en Praga en 1968. Foto: histmag.org

A finales de los años 1960 y principios de los 1970 el Pacto de Varsovia contaba con una clara superioridad armamentística respecto a la OTAN en el centro de Europa. Sin embargo, los analistas de la OTAN  veían una amenaza de las fuerzas del pacto de Varsovia sobre Europa occidental. La organización atlantista, al conocer los planes soviéticos gracias a sus actividades de inteligencia, aumentó el armamento en Europa occidental pero de forma limitada, suficiente como para evitar ninguna acción militar del Pacto de Varsovia.

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Fuerzas de tierra de los países europeos clasificados por alianzas militares a mediados de los años 1970. Número de divisiones acorazadas, mecanizadas y aerotransportadas de cada estado. Foto: Pomocnik Historiczny “Zimna Wojna” Polityka

En 1984 se crea la Jefatura de los Ejércitos Occidentales del Pacto de Varsovia con sede en la base soviética de Legnica en la Baja Silesia. De esa jefatura dependían el Frente Polaco Nadmorski, el primer y el segundo frente occidentales de la Unión Soviética y el Frente Checoslovaco. Dentro de Polonia los soviéticos tenían armas nucleares  y 100.000 soldados en sus bases.

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Copia del mapa original  con el plan de la operación ofensiva del Frente Nadmorski de 1970, es decir el ataque de la República Popular de Polonia a Alemania, Dinamarca, Bélgica y Holanda con el uso táctico de armamento nuclear. Foto: Pomocnik Historiczny “Zimna Wojna” Polityka.

Fue el coronel polaco Ryszard Kuklinski quien, actuando como espía, reveló a la OTAN los detalles, alcance y agresividad de los planes del Tratado de Varsovia. Él sabía que en Polonia quedaría un agujero negro nuclear después del contrataque de la OTAN. En otras palabras, es posible que el general (a título póstumo) polaco evitara la Tercera Guerra Mundial.

Entre finales de los años 1980 y principios de los 1990 la situación de los países del Bloque del Este cambió radicalmente. Con la caída del comunismo estos estados recuperaron su verdadera independencia respecto a la Unión Soviética, cuya desintegración acabó también con el Pacto de Varsovia. Los últimos militares soviéticos en Polonia abandonaron el país en 1993.

Unos eventos que condujeron al fin de la Primera Guerra Fría (en 2016 nos encontramos inmersos en los inicios de La Segunda Guerra Fría, que se inició con el Maidan en Kiev y la invasión rusa de Crimea en 2014)  y a que el plan del Frente Costero polaco perdiera su razón de ser, nunca fuera activado y fuera olvidado para siempre. Esperemos.

Fuentes

Atomowa Groza. Schrony w Nowej Hucie. Editado por el Museo de PRL en Nowa Huta, Cracovia
Pomocnik Historyczny POLITYKA  “Zimna Wojna”
Wikipedia

Jaime Llinares: Kapuściński, o la ventana polaca al mundo

Jaime Llinares: Kapuściński, o la ventana polaca al mundo

Jaime Llinares Taboada (Silleda, Galicia, España, 1994) es graduado en periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Tras pasar el último año de la carrera estudiando en Cracovia, actualmente está en la redacción del diario El Economista. Ha decidido aportar su grano de arena al proyecto “La Polonia de los polacos” con un reportaje en que aborda su gran pasión, el periodismo, junto con uno de sus nuevos intereses recientes: Polonia. Lo hace a través del análisis del periodista polaco más renombrado de todos los tiempos:

Jaime Llinares

Jaime Llinares Taboada

Kapuscinski, o la ventana polaca al mundo

Hubo una época en la que existió un periodista que conseguía hacer llegar las voces del tercer mundo a nuestras orejas. Entre 1932 y 2007, para ser exactos. Su nombre: Ryszard Kapuscinski. Decía el polaco que para ejercer esta profesión un requisito es el de no ser cínicos. Sin duda, él no lo era.

Si hay una característica común a toda la obra del considerado mejor reportero del Siglo XX–que incluye despachos de agencia, reportajes, ensayos, poesía y fotografía–, es, en una palabra, el humanismo. La capacidad de ponerse en el lugar de los demás, de transmitirnos no solo sus vivencias y experiencias, sino sus historias, sus aspiraciones, sus miedos, sus realidades. Todo lo que permite entender a las otras personas, independientemente de países, sociedades y creencias. Escribió Andrés Barba, a propósito de su primer libro, “La Jungla Polaca”: Quienes conozcan otros trabajos de Kapuscinski verán que aquí están ya las claves de sus grandes textos, su medida humanidad, su sensibilidad para el dolor ajeno, su absoluta falta de cinismo, el dinamismo y la inteligencia narrativa de quien sabe que la mejor manera de describir un paisaje es describir el corazón de quien habita ese paisaje. Kapuscinski no ama lo que narra, desearía que su país fuese otro, más sabio, más competente, menos sumiso, y sin embargo transmite la conmoción de quien no puede situarse sino del lado de los parias.

Los libros de Kapuscinski son un conglomerado de conversaciones y descripciones que le permiten ir haciendo un esbozo general del contexto en el que se engloba el reportaje, que podía ser desde la Unión Soviética (no dejéis de leer “El Imperio”) hasta las revoluciones africanas (Imprescindibles “Ébano” y “El Emperador”). Es el método de, mediante lo concreto, construir lo abstracto. De construir historias que nos permitiesen conocer y entender lo que pasa en esos países que, muchas veces, ni tan siquiera sabemos colocar en un mapa. A ello lo acompaña una manera de escribir atractiva, insultantemente directa y cercana a los sentimientos más elementales. Un estilo, perfectamente transmitido por la traductora Agata Orzeszek, que enamora por su cercanía.

Pero todo empezó mucho antes de los libros. La carrera de Kapuscinski empieza en la República Popular de Polonia, en la Universidad de Varsovia. Allí el joven Ryszard estudió Historia, aunque finalmente lo que le acabó tirando fue el periodismo. Fue el periódico de las juventudes comunistas en el que trabajaba el primero que le ofreció la oportunidad de mostrar sus dotes para el reporterismo. Sus excepcionales trabajos en el ámbito doméstico le dieron la oportunidad de empezar a cruzar fronteras. Pakistán, India y Afganistán fueron sus primeros destinos exóticos.

Más tarde entró en las filas de la Agencia de Prensa Polaca, quien le permitió cumplir sus sueños de ser corresponsal en el exterior. África, especialmente, y América Latina fueron sus dos grandes plazas. En el continente negro, Kapuscinski vivió al calor del fuego de las revoluciones que pusieron fin a las colonias. En esas guerras por la independencia no tomó posiciones equidistantes. Su corazón estaba con los rebeldes que intentaban, por la fuerza, liberarse del yugo imperialista de occidente. Pero después de la ilusión llega la decepción. El periodista polaco también daba cuentas de los desastres creados por los nuevos gobiernos, algo que le supuso varias reprobaciones por parte de las autoridades comunistas.

Como demuestra Artur Domoslawski en su polémica biografía “Kapuscinski non-fiction”, la vida del brillante reportero tiene alguna sombra entre tanta luz. Su relación con el régimen comunista fue un aspecto siempre obviado en sus propias memorias, aunque debe ser contextualizado. La ideología de Kapuscinski siempre fue de izquierdas, desde que en su infancia entró en las juventudes comunistas, pasando por su afiliación al POUP (Partido Obrero Unificado Polaco), y su posterior escepticismo hacia el sistema socialista. El periodista, consciente de los errores del régimen, era partidario de reformas que democratizaran Polonia y la hicieran más independiente de Moscú. Sin embargo, pese a sus diferencias con los gobernantes, Kapuscinski tuvo la habilidad de mantener las buenas amistades y los contactos que le permitieron lo que a casi ningún reportero proveniente de alguna de las repúblicas soviéticas: tener el apoyo suficiente para trabajar en el extranjero con una cierta independencia.

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Fuente: The Guardian

Como ya está reseñado con anterioridad, “El Imperio” es el libro de Kapuscinski que mejor recoge las realidades que se construyeron alrededor de la Unión Soviética. Sin embargo, entre todas las críticas allí recogidas, no se advierte ni una línea en la que el autor admita su creencia en y su afiliación al partido comunista. No está, se omite. Un hombre con su capacidad para entender y para hacer entender, prefirió ocultar su propio “yo” y no explicarlo. La construcción de su propia imagen, de una figura de reportero heroico, sin tachas, comprometido ante los males de la tierra, es otra de las faltas que le achaca Domoslawski en su biografía. Allí se le define como excesivamente sensible a las críticas, muy celoso acerca de lo concerniente a sí mismo, torpe para la discusión. Lo anterior no es un intento de desprestigiar a Kapuscinski, sino de describir las esquinas que también son parte de este genio. En su propia obra, escrita en primera persona, él es el narrador y el personaje más importante. Son libros escritos a través de él mismo, por lo que conocer al autor ayuda a entender mejor su producción.

Lectores empedernidos, amantes de la historia, periodistas en ciernes, incluso viajeros en busca de nuevos destinos, tengo una buena noticia para ustedes. Polonia nos dio una grandísima razón por la que tener un libro en la mano. Aprovéchenla. Lean a Kapuscinski.

Es falso que Jaruzelski decretara la Ley Marcial para salvar a Polonia de una invasión soviética

Es falso que Jaruzelski decretara la Ley Marcial para salvar a Polonia de una invasión soviética

80.000 soldados, 30.000 policías, 1750 tanques, 1.900 carros de combate y 9.000 coches fueron usados para implantar la Ley Marcial en Polonia. Foto: Chris Niedenthal/FORUM

[Tiempo de lectura estimado: 7′]

Hoy 13 de diciembre se cumplen exactamente 34 años de la declaración de la Ley Marcial en Polonia a cargo del entonces líder comunista del país, el general Jaruzelski. La gélida noche de ese día de ambiente prenavideño, la sangre de muchos polacos quedó prácticamente congelada. El miedo se instaló en los hogares del país.  Se iniciaba un “estado de guerra” que duraría hasta el 22 de julio de 1983 y dejaría casi 100 muertos.

El vídeo de la declaración de la Ley Marcial: (en polaco con subtítulos en inglés)

Jaruzelski sacó a los tanques a las calles, con el ejército apuntando contra los ciudadanos del propio país. Se instauró el toque de queda, se cortaron las comunicaciones telefónicas a toda la población, excepto a la policía y funcionarios del estado. Disturbios en las principales ciudades polacas. Los miembros del recientemente creado y en ese momento legalizado sindicato Solidaridad fueron detenidos esa misma noche.

Posteriormente, Jaruzelski–que sería elegido presidente de Polonia en julio de 1989 por el primer parlamento polaco elegido semidemocráticamente desde antes de la Segunda Guerra Muncial– siempre defendió su actuación asegurando que gracias a la Ley Marcial evitó en Polonia una invasión militar de la Unión Soviética y las fuerzas del Pacto de Varsovia, como las que se produjeron en Budapest en 1956 y en Praga en 1968.

Esa tesis ha sido y sigue siendo defendida por algunos políticos, periodistas e historiadores, reiteradamente, como por ejemplo el director del periódico Gazeta Wyborcza Adam Michnik [1]. La versión de Jaruzelski como héroe patriota.

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Sin embargo, esa versión de los hechos cada vez cuenta con menos apoyo, sobre todo ente los historiadores, ya que no hay ninguna prueba que la sostenga, mientras que hay pruebas contundentes, recogidas por la investigación de Antoni Dudek del Instituto de Memoria Nacional (Institut Pamieci Narodowej en polaco, organismo de investigación histórica estatal)  y mucho sentido común en su contra.

La verdad es que Jaruzelski pidió en 1981 al comandante en jefe de los ejercitos del Pacto de Varsovia, el mariscal sovietico Viktor Kulikov, que realizara una incursión militar terrestre para apaciguar la gran inestabilidad social que vivía el país. Sin embargo, el militar soviético rechazó la petición de Jaruzelski, porque los esfuerzos militares de la URSS estaban puestos en ese momento en la guerra en Afganistán.

En una conferencia historiográfica en 1997 sobre la Ley Marcial que tuvo lugar en el pueblo de Jachranka, Polonia en 1997, a la que fueron invitados el propio Jaruzelski y Kulikov, este  último aseguró que dijo a Jaruzelski que no habría una intervención soviética en Polonia, incluso si fallaba la instauración de la Ley Marcial. Kulikov añadía que había pruebas al respecto. Las pruebas son las anotaciones del adJunto de Kulikov, Viktor Anoszkin, fotocopiadas por el historiador norteamericano Mark Kramer para todos los historiadores presentes en la conferencia. Concretamente, hay que fijarse en las anotaciones del 10 de diciembre de  1981. Según narra Dudek, en ellas Anoszkin escribió lo siguiente:

Kulikov se enteró a través del embajador soviético en Varsovia Boris Aristov que, a petición del general Jaruzelski, lo llamó el secretario del Comité Central del Partido Comunista, Miroslaw Milewski con la siguiente petición:

¿Podemos contar con la línea militar de la URSS [para la introducción de tropas adicionales]? “.

Aristov había comunicado con el Secretario del Comité Central del Partido Obrero Unificado Polaco, Konstantin Rusakov, y – según  las anotaciones de Anoszki – mandó la siguiente respuesta:

“No vamos a introducir tropas”, seguido por este comentario, que no se no se sabe a ciencia cierta si deriva de Milewski, o de sí mismo (Anoszki, lo más probable): “Esta es para nosotros una noticia terrible! Durante un año y medio se ha hablado acerca de la introducción de las tropas – todo se fue al garete. ¿Cuál es la situación Jaruzelski?”

Estas pruebas complementan a las que aparecieron 4 años antes, 1993, que vinieron  de la desclasificación por parte de la administración rusa–bajo el mandado de Boris Yeltsin– de documentación soviética del periodo 1980-1981. En un paquete mandado con dichos documentos a Varsovia se encontraba el protocolo del Politburo soviético del 10 de diciembre de 1981 (en el que se forjó la respuesta dada a Rusakov anteriormente mencionada). En él se leía lo siguiente:

“Cuando se trata de llevar a cabo la operación X -dijo el jefe de la KGB, Yuri Andropov – debe ser únicamente decisión de nuestros camaradas polacos; como quieran, que así sea, se hará.  Nosotros no pretendemos introducir tropas en Polonia. Esta es la posición correcta y tenemos que mantenerla hasta el final. No sé qué pasará con la situación polaca actual, pero incluso si Polonia quedara bajo la autoridad de “Solidaridad”, se hará de igual manera [no habrá intervención militar]. Si a la Unión Soviética se le abalanzasen los  países capitalistas, que ya tienen mecanismos adecuados para todo tipo de sanciones económicas y políticas, para nosotros sería  muy duro. 

A su vez, el jefe de la diplomacia soviética, Andrei Gromyko, dijo: “No puede haber ninguna introducción del ejército soviético en Polonia. Creo que podemos recomendar a nuestro embajador que visite al general Jaruzelski y le informe al respecto”.   La discusión  del Politburo la resumió claramente  Mikhail Suslov: ” Así que creo que estamos todos de acuerdo que bajo ninguna circunstancia puede haber introducción de tropas [En Polonia].”

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El peligro de una invasión soviética solo pudo haber existido durante las famosas huelgas de agosto de 1980, momento en el que precisamente el gobierno comunista polaco empezó a preparar la Ley Marcial. No está muy claro porque se aplazó la operación en ese momento, pero podrían haber existido órdenes de la Unión Soviética para hacerlo y así evitar entonces una escalada de las huelgas  y la inestabilidad en todo el bloque de Europa centroriental y la propia URSS.

Queda claro que si la Unión Soviética hubiera querido ejecutar este tipo de operación militar,  la podría haber lanzado en cualquier momento, porque contaba con miles de soldados desplegados en las numerosas bases en Polonia, como la de Legnica. Al menos a finales de 1981, nunca fue esa la intención. Jaruzelski no fue ningún héroe, sino un líder tirano que lanzó al ejército contra el pueblo. Un criminal que al iual que otros dirigentes comunistas del país nunca, hasta el día de su muerte en mayo de 2014, tuvo que rendir cuentas por sus crímenes ante la justicia de la Polonia poscomunista democrática. Lo que muchos polacos consideran una de las flaquezas del sistema político de la Tercera República polaca.

[1] En busca del significado perdido.  La nueva Europa del Este. Adam Michnik. Páginas 72-86. Acantilado. Barcelona 2013

Legnica, el ‘Nuevo Moscú’–el enclave soviético en la Polonia comunista

Legnica, el ‘Nuevo Moscú’–el enclave soviético en la Polonia comunista

Plaza del Mercado (Rynek) de Legnica. Foto: wikicommons

La localidad de Legnica cerca de Breslavia en la Baja Silesia, actualmente al suroeste de Polonia, había sido la residencia del rey polaco Boleslao IV el Rizado en el siglo XII. Cerca de la ciudad, en Legnickie Pole (‘campo de Legnicka’ en polaco) tuvo lugar la famosa Batalla de Legnica que frenó la invasión mongola de Europa el 9 de abril de 1241: El ejército cristiano del duque polaco Enrique II el Piadoso fue derrotado por los mongoles. Aunque los mongoles mataron a Enrique y arrollaron a sus tropas, padecieron granes pérdidas humanas y su avance en Europa fue detenido.

En el siglo XIV el ducado de Legnica pasó a manos del Reino de Moravia dentro del Imperio Sacro Germánico, luego a Austria en el siglo XVII para formar parte del Imperio Alemán desde 1871.

En una parte de Europa donde los movimientos de fronteras han sido una constante a lo largo de la historia, la ciudad de Legnica volvió a manos polacas 600 años más tarde, en 1945, al igual que toda la región y el resto de los Territorios Recuperados a Alemania, por los acuerdos de la Conferencia de Postdam en 1945 tras la derrota nazi. La ciudad quedó parcialmente dañada por la guerra. Casi toda la población de la ciudad, alemanes, fue expulsada, y a la pequeña minoría polaca que aquí vivía desde tiempos medievales se le unieron miles de ciudadanos polacos procedentes de Kresy (los confines), los territorios al este de Polonia ocupados por la Unión Soviética.

Pero Legnica (unos 100.000 habitantes en la actualidad) es famosa ante todo porque  la Unión Soviética construyó aquí su principal base militar fuera de territorio soviético, la mayor base militar entonces en toda Europa central, convirtiendo a la ciudad entonces en la mayor concentración de rusos fuera de la URSS.

La principal razón para emplazar la base aquí fue la cercanía de esta localidad tanto con Checoslovaquia como con la República Democrática Alemana. Una vez la dictadura comunista estaba bien implantada en Polonia, y se había acabado con los enemigos a la formación de esta, uno de sus principales objetivos fue ejercer un control militar efectivo sobre los miembros del Pacto de Varsovia. A partir de 1968 la aplicación de la Doctrina Brézhnev.

Las tropas soviéticas emplazadas en Legnica eran vistas por los polacos como fuerzas de ocupación aunque sobre el papel eran fuerzas aliadas según el Pacto de Varsovia. Incluso en el gobierno comunista polaco títere de Moscú no se vio con buenos hojos la actuación de estas tropas en los primeros años de posguerra porque centraron sus esfuerzos en las reparaciones de guerra–desmantelamiento de infraestructura alemana para llevarla a la URSS, incluso en territorio propiamente polaco–y dificultaron que Polonia empezara la reconstrucción del país y su nuevo territorio.

Durante los más de 45 años de funcionamiento de la base, la ciudad estaba dividida en dos partes, una soviética y una polaca. La parte soviética era inaccesible para los civiles polacos y permanecía bajo estrictas medidas de seguridad y controles de acceso. Las autoridades polacas nunca tuvieron permiso para inpeccionar la base, que según el pacto de varsovia tenía que ser provisional. Sin embargo, la base no fue totalmente desmantelada hasta 1993, cuando las últimos oficiales soviéticos la abandonaron.

Se estima que en julio de 1945 cuando se estableció la base había 17.000 polacos, 12,000 alemanes y 60,000 rusos en Legnica. La cifra de polacos aumentó considerablemente en los años siguientes mientras que solo algunos alemanes ‘polonizados’ permanecieron en la ciudad.

Para crear la base soviética se expulsó a la fuerza a miles de polacos recién llegados que ya se habían instalado en esa parte de la ciudad. Además, en los primeros años del funcionamiento de la base se producían a menudo incidentes por los excesos de los militares soviéticos con los civiles polacos fuera de la base: robos, pillajes, violaciones y agresiones eran frecuentes esos años.

Crítica cinematográfica: El Pequeño Moscú

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Una forma inmejorable de entender cómo funcionaba el enclave de Legnica y cómo era la vida en la ciudad durante el periodo comunista es la película El Pequeño Moscú (Mała Moskwa, como se apodó a Legnica), inspirada en hechos reales que sucedieron en este lugar en 1968.

Titulo original: “Mała Moskwa” (El Pequeño Moscú)

Director: Waldemar Krzystek

País: Polonia/Rusia

Año: 2008

Duración: 115 minutos

Idioma: polaco y ruso

Trailer: 

Sinopsis

En 1967, Viera, una joven rusa casada con Yuri, un piloto soviético (infértil) que es trasladado a la base de Legnica, inicia un romance clandestino con Michał, un joven teniente polaco. Se conocen  durante un evento cultural de hermanamiento polaco-soviético en el que ella da un recital de canciones en ruso y polaco. Él dirige una sección musical  en el ejército polaco y la convence para que participe en el coro militar polaco y ensaye con él al piano. La música les acaba uniendo.

La historia de amor prohibido se acaba convirtiendo en una tragedia personal por la oposición de los soviéticos a esta relación y la imposibilidad de que Viera inicie una nueva vida en Polonia fuera de la base soviética con Michal y la hija recién nacida fruto de esa relación. La presión puede a Viera que aparentemente acaba suicidándose.

30 años después, 2008, en la Polonia poscomunista Yuri Swietłow visita el cementerio de Legnica, donde yacen los restos mortales su mujer. Le acompaña su hija que odia a su madre a la que jamás ha visto, porque no puede perdonarla haberse quitado la vida por el amor prohibido con un oficial polaco. También le retrae a su padre que permitiera que eso pasara. Yuri comparte sus recuerdos con su hija: la sensación que causó su bella mujer al llegar al país vecino, cómo la iba perdiendo y cómo los militares rusos taparon un asunto de corazón que, aún muchos años después, sigue sin estar muy claro.

Este melodrama se enmarca bajo el telón de fondo de una situación política tensa, en el momento de la invasión de las tropas del Pacto de Varsovia en Checoslovaquia en 1968 (La Primavera de Praga), y la historia real de una mujer, sobre la cuál aún no se sabe si se suicidó por amor o realmente fue asesinada por los servicios secretos soviéticos.

 Valoración

Un film muy recomendable para entender el papel de la Unión Soviética en sus relaciones con los países satélites de Europa central en el momento más álgido de la Guerra Fría en Europa. Una película sin tintes de gran producción, llena de emoción y tristeza que despierta sentimientos  en el espectador a través de un imaginario y música conmovedores. La película juega con el amor prohibido entre la esposa de un oficial soviético y un teniente polaco como metáfora de la relación entre la URSS, ocupante y Polonia, ocupada. Religión y tradición antepuestas al ateísmo soviético es otro de los leitmotiv del film. Destacable es el papel que la joven actriz rusa Svetlana Khodchenkova realiza como protaginista principal. Canta además en polaco y ruso con una voz maravillosa para deleite de los espectadores.

Zbigniew Cybulski, el ‘James Dean’ polaco

Zbigniew Cybulski, el ‘James Dean’ polaco
Zbigniew Cybulski Foto: onet.pl (East News)

Hoy se cumplen 87 años del nacimiento de Zbigniew Cybulski, un actor considerado por muchos polacos, y críticos de cine, la gran leyenda del cine polaco. Cybulski también es comparado a menudo con el actor norteamericano James Dean por su imagen rebelde y revolucionaria–que causó un gran impacto en la sociedad polaca de postguerra–además de su muerte prematura.

Cybulski nació en 1927 el seno de una familia de origen armenio en la ciudad de Stanisławów, entonces al sureste de Polonia, ahora ubicada al suroeste de Ucrania. Tras la guerra se matriculó en la Academia Teatral de Cracovia y en 1953 cuando se graduó se trasladó a Gdansk donde debutó en el teatro. A principios de los 1960 se mudó a Varsovia para consolidar su carrera cinematográfica.

Los papeles más destacados y que le catapultaron a la fama fueron los de Maciek Chełmicki en Cenizas y Diamantes de Andrzej Wajda (para algunos críticos el mejor trabajo de Wajda y una de las mayores obras maestras del cine polaco, para un servidor una de las mejores cinco películas polacas vistas hasta ahora) y de Alfonso van Worden en El Manuscrito de Zaragoza de Wojciech Jerzy Has, basada en la novela del novelista polaco del siglo XVIII Jan Potocki. Al mismo tiempo es recordado también por su papel secundario en la comedia Giuseppe en Varsovia, que trata sobre las  divertidas aventuras de un italiano en la capital polaca durante la Segunda Guerra Mundial.

Cenizas y Diamantes  es una película de 1958 sobre la situación, reinada por el caos imperante, en un pueblo polaco a las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, cuando el Ejército Rojo se ha hecho ya con el control de toda Polonia y está a punto de tomar Berlín y ganar la guerra. Los protagonistas son Maciek y Andrzej, dos oficiales del ejército de la resistencia, Armia Krajowa, que han sobrevivido al trágico Levantamiento de Varsovia. Su misión en este pueblo es asesinar a un comisario comunista polaco que ha vuelto a su pueblo después de participar en la Guerra Civil Española y refugiarse en la URSS durante la ocupación nazi.

Sin embargo, los agentes del AK se equivocan y por error acaban con la vida de dos trabajadores de fábrica de cemento local. Tienen una segunda oportunidad de terminar su trabajo durante una gran fiesta que se organiza en un hotel para celebrar la capitulación nazi y que reúne a autoridades locales, miembros del partido comunista y generales soviéticos. En el hotel trabaja sirviendo copas Krystina (interpretada por Ewa Krzyżewska), de la que Maciek se enamora locamente hasta el punto de replantearse muchas cosas y poner en duda el sentido de seguir luchando con el AK por una Polonia libre.

Zbigniew Cybulski en una escena de Cenizas y Diamantes junto a Adam Pawlikowski:

Zbigniew Cybulski murió el 9 de enero de 1967 a los 39 años de la forma más increíblemente estúpida. Tenía la costumbre por diversión de subirse a los trenes cuando ya estaban en movimiento. Ese día cuando un tren partía de la Estación Central de Breslavia en dirección a Varsovia con su amiga la actrixz Marleną Dietrich abordo, ya en movimiento, saltó con la mala suerte que patinó con los escalones del vagón y cayó bajo las ruedas del tren, que lo arrolló. Murió poco después en el hospital y fue enterrado en el cementerio de Katowice. En el lugar de su muerte se encuentra una placa conmemorativa que inauguró Andrzej Wajda en el 30 aniversario de este trágico evento. Otro hecho curioso sobre Cybulski es que era un pariente lejano del General Jaruzelski.

Czar PRL: La vida en la Polonia comunista

Czar PRL: La vida en la Polonia comunista
Imagen superior:  Foto expuesta en el museo Czar PRL del Festival Mundial de la Juventud en Varsovia en 1955, pocas semanas después de la inauguración del imponente Palacio de Cultura y Ciencia, regalo de la URSS a Polonia. Un evento que el régimen utilizó como herramienta de propaganda a nivel internacional

Los casi 45 años de régimen comunista en Polonia–impuesto por la Unión Soviética pero liderado por dirigentes comunistas polacos, en algunos casos ya entrenados en Moscú durante la guerra– fueron un gran lastre económico y un periodo de poco desarrollo, tiempos de colas en las tiendas, cartillas de racionamiento, represión, terrorismo estatal, encarcelamientos, torturas, huelgas e inestabilidad social. Años muy complicados para los polacos aunque el régimen en Polonia no fue tan duro como en otros países del bloque oriental detrás del Telón de Acero como Alemania oriental, Rumanía o Hungría, o como en la misma Unión Soviética, y en Polonia no hubo colectivización de la agricultura (excepto en los “territorios recuperados” a los alemanes al noroeste del país).

Sin embargo, algunos polacos, mayoritariamente de una cierta edad, miran con un poco de nostalgia a la Polonia postestalinista bajo el régimen comunista; tiempos en que no existía el estado de derecho, la libertad política y la libertad de prensa pero en que los ciudadanos podían contar con el estado para que les garantizara su seguridad económica.

De todas formas, ya sea con ira, nostalgia, lamento, crítica o cierta ironía, o con todo ello junto, no se puede entender la Polonia actual sin mirar a la Polonia bajo el comunismo, esa sociedad, su contexto histórico y la vida de los polacos durante ese periodo. Una buena oportunidad para hacerlo sin tener que invertir mucho tiempo es sin duda una visita al museo Czar PRL en Varsovia.

El museo Czar PRL

Czar PRL es un museo ubicado en el barrio de Praga de la capital polaca–el único distrito en Varsovia que no fue destruido por los nazis durante el Levantamiento, al encontrarse en la orilla este del río Vístula, y conserva su arquitectura anterior a la Segunda Guerra Mundial–propiedad de la empresa Adventure Warsaw, que describe la vida de los polacos y la sociedad dentro del contexto histórico y político de la Polonia bajo el comunismo. El museo recrea un piso entero típico de la época además de una tienda e incluye imágenes y objetos relacionados con la vida y los eventos de los años 1950, 1960, 1970 y 1980.

No es fácil dar con el museo, oficialmente localizado en Grochowska 316/320, pero esta imagen de la primera puerta de entrada al edificio que lo alberga puede ser de gran ayuda para encontrarlo:

Una vez pase por esta puerta encontrará el museo Czar PRL en el edificio a su derecha Foto: Ángel López Peiró
Una vez pase por esta puerta encontrará el museo Czar PRL en el edificio a su derecha Foto: Ángel López Peiró

Introducción al contexto histórico de la Polonia comunista

Czar significa hechizo o encanto en polaco y PRL es el acrónimo de Polska Rzeczpospolita Ludowa, República Popular de Polonia, que fue el nombre oficial del país durante la dictadura comunista de 1947 a 1989.

Desde la ‘liberación’–en realidad ocupación–soviética de 1944, en el barrido de la Alemania nazi hasta Berlín por  parte el Ejército Rojo, hasta 1956 el país estuvo regido por una dictadura estricta bajo la influencia del estalinismo liderada por Bolesław Bierut. Luego, tras la muerte del dictador en 1953 y las fuertes protestas de 1956 en Poznan (y los eventos de ese año en Budapest), el régimen dejó atrás el legado de Stalin y la brutal represión. De la mano del comunista pseudonacionalista polaco Władysław Gomułka llevó a cabo políticas propias con mayor libertad respecto a Moscú, hasta que en 1970 las protestas obreras generadas por el gran incremento de los precios acabaron con el liderazgo de este.

Edward Gierek tomó las riendas del Partido Obrero Unificado Polaco con una política reformista que fracasó estrepitosamente en lo económico y fue reemplazado por Stanisław Kania durante unos meses hasta la llegada al poder del General Jaruzelski. Este tuvo que hacer frente a la enorme influencia de la Iglesia y el Papa Juan Pablo II en la sociedad, las huelgas, el auge del sindicato obrero católico Solidaridad. Decretó la Ley Marcial en diciembre de 1981 (falsamente atribuida, incluso hoy en día por muchos medios y autores polacos, a su intención de evitar una invasión soviética como la de Praga en 1968, invasión que en ese momento  de perestroika y guerra en Afganistán era muy improbable) e ilegalizó Solidaridad. Finalmente, ante la oposición de casi toda la sociedad polaca y la nueva política iniciada por Gorbachov en Moscú, acabó cediendo y permitiendo la defunción del régimen en las negociaciones de la mesa redonda de 1989 y las elecciones, primeras semilibres, que los comunistas perdieron en junio del mismo año.

Foto: Ángel López Peiró
Retratos de los líderes soviéticos Vladimir Lenin y Leonid Brézhnev y del Secretario General del Partido Comunista de Polonia Władysław Gomułka. Los retratos del Primer Secretario del Partido Comunista colgaban en  las paredes de cualquier institución pública, incluidas las escuelas  Foto: Ángel López Peiró

Un piso polaco típico durante PRL

La mayor parte del espacio del museo está ocupado por una fiel recreación de un piso de la época. Durante el periodo comunista los polacos vivían en pisos que pertenecían a cooperativas o en viviendas de protección social. Quien quería un piso tenía que solicitar primero el llamado ‘cuadernillo para vivienda’. Luego, en función de los contactos que uno tuviera tenía que esperar 5, 10 o incluso 20 años para que se le asignara una vivienda.

Para poder conseguir un piso con dos habitaciones y cocina era un requisito tener dos hijos. Si solo tenías un hijo te tenías que buscar la vida pero algunas familias encontraban una ingeniosa solución alternativa, a veces incluso al borde de lo legal (una actitud habitual en la Polonia comunista relacionada con  desafiar la autoridad del régimen, que en parte se ha heredado en la Polonia actual, que incluso tiene un verbo en la lengua polaca:kombinowac) que era inscribir a un abuelo o algún otro familiar aunque no fuera a habitar en el piso.

El piso de Czar PRL es una mezcla de un piso polaco típico de los años 1960 con uno de los 1970 y otro de los 1980. Un típico mueble de los pisos polacos durante el PRL era la unidad de pared, que era una solución perfecta para pisos pequeños. Junto con el sofá-cama podía realizar diferentes funciones en función de como se distribuía el espacio: dormitorio, comedor, sala de entretenimiento o estudio.

Recreación de un piso polaco de PRL  en el museo Czar PRL Foto: Ángel López Peiró
Recreación de un piso polaco de PRL en el museo Czar PRL Foto: Ángel López Peiró

Casi nadie se podía permitir decorar el piso acorde a un único estilo y diseño de interiores. Normalmente en un piso había muebles de diferentes épocas ya que era muy difícil conseguirlos. Elementos siempre presentes eran el ya mencionado sofá-cama para el matrimonio en el salón, una estantería para libros y un sillón.

El salón de un típico piso polaco de PRL Foto: Ángel López Peiró
El salón de un típico piso polaco de PRL Foto: Ángel López Peiró

La cocina en un piso de la Polonia comunista era muy básica pero contaba con todo lo necesario; y no podía faltar en ella una tetera (czajnik) que avisaba con un silbido cuando el agua estaba hirviendo. Una escena muy habitual en el cine polaco es alguien calentando agua con esta tetera para hacer un té, y es que los polacos eran entonces y siguen siendo unos grandes consumidores de esta bebida.

Algunos autores y  expertos en alimentación aseguran que en el PRL, pese que a la variedad de la gastronomía polaca, en cuanto a ingredientes disponibles, era mucho más limitada que la de la cocina de preguerra y la actual, se comía mucho más sano que hoy en día, a causa de la gran incursión de la comida rápida en el país. Entonces todo el mundo comía comida casera ya fuera en casa o en los bares de leche (había muy pocos restaurantes).

Los productores de fruta y verdura en el muy industralizado–y contaminado–bloque comunista de la Europa oriental eran gente adinerada. La explicación: el comunismo era capaz de producir un gran número de tanques y submarinos pero incapaz de cultivar suficientes lechugas para abastecer las tiendas.

Cabe destacar que en la Polonia comunista solo se podía comprar naranjas en la época navideña, el único momento del año en que el gobierno las importaba desde uno de sus países aliados, Cuba. Eso no significa que los polacos tuvieran carencias de vitamina C porque consumían, y siguen consumiendo, una gran cantidad col, muy rica en esa vitamina, como se encargó de recordarles el líder comunista Władysław Gomułka, que promovía el consumo de esta verdura entre sus ciudadanos.

Típica cocina en un piso de la Polonia comunista Foto: Ángel López Peiró
Típica cocina en un piso de la Polonia comunista Foto: Ángel López Peiró

Un baño típico polaco, donde se dejaba la ropa a secar porque no había opción en otro lugar, contaba con el espacio justo para una bañera, un pequeño armario, un lavabo y la lavadora Frania. El sueño de cualquier ama de casa en la Polonia comunista, la lavadora Frania revolucionó los hogares polacos, aunque luego fue reemplazada por la lavadora automática, a menudo comunitaria para un bloque de vecinos. A causa de su simpleza nunca se estropeaba. Era muy efectiva para deshacerse de manchas y no consumía mucha agua, que tenía que ser vertida por uno mismo. Tenía otras aplicaciones como la posibilidad de limpiarse los pies, hacer mantequilla  y también la usaron las imprentas polacas ilegales trabajando en la clandestinidad. Una ama de casa polaca muchas veces cogía un día de fiesta en el trabajo a propósito para hacer la colada. Dice mucho sobre esta época el hecho que las mujeres polacas no se deshacían de las medias elásticas con carreras sino que las llevaban a reparar.

La lavadora Frania en el museo Czar PRL
La ‘revolucionaria’ lavadora Frania en el museo Czar PRL Foto: Ángel López Peiró

Deporte y entretenimiento

Sección sobre deporte en el museo Czar PRL Foto: Ángel López Peiró
Sección sobre deporte en el museo Czar PRL Foto: Ángel López Peiró

Durante la época comunista Polonia logró grandes éxitos deportivos a nivel internacional. Asimismo, el deporte era una gran herramienta de propaganda para el régimen, que puso mucho empeño en promover el deporte competitivo a través del sistema educativo para posicionar a los deportistas polacos entre los mejores del mundo y poder vender al exterior el éxito del modelo comunista. Una estrategia similar a la política en materia deportiva la Unión Soviética en esos años.

PRL fue la época dorada del atletismo, ciclismo, esquí y boxeo polacos. No hay que olvidar tampoco que Polonia obtuvo un meritorio tercer lugar en el Mundial de Fútbol de España 1982. Los deportistas profesionales polacos eran unos privilegiados pues no tenían ningún problema para recibir pasaportes que les permitían participar en competiciones deportivas en el extranjero. Esto además les permitía traer a Polonia bienes de consumo muy deseados y no disponibles en Polonia que podían proporcionar, o vender, a otros ciudadanos que no contaban con ese privilegio.

En la vida diaria el deporte ofrecía a los polacos la oportunidad de escapar de la dura realidad y disfrutar de una vida más placentera. Fútbol, ciclismo, excursionismo, montañismo, natación, esquí y patinaje sobre hielo eran los deportes más practicados por los polacos en esos años, siempre dentro del país. Lagos, bosques, playas y montañas, abundantes todos ellos en la geografía polaca, servían de instalaciones deportivas a muchos polacos durante esos años.

Al no haber muchas cafeterías, bares y discotecas la vida social tenía lugar principalmente en las casas. Esto no significa que la gente no se divirtiera tanto como ahora. Curiosamente, el consumo de vodka en eventos sociales era mucho más habitual que hoy en día, dado que esta bebida ha sido reemplazada en gran medida por la cerveza en la Polonia capitalista democrática. Diferentes fuentes describen visiones diferentes sobre el papel del régimen en relación al consumo de vodka durante el PRL.

Otras actividades de ocio habituales eran ir al cine o al teatro. En la Polonia comunista se crearon las grandes obras maestras del cine polaco a cargo de directores célebres como Polanski,  Wajda, Krzysztof Kieślowski y Krzysztof Zanussi entre muchos otros.

La gente mayor por su parte pasaba semanas en los sanatorios (uzdrowisko) ubicados principalmente en las zonas montañosas del sur del país, en localidades cuyo nombre muy a menudo contiene la palabra Zdrój (manantial). Lugares con microclimas y aguas mineralizadas beneficiosos para la salud que siguen funcionando hoy en día pero modernizados.

Las tiendas en la Polonia comunista

Recreación de una tienda en Polonia comunista, dentro del museo Czar PRL Foto: Ángel López Peiró
Recreación de una tienda en la Polonia comunista, parte de la exposición del museo Czar PRL Foto: Ángel López Peiró

Durante el comunismo las tiendas polacas eran poco atractivas, grises, un lugar aburrido que generaba mucha frustración entre los consumidores ya que la mayoría de los compradores en muchas ocasiones no conseguían comprar lo que realmente querían. La administración de Edward Gierek en los años 1970, años de una relativa prosperidad–excepto en la parte final de la década–y recordados de forma positiva por algunos polacos, tomó una tran cantidad de dinero prestado de Occidente.

Solo había productos importados del mundo occidental en las tiendas Pewex, donde se podía comprar únicamente con dólares estadounidenses.

Luego, el país para devolverlos tuvo que exportar en los años 1980 productos básicos de consumo producidos en Polonia, generando una gran escasez en las tiendas, que tenían un aspecto de vacío desolador, cartillas de racionamiento, una inflación insostenible y largas colas. Sin duda, una de las razones que alimentaron el gran malestar social que llevo a la caída del régimen en 1989.

El museo Czar PRL explica el interesante ejemplo de una mujer en Varsovia que compró una lata de guisantes en una subasta de productos de exportación rechazados y al abrirla vio que era una lata de exquisito jamón. Muchos polacos almacenaban centenares de productos en casa, como por ejemplo incontables rollos de papel higiénico (incluso hay gente mayor en Polonia que todavía tiene papel higiénico de PRL en la bodega o el trastero), ante el miedo, bien fundado, a la habitual falta de suministros.

Como curiosidad también merece la pena explicar que hoy en Polonia existe incluso un popular juego de mesa creado por el Instituto de Memoria Nacional (Instytut Pamięci Narodowej) llamado Kolejka (la cola), consistente en posicionar piezas de compradores estratégicamente en diferentes tiendas a la espera de que lleguen diferentes suministros de forma semanal, con el objetivo de ser el primero en completar la lista de la compra. El juego, que se creó para dar a conocer la dureza de la vida bajo el comunismo a los polacos más jóvenes que no vivieron esa época, ha sido incluso traducido al español.

Solidaridad, la oposición al régimen y la represión

La vestimenta de la milicja, la policía en la era comunista polaca Foto: Ángel López Peiró
La vestimenta de la milicja, la policía en la era comunista polaca Foto: Ángel López Peiró

El sindicato independiente Solidaridad, que reunió en su apogeo a diferentes grupos de oposición al régimen, se creó en 1980 después de una serie de huelgas y protestas en todo el país, pero más visibles en los astilleros del Báltico–particularmente en los de Gdansk, a finales de los 1970 y principios de los 1980. Contó con el apoyo inestimable de Juan Pablo II y consiguió tener nueve millones de miembros a finales de 1981. Las escenas de milicianos (policía del PRL) dando porrazos a manifestantes, los interrogatorios y las detenciones eran muy habituales durante esos años. Lech Wałęsa y sus compañeros fueron arrestados e interrogados en multitud de ocasiones.

La famosa foto de Chris Niedenthal, incluida en la exposición de Czar PRL
La famosa foto de Chris Niedenthal, incluida en la exposición de Czar PRL

Una imagen vale más que mil palabras. Una gran verdad también en el caso de esta fotografía tomada por el fotoreportero británico asentado en Polonia, Chris Niedenthal, durante la Ley Marcial en Polonia: un tanque frente al Cine Moscú de Varsovia en que se publicita la proyección del film Apocalypse Now de Francis Ford Coppola.

Tiempos difíciles, muy duros, de grandes carencias y resiliencia, que llevaron a los polacos, animados y alimentados de coraje por Juan Pablo II, a luchar juntos sin violencia para con éxito ganar su libertad y construir una Polonia mejor. Tiempos que se llevaron por delante la vida de los que padecieron la brutal represión estalinista, y gente que intentó cambiar las cosas como el padre Jerzy Popieluszko, algunos trabajadores de los astilleros de Gdynia y las víctimas de la Ley Marcial, entre muchos otros.

Ahora bien, es posible que no todo en la vida de los polacos en la Polonia comunista fuera peor que en la Polonia actual y que algunos valores, hábitos, o actitudes de entonces pudieran ser beneficiosos para la sociedad polaca hoy en día.

Otras visitas turísticas para comprender la Polonia comunista

En varias ciudades polacas existen otros museos del PRL–aunque no siempre los paneles informativos están traducidos al inglés–así como un gran número de empresas turísticas, bares y restaurantes que explotan la temática de la Polonia comunista.

Para una visión detallada y rigurosa–con material audiovisual original–de los aspectos más políticos, históricos y sociológicos de la Polonia comunista y la caída del régimen, es obligada una visita al Centro Europeo de Solidaridad en Gdansk. Desde septiembre esta institución cuenta con un nuevo edificio para sus exposiciones 10 veces mayor del que disponían anteriormente, ubicado como no podía ser de otra forma en los ya famosos astilleros donde se inició la caída del régimen a principios de los años 1980.

La nueva sede del Centro Europeo de Solidaridad, junto a los astilleros de Gdansk Foto: Ángel López Peiró
La nueva sede del Centro Europeo de Solidaridad, junto a los astilleros de Gdansk Foto: Ángel López Peiró

La antigua sala de exposición del Centro Europeo de Solidaridad se encontraba en un sótano cerca de las oficinas del sindicato Solidaridad en la ciudad hanseática. Un servidor puede presumir de que visitó este museo en su último día de funcionamiento el pasado 19 de agosto de 2014.

Un tanque junto a la entrada en la antigua exposición del Centro Europeo de Solidaridad Foto: Ángel López Peiró
Un tanque de la milicia original junto a la entrada en la antigua exposición del Centro Europeo de Solidaridad en Gdansk Foto: Ángel López Peiró

Crazy Guides (los guías locos) en Cracovia

A algunos polacos más jóvenes, al igual que a la mayoría de los turistas extranjeros que visitan Polonia y a los expatriados en el país centroeuropeo, les encanta ver el comunismo como algo curioso, exótico y muy divertido. La opción más divertida y satírica para acercarse al pasado comunista de Polonia es contratar uno de los tours de Crazy Guides en Cracovia. Esta empresa organiza entre otro tipo de visitas guiadas, excursiones por la antigua ciudad realista socialista de Nowa Huta en Cracovia montando en un Trabant fabricado en la RDA (Alemania del Este) en los años 1970s o un Maluch (Fiat 126, el coche más habitual en la Polonia comunista junto al Polonez)–para comprar un coche en PRL también había que esperar muchos años desde el momento en que se solicitaba. Los guías locos llevan a sus clientes al restaurante en Cracovia que mejor conserva el ambiente del PRL, Stylowa (que cambia de propietario y decoración cada mes) y cuentan también con un piso dónde proyectan una película de propaganda comunista sobre la construcción de Nowa Huta y sirven vodka a los participantes de los tours.

La flota de Trabants de los Crazy Guides
La flota de Trabants de los Crazy Guides Foto: thinkkrakow.com