Frente Nadmorski (costero): El plan militar de la URSS para que la Polonia comunista invadiera Alemania, Dinamarca, Bélgica y Holanda en caso de guerra con la OTAN

Frente Nadmorski (costero): El plan militar de la URSS para que la Polonia comunista invadiera Alemania, Dinamarca, Bélgica y Holanda en caso de guerra con la OTAN

El Ejército Popular de Polonia tenía que formar un frente costero y atacar a Alemania, Dinamarca, Bélgica y Holanda bajo mando militar soviético en caso de un conflicto armado directo con la OTAN durante la Guerra Fría, cumpliendo un plan acordado entre la Polonia comunista y la Unión Soviética–parte de una operación mucho más amplia y compleja. Increíble pero cierto. Un plan que no fue revelado a la opinión pública hasta el año 2006.

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Alianzas militares en Europa durante la Guerra Fría. Foto: wikimedia commons

El Ejército de la Polonia comunista

Después de la Segunda Guerra Mundial las nuevas autoridades comunistas de Polonia, que inició entonces un costoso proceso de reconstrucción, se vieron obligadas a recortar el presupuesto militar y reducir el número de efectivos. En 1948 el ejército polaco contaba con 140.000 soldados.

La situación, sin embargo, cambió en 1949 con la rápida escalada de la Guerra Fría, que obligó a Polonia, bajo el mandato soviético, a mover ficha. El gobierno lanzó un plan para aumentar el gasto en el ejército, reorganizarlo, aumentar el número de soldados y dotarlo de armamento de última tecnología. A principios de 1950 se extendió el servicio militar obligatorio a dos años para las fuerzas de tierra y a tres años para la armada y la aviación. Con el estallido de la Guerra de Corea, los planes para fortalecer al ejército se aceleraron. En 1953 había ya 380.000 soldados y el número de oficiales casi se triplicó. En 1952 un 15% del PIB polaco estaba destinado al ejército.

El ejército polaco en todo momento careció de independencia militar y estuvo completamente subordinado al ejército soviético. Buena muestra de ello es el hecho que numerosos oficiales soviéticos ocupaban puestos de mando, empezando por Konstanty Rokossowski, que fue incluso ministro de defensa nacional. Algunos de estos oficiales soviéticos tenían origen polaco pero la mayoría no. Se erradicaron las tradiciones militares polacas anteriores a la guerra  para reemplazarlas por las soviéticas. Los sombreros militares polacos rogatywka fueron eliminados y el juramento hacía referencia a la alianza con el ejército soviético.

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El Ejército popular de Polonia en Przemysl. Foto: phw.org.pl

En 1955 la República Popular de Polonia, junto con otros países del llamado Bloque del Este, forman el Pacto de Varsovia. Polonia contaba con el segundo mayor poder militar dentro de la alianza. Un año más tarde Konstanty Rokossowski y la mayoría de oficiales soviéticos se fueron de Polonia, pero este hecho no rebajó el nivel de dependencia polaca de la URRS.

Hasta la desaparición del Bloque del Este, el Ejército Popular de Polonia estuvo condenado a la coalición con el Ejército Soviético y a recibir suministros de equipo por parte de este, mientras constantemente se preparaba para una guerra con los países de la OTAN, que nunca llegó a suceder. Una alarma de guerra (nuclear) que el gobierno comunista usó como herramienta de propaganda y control ciudadano con el fin de evitar revueltas y tensión social.

La concepción del Frente Nadmorski

Apareció por primera vez la idea del Frente Nadmorski con unos ejercicios militares practicados por el ejército polaco junto con el ejército soviético en mayo de 1950. Dicho frente estaba formado por tres divisiones de tierra del ejército popular de Polonia (los ejércitos 1,2 y 4) además de algunas fuerzas del ejército del aire, actuaba bajo el mando del general Poplavsky.

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Plano del primer ataque nuclear previsto dentro de la operación del Frente Nadmorski

La misión del llamado Frente Costero–o también conocido como Frente Polaco en el marco más amplio de toda la operación militar soviética–durante esos ejercicios era, por un lado, la defensa del litoral báltico ante desembarcos marinos y, por otro lado, una vez fuerzas del ejército soviético hubieran repelido el ataque de los ejércitos de la OTAN, tomar el norte de Alemania y Dinamarca para permitir la salida de las fuerzas navales soviéticas hacia el Mar del Norte y el Océano Atlántico.

Un protocolo acordado por los gobiernos de la República Popular de Polonia (PRL) y la Unión Soviética entre 4 y el 7 de enero de 1955, antes de la oficialización del Pacto de Varsovia, oficializó la potencial activación del Frente Nadmorski.

Durante los ejercicios Burza (tormenta en polaco) de 1961 se introduje como objetivo por primera vez Holanda y Bélgica además de la zona norte de la República Federal Alemana y Dinamarca.

El primer objetivo del frente polaco era, con ayuda de la Flota Soviética en el Báltico y las armadas polaca y germanoriental, controlar en 8 días el territorio de Dinamarca para poder dominar el acceso al Mar del Norte a través de los estrechos que conectan este con el Mar Báltico. El ataque polaco tenía que recibir el apoyo de un fuerte ataque nuclear  y toda la operación tenía que durar unos 15 días.

La distribución de misiones para los ejércitos polacos era la siguiente:

  • Ejército 1: Ataque desde más allá del río Odra a los cuerpos alemán occidental y holandés del Grupo Norte de los Ejércitos de la OTAN y continuación hacia Dinamarca
  • Ejército 2: Ataque desde más allá del río Odra a los cuerpos alemán y holandés y continuación del ataque hasta la costa alemana del Mar del Norte.
  • Ejército 4: Ataque desde la posición del ejército 2 en el norte de la República Federal Alemana  a Holanda y Bélgica.
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Copia del documento original con el esquema del primer ataque nuclear previsto dentro de la operación del Frente Nadmorski. Foto: wkopi.pl/WIW

El hecho que se quisiera lanzar esta operación militar del Frente Nadmorski a través de la Costa Báltica tenía tres razones muy claras:

  • La ubicación geopolítica de Polonia y amplio acceso al mar de esta que hizo que se organizara ya durante la parte final de la guerra la defensa de la costa. En el lado occidental existía una zona de seguridad: la República Democrática Alemana y su ejército, lo que evitaría un ataque directo a Polonia desde el oeste.
  • Las limitadas posibilidades operativas de los ejércitos 1,2 y 4 polacos, que eran mucho más débiles que los del frente organizado por el ejército soviético e incluso el frente checoslovaco. En este sentido las fuerzas del Pacto de Varsovia eran conscientes que el frente báltico sería el peor defendido por los ejércitos de la OTAN y sería buena idea lanzar por allí el frente polaco.
  • El mando militar de la Unión Soviética temía que los soldados polacos no quisieran luchar contra soldados de Reino Unido, Estados Unidos y Francia. En el frente costero su principal enemigo sería el ejército de la República Federal Alemana, la Bundeswehr.

En 1965 se aprueba un segundo plan estratégico de ataque para el Frente Costero de las Fuerzas Armadas de los estados del Pacto de Varsovia. Era parecido al que se entrenó en 1961 pero concretaba que el frente polaco protegería a los ejércitos soviéticos 1 y 2, defendería la costa báltica de posibles desembarcos de las fuerzas de la OTAN y contaría con el apoyo de las divisiones mecanizadas del ejército germanoriental.

Desarrollo y no ejecución del plan en los años 1970 y 1980

En 1970 el entonces Ministro de Defensa Nacional polaco Wojciech Jaruzelski aprobó una versión definitiva del plan del Frente Nadmorski. Hay que tener en cuenta que después de la crisis checoslovaca de 1968–la intervención militar soviética con participación polaca y del resto de fuerzas del Pacto excepto Rumanía para frenar la Primavera de Praga–ya se había empezado a aplicar la Doctrina Brézhnev: si el sistema socialista estaba en peligro en uno de los países la URSS tenía que intervenir para salvar al sistema. Por eso, el régimen comunista polaco quería mostrar su compromiso con la Unión Soviética tanto en el mantenimiento de un comunismo a la soviética, como en a su alianza militar, para evitar cualquier represalia militar soviética sobre territorio polaco. Una amenaza de intervención mlitar, que, sin embargo,  tras el estallido de la Guerra en Afganistán era ya impensable.

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Unidades del ejército popular de Polonia en Praga en 1968. Foto: histmag.org

A finales de los años 1960 y principios de los 1970 el Pacto de Varsovia contaba con una clara superioridad armamentística respecto a la OTAN en el centro de Europa. Sin embargo, los analistas de la OTAN  veían una amenaza de las fuerzas del pacto de Varsovia sobre Europa occidental. La organización atlantista, al conocer los planes soviéticos gracias a sus actividades de inteligencia, aumentó el armamento en Europa occidental pero de forma limitada, suficiente como para evitar ninguna acción militar del Pacto de Varsovia.

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Fuerzas de tierra de los países europeos clasificados por alianzas militares a mediados de los años 1970. Número de divisiones acorazadas, mecanizadas y aerotransportadas de cada estado. Foto: Pomocnik Historiczny “Zimna Wojna” Polityka

En 1984 se crea la Jefatura de los Ejércitos Occidentales del Pacto de Varsovia con sede en la base soviética de Legnica en la Baja Silesia. De esa jefatura dependían el Frente Polaco Nadmorski, el primer y el segundo frente occidentales de la Unión Soviética y el Frente Checoslovaco. Dentro de Polonia los soviéticos tenían armas nucleares  y 100.000 soldados en sus bases.

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Copia del mapa original  con el plan de la operación ofensiva del Frente Nadmorski de 1970, es decir el ataque de la República Popular de Polonia a Alemania, Dinamarca, Bélgica y Holanda con el uso táctico de armamento nuclear. Foto: Pomocnik Historiczny “Zimna Wojna” Polityka.

Fue el coronel polaco Ryszard Kuklinski quien, actuando como espía, reveló a la OTAN los detalles, alcance y agresividad de los planes del Tratado de Varsovia. Él sabía que en Polonia quedaría un agujero negro nuclear después del contrataque de la OTAN. En otras palabras, es posible que el general (a título póstumo) polaco evitara la Tercera Guerra Mundial.

Entre finales de los años 1980 y principios de los 1990 la situación de los países del Bloque del Este cambió radicalmente. Con la caída del comunismo estos estados recuperaron su verdadera independencia respecto a la Unión Soviética, cuya desintegración acabó también con el Pacto de Varsovia. Los últimos militares soviéticos en Polonia abandonaron el país en 1993.

Unos eventos que condujeron al fin de la Primera Guerra Fría (en 2016 nos encontramos inmersos en los inicios de La Segunda Guerra Fría, que se inició con el Maidan en Kiev y la invasión rusa de Crimea en 2014)  y a que el plan del Frente Costero polaco perdiera su razón de ser, nunca fuera activado y fuera olvidado para siempre. Esperemos.

Fuentes

Atomowa Groza. Schrony w Nowej Hucie. Editado por el Museo de PRL en Nowa Huta, Cracovia
Pomocnik Historyczny POLITYKA  “Zimna Wojna”
Wikipedia

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Es falso que Jaruzelski decretara la Ley Marcial para salvar a Polonia de una invasión soviética

Es falso que Jaruzelski decretara la Ley Marcial para salvar a Polonia de una invasión soviética

80.000 soldados, 30.000 policías, 1750 tanques, 1.900 carros de combate y 9.000 coches fueron usados para implantar la Ley Marcial en Polonia. Foto: Chris Niedenthal/FORUM

[Tiempo de lectura estimado: 7′]

Hoy 13 de diciembre se cumplen exactamente 34 años de la declaración de la Ley Marcial en Polonia a cargo del entonces líder comunista del país, el general Jaruzelski. La gélida noche de ese día de ambiente prenavideño, la sangre de muchos polacos quedó prácticamente congelada. El miedo se instaló en los hogares del país.  Se iniciaba un “estado de guerra” que duraría hasta el 22 de julio de 1983 y dejaría casi 100 muertos.

El vídeo de la declaración de la Ley Marcial: (en polaco con subtítulos en inglés)

Jaruzelski sacó a los tanques a las calles, con el ejército apuntando contra los ciudadanos del propio país. Se instauró el toque de queda, se cortaron las comunicaciones telefónicas a toda la población, excepto a la policía y funcionarios del estado. Disturbios en las principales ciudades polacas. Los miembros del recientemente creado y en ese momento legalizado sindicato Solidaridad fueron detenidos esa misma noche.

Posteriormente, Jaruzelski–que sería elegido presidente de Polonia en julio de 1989 por el primer parlamento polaco elegido semidemocráticamente desde antes de la Segunda Guerra Muncial– siempre defendió su actuación asegurando que gracias a la Ley Marcial evitó en Polonia una invasión militar de la Unión Soviética y las fuerzas del Pacto de Varsovia, como las que se produjeron en Budapest en 1956 y en Praga en 1968.

Esa tesis ha sido y sigue siendo defendida por algunos políticos, periodistas e historiadores, reiteradamente, como por ejemplo el director del periódico Gazeta Wyborcza Adam Michnik [1]. La versión de Jaruzelski como héroe patriota.

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Sin embargo, esa versión de los hechos cada vez cuenta con menos apoyo, sobre todo ente los historiadores, ya que no hay ninguna prueba que la sostenga, mientras que hay pruebas contundentes, recogidas por la investigación de Antoni Dudek del Instituto de Memoria Nacional (Institut Pamieci Narodowej en polaco, organismo de investigación histórica estatal)  y mucho sentido común en su contra.

La verdad es que Jaruzelski pidió en 1981 al comandante en jefe de los ejercitos del Pacto de Varsovia, el mariscal sovietico Viktor Kulikov, que realizara una incursión militar terrestre para apaciguar la gran inestabilidad social que vivía el país. Sin embargo, el militar soviético rechazó la petición de Jaruzelski, porque los esfuerzos militares de la URSS estaban puestos en ese momento en la guerra en Afganistán.

En una conferencia historiográfica en 1997 sobre la Ley Marcial que tuvo lugar en el pueblo de Jachranka, Polonia en 1997, a la que fueron invitados el propio Jaruzelski y Kulikov, este  último aseguró que dijo a Jaruzelski que no habría una intervención soviética en Polonia, incluso si fallaba la instauración de la Ley Marcial. Kulikov añadía que había pruebas al respecto. Las pruebas son las anotaciones del adJunto de Kulikov, Viktor Anoszkin, fotocopiadas por el historiador norteamericano Mark Kramer para todos los historiadores presentes en la conferencia. Concretamente, hay que fijarse en las anotaciones del 10 de diciembre de  1981. Según narra Dudek, en ellas Anoszkin escribió lo siguiente:

Kulikov se enteró a través del embajador soviético en Varsovia Boris Aristov que, a petición del general Jaruzelski, lo llamó el secretario del Comité Central del Partido Comunista, Miroslaw Milewski con la siguiente petición:

¿Podemos contar con la línea militar de la URSS [para la introducción de tropas adicionales]? “.

Aristov había comunicado con el Secretario del Comité Central del Partido Obrero Unificado Polaco, Konstantin Rusakov, y – según  las anotaciones de Anoszki – mandó la siguiente respuesta:

“No vamos a introducir tropas”, seguido por este comentario, que no se no se sabe a ciencia cierta si deriva de Milewski, o de sí mismo (Anoszki, lo más probable): “Esta es para nosotros una noticia terrible! Durante un año y medio se ha hablado acerca de la introducción de las tropas – todo se fue al garete. ¿Cuál es la situación Jaruzelski?”

Estas pruebas complementan a las que aparecieron 4 años antes, 1993, que vinieron  de la desclasificación por parte de la administración rusa–bajo el mandado de Boris Yeltsin– de documentación soviética del periodo 1980-1981. En un paquete mandado con dichos documentos a Varsovia se encontraba el protocolo del Politburo soviético del 10 de diciembre de 1981 (en el que se forjó la respuesta dada a Rusakov anteriormente mencionada). En él se leía lo siguiente:

“Cuando se trata de llevar a cabo la operación X -dijo el jefe de la KGB, Yuri Andropov – debe ser únicamente decisión de nuestros camaradas polacos; como quieran, que así sea, se hará.  Nosotros no pretendemos introducir tropas en Polonia. Esta es la posición correcta y tenemos que mantenerla hasta el final. No sé qué pasará con la situación polaca actual, pero incluso si Polonia quedara bajo la autoridad de “Solidaridad”, se hará de igual manera [no habrá intervención militar]. Si a la Unión Soviética se le abalanzasen los  países capitalistas, que ya tienen mecanismos adecuados para todo tipo de sanciones económicas y políticas, para nosotros sería  muy duro. 

A su vez, el jefe de la diplomacia soviética, Andrei Gromyko, dijo: “No puede haber ninguna introducción del ejército soviético en Polonia. Creo que podemos recomendar a nuestro embajador que visite al general Jaruzelski y le informe al respecto”.   La discusión  del Politburo la resumió claramente  Mikhail Suslov: ” Así que creo que estamos todos de acuerdo que bajo ninguna circunstancia puede haber introducción de tropas [En Polonia].”

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El peligro de una invasión soviética solo pudo haber existido durante las famosas huelgas de agosto de 1980, momento en el que precisamente el gobierno comunista polaco empezó a preparar la Ley Marcial. No está muy claro porque se aplazó la operación en ese momento, pero podrían haber existido órdenes de la Unión Soviética para hacerlo y así evitar entonces una escalada de las huelgas  y la inestabilidad en todo el bloque de Europa centroriental y la propia URSS.

Queda claro que si la Unión Soviética hubiera querido ejecutar este tipo de operación militar,  la podría haber lanzado en cualquier momento, porque contaba con miles de soldados desplegados en las numerosas bases en Polonia, como la de Legnica. Al menos a finales de 1981, nunca fue esa la intención. Jaruzelski no fue ningún héroe, sino un líder tirano que lanzó al ejército contra el pueblo. Un criminal que al iual que otros dirigentes comunistas del país nunca, hasta el día de su muerte en mayo de 2014, tuvo que rendir cuentas por sus crímenes ante la justicia de la Polonia poscomunista democrática. Lo que muchos polacos consideran una de las flaquezas del sistema político de la Tercera República polaca.

[1] En busca del significado perdido.  La nueva Europa del Este. Adam Michnik. Páginas 72-86. Acantilado. Barcelona 2013

Legnica, el ‘Nuevo Moscú’–el enclave soviético en la Polonia comunista

Legnica, el ‘Nuevo Moscú’–el enclave soviético en la Polonia comunista

Plaza del Mercado (Rynek) de Legnica. Foto: wikicommons

La localidad de Legnica cerca de Breslavia en la Baja Silesia, actualmente al suroeste de Polonia, había sido la residencia del rey polaco Boleslao IV el Rizado en el siglo XII. Cerca de la ciudad, en Legnickie Pole (‘campo de Legnicka’ en polaco) tuvo lugar la famosa Batalla de Legnica que frenó la invasión mongola de Europa el 9 de abril de 1241: El ejército cristiano del duque polaco Enrique II el Piadoso fue derrotado por los mongoles. Aunque los mongoles mataron a Enrique y arrollaron a sus tropas, padecieron granes pérdidas humanas y su avance en Europa fue detenido.

En el siglo XIV el ducado de Legnica pasó a manos del Reino de Moravia dentro del Imperio Sacro Germánico, luego a Austria en el siglo XVII para formar parte del Imperio Alemán desde 1871.

En una parte de Europa donde los movimientos de fronteras han sido una constante a lo largo de la historia, la ciudad de Legnica volvió a manos polacas 600 años más tarde, en 1945, al igual que toda la región y el resto de los Territorios Recuperados a Alemania, por los acuerdos de la Conferencia de Postdam en 1945 tras la derrota nazi. La ciudad quedó parcialmente dañada por la guerra. Casi toda la población de la ciudad, alemanes, fue expulsada, y a la pequeña minoría polaca que aquí vivía desde tiempos medievales se le unieron miles de ciudadanos polacos procedentes de Kresy (los confines), los territorios al este de Polonia ocupados por la Unión Soviética.

Pero Legnica (unos 100.000 habitantes en la actualidad) es famosa ante todo porque  la Unión Soviética construyó aquí su principal base militar fuera de territorio soviético, la mayor base militar entonces en toda Europa central, convirtiendo a la ciudad entonces en la mayor concentración de rusos fuera de la URSS.

La principal razón para emplazar la base aquí fue la cercanía de esta localidad tanto con Checoslovaquia como con la República Democrática Alemana. Una vez la dictadura comunista estaba bien implantada en Polonia, y se había acabado con los enemigos a la formación de esta, uno de sus principales objetivos fue ejercer un control militar efectivo sobre los miembros del Pacto de Varsovia. A partir de 1968 la aplicación de la Doctrina Brézhnev.

Las tropas soviéticas emplazadas en Legnica eran vistas por los polacos como fuerzas de ocupación aunque sobre el papel eran fuerzas aliadas según el Pacto de Varsovia. Incluso en el gobierno comunista polaco títere de Moscú no se vio con buenos hojos la actuación de estas tropas en los primeros años de posguerra porque centraron sus esfuerzos en las reparaciones de guerra–desmantelamiento de infraestructura alemana para llevarla a la URSS, incluso en territorio propiamente polaco–y dificultaron que Polonia empezara la reconstrucción del país y su nuevo territorio.

Durante los más de 45 años de funcionamiento de la base, la ciudad estaba dividida en dos partes, una soviética y una polaca. La parte soviética era inaccesible para los civiles polacos y permanecía bajo estrictas medidas de seguridad y controles de acceso. Las autoridades polacas nunca tuvieron permiso para inpeccionar la base, que según el pacto de varsovia tenía que ser provisional. Sin embargo, la base no fue totalmente desmantelada hasta 1993, cuando las últimos oficiales soviéticos la abandonaron.

Se estima que en julio de 1945 cuando se estableció la base había 17.000 polacos, 12,000 alemanes y 60,000 rusos en Legnica. La cifra de polacos aumentó considerablemente en los años siguientes mientras que solo algunos alemanes ‘polonizados’ permanecieron en la ciudad.

Para crear la base soviética se expulsó a la fuerza a miles de polacos recién llegados que ya se habían instalado en esa parte de la ciudad. Además, en los primeros años del funcionamiento de la base se producían a menudo incidentes por los excesos de los militares soviéticos con los civiles polacos fuera de la base: robos, pillajes, violaciones y agresiones eran frecuentes esos años.

Crítica cinematográfica: El Pequeño Moscú

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Una forma inmejorable de entender cómo funcionaba el enclave de Legnica y cómo era la vida en la ciudad durante el periodo comunista es la película El Pequeño Moscú (Mała Moskwa, como se apodó a Legnica), inspirada en hechos reales que sucedieron en este lugar en 1968.

Titulo original: “Mała Moskwa” (El Pequeño Moscú)

Director: Waldemar Krzystek

País: Polonia/Rusia

Año: 2008

Duración: 115 minutos

Idioma: polaco y ruso

Trailer: 

Sinopsis

En 1967, Viera, una joven rusa casada con Yuri, un piloto soviético (infértil) que es trasladado a la base de Legnica, inicia un romance clandestino con Michał, un joven teniente polaco. Se conocen  durante un evento cultural de hermanamiento polaco-soviético en el que ella da un recital de canciones en ruso y polaco. Él dirige una sección musical  en el ejército polaco y la convence para que participe en el coro militar polaco y ensaye con él al piano. La música les acaba uniendo.

La historia de amor prohibido se acaba convirtiendo en una tragedia personal por la oposición de los soviéticos a esta relación y la imposibilidad de que Viera inicie una nueva vida en Polonia fuera de la base soviética con Michal y la hija recién nacida fruto de esa relación. La presión puede a Viera que aparentemente acaba suicidándose.

30 años después, 2008, en la Polonia poscomunista Yuri Swietłow visita el cementerio de Legnica, donde yacen los restos mortales su mujer. Le acompaña su hija que odia a su madre a la que jamás ha visto, porque no puede perdonarla haberse quitado la vida por el amor prohibido con un oficial polaco. También le retrae a su padre que permitiera que eso pasara. Yuri comparte sus recuerdos con su hija: la sensación que causó su bella mujer al llegar al país vecino, cómo la iba perdiendo y cómo los militares rusos taparon un asunto de corazón que, aún muchos años después, sigue sin estar muy claro.

Este melodrama se enmarca bajo el telón de fondo de una situación política tensa, en el momento de la invasión de las tropas del Pacto de Varsovia en Checoslovaquia en 1968 (La Primavera de Praga), y la historia real de una mujer, sobre la cuál aún no se sabe si se suicidó por amor o realmente fue asesinada por los servicios secretos soviéticos.

 Valoración

Un film muy recomendable para entender el papel de la Unión Soviética en sus relaciones con los países satélites de Europa central en el momento más álgido de la Guerra Fría en Europa. Una película sin tintes de gran producción, llena de emoción y tristeza que despierta sentimientos  en el espectador a través de un imaginario y música conmovedores. La película juega con el amor prohibido entre la esposa de un oficial soviético y un teniente polaco como metáfora de la relación entre la URSS, ocupante y Polonia, ocupada. Religión y tradición antepuestas al ateísmo soviético es otro de los leitmotiv del film. Destacable es el papel que la joven actriz rusa Svetlana Khodchenkova realiza como protaginista principal. Canta además en polaco y ruso con una voz maravillosa para deleite de los espectadores.

La posición de Polonia en el conflicto ucraniano y sus consecuencias: del firme apoyo al Maidán al embargo ruso

La posición de Polonia en el conflicto ucraniano y sus consecuencias: del firme apoyo al Maidán al embargo ruso

La Plaza de la Independencia, Maidan, en Kiev durante la EURO en junio de 2012 Fotos: Ángel López Peiró

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La Plaza de la Independencia, Maidan Nezalézhnosti, en Kiev durante la EURO en junio de 2012. Los partidarios de Tymoshenko aprovecharon la gran presencia de aficionados y medios extranjeros en la ciudad durante el campeonato para reivindicar su liberación Fotos: Ángel López Peiró

Polonia y Ucrania organizaron conjuntamente el Campeonato de Europa de Fútbol en el año 2012, una fiesta del deporte rey que se vivió con mucho más entusiasmo en el país centroeuropeo, pese a que las cosas no fueron bien en lo deportivo, aunque sí en lo organizativo.

Polonia tras ocho años de pertenencia en la UE vivía un periodo dulce de crecimiento económico continuado, de grandes inversiones, nuevas infraestructuras–incluyendo algunos de los mejores estadios de fútbol en Europa–y abundantes fondos europeos, mientras que Ucrania seguía sumida en un sistema oligárquico, una severa crisis económica acompañada de un gran malestar social, y la principal líder de la oposición Julia Tymoshenko seguía encarcelada tras ser juzgada por un caso de corrupción.

Junto a los miles de ucranianos que residen en Polonia–la principal minoría en el país–muchos ucranianos visitaron Polonia durante el campeonato y vieron de primera mano el gran progreso experimentado  por el país desde la caída del comunismo en 1989 y sobre todo desde el ingreso en la UE en 2014. Ucrania tras su independencia en 1991, con todas sus dificultades socioeconómicas al igual que en el resto de la U.R.S.S. era un país más desarrollado que Polonia y ahora se encuentra a años luz de este. He aquí otra de las causas, poco explorada en los medios, de la revolución del Maidán.

¿Por qué a Polonia le interesa una Ucrania cercana a la UE?

Tras el ingreso en la UE en 2004 y su giro definitivo a Occidente, Polonia, al igual que sus vecinos checos, eslovacos, húngaros, perdió un gran poder de influencia al igual que nivel de relaciones comerciales con sus vecinos más inmediatos en el este, las exrepúblicas soviéticas de Ucrania y Bielorusia. Y en menor medida, lo mismo sucedió con las relaciones con Georgia y Moldavia.

Polonia quiere exportar más a Ucrania y necesita un gran volumen mano de obra ucraniana a un precio competitivo en los próximos años para hacer frente al gran problema demográfico, generado por la baja tasa de natalidad, que pone en peligro el desarrollo del país y la emigración de un gran número de trabajadores polacos no cualificados al Reino Unido, Alemania y Noruega.

Finalmente la firma del acuerdo de asociación entre la UE y Ucrania que se produjo tras la elección del nuevo presidente ucraniano Poroshenko el 27 de junio de 2014 puede facilitar la libre circulación sin visados ​​de los ciudadanos ucranianos y puede tener una influencia en las cifras de migración legal desde Ucrania a Polonia.

El inicio del conflicto: el tratado con la UE que no llegó a firmarse

El mencionado tratado de asociación y libre comercio entre la UE y Ucrania, impulsado por el ministro de exteriores polaco Radoslaw Sikorski y el ministro de exteriores sueco, tenía que firmarse ya en noviembre de 2013 en Vilnius. En el último momento el entonces presidente ucraniano Yanukovych canceló la firma del acuerdo tras las presiones de su homólogo ruso Vladimir Putin, quien impulsó un acuerdo económico alternativo a nivel euroasiático en que también quería incluir a Ucrania.

Polonia con la revolución del Maidán

Polonia mantuvo desde el principio una clara posición favorable a los manifestantes proeuropeos del Maidán y el gobierno polaco cooperó con la oposición ucraniana. Cuando cayó el gobierno de Yanukovic el gobierno polaco ayudó en la formación del nuevo gobierno.

Algunos polacos todavía ven en Ucrania un enemigo al recordar las masacres de miles polacos por parte de los nacionalistas ucranianos en las regiones de Galicja y Volinia durante la Segunda Guerra Mundial

Sin embargo, la posición mayoritaria de la sociedad polaca fue de apoyo y solidaridad con los manifestantes del Maidán, favorable al nuevo gobierno ucraniano y contrario a la invasión rusa de Crimea.

Tras la anexión de Crimea se pudieron ver manifestaciones frente a la embajada y los consulados rusos en Polonia además de numerosos actos organizados por ucranianos residentes en Polonia, apoyados por centenares de ciudadanos polacos.

Rechazo unánime a Putin en Polonia

Es una falacia asegurar que existe un sentimiento antiruso predominante en Polonia y que este haya aumentado como resultado de los eventos recientes en Ucrania.

En Polonia por motivos históricos obvios existe desconfianza y recelo ante las autoridades políticas rusas–y sus ambiciones en política internacional– sentimientos que han aumentado considerablemente desde los eventos en Crimea y Donetsk, como en la mayoría de países vecinos y especialmente en los países bálticos.

Además siguen habiendo muchas sospechas, en aumento, sobre una posible implicación rusa en la catástrofe del avión presidencial polaco en Smolensk en abril de 2010.

Es una exageración asegurar que en Polonia existe miedo a una invasión rusa; aunque algunos medios de comunicación, partidos de derechas e incluso el propio ejecutivo polaco en ocasiones parezca que se esfuercen en convencer a los ciudadanos polacos de que tal riesgo existe.

No obstante, la mayoría de polacos (con excepción de algunos grupos minoritarios de extrema derecha como los que atacaron la Embajada de Rusia en Varsovia el 11 de noviembre de 2013) no tiene nada en contra de los ciudadanos rusos, su cultura y tradición, incluso algunos polacos se declaran abiertamente rusófilos. La mayoría de polacos sí que se consideran antisoviéticos.

Y regresó la Guerra Fría…pero al estilo del siglo XXI

Guerra mediática entre Occidente y Rusia. Maquinaria de propaganda rusa a través del canal Russia Today. La extrema derecha y extrema izquierda europeas posicionadas a favor de Putin. ¿Nazis en en el Maidán y el ejército ucraniano? Sanciones. Amenazas. Obama en Varsovia advirtiendo a Putin en un discurso grandilocuente, que no convenció a Sikorski. Hombrecillos verdes que según Putin no tienen nada que ver con Rusia en Crimea y Donetsk. Putin parece desentenderse de los rebeldes prorusos en el este pero queda claro que les suministra armamento. Polonia y Poroshenko esperando que Occidente se tome en serio la guerra al este de Ucrania. Polonia pidiendo que la OTAN establezca bases en su territorio y que se refuerze en su flanco este.

Una unión energética en la UE impulsada por Polonia como alternativa a la dependencia energética de Rusia

Con el endurecimiento del conflicto en Ucrania, las acciones de los rebeldes en el este y la anexión de Crimea como consecuencias de la caída del gobierno de Yanukovych tras la revolución del Maidán, Putin empezó a jugar con el gas como arma política. Ante esta situación el primer ministro polaco Donald Tusk impulsó en Bruselas una alternativa a la dependencia energética de Rusia por parte de Europa a través de la creación de una unión energética europea. Dicho organismo coordinaría la compra de gas conjuntamente para toda la UE. De momento el presidente del gobierno español Mariano Rajoy se ha convertido en el principal aliado de Tusk para llevar a cabo este proyecto.

Polonia, pese a  contar con grandes reservas de carbón, su principal fuente de energía, usa el gas ruso para el 12% de la generación de energía e importa un 48% del gas consumido en el país desde Rusia.

El endurecimiento de las sanciones de EE.UU y la UE a Rusia y la respuesta de Moscú contra Polonia

Tras el derribo del vuelo de Malaysian Airlines por parte de los rebeldes prorusos de la llamada República Popular de Donetsk con armamentro proporcionado por Rusia, Occidente endureció de forma significativa las sanciones económicas a Rusia, una medida solicitada por el gobierno polaco, que en ese momento tuvo la esperanza que por fin la UE y sobre todo EE.UU se tomaran en serio el problema de la guerra en Este de Ucrania y la innegable implicación rusa en el conflicto.

La respuesta de Putin no se hizo esperar. Polonia perderá un 0.6% del PIB a final de año (se estimaba que la economía polaca podría crecer un 3.5% en 2014) según el viceministro Piechocisnki si sigue en pie el embargo impuesto por Moscú a la exportación de frutas y legumbres polacas, anunciado el pasado 30 de junio. Un embargo que el Kremlin justifica por el uso de pesticidas, argumento que se cae por su propio peso. Las autoridades polacas están trabajando ya desde hace tiempo en buscar nuevos mercados para las exportaciones polacas a Rusia.

Muchos polacos de momento se lo toman con humor y han participado en una campaña a través de Twitter en que se hacen selfies comiendo manzanas, el principal producto de alimentación que Polonia produce y exporta. Una campaña que ya ha tenido un impacto positivo en el consumo interno de manzanas en el país. Polonia es el principal productor y exportador de manzanas en la UE, y el mayor exportador de manzanas a Rusia.

Sin embargo, a la larga Rusia puede tener mucho más a perder que a ganar. Con un tercio de la población de la UE (150 millones de habitantes), y un PIB similar al de Italia, y muy dependiente de la venta de hidrocarburos a Europa, Rusia necesita seguir exportando a la UE para su supervivencia económica. Un embargo a las exportaciones de la UE puede hacer que EE.UU. pase a tener un papel mucho más importante como socio comercial de la UE en detrimento de Rusia.

El papel de Polonia en la política exterior de la UE sale reforzado tras el conflicto ucraniano e incluso Sikorski–demasiado suave con Rusia según la oposición polaca, demasiado duro según muchos líderes europeos– podría convertirse en pocas semanas en el próximo responsable de exteriores de la UE. De ser así sin lugar a dudas la posición de la UE con Putin será más firme y como resultado también la de los EE.UU. Lo que venía pidiendo Polonia desde la anexión rusa de Crimea.

Lo que está por ver es como acaba afectando a la boyante economía polaca el embargo ruso, la evolución de la guerra en Donestk y el acercamiento de Ucrania a la UE. También si estamos ante el principio del fin de la era Putin en el Kremlin, o la escalación del conflicto.