Los gurales: los montañeses del sur de Polonia

Los gurales: los montañeses del sur de Polonia

Hombres y mujeres ataviados con las vestimentas típicas en Koscielisko, cerca de Zakopane.
Foto: Ángel López Peiró

Los gurales (en polaco: górale, que significa literalmente “montañeses”) son una serie de grupos de población autóctona que habitan en valles a lo largo del sur de Polonia, el norte de Eslovaquia  y en la región de la Silesia de Cieszyn, dividida entre Polonia y la República Checa. También hay una diáspora gural significativa en la zona de Bukovina–en Ucrania occidental y en el norte de Rumanía–así como entre los emigrantes polacos en Chicago.

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Zakopane en el siglo XIX. Foto: Ángel López Peiró / Museo de los Tatras en Zakopane

Los gurales polacos siempre han estado rodeados de un aura misterioso o incluso místico. Seguramente esto se debe al hecho que  tienen generalmente  unos rasgos faciales característicos, diferentes al de la mayoría de polacos y eslavos (piel más oscura, nariz más larga, cráneo más oblongo) y además viven muy al sur, arriba en las montañas,dentro de sus estructuras familiares y sociales muy cerradas. Muy fácilmente pueden distinguir si alguien no es de su comarca.

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Los Montes Tatras desde Góbalówka en Zakopane. Fotos: Ángel López Peiró

En Polonia los gurales viven principalmente en la región de Podhale al pie de los Montes Tatra y los Pieniny en el voivodato de Malopolska (pequeña Polonia), y en algunas partes de los Beskydy occidentales (en Malopolska y la Alta Silesia). La mayoría de los polacos asocian a los gurales polacos con los de los Montes Tatras, y, más concretamente, con los que habitan en Zakopane, la capital de los deportes de invierno de Polonia y uno de los principales destinos turísticos del país. Estos son los gurales de la región de Podhale, los más conocidos, pero no son los únicos. Otros gurales polacos viven por ejemplo cerca de las poblaciones de Zywiec, Orawa o Spisz–grupos diferentes que también se han influenciado mutuamente en cuanto a costumbres y tradiciones a lo largo de la historia de Polonia.

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Gural de las montañas Pieniny que trabaja como flisak (balsero) por la Garganta del río Dunajec y cuenta historias a los turistas en la embarcación Foto: Ángel López Peiró
Gorales de los Pieniny que trabajan de balseros preparando la embarcación. Foto: Ángel López Peiró
Gurales de los Pieniny que trabajan de balseros preparando la embarcación. Foto: Ángel López Peiró
Garganta del Dunajec en los Pieniny. Foto: Ángel López Peiró
Garganta del Dunajec en los Pieniny. Foto: Ángel López Peiró

Los gurales forman parte de un continuo de grupos montañeses eslavos que habitan en los Cárpatos eslavos, como los Hutsuls, Lemkos (un subgrupo dentro de los rusinos que habitan en el extremo sureste de Polonia y en los territorios ucranianos vecinos) y Boykos.
Hablan su propio dialecto(s) (gwara goralska), pronuncian muchas pabalabras diferentes (muchas as cambian a os) y utilizan un vocabulario que es desconocido por los no montañeses, como la palabra cepr para referirse a alguien que procede de otra región, especialmente un turista. Como sucede a menudo, lo que es desconocido o difícil de entender tiende a ser romantizado y mitificado, que es claramente lo que ha pasado en con la imagen del montañés polaco.

Los diversos dialectos hablados por los gurales descienden de proto-eslavo de la Lechítica oriental, una antigua zona de Polonia, superpuesta por Eslovaquia. En otras palabras, el lenguaje es de origen polaco, pero ha sido claramente influenciado por Eslovaquia en los últimos siglos.

Para la mayoría de gurales hoy en día el factor decisivo en su auto-identificación con la nacionalidad no es étnico, sino territorial. Por ejemplo, los que viven en zonas bajo una larga tradición de pertenencia al Estado polaco se identifican como polacos, mientras que los que viven en Eslovaquia se han identificado a sí mismos como los eslovacos, con notables excepciones a esta regla en ambos lados de la frontera. Si bien como se ha mencionado el origen del dialecto gural es el polaco, el idioma de los gurales en Eslovaquia y en la República Checa está cambiando poco a poco y cada vez más similar a la lengua estándard de sus respectivos países.

 

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División étnica y geográfica de los gurales polacos. Fuente: 

zwiazek-podhalan.com

La música gural

La típica canción folclórica de los gorales es conocido en polaca como pieśń góralska y su música principalmente está formada por la parte vocal, silbidos y  sobre todo, los violines.

Escuche estas dos listas de reproducción con 141 canciones o versiones de canciones folclóricas gurales polacas.

La música tradicional gural ha influenciado también a grupos de música de masas: pop, rock y electrónica entre otros estilos. Entre estos grupos que han sabido aprovechar la gran tirada de todo lo gural destacan Zakopower, Gooral (sobrino del cantante de Zakopower) Brathanki (que se inspiran en música folclórica polaca en general, no solo gurala) y Golec uOrkiestra (formación de la región de los Beskidy de Zywiec)

En el marco de varios festivales de música étnica que tienen lugar en el sur de Polonia se puede disfrutar a veces de inimaginables y asombrosas fusiones de música gural con otras musicas del mundo: por ejemplo Zakopower fusionado con música africana o el grupo folclórico gural Trebunie Tutki de la mano del reggae jamaicano de Twinkle Brothers.

Las vestimentas de los gurales polacos

La elección de vestimentas por parte de los montañeses polacos estuvo marcada por lo que estaba a mano y por su tendencia a trabajar al aire libre bajo duras condiciones meteorológicas. Lino, piel de oveja y piel eran los principales materiales utilizados para fabricar sus ropas, que al mismo tiempo tenían que ser cómodas, ya que se tenían que llevar durante muchas horas. Las tierras montañosas que habitan no eran muy fértiles pero en algunas zonas se podía cultivar cereal y además de criaban cerdos y vacas. La mayoría de los gurales eran pastores que tenían que recorrer grandes distancias lejos de sus casas, por lo que sus pantalones tenían un ajuste estrecho y eran cómodos para andar.

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Foto: Ángel López Peiró / Museo de los Tatras en Zakopane
Grupo de músicos folclóricos gurales en Koscieliszko cerca de Zakopane. Foto: Ángel López Peiró
Grupo de músicos folclóricos gurales en Koscielisko cerca de Zakopane. Foto: Ángel López Peiró

Los gurales de los montes Beskidy, a su vez, también trabajaban en los bosques y canteras cercanos, por lo que llevaban puesto un kożuszek–un chaleco de piel de oveja sin mangas que les protegía del frío en invierno y del calor en verano  durante todo el año. Un kożuch  era una chaqueta de piel de oveja que se llevaba en invierno. Los hombres también vestían sombreros de fieltro impermeables para protegerles del sol y la lluvia. Sus pantalones estaban hechos de un paño blanco y tenía muy pocos o ningún elemento decorativo. Otro abrigo típico  sobre sus hombros hasta la rodilla era la gunia, que estaba hecha de trapo y se ponía del revés cuando llovía. La gunia se cosía de tal forma que permitía al hombre moverse libremente y poderse tapar si se ponía a dormir. Las gunias eran muy prácticas, ideales para diferentes condiciones meteorológicas, y se podían usar como ropa de calle durante muchos años. Se decoraban con hilos de colores, llamados lemki, cuyos colores indicaban de que pueblo procedía el gural que vestía esa gunia en particular.

Un abrigo típico de las mujeres montañesas originarias de los Montes Beskidy era la łoktusza, que estaba hecha de una gran sábana de lienzo que prácticamente cubría todo el cuerpo de la mujer. Las mujeres solteras tenían que dejar sus cabezas sin tapar durante todo el año, sin gorros ni bufandas, incluso en esas duras y cambiantes condiciones meteorológicas de las montañas. Siempre llevaban una trenza, que decoraban con dos cintas, rojas o rosas. Una de ellas era entretejida en la trenza y la otra era atada a un extremo. Sólo las mujeres casadas y/o embarazadas llevaban bufandas y guantes. Por otra parte están los kierpce, los zapatos tradicionales de punta estrecha, que los llevan tanto hombres como mujeres, hechos de una pieza de piel decorada de color canela.

Las mujeres gurales de los Beskidy, y especialmente las del municipio de Koniaków, han sido famosas por sus encajes de ganchillo llamados koniakowskie koronki. Estos trabajados patrones de ganchillo  toman la forma de estrellas, rosetas o abanicos. Este encaje, principalmente blanco o de color crema y con forma redonda u oval, a menudo se usa para hacer tapetes  o manteles, como los que se encuentran en los altares en las iglesias. Este encaje fue presentado a la realeza europea y a varios Papas. Incluso se dice que el Presidente de los EEUU J.F. Kennedy tenía un mantel de este estilo en la mesa del comedor en la Casa Blanca.

Foto: kamratowo.pl/pl/muzeum-koronki-koniakow
Foto: kamratowo.pl/pl/muzeum-koronki-koniakow

La generación más joven de mujeres que hacen este ganchillo en Koniaków hace unos años tuvieron la brillante y a la vez controvertida idea de hacer ropa interior con este patrón. La idea tuvo una tirada increible en toda Polonia ya que muchas polacas compraron o hicieron esta ropa interior y más adelantes algunos diseñadores crearon vestidos con este patrón de ganchillo.

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En la localidad de Koniaków se puede visitar el Muzeum Koronki, el museo dedicada a  esta forma de arte folcórico textil.

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Ropa interior a base de koronki en el Museo de las Koronki de Koniaków

El estilo arquitectónico de Zakopane

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Willa Koliba: la primera casa construida al estilo de Zakopane. Foto: Ángel López Peiró

La rica tradición folclórica de Zakopane también ha ganado reconocimiento dentro y fuera de Polonia por los diseños arquitectónicos englobados en el llamado styl zakopiański  (estilo de Zakopane). Los origenes de dicho estilo se remontan a la segunda mitad del siglo XIX, cuando Zakopane (entonces dentro del imperio austrohúngaro) ya era un famoso lugar de reposo y sanación y muchos turistas que frecuentaban la zona empezaron a construir aquí sus residencias de vacaciones. Estas construcciones se hacián en base al estilo arquitectónico que estaba de moda en esa época.

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Típica casa de huéspedes de construcción  reciente al estilo de Zakopane. Foto: Ángel López Peiró

Entonces apareció la figura de Stanisław Witkiewicz– padre del famoso escritor pintor Witkacy–renombrado pintor y arquitecto que quedó hipnotizado por la arquitectura folclórica de la zona. Un amigo suyo, Zygmunt Natowski, ávido coleccionista de arte folclórico de la región de Podhale, le pidió que le hiciera el diseño para su casa de verano.

Construcción moderna inspirada en el estilo de Zakopane Foto: Ángel López Peiró
Construcción moderna de un restaurante y hotel en Koscielisko inspirada en el estilo de Zakopane Foto: Ángel López Peiró

Witkiewicz, en lugar de usar el estilo alpino dominante, incorporó elementos folclóricos de la arquitectura en las cabañas de los gurales de alrededor. Esta casa de vacaciones, llamada Willa Koliba, fue el primero de muchos edificios que se diseñaron con este estilo arquitectónico en 1893. Estas casas eran parecidas en forma a las cabañas tradicionales de los gurales, pero con un interior más grande y más pisos.

Estas construcciones, a base de vigas de madera que se apoyan sobre una base de losas de piedra tallada, también cuentan con un tejado en pendiente bastante empinado. Un elemento prático y decorativo que evitaba que la nieve se apilara y pudiera llegar a derrumbar el techo de la casa.

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Interior de Willa Koliba en Zakopane. Fotos: Ángel López Peiró

Este tejado era decorado con elementos verticales de madera con forma de flores o cruces, y los marcos de puertas y ventanas eran adornados con soles de madera hechos de listones delgados clavados en su lugar alrededor de un radio. Este nuevo estilo también fue aplicado a los muebles, los instrumentos musicales e incluso la porcelana. Hoy en día un muy buen ejemplo del estilo de Zakopane es la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús en Zakopane.

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Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús construida auténticamente al estilo de Zakopane. Foto: archiwum.zakopane.eu

El queso ahumado de los gurales: oscypek

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Diferentes tipos de oscypek

Bacówka

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Recreación de una bacówka en el Museo Etnográfico de Cracovia. Foto: Ángel López Peiró

La bacówka es un edificio de madera en el que los pastores no solo pasan su tiempo durante el pastoreo de las ovejas, sino que también elaboran un queso tradicional, producido generalmente con leche de oveja, llamado oscypek.

El oscypek se hace con leche salada de oveja salada, y en algunos casos se añade una cierta cantidad de leche de vaca según las regulaciones de la denominación de origen protegida. No obstate también es frecuente encontrar oscypek a base de leche de cabra. La leche no pasteurizada se convierte primero en requesón, que luego es repetidamente enjuagado con agua hirviendo y exprimido.

Luego se aprieta esta masa en una superficie de madera con formas fusiformes. A continuación se pone las formas de queso en un barril lleno de salmuera, donde se dejan durante una o dos noches, para después colocarlas cerca del tejado en una pequeña cabaña especial de madera, donde se curan en humo caliente durante 14 días.

Hoy en día el oscypek se puede encontrar en cualquier lugar de Polonia, sobre todo en zonas turísticas, aunque en ningún lugar sabe tan bien ni es tan fresco como en su lugar de origen, los valles del sur de país. Se puede comer frío pero generalmente es mucho más sabroso a la parrilla, solo, o con mermelada de arándano rojo (zurawina). Los puestos de venta de oscypek a la parrilla son habituales en toda Polonia.

Una boda gural

Las bodas gurales tradicionales suelen durar varios días y son muy ricas tanto en tradición como en consumo de vodka. Uno de sus elementos más característicos son los juegos basados en la tradición goral para divertir a los asistentes. Mito o verdad, hay quien dice en Polonia que una boda solo es auténticamente goral si hay peleas en ella y que muchos gurales se divierten de forma un tanto bruta.

Para hacerse una idea sobre cómo es una boda gural mire el vídeo de la representación teatral de una boda tradicional gural en Bukowina Tatrzańska, Podhale, al pie de los Montes Tatras

Gurales polacos en la región checa limítrofe de Zaolzie (parte checa de la Silesia de Cieszyn)

Los gurales de la República Checa se identifican en cuanto a nacionalidad como polacos y forman parte de la minoría polaca en Zaolzie (una región históricamente polaca que los chechos se apropiaron tras la Primera Guerra Mundial y que Polonia invadió aprovechándose de los Acuerdos de Munich en 1938) como queda demuestrado con su participación en los eventos de la comunidad. El festival anual Gorolski Święto (Fiesta de los Gurales) celebrada en Jablunkov (Jabłonków ) es un escaparate de las tradiciones locales gurales polacas, y está organizado por la PZKO (Unión Polaca Cultural y Educativa en la República Checa). Este festival gural conserva las tradiciones del grupo de nacionalidad polaca en Zaolzie. Es el festival cultural y folclórico más destacado en la zona de Zaolzie  y reúne a miles de espectadores cada día durante el evento.

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Gurales polacos en Jablunkow durante el festival Foto: wikimedia

Sin embargo, en ninguna de las ciudades y pueblos de la zona de Zaolzie de los polacos forman una mayoría demográfica y algunos gurales locales se sienten checos. En este sentido se puede mencionar el pueblo de Hrčava (el segundo pueblo más oriental de la República Checa), con gran mayoría de los ciudadanos que se declaran de nacionalidad checa. En este pueblo los polacos forman sólo una minoría del 2%.

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Museo de los tatras en Zakopane. Foto:Ángel López Peiró

No hay Polonia sin gurales, no hay gurales sin Polonia

Con el tiempo con los cambios en la sociedad y el modelo productivo, muchos hombres gurales han tenido, en contra de sus preferencias,  dejar las montañas para buscar trabajo  y normalmente mandan dinero a sus familias una vez se han establecido en otras partes de Polonia o en el extranjero. Muchos no han vuelto nunca a las montañas polacas de su juventud y sueñan con volver algún día a los preciosos parajes que les vieron crecer.

Los gurales polacos son hoy una atracción turística por sí mismos, un producto de marketing y un mito, pero también–y en parte gracias a eso–los guardianes de un estilo de vida y unas tradiciones únicos con un valor etnográfico incalculable; en definitiva, una parte esencial de la cultura y del alma de Polonia.

Fuentes:

The Essential Guide to Being Polish. 50 facts & facets of nationhood, de Anna Spysz y Marta Turek. New Europe Books 2013

Museo de los Tatras en Zakopane

Wikipedia

Investigaciones y experiencias propias

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Jaime Llinares: Kapuściński, o la ventana polaca al mundo

Jaime Llinares: Kapuściński, o la ventana polaca al mundo

Jaime Llinares Taboada (Silleda, Galicia, España, 1994) es graduado en periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Tras pasar el último año de la carrera estudiando en Cracovia, actualmente está en la redacción del diario El Economista. Ha decidido aportar su grano de arena al proyecto “La Polonia de los polacos” con un reportaje en que aborda su gran pasión, el periodismo, junto con uno de sus nuevos intereses recientes: Polonia. Lo hace a través del análisis del periodista polaco más renombrado de todos los tiempos:

Jaime Llinares

Jaime Llinares Taboada

Kapuscinski, o la ventana polaca al mundo

Hubo una época en la que existió un periodista que conseguía hacer llegar las voces del tercer mundo a nuestras orejas. Entre 1932 y 2007, para ser exactos. Su nombre: Ryszard Kapuscinski. Decía el polaco que para ejercer esta profesión un requisito es el de no ser cínicos. Sin duda, él no lo era.

Si hay una característica común a toda la obra del considerado mejor reportero del Siglo XX–que incluye despachos de agencia, reportajes, ensayos, poesía y fotografía–, es, en una palabra, el humanismo. La capacidad de ponerse en el lugar de los demás, de transmitirnos no solo sus vivencias y experiencias, sino sus historias, sus aspiraciones, sus miedos, sus realidades. Todo lo que permite entender a las otras personas, independientemente de países, sociedades y creencias. Escribió Andrés Barba, a propósito de su primer libro, “La Jungla Polaca”: Quienes conozcan otros trabajos de Kapuscinski verán que aquí están ya las claves de sus grandes textos, su medida humanidad, su sensibilidad para el dolor ajeno, su absoluta falta de cinismo, el dinamismo y la inteligencia narrativa de quien sabe que la mejor manera de describir un paisaje es describir el corazón de quien habita ese paisaje. Kapuscinski no ama lo que narra, desearía que su país fuese otro, más sabio, más competente, menos sumiso, y sin embargo transmite la conmoción de quien no puede situarse sino del lado de los parias.

Los libros de Kapuscinski son un conglomerado de conversaciones y descripciones que le permiten ir haciendo un esbozo general del contexto en el que se engloba el reportaje, que podía ser desde la Unión Soviética (no dejéis de leer “El Imperio”) hasta las revoluciones africanas (Imprescindibles “Ébano” y “El Emperador”). Es el método de, mediante lo concreto, construir lo abstracto. De construir historias que nos permitiesen conocer y entender lo que pasa en esos países que, muchas veces, ni tan siquiera sabemos colocar en un mapa. A ello lo acompaña una manera de escribir atractiva, insultantemente directa y cercana a los sentimientos más elementales. Un estilo, perfectamente transmitido por la traductora Agata Orzeszek, que enamora por su cercanía.

Pero todo empezó mucho antes de los libros. La carrera de Kapuscinski empieza en la República Popular de Polonia, en la Universidad de Varsovia. Allí el joven Ryszard estudió Historia, aunque finalmente lo que le acabó tirando fue el periodismo. Fue el periódico de las juventudes comunistas en el que trabajaba el primero que le ofreció la oportunidad de mostrar sus dotes para el reporterismo. Sus excepcionales trabajos en el ámbito doméstico le dieron la oportunidad de empezar a cruzar fronteras. Pakistán, India y Afganistán fueron sus primeros destinos exóticos.

Más tarde entró en las filas de la Agencia de Prensa Polaca, quien le permitió cumplir sus sueños de ser corresponsal en el exterior. África, especialmente, y América Latina fueron sus dos grandes plazas. En el continente negro, Kapuscinski vivió al calor del fuego de las revoluciones que pusieron fin a las colonias. En esas guerras por la independencia no tomó posiciones equidistantes. Su corazón estaba con los rebeldes que intentaban, por la fuerza, liberarse del yugo imperialista de occidente. Pero después de la ilusión llega la decepción. El periodista polaco también daba cuentas de los desastres creados por los nuevos gobiernos, algo que le supuso varias reprobaciones por parte de las autoridades comunistas.

Como demuestra Artur Domoslawski en su polémica biografía “Kapuscinski non-fiction”, la vida del brillante reportero tiene alguna sombra entre tanta luz. Su relación con el régimen comunista fue un aspecto siempre obviado en sus propias memorias, aunque debe ser contextualizado. La ideología de Kapuscinski siempre fue de izquierdas, desde que en su infancia entró en las juventudes comunistas, pasando por su afiliación al POUP (Partido Obrero Unificado Polaco), y su posterior escepticismo hacia el sistema socialista. El periodista, consciente de los errores del régimen, era partidario de reformas que democratizaran Polonia y la hicieran más independiente de Moscú. Sin embargo, pese a sus diferencias con los gobernantes, Kapuscinski tuvo la habilidad de mantener las buenas amistades y los contactos que le permitieron lo que a casi ningún reportero proveniente de alguna de las repúblicas soviéticas: tener el apoyo suficiente para trabajar en el extranjero con una cierta independencia.

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Fuente: The Guardian

Como ya está reseñado con anterioridad, “El Imperio” es el libro de Kapuscinski que mejor recoge las realidades que se construyeron alrededor de la Unión Soviética. Sin embargo, entre todas las críticas allí recogidas, no se advierte ni una línea en la que el autor admita su creencia en y su afiliación al partido comunista. No está, se omite. Un hombre con su capacidad para entender y para hacer entender, prefirió ocultar su propio “yo” y no explicarlo. La construcción de su propia imagen, de una figura de reportero heroico, sin tachas, comprometido ante los males de la tierra, es otra de las faltas que le achaca Domoslawski en su biografía. Allí se le define como excesivamente sensible a las críticas, muy celoso acerca de lo concerniente a sí mismo, torpe para la discusión. Lo anterior no es un intento de desprestigiar a Kapuscinski, sino de describir las esquinas que también son parte de este genio. En su propia obra, escrita en primera persona, él es el narrador y el personaje más importante. Son libros escritos a través de él mismo, por lo que conocer al autor ayuda a entender mejor su producción.

Lectores empedernidos, amantes de la historia, periodistas en ciernes, incluso viajeros en busca de nuevos destinos, tengo una buena noticia para ustedes. Polonia nos dio una grandísima razón por la que tener un libro en la mano. Aprovéchenla. Lean a Kapuscinski.

Noticia falsa con motivo del Día de los Inocentes 2015: Polonia pagará 500 zl (120 €) mensuales a cada polaco que regrese al país

Noticia falsa con motivo del Día de los Inocentes 2015: Polonia pagará 500 zl (120 €) mensuales a cada polaco que regrese al país

*Uno de los pilares de la política exterior del nuevo gobierno polaco de Ley y Justicia (PIS) es convencer a los polacos en el extranjero para que regresen al país. En los últimos 11 años centenares de miles de polacos emigraron tras la apertura de las fronteras europeas al ingresar Polonia en la UE, mientras que la tasa de natalidad es cada vez más baja, causando una rápida disminución de la población, y lo que es más preocupante, de la población activa.

El ejecutivo de Beata Szydlo quiere invertir esa tendencia. Para llevar a cabo esta estrategia la nueva administración en Varsovia está dispuesta a poner todos los recursos que están a su disposición.

Después de la gran respuesta social que ha tenido la medida de ofrecer 500 zl mensuales para cada segundo niño nacido en el seno de las familias polacas, el gobierno quiere pagar una mensualidad de 500 zl durante 2 años a cada persona de nacionalidad polaca residente en el extranjero que decida regresar a Polonia y empiece a trabajar en el país centroeuropeo. PIS quiere hacerlo realidad a través de una ley de repatriación que esperan aprobar en los próximos meses, según anunciaron este fin de semana miembros del ejecutivo.

Una medida que contará con el apoyo de todos los partidos del parlamento polaco (Sejm), según las declaraciones realizadas hoy por los portavoces de todos los partidos en la cámara. Ryszard Petru, del partido Nowoczesna, incluso ha definido esta medida como la política más liberal nunca llevada a cabo por un gobierno polaco. Nunca una propuesta de ley había generado tanto consenso en la restaurada democracia polaca.

El periódico polaco de referencia (el único que consultan muchos corresponsales extranjeros en el país), Gazeta Wyborcza, ha alabado esta medida como la mejor solución al principal problema que afecta al país en estos momentos. Los únicos medios de comunicación polacos que se han mostrado críticos con esta propuesta hna sido TV Trwam y Radio Maryja. El padre Tadeusz Rydzyk, director de este grupo de comunicación, considera la medida insuficiente y cree que se debería dar como mínimo 1000 zl mensuales durante 5 años a cada polaco expatriado que regrese al país.

Medios de comunicación internacionales que siempre informan sobre Polonia de forma totalmenta objetiva  e intentan investigar y entender todas las visiones de la realidad polaca, como New York Times, The Guardian, The Economist, CNN, la Vanguardia o El País, no han tardado en reaccionar ante esta medida. Algunos de sus columnistas se han referido a Beata Szydlo como una brillante estadista y han comparado a Jarosław Kaczyński, el verdadero ideario de esta ley, con Ronald Reagan, Konrad Adenauer e incluso Barack Obama (han comparado esta iniciativa al Obamacare).

En las últimas horas miles de polacos residentes en el extranjero han contactado con las oficinas consulares de Polonia en sus países, y con las oficinas del Ministerio de Exteriores en Varsovia, para preguntar cómo se podrán beneficiar de la nueva ley.

El ejecutivo polaco espera que hasta 500.000 polacos regresen a Polonia en los próximos dos años gracias a esta ayuda. Los políticos de PIS esperan que esta llegada de profesionales impuse la economía de Polonia, un país en ruinas y casi en bancarrota después de la pésima gestión económica del gobierno de PO (Plataforma Cívica) los últimos 8 años. Una medida que “será más beneficiosa para Polonia que los fondos de la malvada UE, que no sirven para nada”, en palabras de Jarosław Kaczyński.

 

 

*El 28 de diciembre se celebra en España el Día de los Santos Inocentes, en que es habitual que los medios de comunicación difundan noticias falsas. En Polonia, la tradición equivalente se celebra cada 1 de abril en la llamada Prima Aprilis. Puede leer sobre la versión polaca del Día de los Inocentes aquí. 

El Festival de la Cultura Judía de Cracovia: 25 años resucitando el pasado judío de Polonia

El Festival de la Cultura Judía de Cracovia: 25 años resucitando el pasado judío de Polonia

Un concierto de cantores en la Sinagoga Progresista de Cracovia (Tempel) durante el Festival de la Cultura Judía de Cracovia Foto: jewishfestival.pl

[actualización junio 2017: Puede descargar aquí el programa del Festival de la Cultura Judía de Cracovia 2017 (en inglés)]

En 1939 vivían en Cracovia unos 70.000 judíos–incluyendo miles de judíos asimilados–más de una cuarta parte de los habitantes de la ciudad. En 2015 apenas llegan a los 1.000–incluyendo a los que se consideran polacos de origen judío y los polacos llamados filojudíos– y poco más de 100 cracovianos asisten a las sinagogas regularmente.

Aún con todo, la comunidad judía de Cracovia vive su mejor momento desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Consecuencia y a la vez causa de ello es el hecho que la ciudad organice anualmente la mayor “fiesta judía” del mundo, que hoy pone en marcha su vigésimo quinta edición (la quinta seguida a la que asiste el que les escribe), del 25 de junio al 5 de julio. Un festival fundado por polacos gentiles (no judíos) en 1988 pero apoyado y coorganizado desde entonces por la comunidad judía local. En realidad el festival empezó a funcionar con el formato actual ya en 1991, en una Polonia libre y democrática, con mejor ánimo para este tipo de celebraciones que durante el régimen pro-soviético.

El lema elegido para celebrar el cuarto de siglo del festival es kwartał (cuarto y barrio en polaco), que hace referencia al aniversario, pero sobre todo al espacio donde tiene lugar el evento: el antiguo barrio judío de Cracovia, Kazimierz. Para tal fin se ha creado un nuevo espacio como nuevo centro neurálgico del festival en la calle Dajwór, detrás de la Sinagoga Antigua y las murallas medievales de la ciudad judía.

Cartel de la 25 edición del  Festival de la Cultura Judía de Cracovia
Cartel de la 25 edición del Festival de la Cultura Judía de Cracovia Fuente: jewishfestival.pl

Un evento que cada año transforma y revoluciona la ciudad de Cracovia durante 10 días para conmemorar y, en cierto modo, devolver a la vida un mundo que dejó de existir hace 75 años. El festival es mucho más que una fiesta. Gracias a las conferencias, debates, lecturas del Torán, ceremonias religiosas judías abiertas a todo el público como el Kabbalat Shabbat (habitual en el primer viernes del festival), visitas guiadas, talleres culinarios permite descubrir cómo era la vida judía en Cracovia, la cultura de los judíos polacos, la cultura judía actual en Israel y aspectos de las poblaciones judías de la diáspora en todo el mundo.

El festival es una forma de homenajear a los judíos que vivieron aquí, y que tanto contribuyeron a la cultura polaca

Cracovia ha sido históricamente una de las ciudades más importantes y simbólicas para el judaísmo ashkenazí en Europa; hoy  lo sigue siendo a pesar de encontrarse a un paso de Auschwitz, el mayor cementerio judío en el mundo y símbolo de la aniquilación de esta civilización europea.

El eminente talmudista Moses Isserles (Rema) y el cabalista Natan Szpiro nacieron y realizaron sus trabajos en Cracovia. La magnate de los cosméticos Helena Rubinstein también era oriunda de una familia del barrio de Kazimierz.  Yoram Gross conquistó Australia y el mundo con sus dibujos animados, marcados por sus experiencias durante la guerra en Polonia. Su hermano Natan fue un destacado director de cine en yiddish en Polonia e Israel. Józef Bau fue uno de los artistas más destacados en los inicios del nuevo estado de Israel.

Para entender la importancia de esta ciudad para el mundo judío puede ser muy útil ver este documental de 1939 sobre la Cracovia judía en esa época, pocos meses antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial (en inglés)

Por desgracia Polonia, que albergó la mayor población judía en Europa durante siglos, sigue siendo para muchos judíos sinónimo de muerte y Holocausto. Muchos israelís e norteamericanos siguen viajando a Polonia principalmente para visitar los campos de concentración y tienen poco interés en explorar el legado que mil años de vida judía han dejado en el país centroeuropeo.

Sin embargo, desde el fin del comunismo y la entrada del país en la UE, la recuperación de la cultura, el patrimonio y las comunidades judías en Polonia–gracias al esfuerzo de muchos polacos, tanto católicos como judíos y a las instituciones del país–están cambiando la actitud de muchos judíos extranjeros hacia Polonia. Asimismo, están rebajando considerablemente el ya minoritario antisemitismo en Polonia, que tiene tintes religiosos, económicos y asocia a los judíos con el régimen comunista.

En 1993 Steven Spielberg llevó a la gran pantalla la historia de los judíos de Cracovia y un empresario alemán que salvó la vida de un millar de ellos, gracias a la archiconocida Lista de Schindler. Desde entonces miles de personas han visitado la ciudad para conocer de primera mano, además de las siete sinagogas y los dos cementerios judíos, los lugares retratados en el film que marcaron la trágica historia de la ciudad bajo la ocupación alemana: la susodicha fábrica de esmaltes y chatarra de Oscar Schindler, el campo de concentración de Plaszów donde Amon Goeth aterrorizaba y asesinaba a los prisioneros como diversión, la farmacia que quedó encajonada dentro del gueto judío, en la que el farmacéutico Tadeusz Pankiewicz escondió y ayudó a decenas de personas (ahora un museo de visita obligada), la misma Plaza de los Héroes del Gueto con sus peculiares sillas, no mancas de un fuerte simbolismo, y los pintorescos rincones de Kazimierz que Spielberg eligió para rodar el film.

Es más fácil y más seguro ser judío hoy en día en Polonia que en ningún otro lugar de Europa

25 años de festival y de florecimiento de la Polonia judía: misión cumplida

Un concierto en la calle Szeroka de Cracovia es el acto culminante del Festival de Cultura Judía de Cracovia que celebra cada año el gran legado judío del país Foto: mjs-creative.com
Un concierto en la calle Szeroka de Cracovia es el acto culminante del Festival de Cultura Judía de Cracovia que celebra cada año el gran legado judío del país
Foto: mjs-creative.com

Que Cracovia albergue hoy el mayor festival de cultura judía en Europa es un milagro. La poca vida judía que quedó en Polonia después la guerra, y las emigraciones a Israel, pasó a la clandestinidad durante la época comunista. Muchos judíos que sobrevivieron al Holocausto y decidieron permanecer en Polonia pasaron a ser judíos clandestinos: escondieron su verdadera identidad a sus hijos, y empezaron una vida no judía. Muchos de ellos en la Polonia ya democrática, en el lecho de muerte, confesaron la verdad a hijos y nietos, que ahora intentan adentrarse en su  mundo, cultura y fe propias, pero hasta hace poco desconocidas.

En la década de 1970, con la primera generación nacida bajo el comunismo, mucha gente joven comenzó a mirar hacia atrás con nostalgia a los días en que Polonia era menos gris y más multicultural. Estos jóvenes encontraron la inspiración para la Polonia que querían en el período de entreguerras, que fue también la época dorada de la Polonia de los Judios (hasta la muerte del mariscal Pilsudski en 1935, momento en que el antisemitismo se disparó en Polonia).

Este fue el caso del director del festival. Un joven polaco de familia católica tradicional, Janusz Makuch en 1988 fundó el festival junto al productor de cine y activista cultural Krzysztof Gierat. Se trataba de un evento muy humilde y de frecuencia bianual en sus inicios.

Janusz Makuch, Director del Festival de la Cultura Judía de Cracovia
Janusz Makuch, Director del Festival de la Cultura Judía de Cracovia Foto: 24godziny.info

Cuando Makuch tenía 14 años en su ciudad natal, Puławy, un hombre mayor le contó que allí antes de la guerra más de la mitad de los habitantes eran judíos. Fue la primera vez que él escuchó la palabra judío.

Desde ese momento Makuch se convirtió en un meshugeneh (loco en yiddish). Quedó fascinado con todo lo judío. Cuando se mudó a Cracovia para estudiar filología polaca, empezó a pasar tiempo con la entonces diminuta comunidad judía de Cracovia, unas 300 personas.

“El festival es una forma de homenajear a los judíos que vivieron aquí, y que tanto contribuyeron a la cultura polaca” , “estamos intentando trabajar para nuestro derecho moral de juzgar la historia“, aseguró en 2007 en declaraciones recogidas por un artículo sobre el festival en el New York Times.

La resurrección de Kazimierz

Kazimierz, el barrio judío de Cracovia, sobrevivió la Segunda Guerra Mundial sin destrucción alguna a nivel arquitectónico.  Los ocupantes alemanes nazis de la ciudad dejaron el barrio de Kazimierz intacto–aunque sí sabotearon las sinagogas–para atestiguar la vida judía en la ciudad durante más de 800 años y como prueba de la aniquilación de lo que ellos consideraban una raza subhumana. El aspecto arquitectónico de este barrio en los años 1930 difiere sorprendentemente muy poco del actual. Tras la guerra, la mayoría de habitantes del barrio habían muerto, y muchos de sus inmuebles fueron ocupados por polacos gentiles. Tras la caída del Telón de Acero algunos descendientes de los propietarios de estos inmuebles empezaron a intentar recuperar estas propiedades, con lo que se crearon centenares de litigios, en muchos casos todavía por resolver, pese a que el estado polaco ofrece un programa de compensaciones para todos aquellas familias que perdieron propiedades durante la guerra y el comunismo.

El barrio entró en claro declive y abandono durante la posguerra y no se empezó a recuperar hasta los años 1990; Kazimierz dejó de ser una zona activa a nivel comercial, cultural y de ocio.

La sinagoga más antigua de Polonia en pie, que data del 1504, en la calle Szeroka en el barrio de Kazimierz de Cracovia
La sinagoga más antigua de Polonia en pie, que data del 1504, en la calle Szeroka en el barrio de Kazimierz de Cracovia Foto: Ángel López Peiró

El barrio de Kazimierz durante la Polonia comunista era conocido como una zona con muy mala fama, frecuentado por drogadictos y prostitutas. La situación de este distrito cambió gracias al festival, pero sobre todo a Steven Spielberg y el estreno de la Lista de Schindler en 1993. Ese mismo año empezó a operar en Cracovia la Fundación Judaica, que en el Centro de Cultura Judía oferta conferencias, debates,  proyecciones y eventos musicales judíos. Una institución dirigida por el abogado polaco no judío Joachim Russek.

El pub Alchemia fue el primer local de ocio nocturno que abrió en el barrio, en 1999. Luego, Singer y otros le siguieron. El barrio experimentó desde entonces una acelerada gentrificación que no ha terminado todavía. Bares, restaurantes, discotecas, establecimientos de comida rápida de ambiente hipster y tiendas de artesanía florecen como setas en Kazimierz, que se ha convertido en una interesante mezcla de barrio judío, zona hipster y zona de moda para salir de marcha en la ciudad.

El Centro de la Comunidad Judía de Cracovia abrió sus puertas en 2008 como iniciativa impulsada y financiada por el Príncipe Carlos de Inglaterra, después de que en durante una  visita a Kazimierz en junio de 2002, este constara que la comunidad judía necesitaba un edificio en el que poderse reunir y estar representados ante toda la ciudad.

El JCC Kraków (Jewish Community Centre, nombre oficial de la institución) tiene como objetivo construir de nuevo una la comunidad judía en Cracovia, donde está floreció antes de la guerra, y a pequeña escala lo está consiguiendo. El JCC reúne a gente de origen judío y a todos aquellos de un modo u otro interesados en la cultura, religión y tradición judía. En el JCC se realizan con elevada frecuencia conferencias, cursos, talleres y clases de hebreo y yiddish. A menudo también organizan exposiciones, encuentros, proyecciones de películas y presentaciones de libros. Cada viernes tiene lugar una cena del shabbat con comida kosher. Para celebrar las fiestas judías a lo largo del año el centro organiza reuniones y celebraciones. Esta institución también alberga un club de gente mayor (que incluye algunos supervivientes del Holocausto), el club de los estudiantes y una guardería.

“Un milagro está teniendo lugar en Polonia,  la vida judía está prosperando aquí. Es más fácil y más seguro ser judío hoy en día en Polonia que en ningún otro lugar de Europa”, ha asegurado Jonathan Ornstein, director del centro de la Comunidad Judía de Cracovia, en varias ocasiones.

El Centro de la Comunidad Judía de Cracovia
El Centro de la Comunidad Judía de Cracovia está ubicado en la calle Miodowa, junto a la Sinagoga Progresista Foto: jcckrakow.org
Mural pintado durante la edición 2013 del festival
Mural pintado durante la edición 2013 del festival  Foto:jewishfestival.pl
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Mural pintado durante la edición de 2014 del festival Foto: jewishfestival.pl

Una cita esperada todo el año y una ciudad entregada

10 días de cultura, experiencias, diversión y frenesí con un gran atractivo en Polonia y a nivel internacional. Más de 10.000 asistentes al festival se acercan al Centro de la Comunidad Judía para orientarse y obtener información sobre los centenares de eventos del mismo. Además de algunas decenas de israelíes, unos pocos miles de norteamericanos judíos, muchos de ellos descendientes de polacos judíos, viajan cada año a Cracovia a propósito para asistir al festival. No debe sorprender entonces la anécdota un par de judíos norteamericanos de diferentes ciudades que asistían asiduamente al festival y se conocieron en él año tras año, terminaron casándose.

Shalom en la calle Szeroka
Shalom en la calle Szeroka de Kazimierz, el momento álgido del festival Foto: jewishfestival.pl

Más allá del klezmer: la música, la gran protagonista

En Cracovia se pueden escuchar conciertos de música klezmer cada día en las sinagogas, restaurantes y cafeterías de Kazimierz. El grupo cracoviano de klezmer y músicas étnicas Kroke ha conquistado todo el mundo con su música y sus memorables directos; Krakow Klezmer band (Bester Quarter) también se ha ganado una buena fama fuera de las fronteras polacas.

El Festival de Cultura Judía de Cracovia, sin embargo, presenta una oferta musical menos habitual y más ambiciosa, de la que no se puede disfrutar en tal cantidad durante el resto del año en ningún lugar del planeta. Aparte de las habituales interpretaciones de cantores hazzan en las sinagogas,  los artistas invitados al festival deleitan a un público entregado con músicas modernas de diferentes estilos que recogen al mismo tiempo la esencia del folclore musical de los judíos en todo el mundo.

Épicas son las habituales mezclas de música étnica y electrónica en el pub Alchemia en Plac Nowy (el centro neurálgico del ocio nocturno y la vida en el barrio) casi todos los días del festival a media noche. Los conciertos del inigualable trompetista neoyorquino Frank London, siempre muy bien acompañado. Los conciertos en la Sinagoga Progresista. Muy recomendables son también las visitas guiadas, conferencias y talleres culinarios. También la cena del shabbat y las ceremonias religiosas abiertas a todo el público.

Pero si por algo es famoso este festival en Cracovia es por el gran concierto al aire libre del último sábado en la calle Szeroka (donde se encuentran tres sinagogas y una docena de restaurantes judíos), el llamado Shalom. Un concierto de 7 horas que termina siempre con una reunión de todos los músicos que han participado en el festival sobre el escenario actuando juntos. Un evento del que toda Polonia puede disfrutar en directo gracias a la retransmisión realizada por el canal TVP 2 de la Televisión pública de Polonia.

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Frank London, una de las principales estrellas del festival Foto: jewishfestival.pl

David Krakauer, Paul Saphiro, Shai Tsabari y The Klezmatics son otras de las estrellas destacadas en el cartel de Kazimierz.

El artista, músico y productor israelí Kutiman (Ophir Kutiel) es otra de las estrellas que se ha ganado una gran fama gracias a sus actuaciones en las últimas ediciones.

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Kutiman durante una de sus actuaciones en el Festival de Cultura Judía de Cracovia Foto: jewishfestival.pl

Kutiman capturó el ambiente que se vive en Cracovia durante el festival y la esencia en su trabajo músico-visual Through Kraków, basado en momentos de la edición 2012.

El festival ganó una importante novedad musical en la edición 2014, que llegó para quedarse: la emisora israelí Teder organiza Kraków meets Tel Aviv: varios conciertos durante el festival, que son retransmitidos en directo por radio en Tel Aviv y conectan las dos ciudades, también con otros eventos durante todo el año.

Por si fuera poco, el festival cuenta incluso con un espacio que permanece abierto durante el resto el año, la cafetería Chedder en la calle Józefa, que organiza talleres, conferencias y conciertos de temática judía durante todo el año.

Los voluntarios no judíos, una pieza clave del festival

Voluntarios del Centro de la Comunidad Judía de Cracovia
Algunos de los miembros del equipo de voluntarios del Centro de la Comunidad Judía de Cracovia Foto: jcckrakow.org

Una persona que conoce bien el festival desde dentro es Magdalena Arabas, exvoluntaria y ahora cordinadora del equipo de voluntarios del Centro de la Comunidad Judía, conocidos como meshugoyim, que trabajan durante el festival junto a los machers, otros voluntarios de la organización de este. Magdalena no es judía y una de sus motivaciones  para trabajar en la recuperación de la vida judía en Cracovia es que su abuelo fue un prisionero político en Auschwitz.

Su equipo de voluntarios está formado por unas 35 personas. Gente joven, y principalmente mujeres. Tuve la oportunidad de mantener una conversacion con ella sobre los voluntarios y acerca del festival:

Magdalena Arabas, coodinadora del equipo de voluntarios en el Centro de la Comunidad Judía de Cracovia
Magdalena Arabas, coordinadora del equipo de voluntarios en el Centro de la Comunidad Judía de Cracovia

¿Qué mueve a estos jóvenes no judíos a dar su tiempo para la organización de un festival judío?

Años atrás la gente que se ofrecían como voluntarios para el festival, y también durante todo el año en el centro, solían ser estudiantes del programa de estudios judíos de la Universidad Jaguelónica. Esto cambió de un tiempo para aquí, y ahora los voluntarios tienen motivaciones muy diferentes. Muchos quieren contribuir a la recuperación de la cultura judía en Polonia, una parte esencial del país que se perdió con el Holocausto y quieren arreglar. Otros quieren disfrutar de la experiencia. Entre los voluntarios también hay quien tiene orígenes judíos, pero no son mayoría.

¿Por qué su equipo está formado principalmente por mujeres?

Creo que en general en la sociedad polaca las mujeres se implican mucho más que los hombres en todo. No es algo específico del festival o de los afines al mundo judío.

Hay quien asegura que está de moda ser judío entre los jóvenes hoy en día en Polonia, sobre todo entre los hipsters y la gente de izquierdas. ¿Está de acuerdo con esta observación? ¿Ha identificado esa tendencia entre sus voluntarios?

Tener afinidad por lo judío no es una moda en Polonia. No es nada pasajero. Hace muchos años ya que se percibe un gran interés por la cultura judía en el país. El país se está abriendo a otras culturas y otros mundos. Entre mi equipo de voluntarios hay gente de diferentes perfiles. También gente muy católica y tradicional que va a la iglesia cada domingo.

Algunos polacos y extranjeros residentes en Polonia acusan a este festival de ser una herramienta de propaganda sionista o pro-israelí. Por otra parte,  algunos sectores del judaísmo internacional tienen una posición escéptica  o crítica con el festival, ya que lo ven como un festival judío pensado para el público polaco y con pocos judíos entre los implicados y asistentes. Al paso de estas críticas sale Magdalena Arabas, que afirma: “no obligamos a nadie a participar en el festival, que es una celebración de la cultura judía. El festival bajo ningún concepto tiene intención de adoctrinar”. “Miles de judíos asisten al festival cada año. Es un festival judío, aunque esté organizado por muchos gentiles y gran parte del público sean gentiles”.

Un logro polaco

El Festival Judío de Cracovia es uno de los siete festivales de cultura judía que se celebran en Polonia a lo largo del año. Cuentan con una gran fama también el Festival Singer de Varsovia y el Festival de Música y Tradición Klezmer de Kazimierz Dolny–población donde más de la mitad de los habitantes eran judíos antes de la guerra. La de Cracovia es una cita que ante todo nos recuerda cada año que el Holocausto no pudo borrar los 1.000 años de presencia judía en Polonia, y la Polonia, esencialmente católica, pero históricamente tolerante con otras confesiones. Ambas Polonias cobran vida de nuevo con más fuerza que nunca.

 

Prima aprilis–la versión polaca del Día de los Inocentes

Prima aprilis–la versión polaca del Día de los Inocentes

En 2012 un grupo de artistas locales reemplazaron los carteles en los accesos a Gorzów Wielkopolski por otros con el nombre de la otra cocapital del voivodato de Lubusz, Zielona Góra, para bromear sobre la gran rivalidad entre ambas ciudades.  Foto: money.pl

Prima aprilis es el nombre latín que se usa en Polonia para referirse a la celebración cada 1 de abril del “Día de las bromas”. El equivalente polaco al Día de los Inocentes celebrado en el mundo hispano cada 28 de diciembre. Una tradición muy extendida hoy en Europa, cuyos orígenes se remontan a prácticas en el Imperio Romano que en la baja Edad Media adquirieron gran popularidad en varios reinos de Europa.

En Polonia esta costumbre llegó procedente de Europa occidental a través de Alemania en el siglo XVI. Se popularizó a orillas del Vístula en el siglo XVII, como una tradición de origen ancestral, y se celebraba de forma parecida a la actual:

Un día para la frivolidad y la falta de seriedad en que abundan las bromas–que siempre suelen sufrir los más ingenuos o descuidados–chistes, mentiras e historias inventadas. En los medios polacos como en muchos otros países, no pueden faltar las ingeniosas noticias inventadas.

Encontramos una muestra del humor de los medios polacos en algunos de los titulares falsos que aparecieron el 1 de abril de 2014:  El barrio de Praga se independiza de Varsovia; la policía local de Breslavia instala radares de velocidad en los carriles bici y empieza a multar a los ciclistas que exceden la velocidad permitida; el compositor polaco Krzysztof Pendereck formará dueto con el DJ norteamericano Skrillex; el presidente de PIS Jarosław Kaczyński se estrena como blogger en natemat.pl (publicaron un post supuestamente escrito por él); Wojciech Smarzowski empieza a rodar la versión polaca de Breaking Bad; Se suspende la Juwenalia (fiesta universitaria anual de una semana de duración en todas las universidades antes de los exámenes) de la Universidad de Varsovia, etc. La reconocida periodista polaca Monika Olejnik se atrevió incluso a asegurar en antena el 1 de abril de 2012 que Polonia finalmente no organizaría la EURO 2012 de fútbol.

Como curiosidad histórica vinculada con esta fecha hay que mencionar  la alianza de la Mancomunidad de Polonia y Lituania con Leopoldo I Habsburgo para hacer frente a la amenaza de la expansión turca por Europa central con se firmó el 1 de abril de 1683 pero se fechó el acuerdo como si hubiera sido firmado el día anterior, para que nadie pudiera dudar de su validez.

Dzień Kobiet–el Día de la Mujer en Polonia

Dzień Kobiet–el Día de la Mujer en Polonia

En todo el mundo se celebra el 8 de marzo El Día de la Mujer en memoria de aquellas personas que lucharon por la igualdad de género. La conmemoración recae en este día porque el 8 de marzo de 1914 una significativa manifestación a favor del sufragio femenino tuvo lugar en Londres. Sin embargo, la celebración tiene su origen en el apogeo del comunismo, y anteriormente ya se celebraba desde 1909, cuando la Segunda Internacional la adoptó en Copenhagen.

En Polonia esta celebración nació y fue muy popular durante la época comunista. Hoy en día se sigue asociando a la propaganda del régimen de PRL, aunque esté ya plenamente integrada en la cultura polaca y haya adquirido un carácter social y menos político. La primera vez que se celebró fue en 1948, en pleno apogeo del estalinismo. Celebración no sería la palabra adecuada para referirse al Día de la Mujer en esa época. Se obligaba a las mujeres a exceder las normas de producción en ese día. Los periódicos de la época deseaban a las mujeres polacas  un mayor rendimiento en el trabajo. En los talleres y fábricas polacas colgaban carteles de mujeres stakovitas (o estajanovistas, trabajadores extremadamente productivos) como modelo a seguir por todas las mujeres.

Posteres referentes al Día de la Mujer durante PRL Fuente: ciacho.pl
Posteres referentes al Día de la Mujer durante PRL Fuente: ciacho.pl

Cuando el estalinismo llegó a su fin, las autoridades comunistas empezaron a entender que las mujeres polacas también eran madres y esposas. Aunque los medios de comunicación–controlados por el aparato del estado–continuaban animando a las mujeres a construir un futuro socialista en Polonia, también a partir de ese momento deseaban a las mujeres su felicidad y bienestar personal.

Con motivo de este día, se publicaban retratos de mujeres de diferentes sectores de la economía, ya que como aseguraba el líder comunista Wladyslaw Gomulka, “no hay ningún sector en Polonia en la que las mujeres no jueguen un papel importante.” En los lugares de trabajo o escuelas se celebró de forma obligatoria. Fue una buena ocasión para lidiar con la escasez de productos accesibles a la población, por lo que a  las damas se le entregó bienes materiales, tales como medias, toallas, ropa, jabón y café.

En los años 1970 el  Miedzynarodowy Dzien Kobiet, (El Día Internacional de la Mujer), ganó popularidad y aprobación dentro de la sociedad polaca en general, tanto en privado como en la esfera pública. En esa época ‘Una flor para Ewa’ se convirtió en el eslógan del partido comunista. Este día se celebraba con discursos oficiales en el trabajo,  los hombres compraban flores a las mujeres, y los chicos también regalaban flores a las chicas en las escuelas. También en esta época se empezó a regalar medias a las empleadas de las fábricas–eso así, todas de la misma talla–siguiendo la doctrina comunista.

En los años 1980 fuera del ámbito del trabajo los hombres polacos empezaron a hacer otros regalos, además de las habituales flores hasta entonces, a sus mujeres el 8 de marzo. Sin embargo, esta celebración de la mujer, tan  estrechamente asociada con el cada vez más odiado régimen comunista, perdió terreno poco a poco ante la tradición occidental importada del Día de San Valentín.

Ya en democarcia, en 1993, el Día de la Mujer fue abolido como día festivo en Polonia. Sin embargo, en la sociedad polaca actual se hace patente un intento para revitalizar esta celebración–en que, una vez al año, las mujeres pueden sentirse especiales–pero con un carácter my diferente al que tenía en la época comunista. Se sigue celebrando con numerosas, manifestaciones o acontecimientos relacionados con la igualdad de trato entre hombres y mujeres. Además, se siguen haciendo los regalos a las mujeres, los más habitualmente son generalmente flores–principalmente tulipanes–o dulces, aunque muchos polacos siguen comprando medias o leotardos a sus mujeres, hermanas, amigas o compañeras del trabajo para bromear sobre el pasado comunista de esta tradición.

En relación con el carácter reivindicativo de esta fecha, no faltan las polémicas entorno a las políticas de género y las controvertidas visiones de la Iglesia católica polaca, muy contraria a la llamada ideología de género. Sin duda, Polonia cuenta con una sociedad todavía muy tradicional (con significativas variaciones regionales y ciudad-campo) pero cambiante y con un movimiento feminista significativo. Es necesario contextualizar y explicar que en este país desde finales de los años 1990 la mujer está plenamente integrada en el mercado laboral–es de hecho uno de los mejores países del mundo para ser mujer trabajadora–y dónde las mujeres cada vez ocupan más puestos de gran responsabilidad en diferentes ámbitos. La creciente igualdad de género ha llegado a Polonia con la apertura al mundo, la democracia, la libertad y el capitalismo.

Hay quienes, no sin cierto cinismo, aseguran que la situación de la mujer en la Polonia comunista era casi mejor que en la actualidad, por la menor influencia de la Iglesia en la sociedad, pero nada más lejos de la realidad. Sin ir más lejos, para describir la situación actual de la mujer en el país, Polonia actualmente cuenta con una mujer como primer ministro, Ewa Kopacz (quien tras unos meses en el cargo se ha ganado el apodo de la Margaret Tacther polaca por su posición ante las protestas de los mineros polacos) y una candidata a la presidencia del país, la mediática Magdalena Ogórek, (quien además de contar con un nivel de estudios y cultural portentoso, despierta pasiones por su belleza incluso fuera de Polonia).

Sin embargo, como en muchos otros países, en el país centroeuropeo hay mucho por hacer todavía en lo que concierne a la igualdad de género. En Polonia se puede mejorar mucho en cuanto a igualdad de salarios, algunos aspectos de conciliación laboral familiar y  a nivel privado probablemente el reparto de las tareas en el hogar.

Cualquiera que haya vivido en Polonia durante un tiempo se da cuenta que este es un país que no progresaría de la forma que lo hace si no fuera por el gran ímpetu y sentido común de sus mujeres, extremadamente trabajadoras y responsables si hacemos una generalización. Nos encontramos todo parece indicar ante una sociedad muy matriarcal, en gran parte como legado de un pasado en que a menudo las mujeres sacaban adelante sus familias ellas solas mientras los hombres estaban luchando en guerras y levantamientos. De lo que no cabe la menor duda es que las mujeres polacas se merecen la celebración del Día de la Mujer en su honor.

La Navidad en Polonia: tradición, magia y misticismo

La Navidad en Polonia: tradición, magia y misticismo

La festividad más importante en Polonia en el calendario desde un punto de vista estrictamente religioso es Semana Santa (Pascua). Para las familias polacas católicas, de hecho, esta puede ser mucho más importante que la celebración del nacimiento del hijo de Dios.

Sin embargo, la Navidad es, como en la mayoría de países cristianos, la mayor celebración cultural anual en Polonia. Estas fechas tan señaladas crean indiscutiblemente el momento más maravilloso y mágico del año en el país centroeuropeo.

El régimen comunista intentó durante años con mucho ímpetu quitar relevancia a la Navidad en Polonia por su esencia religiosa  y tradicional, pero no lo consiguió. La Navidad se celebraba en la Polonia comunista de forma tradicional tanto, o incluso más, que en la Polonia actual. Los polacos históricamente han tenido siempre mucho apego a la tradición y mucho a desapego a las imposiciones y prohibiciones.

La Lonja de los Paños en la Plaza del Mercado de Cracovia. Foto: Ángel López Peiró
La Lonja de los Paños en la Plaza del Mercado de Cracovia. Foto: Ángel López Peiró

Los belenes (szopki)

Uno de los elementos más importantes en el abanico de decoraciones navideñas polacas son los belenes, además de los árboles navideños (choinki); estos últimos cuentan con mucho apego en todo el centro, este y Norte de Europa. Casi todas las iglesias en Polonia montan un belén, una representación de la natividad de Jesucristo, en su interior. Es posible ver un belén en un hogar polaco pero no es tan habitual como el árbol de Navidad. En Polonia no se estilan los belenes vivientes aunque si los belenes con figuras del nacimiento a tamaño real con animales.

El belén en la Iglesia de San Bernardo, junto al Monasterio de los Bernardinos y frente a la colina de Wawel, es cada año uno de los que más impresionan en Cracovia Foto: Ángel López Peiró
El belén en la Iglesia de San Bernardo, junto al Monasterio de los Bernardinos y frente a la colina de Wawel, es cada año uno de los que más impresionan en Cracovia Foto: Ángel López Peiró

En Cracovia existe la tradición desde el siglo XIX de hacer coloridos belenes de madera, cartón y aluminio (szopki krakowskie) que incluyen famosos elementos arquitectónicos de la ciudad. Desde hace 72 años esta tradición tiene también la forma de un famoso concurso que reúne a miles de estos, creados por escuelas, institutos, universitarios, jubilados, trabajadores, gente de todas las edades y profesiones. Los hay casi microscópicos y algunos que alcanzan los varios metros de altura. Los creadores de szopki krakowskie deben usar solo una serie de colores establecidos por las reglas del concurso, que queda escenificado junto al monumento al poeta Adam Mickiewicz en la Plaza del Mercado de Cracovia el primer jueves de diciembre cada año.

Algunos belenes cracovianos cuentan incluso con luces y elementos mecánicos, y la mayoría incluyen figuras de personajes polacos famosos históricos y actuales. Algunos van más allá y crean metaszopkas: inculyen personajes que llevan un pequeño belén cracoviano en sus manos. En algunos se percibe una buena dosis de sátira. Los mejores belenes son expuestos hasta febrero en el Museo Histórico de Cracovia en el Palacio Krzysztofory en el Rynek.

Típico belén cracoviano. Foto: Ángel López Peiró
Típico belén cracoviano. Foto: Ángel López Peiró
El concurso de belenes cracovianos en la Plaza del Mercado Foto: Globtrotter Hostel en Cracovia
El concurso de belenes cracovianos en la Plaza del Mercado Foto: Globtrotter Hostel en Cracovia

San Nicolás

El 6 de diciembre con ocasión de la festividad de San Nicolás, se celebra la tradición de Mikołajki. La versión polaca de Santa Claus trae regalos a los niños polacos a través de las chimeneas de sus casas en esta fecha. También se sube a tranvías y autobuses de muchas localidades polacas para alegrar y sacar una sonrisa a los pasajeros.

Mikołajki es quien tiene más popularidad en Polonia en comparación con los Reyes Magos, o el pequeño ángel (aniolek) o un duende (según la región) que trae regalos durante la Nochebuena (Wigilia).

Compras navideñas

La Navidad en Polonia también tiene su vertiente comercial como en todos los países donde se celebra. A los polacos les encanta hacer regalos, por muy sencillos que sean. Los centros comerciales en Polonia no escatiman esfuerzos para impresionar a los compradores con espectaculares decoraciones navideñas. Se estima que esta Navidad 2014 cada polaco va a gastarse de media unos 115 euros, una cifra modesta en comparación con los países occidentales, pero considerable si se contextualiza en el nivel de vida del país centroeuropeo. Si bien parece que la Navidad tiene un tinte cada vez más comercial en Polonia, sí que todavía tiene un carácter más religioso, cultural, tradicional y ante todo familiar que en muchos países de Europa occidental. No en vano, para los polacos la Navidad es, sobre todo, tiempo en familia y con amigos.

Iluminación navideña exterior del centro comercial Galeria Krakowska en Cracovia Foto. Ángel López Peiró
Iluminación navideña exterior del centro comercial Galeria Krakowska en Cracovia Foto. Ángel López Peiró

Esculturas de Hielo en Poznan

Cada año alrededor de la época navideña el Rynek de esta ciudad acoge el Festival Internacional de Esculturas de Hielo que reúne a escultores en hielo de diferentes países.

Escultura de hielo realizada en la edición de 2012 del festival Foto: Ángel López Peiró
Escultura de hielo realizada en la edición de 2012 del festival Foto: Ángel López Peiró

Tradicionales mercados y adornos navideños

Visitar Polonia durante estas fechas es una oportunidad de maravillarse con la magia navideña con la que las ciudades polacas acogen a sus habitantes y a los afortunados visitantes. En este país no se escatiman recursos a la hora de decorar las calles y adornar espectaculares árboles navideños. La Navidad se respira por todas partes a orillas del Vístula. Unas tierras no aptas para los detractores de esta celebración.

Aspecto de La Plaza del Mercado de Cracovia en Navidad Foto: Ángel López Peiró
Aspecto de La Plaza del Mercado de Cracovia en Navidad Foto: Ángel López Peiró
Iluminación en la Plaza del Mercado (Rynek) de Varsovia Foto: Ángel López Peiró
Iluminación en la Plaza del Mercado (Rynek) de Varsovia Foto: Ángel López Peiró
Árbol de navidad en el barrio de Nowe Miasto de Varsovia Foto: Ángel López Peiró
Árbol de navidad en el barrio de Nowe Miasto de Varsovia Foto: Ángel López Peiró
Tranvía navideño en Cracovia
Cracovia cuenta incluso con un tranvía navideño Foto: Ángel López Peiró

Los mercados navideños, con mucho arraigo en Polonia a causa de la gran influencia germánica en el país, impregnan las ciudades polacas en el espítitu navideño desde principios de diciembre o finales de noviembre y hasta finales de enero o principios de febrero. Los más famosos son los de Breslavia y Cracovia, ubicados en las emblemáticas plazas mayores de ambas ciudades, aunque rebosan encanto en todas las ciudades polacas. En ellos se puede encontrar productos de alimentación como embutidos, quesos, pierogi y miel, artesanía, ropa de abrigo y adornos navideños. Entre estos últimos destacan las bombki, las bolas de cristal pintadas a mano que se cuelgan de los árboles navideños. Estas son exportadas a todo el mundo por fabricantes polacos, principalmente en el sur del país.

Mercado navideño en la Plaza del Mercado de Cracovia. Foto: Ángel López Peiró
Mercado navideño en la Plaza del Mercado de Cracovia. Foto: Ángel López Peiró

El siguiente vídeo muestra el ambiente que se respira en las engalanadas calles de Cracovia durante la Navidad:

En el Palacio de Wilanów a las afueras de Varsovia se puede ver un laberinto de luces con referencias no solo navideñas:

Laberinto de luces en Wilanów. Foto: Ángel López Peiró
Laberinto de luces en Wilanów. Foto: Ángel López Peiró
Laberinto de luces en Wilanów. Foto: Ángel López Peiró
Laberinto de luces en Wilanów con referencias a Alicia en el País de las Maravillas. Foto: Ángel López Peiró

La Wigilia: la nochebuena polaca

La Wigilia Bożego Narodzenia (Vigilia del Nacimiento de Dios) el 24 de diciembre es el punto álgido de la celebración navideña en Polonia. La palabra polaca Wigilia, como la española vigilia, proviene de la palabra latina vigiliare que significa observar, pasar la noche en guardia , y hace referencia a la espera de la llegada del Mesías al mundo. En Polonia se trataba de una noche espiritual de sacrificio, abstinencia en que se debería esperar el nacimiento de Cristo con un rezo silencioso y en estado vigilante. Sin embargo,  a los elementos cristianos de la Wigilia polaco se le unen muchos de origen eslavo pre-cristiano pagano.

Las tribus eslavas paganas celebraban el solsticio de invierno como festival de cosecha y como día para recordar a los que habían perecido. La noche del 24 de diciembre coincidía en medio del solsticio de invierno, la noche más larga del año y el inicio del año solar  y el ciclo anual de las plantas en la agricultura. Día de adoración del nacimiento del Sol en la antigua Roma que fue adoptado por el Cristianismo como efeméride del nacimiento de Jesucristo.

La Wigilia es una noche llena de simbolismo, misticismo y superstición en los hogares polacos donde la celebran de forma tradicional:

El árbol de Navidad, montado en muchos hogares el mismo día 24 por la mañana, simboliza la vitalidad y el renacer de la vida. El heno tiene una gran importancia simbólica en la Wigilia. Se pone debajo de un mantel blanco que cubre la mesa. Esto recuerda a los familiares reunidos alrededor de la mesa que Jesús nació en un humilde establo, en pesebre sobre el heno. También se pone heno en los rincones del salón para garantizar abundancia durante el próximo año. El grano, esparcido debajo del mantel junto al heno, es también un símbolo de prosperidad y abundancia para el año siguiente. Es visto como una fuerza revitalizante que simboliza la inmortalidad y la riqueza. Las nueces simbolizan el misterio, el dinero y la fertilidad. Las manzanas son símbolos de amor y salud. Colgadas en el árbol de Navidad deben proporcionar fuerza y larga vida a los miembros de la familia.

Cuando ponen la mesa para la cena de Wigilia, los polacos se aseguran que dejan una silla extra libre, pero con platos y cubiertos. Simbólicamente, y acorde a la antigua tradición, este lugar es para los seres queridos que fallecieron cuyos espíritus pueden querer volver durante esta noche guiados a sus casos por la luz de la vela que ilumina la mesa durante la Wigilia. Hoy en día se dice que la silla y el plato extras son por si aparece un invitado sorpresa, o para durante el trascurso de la noche invitar a alguien que iba a pasar la noche en solitud. Pero el misticismo y la superstición que rodean a esta celebración no terminan aquí:

El invitado que entra primero en la casa donde se celebra la reunión familiar de Nochebuena es muy importante. Si se trata de una mujer es un presagio de que habrá problemas por lo que es preferible que sea un hombre y así se planifica en muchos hogares polacos. Esta superstición también es válida para  la primera persona que llama por teléfono durante el 24 de diciembre. Las parejas tienen que besarse debajo de una planta de acebo colgante, que debe adornar los hogares polacos en Navidad, durante esta noche para tener buena suerte en la perpetuación de su amor.

Antiguamente se creía en Polonia que los animales adquirían un poder especial y podían hablar durante esta noche. Era importante escucharles para presagiar el futuro del próximo año.

El dicho polaco jaka Wigilia, taki cały rok significa “como en la Wigilia, así todo el año”. En Polonia se cree que el devenir la Nochebuena  y el ambiente que se respira durante esta noche, es un presagio sobre el devenir del próximo año. Por eso, se intenta que sea un momento de paz y armonía en un ambiente familiar, sin rencores, disputas o discusiones alguna.

Según marca la costumbre, en la casa donde se celebra la Wigilia, todo debe estar listo para la cena al caer la primera estrella, momento en que se suele iniciar la celebración (generalmente alrededor de las 4 o 5 de la tarde, anochece entre las 15.00 y las 16.00 horas en Polonia según la localización en esta época del año).

Es una referencia simbólica a la estrella de Belén, que anunció el nacimiento de Jesús a los Tres Reyes Magos. La cena comienza con una oración y la lectura de un fragmento del Evangelio de Mateo y el Evangelio de Lucas, en la sección en que habla del nacimiento de Jesús. Normalmente la lectura va a cargo del anfitrión donde se celebra la cena, o la persona con más autoridad dentro de la familia.

Pero el momento más importante de la ansiada Wigilia es el reparto del opłatek, una hostia bendecida, de forma rectangular, hecha de harina y con relieves religiosos en su superficie. Generalmente el anfitrión o la persona más vieja o venerada de la familia empieza el acto de romper y compartir el opłatek con el resto de los familiares alrededor de la mesa. Cada miembro de la familia debe romper un trozo de su opłatek y dárselo a su familiar al tiempo que le expresa buenos deseos que conciernen a la salud, felicidad, amor y el éxito. Así con reciprocidad hasta que todos los miembros de la familia han comido un poco del opłatek de todos los presentes en la cena. Esta costumbre simboliza la reconciliación, el perdón de cualquier falta o queja y los mejores deseos para el próximo año. Se remonta al antiguo rito cristiano de compartir el pan como símbolo de hermandad y pertenencia a una comunidad cristiana. En la Edad Media la hostia fue introducida en substitución del plan y en Polonia era también añadida a los animales de granja durante esta noche, ya que estos al poder hablar eran como humanos por una noche.

La cena de la Wigilia consiste normalmente de 12 platos, en realidad platitos para fortuna del estómago de los comensales, que simbolizan los 12 discípulos de Jesús. Ninguno de ellos contiene carne como herencia de la prohibición religiosa al tratarse originalmente de una noche de sacrificio. Los ingredientes principales e indispensables esta noche en una mesa polaca son la col, la col agria, las setas, los pierogi, la sopa de remolacha (normalmente servida con unos raviolis rellenos de setas llamados uszki) y el pescado, principalmente carpa, cocinada de una y mil maneras. En el sur y este de Polonia es muy típico cocinar la carpa al estilo judío ( al horno, rellena de cebolla, y zanahoria) que es una versión polaca del famoso pescado gefilte de los judíos asquenazíes, cuya presencia fue muy significativa en Polonia durante casi 1000 años. Es muy chocante ver puestos con pequeñas piscinas llenas de carpas vivas a la venta en algunas localidades polacas en los días previos a la Wigilia.

Existen sin embargo grandes diferencias regionales en el menú de la cena de Wigilia por lo que es difícil crear una lista de los platos que se encontrarán en cualquier mesa polaca durante esa noche.

Las semillas de amapola  y la miel en la kutia, original de Podlaquia al noreste de Poloniasin embargo no suelen faltar.

Después de la saciante cena es el turno de cantar en familia los villancicos polacos (kolędy), con fama internacional de ser uno de los más melódicos y hermosos del mundo, para hacer tiempo hasta la medianoche. A esa hora se celebra en Polonia como en muchos otros países la Misa del Gallo, conocida aquí como pasterka. Una misa que en Polonia puede durar hasta casi 2 horas pero que  los villancicos hacen muy amena y emotiva.

Como curiosidad merece la pena mencionar que mirar la película Solo en Casa se ha convertido en una tradición navideña en Polonia en Wigilia o durante el Día de navidad, ya que la película se ha emitido en la televisión nacional TVP desde principios de los años 1990 en Navidad. En las navidades de 2011, más de 5 millones de polacos vieron la película en televisión.

El Día de Navidad

En este día se va a misa si no se ha ido la noche anterior, la familia se vuelve a reunir y los polacos lo pasan tranquilamente en casa. El 25 de diciembre se come platos  a base de carne como el bigos, dulces y chocolates y tartas como el makowiec, relleno de semillas de amapola. Según la tradición, solo los familiares más cercanos pueden hacer una visita y se espera al día 26 para pasar tiempo con los amigos y parientes lejanos.

El Día de San Esteban

En este día solemne, al que los polacos se refieren como Segundo Día de Navidad, se conmemora la muerte del primer mártir cristiano San Esteban. Es un día para seguir en familia, visitar otros familiares más lejanos y pasar tiempo con amigos. Es siempre un día festivo en Polonia.

Los villancicos polacos: las kolędy

Algunos villancicos polacos son versiones en esta lengua de villancicos tradicionales que también se cantan en los países hispanohablantes. Otros son propios de Polonia, donde las kolędy son una parte esencial de la Navidad desde el siglo XV.

Estos son algunos de los villancicos y canciones pastoriles tradicionales más famosos en Polonia:

Bóg sie rodzi (Ha nacido Dios)

Lulajże, Jezuniu (Nana a Jesús)

Przybieżeli do Betlejem (Los pastores corrieron hacia Belén)

Wsród Nocnej Ciszy (En medio de la noche silenciosa)

Vídeo con villancicos cantados en varias iglesias de Cracovia:

Los grupos de cantantes de villancicos  (kolędnicy)

En Polonia algunos hombre jóvenes, y en algunos casos acompañados por mujeres, forman grupos de cantantes de villancicos que, disfrazados de formas variopintas representando animales y figuras simbólicas, van de casa en casa a cantar y expresar buenos deseos con una estrella de Belén decorada al detalle o un belén. A cambio reciben pequeños regalos, dinero o dulces.

En muchas ciudades polacas a parte de los tradicionales conciertos de villancicos en las iglesias, también se organizan cantadas populares de villancicos en calles y plazas, donde participa  gente de todas las edades y aptitudes de canto.

Feliz Navidad. Wesołych Świąt Bożego Narodzenia.

Para este artículo como fuentes he usado mis visitas, experiencias e investigaciones además del libro The Essential Guide to Being Polish. 50 facts & facets of nationhood, de Anna Spysz y Marta Turek. New Europe Books 2013