El Festival de la Cultura Judía de Cracovia: 25 años resucitando el pasado judío de Polonia

El Festival de la Cultura Judía de Cracovia: 25 años resucitando el pasado judío de Polonia

Un concierto de cantores en la Sinanoga Progresista de Cracovia (Tempel) durante el Festival de la Cultura Judía de Cracovia Foto: jewishfestival.pl

En 1939 vivían en Cracovia unos 70.000 judíos–incluyendo miles de judíos asimilados–más de una cuarta parte de los habitantes de la ciudad. En 2015 apenas llegan a los 1.000–incluyendo a los que se consideran polacos de origen judío y los polacos llamados filojudios– y poco más de 100 cracovianos asisten a las sinagogas regularmente.

Aún con todo, la comunidad  judía de Cracovia vive su mejor momento desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Consecuencia y a la vez causa de ello es que la ciudad organice anualmente la mayor “fiesta judía” del mundo, que hoy pone en marcha su vigésimo quinta edición (la quinta seguida a la que asiste el que les escribe), del 25 de junio al 5 de julio. Un festival fundado por polacos gentiles (no judíos) en 1988 pero apoyado y coorganizado desde entonces por la comunidad judía local. En realidad el festival empezó a funcionar con el formato actual ya en 1991, en una Polonia libre y democrática, con mejor ánimo para este tipo de celebraciones que durante el régimen pro-soviético.

El lema elegido para celebrar el cuarto de siglo del festival es kwartał (cuarto y barrio en polaco), que hace referencia al aniversario, pero sobe todo al espacio donde tiene lugar el evento: el antiguo barrio judío de Cracovia, Kazimierz. Para tal fin se ha creado un nuevo espacio como nuevo centro neurálgico del festival en la calle Dajwor, detrás de la Sinagoga Antigua y las murallas medievales de la ciudad judía.

Cartel de la 25 edición del  Festival de la Cultura Judía de Cracovia
Cartel de la 25 edición del Festival de la Cultura Judía de Cracovia Fuente: jewishfestival.pl

Un evento que cada año transforma y revoluciona la ciudad de Cracovia durante 10 días para conmemorar y, en cierto modo, devolver a la vida un mundo que dejó de exisitir hace 75 años. El festival es mucho más que una fiesta. Gracias a las conferencias, debates, lecturas del Torán, ceremonias religiosas judías abiertas a todo el público como el Kabbalat Shabbat (habitual en el primer viernes del festival), visitas guiadas, talleres culinarios permite descubrir cómo era la vida judía en Cracovia, la cultura de los judíos polacos, la cultura judía actual en Israel y aspectos de las poblaciones judías de la diáspora en todo el mundo.

El festival es una forma de homenajear a a los judíos que vivieron aquí, y que tanto contribuyeron a la cultura polaca

Cracovia ha sido históricamente una de las ciudades más importantes y simbólicas para el judaísmo ashkenazí en Europa; hoy  lo sigue siendo a pesar de encontrarse a un paso de Auschwitz, el mayor cementerio judío en el mundo y símbolo de la aniquilación de esta civilización europea.

El eminente talmudista Moses Isserles (Rema) y el cabalista Natan Szpiro nacieron y realizaron sus trabajos en Cracovia. La magnate de los cosméticos Helena Rubinstein también era oriunda de una familia del barrio de Kazimierz.  Yoram Gross conquistó Australia y el mundo con sus dibujos animados, marcados por sus experiencias durante la guerra en Polonia. Su hermano Natan fue un destacado director de cine en yiddish en Polonia e Israel. Józef Bau fue uno de los artistas más destacados en los inicios del nuevo estado de Israel.

Para entender la importancia de esta ciudad para el mundo judío puede ser muy útil ver este documental de 1939 sobre la Cracovia judía en esa época, pocos meses antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial (en inglés)

Por desgracia Polonia, que albergó la mayor población judía en Europa durante siglos, sigue siendo para muchos judíos sinónimo de muerte y Holocausto. Muchos israelís e norteamericanos siguen viajando a Polonia principalmente para visitar los campos de concentración y tienen poco interés en explorar el legado que mil años de vida judía han dejado en el país centroeuropeo.

Sin embargo, desde el fin del comunismo y la entrada del país en la UE, la recuperación de la cultura, el patrimonio y las comunidades judías en Polonia–gracias al esfuerzo de muchos polacos, tanto católicos como judíos y a las instituciones del país–están cambiando la actitud de muchos judíos extranjeros hacia Polonia. Asimismo, están rebajando considerablemente el ya minoritario antisemitismo en Polonia, que tiene tintes religiosos, económicos y asocia a los judíos con el régimen comunista.

En 1993 Steven Spielberg llevó a la gran pantalla la historia de los judíos de Cracovia y un empresario alemán que salvó la vida de un millar de ellos, gracias a la archiconocida Lista de Schindler. Desde entonces miles de personas han visitado la ciudad para conocer de primera mano además de las siste sinagogas y los dos cementerios judíos, los lugares retratados en el film que marcaron la trágica historia de la ciudad bajo la ocupación alemana: la susodicha fábrica de esmaltes y chatarra de Oscar Schindler, el campo de concentración de Plaszów donde Amon Goeth aterrorizaba y asesinaba a los prisioneros como diversión, la farmacia que quedó encajonada dentro del gueto judío, en la que el farmacéutico Tadeusz Pankiewicz escondió y ayudó a decenas de personas (ahora un museo de visita obligada), la misma Plaza de los Héroes del Gueto con sus peculiares sillas, no mancas de un fuerte simbolismo, y los pintorescos rincones de Kazimierz que Spielberg eligió para rodar el film.

Es más fácil y más seguro ser judío hoy en día en Polonia que en ningún otro lugar de Europa

25 años de festival y de florecimiento de la Polonia judía: misión cumplida

Un concierto en la calle Szeroka de Cracovia es el acto culminante del Festival de Cultura Judía de Cracovia que celebra cada año el gran legado judío del país Foto: mjs-creative.com
Un concierto en la calle Szeroka de Cracovia es el acto culminante del Festival de Cultura Judía de Cracovia que celebra cada año el gran legado judío del país
Foto: mjs-creative.com

Que Cracovia albergue hoy el mayor festival de cultura judía en Europa es un milagro. La poca vida judía que quedó en Polonia después la guerra, y las emigraciones a Israel, pasó a la clandestinidad durante la época comunista. Muchos judíos que sobrevivieron al Holocausto y decidieron permanecer en Polonia pasaron a ser judíos clandestinos: escondieron su verdadera identidad a sus hijos, y empezaron una vida no judía. Muchos de ellos en la Polonia ya democrática, en el lecho de muerte, confesaron la verdad a hijos y nietos, que ahora intentan adentrarse en su  mundo,  cultura y fe propias, pero hasta hace poco desconocidas.

En la década de 1970, con la primera generación nacida bajo el comunismo, mucha gente joven comenzó a mirar hacia atrás con nostalgia a los días en que Polonia era menos gris y más multicultural. Estos jóvenes encontraron la inspiración para la Polonia que querían en el período de entreguerras, que fue también la época dorada de la Polonia de los Judios (hasta la muerte del mariscal Pilsudski en 1935, momento en que el antisemitismo se disparó en Polonia).

Este fue el caso del director del festival. Un joven polaco de familia católica tradicional, Janusz Makuch en 1988 fundó el festival junto al productor de cine y activista cultural Krzysztof Gierat. Se trataba de un evento muy humilde y de frecuencia bianual en sus inicios.

Janusz Makuch, Director del Festival de la Cultura Judía de Cracovia
Janusz Makuch, Director del Festival de la Cultura Judía de Cracovia Foto: 24godziny.info

Cuando Makuch tenía 14 años en su ciudad natal, Puławy, un hombre mayor le contó que allí antes de la guerra más de la mitad de los habitantes eran judíos. Fue la primera vez que él escuchó la palabra judío.

Desde ese momento Makuch se convirtió en un meshugeneh (loco en yiddish). Quedó fascinado con todo lo judío. Cuando se mudó a Cracovia para estudiar filología polaca, empezó a pasar tiempo con la entonces diminuta comunidad judía de Cracovia, unas 300 personas.

“El festival es una forma de homenajear a los judíos que vivieron aquí, y que tanto contribuyeron a la cultura polaca” , “estamos intentando trabajar para nuestro derecho moral de juzgar la historia“, aseguró en 2007 en declaraciones recogidas por un artículo sobre el festival en el New York Times.

La resurrección de Kazimierz

Kazimierz, el barrio judío de Cracovia, sobrevivió la Segunda Guerra Mundial sin destrucción alguna a nivel arquitectónico.  Los ocupantes alemanes nazis de la ciudad dejaron el barrio de Kazimierz intacto–aunque sí sabotearon las sinagogas–para atestiguar la vida judía en la ciudad durante más de 800 años y como prueba de la aniquilación de lo que ellos consideraban una raza subhumana. El aspecto arquitectónico de este barrio en los años 1930 difiere sorprendentemente muy poco del actual. Tras la guerra, la mayoría de habitantes del barrio habían muerto, y muchos de sus inmuebles fueron ocupados por polacos gentiles. Tras la caída del Telón de Acero algunos descendientes de los propietarios de estos inmuebles empezaron a intentar recuperar estas propiedades, con lo que se crearon centenares de litigios, en muchos casos todavía por resolver, pese a que el estado polaco ofrece un programa de compensaciones para todos aquellas familias que perdieron propiedades durante la guerra y el comunismo.

El barrio entró en claro declive y abandono durante la posguerra y no se empezó a recuperar hasta los años 1990; Kazimierz dejó de ser una zona activa a nivel comercial, cultural y de ocio.

La sinagoga más antigua de Polonia en pie, que data del 1504, en la calle Szeroka en el barrio de Kazimierz de Cracovia
La sinagoga más antigua de Polonia en pie, que data del 1504, en la calle Szeroka en el barrio de Kazimierz de Cracovia Foto: Ángel López Peiró

El barrio de Kazimierz durante la Polonia comunista era conocido como una zona con muy mala fama, frecuentado por drogadictos y prostitutas. La situación de este distrito cambió gracias al festival, pero sobre todo a Steven Spielberg y el estreno de la Lista de Schindler en 1993. Ese mismo año empezó a operar en Cracovia la Fundación Judaica, que en el Centro de Cultura Judía oferta conferencias, debates,  proyecciones y eventos musicales judíos. Una insitución dirigida por el abogado polaco no judío Joachim Russek.

El pub Alchemia fue el primer local de ocio nocturno que abrió en el barrio, en 1999. Luego, Singer y otros le siguieron. El barrio experimentó desde entonces una acelerada gentrificación que no ha terminado todavía. Bares, restaurantes, discotecas, establecimientos de comida rápida de ambiente hipster y tiendas de artesanía florecen como setas en Kazimierz, que se ha convertido en una interesante mezcla de barrio judío, zona hipster y zona de moda para salir de marcha en la ciudad.

El Centro de la Comunidad Judía de Cracovia abrió sus puertas en 2008 como iniciativa impulsada y financiada por el Príncipe Carlos de Inglaterra, después de que en durante una  visita a Kazimierz en junio de 2002, este constara que la comunidad judía necesitaba un edificio en el que poderse reunir y estar representados ante toda la ciudad.

El JCC Kraków (Jewish Community Centre, nombre oficial de la instituión) tiene como objetivo construir de nuevo una la comunidad judía en Cracovia, donde está floreció antes de la guerra, y a pequeña escala lo está consiguiendo. El JCC reúne a gente de origen judío y a todos aquellos de un modo u otro interesados en la cultura, religión y tradición judía. En el JCC se realizan con elevada frecuencia conferencias, cursos, talleres y clases de hebreo y yiddish. A menudo también organizan exposiciones, encuentros, proyecciones de películas y presentaciones de libros. Cada viernes tiene lugar una cena del shabbat con comida kosher. Para celebrar las fiestas judías a lo largo el año el centro organiza reuniones y celebracione. Esta institución también alberga un club de gente mayor (que incluye algunos supervivientes del Holocausto), el club de los estudiantes y una guardería.

“Un milagro está teniendo lugar en Polonia,  la vida judía está prosperando aquí. Es más fácil y más seguro ser judío hoy en día en Polonia que en ningún otro lugar de Europa”, ha asegurado Jonathan Ornstein, director del centro de la Comunidad Judía de Cracovia, en varias ocasiones.

El Centro de la Comunidad Judía de Cracovia
El Centro de la Comunidad Judía de Cracovia está ubicado en la calle Miodowa, junto a la Sinagoga Progresista Foto: jcckrakow.org
Mural pintado durante la edición 2013 del festival
Mural pintado durante la edición 2013 del festival  Foto:jewishfestival.pl
????????????????????????????????????
Mural pintado durante la edición de 2014 del festival Foto: jewishfestival.pl

Una cita esperada todo el año y una ciudad entregada

10 días de cultura, experiencias, diversión y frenesí con un gran atractivo en Polonia y a nivel internacional. Más de 10.000 asistentes al festival se acercan al Centro de la Comunidad Judía para orientarse y obtener información sobre los centenares de eventos del mismo. Además de algunas decenas de israelíes, unos pocos miles de norteamericanos judíos, muchos de ellos descendientes de polacos judíos, viajan cada año a Cracovia a propósito para asistir al festival. No debe sorprender entonces la anécdota un par de judíos norteamericanos de diferentes ciudades que asistían asiduamente al festival y se conocieron en él año tras año, terminaron casándose.

Shalom en la calle Szeroka
Shalom en la calle Szeroka de Kazimierz, el momento álgido del festival Foto: jewishfestival.pl

Más alla del klezmer: la música, la gran protagonista

En Cracovia se pueden escuchar conciertos de música klezmer cada día en las sinagogas, restaurantes y cafeterías de Kazimierz. El grupo cracoviano de klezmer y músicas étnicas Kroke ha conquistado todo el mundo con su música y sus memorables directos; Krakow Klezmer band (Bester Quarter) también se ha ganado una buena fama fuera de las fronteras polacas.

El Festival de Cultura Judía de Cracovia, sin embargo, presenta una oferta musical menos habitual y más ambiciosa, de la que no se puede disfrutar en tal cantidad durante el resto del año en ningún lugar del planeta. Aparte de las habituales interpretaciones de cantores hazzan en las sinagogas,  los artistas invitados al festival deleitan a un público entregado con músicas modernas de diferentes estilos que recogen al mismo tiempo la esencia del folclore musical de los judíos en todo el mundo.

Épicas son las habituales mezclas de música étnica y electrónica en el pub Alchemia en Plac Nowy (el centro neurálgico del ocio nocturno y la vida en el barrio) casi todos los días del festival a media noche. Los conciertos del inigualable trompetista neoyorquino Frank London, siempre muy bien acompañado. Los conciertos en la Sinagoga Progresista. Muy recomendables son también las visitas guiadas, conferencias y talleres culinarios. También la cena del shabbat y las ceremonias religiosas abiertas a todo el público.

Pero si por algo es famoso este festival en Cracovia es por el gran concierto al aire libre del último sábado en la calle Szeroka (donde se encuentran tres sinagogas y una docena de restaurantes judíos), el llamado Shalom. Un concierto de 7 horas que termina siempre con una reunión de todos los músicos que han participado en el festival sobre el escenario actuando juntos. Un evento del que toda Polonia puede disfrutar en directo gracias a la retransmisión realizada por el canal TVP 2 de la Televisión pública de Polonia.

jewishfestival.pl
Frank London, una de las principales estrellas del festival Foto: jewishfestival.pl

David Krakauer, Paul Saphiro, Shai Tsabari y The Klezmatics son otras de las estrellas destacadas en el cartel de Kazimierz.

El artista, músico y productor israelí Kutiman (Ophir Kutiel) es otra de las estrellas que se ha ganado una gran fama gracias a sus actuaciones en las últimas ediciones.

kutiman SunBeatEyalLevkovich (276 of 548) (1)
Kutiman durante una de sus actuaciones en el Festival de Cultura Judía de Cracovia Foto: jewishfestival.pl

Kutiman capturó el ambiente que se vive en Cracovia durante el festival y la esencia en su trabajo músico-visual Through Kraków, basado en momentos de la edición 2012.

El festival ganó una importante novedad musical en la edición 2014, que llegó para quedarse: la emisora israelí Teder organiza Kraków meets Tel Aviv: varios conciertos durante el festival, que son retransmitidos en directo por radio en Tel Aviv y conectan las dos ciudades, también con otros eventos durante todo el año.

Por si fuera poco, el festival cuenta incluso con un espacio que permanece abierto durante el resto el año, la cafetería Chedder en la calle Józefa, que organiza talleres, conferencias y conciertos de temática judía durante todo el año.

Los voluntarios no judíos, una pieza clave del festival

Voluntarios del Centro de la Comunidad Judía de Cracovia
Algunos de los miembros del equipo de voluntarios del Centro de la Comunidad Judía de Cracovia Foto: jcckrakow.org

Una persona que conoce bien el festival desde dentro es Magdalena Arabas, exvoluntaria y ahora cordinadora del equipo de voluntarios del Centro de la Comunidad Judía, conocidos como meshugoyim, que trabajan durante el festival junto a los machers, otros voluntarios de la organización de este. Magdalena no es judía y una de sus motivaciones  para trabajar en la recuperación de la vida judía en Cracovia es que su abuelo fue un prisionero político en Auschwitz.

Su equipo de voluntarios está formado por unas 35 personas. Gente joven, y principalmente mujeres. Tuve la oportunidad de mantener una conversacion con ella sobre los voluntarios y acerca del festival:

Magdalena Arabas, coodinadora del equipo de voluntarios en el Centro de la Comunidad Judía de Cracovia
Magdalena Arabas, coodinadora del equipo de voluntarios en el Centro de la Comunidad Judía de Cracovia

¿Qué mueve a estos jóvenes no judíos a dar su tiempo para la organización de un festival judío?

Años atrás la gente que se ofrecían como voluntarios para el festival, y también durante todo el año en el centro, solían ser estudiantes del programa de estudios judíos de la Universidad Jaguelónica. Esto cambió de un tiempo para aquí, y ahora los voluntarios tienen motivaciones muy diferentes. Muchos quieren contribuir a la recuperación de la cultura judía en Polonia, una parte esencial del país que se perdió con el Holocausto y quieren arreglar. Otros quieren disfrutar de la experiencia. Entre los voluntarios también hay quien tiene orígenes judíos, pero no son mayoría.

¿Por qué su equipo está formado principalmente por mujeres?

Creo que en general en la sociedad polaca las mujeres se implican mucho más que los hombres en todo. No es algo específico del festival o de los afines al mundo judío.

Hay quien asegura que está de moda ser judío entre los jóvenes hoy en día en Polonia, sobre todo entre los hipsters y la gente de izquierdas. ¿Esta de acuerdo con esta observación? ¿Ha identificado esa tendencia entre sus voluntarios?

Tener afinidad por lo judío no es una moda en Polonia. No es nada pasajero. Hace muchos años ya que se percibe un gran interés por la cultura judía en el país. El país se está abriendo a otras culturas y otros mundos. Entre mi equipo de voluntarios hay gente de diferentes perfiles. También gente muy católica y tradicional que va a la iglesia cada domingo.

Algunos polacos y extranjeros residentes en Polonia acusan a este festival de ser una herramienta de propaganda sionista o pro-israelí. Por otra parte,  algunos sectores del judaísmo internacional tienen una posición escéptica  o crítica con el festival, ya que lo ven como un festival judío pensado para el público polaco y con pocos judíos entre los implicados y asistentes. Al paso de estas críticas sale Magdalena Arabas, que afirma: “no obligamos a nadie a participar en el festival, que es una celebración de la cultura judía. El festival bajo ningún concepto tiene intención de adoctrinar”. “Miles de judíos asisten al festival cada año. Es un festival judío, aunque este organizado por muchos gentiles y gran parte del público sean gentiles”.

Un logro polaco

El Festival Judío de Cracovia es uno de los siete festivales de cultura judía que se celebran en Polonia a lo largo del año. Cuentan con una gran fama también el Festival Singer de Varsovia y el Festival de Música y Tradición Klezmer de Kazimierz Dolny–población donde más de la mitad de los habitantes eran judíos antes de la guerra. La de Cracovia es una cita que ante todo nos recuerda cada año que el Holocausto no pudo borrar los 1.000 años de presencia judía en Polonia, y la Polonia, esencialmente católica, pero históricamente tolerante con otras confesiones. Ambas Polonias cobran vida de nuevo con más fuerza que nunca.

Puede descargar aquí el programa del Festival de la Cultura Judía de Cracovia 2015 (en inglés)

Anuncios

Josef Bau: una visión optimista ante la vida pese al Holocausto

Josef Bau: una visión optimista ante la vida pese al Holocausto

Este año se cumple el 70 aniversario de la liberación de los campos de concentración y exterminio alemanes nazis en la Europa central oriental. El pasado 27 de enero, con motivo del 70 aniversario de la liberación de Auschwitz, 300 supervivientes del campo participaron en un acto conmemorativo junto a autoridades y personalidades de Polonia y todo el mundo en el actual museo.

Este lugar constituye un símbolo del horror del nacionalismo y racismo extremos cultivados por Alemania en los años 1930, cuyo resultado no fue sólo los campos de concentración, y cuyas víctimas no fueron sólo los judíos (polacos, gitanos, prisioneros de guerra soviéticos, discapacitados y homosexuales). En el ideario nazi la siguiente raza inferior a eliminar después de la judía era la eslava.

Un mensaje claro se transmite con motivo de esta efeméride: no hay que olvidar, para intentar que no se vuelva a repetir, algo que nada ni nadie puede garantizar. Un mensaje que  es más necesario que nunca en un contexto de auge de los extremismos nacionalistas y el antisemitismo en Europa, (y de persecución y asesinato de cristianos por parte del Estado Islámico en Oriente Medio).

La parte positiva–si es que puede haberla, en la mayor tragedia de la historia de Europa–es la de los que milagrosamente sobrevivieron al Holocausto, y de los que pusieron en peligro su propia vida para salvar a la de otros, como fue el caso del protagonista de esta historia en ambos aspectos.

En junio de 2014, durante un evento enmarcado en el Festival de Cultura Judía de Cracovia, tuve el placer de hablar con las dos hijas de un superviviente del Holocausto y uno de los más de mil nombres que figuraban en la Lista de Schindler: Josef Bau.

La historia de Josef Bau

Bau

Evento en el JCC de Cracovia conducido por las hijas de Bau para conmemorar el 70 aniversario de la boda de sus padres en el campo de Plaszów
Evento en el JCC (Centro de la Comunidad Judía) de Cracovia el 29 de junio de 2014 conducido por las hijas de Bau para conmemorar el 70 aniversario de la boda de sus padres en el campo de Plaszów. En la imagen las hermanas Bau hablando del mapa de dicho campo que su padre tuvo que dibujar para los nazis. Foto: Ángel López Peiró

Josef Bau fue un dibujante, pintor y poeta polaco judío, uno de los pioneros del cine de animación israelí y también trabajó para el Mossad falsificando documentos de identidad para los espías israelíes operando en diferentes países de Oriente Medio (algo que sus hijas no descubrieron hasta después de su muerte).

Durante la Segunda Guerra Mundial fue empleado (ganando a cambio su supervivencia, luego extendida gracias a la archiconocida lista de Schindler) por los nazis para dibujar mapas y escribir señales al ser capaz de escribir letras góticas. Una habilidad que utilizó para salvar a centenares de judíos gracias a la falsificación de documentos.

Bau se casó  de forma clandestina con una interna judía, Rebecca Tennenbaum, dentro el campo de concentración nazi de Płaszów en Cracovia, jugándose la vida con ello. Una boda que fue plasmada por Steven Spielberg en una escena de la película La Lista de Schindler.

Precisamente, en el acto en Cracovia las dos hermanas Bau, que dirigen el museo Joseph Bau en Tel Aviv, realizaron una conferencia en el Centro de la Comunidad Judía de Cracovia sobre la vida y obra de su padre. Además, organizaron una recreación de la boda de sus padres en Płaszów para conmemorar el 70 aniversario del enlace.

Antes de la guerra

Bau nació en Cracovia en 1920 en el seno de una familia judía asimilada donde se hablaba polaco y donde había un sentimiento de pertenencia a Polonia, al igual que a la tradición, cultura y religión judías. Desde bien joven  Josef mostró ya un llamativo y polifacético talento artístico. En 1938 empezó a cursar sus estudios en la Universidad de Artes Plásticas de Cracovia. Estudios que quedaron interrumpidos por el estallido de la guerra. Precisamente en la universidad decidió aprender a dibujar letras góticas germánicas; algo que les ofreció un profesor a los alumnos de una clase pero que sólo, Bau, un judío, quiso aprender, ya que había mucha recelo a todo lo alemán, por todas la noticias que llegaban esos años a Polonia sobre el III Reich. Bau quedó fascinado por las letras góticas, que durante la guerra le salvaron la vida y le ayudaron a salvar la de muchos otros.

Gueto de Cracovia

Josef y su hermano Marcel no disponían de kennkarten (documentos de identidad válidos ante las autoridades de la ocupación nazi) y corrían el riesgo de deportación a un campo de concentración. Después de merodear por Cracovia y alojarse en una casa en un pueblo a las afueras de Cracovia donde sólo podían pasar las noches, tuvieron que entrar en el gueto en el barrio de Podgórze de forma ilegal para poder reunirse con el resto de su familia, que vivía en condiciones infrahumanas un apartamento diminuto de Plac Zgody 1 (Plaza de la Paz, actualmente llamada Plaza de los héroes del Gueto) tras ser expulsados de su casa. Los valientes e intrépidos hermanos Bau tampoco disponían de libros de racionamiento para comprar alimentos ni permiso de residencia (carta azul) del Judenrat.

Dibujo que hizo Josef Bau de la puerta de entrada al Gueto de Cracovia josephbau.com
Dibujo que hizo Josef Bau de la puerta de entrada al Gueto de Cracovia josephbau.com

El Judenrat le contrata como dibujante y escritor de letras góticas para los administradores del gueto. Se le encarga dibujar un nuevo mapa del gueto en que se divide este entre una zona A y una B. Un mapa que reflejaba la reducción de tamaño del gueto y las inminentes primeras deportaciones en masa. Consigue a cambio una kennkarte pero no la carta azul que le permitiría permanecer en el gueto legalmente. Estuvo a punto de morir en el patio de la fábrica Optyma donde estaba retenido, pero fue rescatado por la intervención de su madre ante el comandante del gueto, que le estaba en deuda por su trabajo.

En el campo de concentración de Plaszów, Cracovia

En 1942 Bau es trasladado a Plazsów, a unos 2 km del gueto, junto con algunos centenares de residentes del gueto que pudieron escapar de las deportaciones a campos de exterminio o las ejecuciones inmediatas.

Fuente: josephbau.com
Fuente: josephbau.com
plaszow map - baum
Mapa del campo de Plaszów josephbau.com

Aquí Bau trabajaba para los administradores del campo dibujando mapas y escribiendo letras góticas para señales. A cambio, recibía un poco más de comida que el resto de los internos.

Josef y Rebeca se conocieron en Plaszów, se enamoraron y se casaron de forma secreta en los barracones para mujeres del campo. Fue un auténtico milagro que pudieran enamorarse y casarse en esa situación,  y todavía más que pudieran vivir juntos y felices después de la guerra durante muchos años. No es de extrañar entonces que Bau hasta el día de su muerte creyera en los milagros.

Un día vio desde la distancia como un oficial de las SS, Gruen, mataba a su padre. El oficial hubiera acabado también con su vida si no fuera por Isaac Stern, que le evitó acercarse más al asesino de su progenitor. Su hermano fue asesinado en el gueto y su madre murió por un exceso de comida cuando fue liberada del campo de Bergen-Belsen por las tropas norteamericanas.

Pese al horror, Josef nunca perdió su gran dotación de humanidad, esperanza y buen humor durante su tiempo en Plaszów. Incluso en las circunstancias horribles que le rodeaban, no dejó de dibujar, pintar y escribir historias divertidas además de poemas de amor a su querida Rebecca.

En Moravia con los salvados por la Lista de Schindler

La mujer de Bau consiguió incluirle en la Lista de Schindler (una lista que fue posible gracias a la inestimable contribución de Mietek Pemper, aunque la película minimice este punto), mientras que ella escapó de la muerte hasta tres veces en Auswitch, engañando al Dr. Menguele, el Ángel de la Muerte.

Bau se trasladó con el resto de listados a la nueva fábrica de Oskar Schindler en Brünnlitz (actual República Checa) en octubre de 1944. Una fábrica donde se cambió la producción de cacharros de cocina y esmaltes que se hacía en Cracovia por la de granadas, pero con una productividad extremadamente baja intencionada.

Lo que no es ampliamente conocido es que Josef Bau, al igual que la mayoría de los salvados por la lista de Schinler, muchos años después mandó dinero a Oskar Schindler cada mes cuando este estaba pasando por una situación económica muy difícil, porque ninguno de sus negocios después de la guerra tuvo éxito.

retrato de Oskar Schindler

Regreso a Cracovia tras el horror

Después de una auténtica odisea desde Moravia y tras poder reencontrarse por casualidad con su esposa consigue regresar a su ciudad, pero su antiguo piso había sido ocupado por otros ‘inquilinos’. Durante los primeros años de posguerra Bau completa sus estudios universitarios en Cracovia y trabaja como caricaturista para tres periódicos locales.

Años después de la guerra cuando le preguntaron por qué no escapó de los campos de concentración falsificando documentos para él mismo, y respondió: “Si hubiera escapado, ¿quien hubiera salvado a los otros? Además, si hubiera escapado en lugar de sufrir durante 5 años nunca hubiera conocido a mi mujer”

Nueva vida en un nuevo país: Israel

En 1950 Bau decide emigrar a Israel para emprender una nueva vida junto con su mujer y su hija de tres años. Una decisión que hay que contextualizar en las secuelas creadas por el lugar de los horrorosos hechos que vivió durante el Holocausto y el duro momento que vive Polonia entonces bajo el régimen estalinista.

En Israel al principió trabaja para el Brandwein Institute de Haifa y más tarde en 1956, toda la familia se traslada a Tel Aviv, donde continuó pintando, dibujando en su propio estudio. En los años 1960 creó los títulos de casi todas las películas israelís.

Bau se convirtió en un artista pionero en Israel y el padre del sector de los dibujos animados en el país de Sión. Era conocido como “el Walt Disney de Israel”. Sin duda, el arte de Josef Bau ayudó a transformar el nuevo estado de Israel, infundiéndole solidaridad, esperanza, humor y sobre todo, optimismo.

En 1998 fue candidato al Premio Israel que condecora a aquellas personas o instituciones que han contribuido de forma más notable a la cultura israelí.

Juicio de Viena

En febrero de 1971 Bau y su mujer reciben invitaciones del gobierno austriaco para testificar en un juicio contra  Gruen, acusado de matar a miles de judíos en Plaszów. Tras ciertas dudas el matrimonio decide viajar a Viena y ayudar a que se imparta justicia. El juicio le trae tanto a la memoria todo lo vivido durante la ocupación nazi de Cracovia, que Bau sufre una fuerte subida de tensión. Tuvo que permanecer un mes en el hospital antes de poder regresar a Israel. Durante su estancia en el hospital Oskar Schindler, quien entonces residía en la capital austriaca, le visitó dos veces.

Durante su vida en Israel, y especialmente durante y después de su viaje a Viena, Bau sufrió los traumas de la guerra y en muchas ocasiones llegó a tener alucinaciones que le devolvían a los escenarios y momentos como si los estuviera reviviendo.

Josef Bau murió en Tel Aviv en 2002 a los 82 años de edad a causa de una neumonía.

El Museo Bau en Tel Aviv

La Casa de Josef Bau se ubica en el edifico donde el artista polaco tenía su estudio en Tel Aviv. Aquí pueden verse muchos de sus trabajos en los campos del dibujo, pintura, cine de animación, poesía y humor, además de consultar materiales que permiten profundizar en la figura de Bau y su legado. Un museo que estuvo a punto de cerrar sus puertas hace un par de años por problemas económicos, por lo que sus hijas, Hadassah y Tzlila animan a los interesados en la figura de Bau a realizar donaciones.

Vea este reportaje sobre el Museo Bau (en inglés, 15 minutos)

Museos y galerías de arte en todo el mundo siguen exponiendo los trabajos de Bau así como lugares tan emblemáticos como el Knesset de Israel, la sede las Naciones Unidas en Nueva York y el Congreso de los Diputados en Madrid.

Bibliografía

Para aquellos interesados en indagar en la figura de Josef Bau, su autobiografía ha sido traducida al español bajo el título “El Pintor de Cracovia”(Ediciones B, 2008).  Sin duda, una de las memorias de un superviviente del Holocausto más notables y sorprendentes que se hayan escrito hasta ahora. En el libro Bau, una persona muy humilde como destacan quienes le conocieron, no menciona en ningún momento que salvó la vida de centenares de judíos en las selecciones realizadas por las autoridades ocupantes nazis, gracias a la falsificación de documentos de identidad.

¿Por qué los alemanes nazis no quisieron destruir Cracovia?

¿Por qué los alemanes nazis no quisieron destruir Cracovia?
El Castillo de Wawel en Cracovia, Polonia
La Catedral junto al castillo, donde residía el Gobernador General Hans Frank durante la ocupación alemana nazi, en la colina de Wawel en Cracovia Foto: superior Guillermo Romero Gil, inferior Ángel López Peiró

[Tiempo de lectura estimado: 8′]

Si Cracovia es hoy una de las ciudades más bellas en Europa es, en gran parte, porque no sufrió daños significativos durante la Segunda Guerra Mundial y pudo conservar su legado histórico y arquitectónico. Justo lo contrario de lo que sucedió en todas las otras grandes ciudades polacas; sobre todo en Varsovia, la ciudad más destruida durante la contienda en toda Europa.

Cracovia no sufrió casi destrucción durante la guerra en primer lugar porque las fuerzas de la Alemania nazi tomaron la ciudad el 6 de septiembre de 1939 sin tener que hacer frente a ninguna resistencia armada. Unos días antes, al inicio de la operación de invasión de Polonia el 1 de septiembre, la aviación alemana dejó caer algunas bombas sobre la ciudad que no causaron grandes daños.

En segundo lugar, porque la ciudad salió bien parada del conflicto ya que nunca fue bombardeada por los aliados.

Pero ante todo, porque después de una ocupación alemana, que duró 1.869 días y durante la cual Cracovia fue la capital de la Polonia ocupada, el Generalgouvernment, los alemanes abandonaron la ciudad rápidamente en dirección suroeste el 17 de enero de 1945 ante la inminente llegada del Ejército Rojo, que entró en la ciudad al día siguiente.

No se libró ninguna batalla entre soviéticos y alemanes en la ciudad y los ocupantes únicamente destruyeron los puentes sobre el río Vístula antes de escapar.

Es rotundamente falso, como se lee habitualmente en diferentes fuentes bibliográficas y en algunos medios, que  los ocupantes nazis tuvieran fecha y hora para destruir la ciudad, que en 1944 ya hubieran minado casi todos sus barrios y los monumentos más importantes, y que una afortunada maniobra de un general ruso evitara la destrucción de Cracovia. Esta historia fue un mito creado por los soviéticos y alimentado por la historiografía de la Polonia comunista y que ha trascencido hasta la actualidad.

Durante la guerra en Cracovia, teniendo en cuenta la excepcionalidad de la situación, la vida también transcurrió para la mayoría de polacos que no escaparon con una relativa normalidad, excepto para la población judía y los prisioneros políticos, en comparación con el resto del país.

De hecho, muchos refugiados que llegaron a la ciudad de diferentes partes en 1945 quedaron sorprendidos al ver la ciudad con toda su majestuosidad casi inalterada por la guerra.

Los alemanes nazis en ningún momento durante la Segunda Guerra Mundial tuvieron la más mínima intención de destruir Cracovia por las siguientes razones:

  • Los alemanes nazis consideraban Cracovia como una antigua ciudad histórica alemana (urdeutsche Stadt) basándose en el hecho verídico histórico que existió una importante colonia alemana en la ciudad durante siglos y la lengua alemana compitió durante mucho tiempo con el polaco como lengua de uso. Los ocupantes se esforzaron en justificar esta tesis y para tal fin crearon el Instituto para el Trabajo Alemán en el Este (Institut für deutsche Ostarbeit) con la labor de implantar y activar las costumbres alemanas en Cracovia. Las calles recibieron nombres alemanes–la Plaza del Mercado Principal pasó a ser la Adolf Hitler Platz–y los monumentos y símbolos polacos  más representaticos fueron destruidos.
  • Después de la destrucción causada por una invasión tártara, la ciudad fue refundada como tal y reconstruída por orden del rei Boleslavo V el Casto, según el derecho urbano alemán de Magdeburgo en 1257, que otorgó a su centro histórico la característica distribución de calles cuadriculada con una gran plaza en el centro que se conserva hoy en día. En otras palabras lo significativo aquí es que la población recibió el estatus de ciudad alemana.
  • Hitler quería que tras la guerra Cracovia fuera la capital de un nuevo estado polaco germanizado con mucha población alemana y títere bajo el control del Tercer Reich pero sin integrarse en este, y por eso decidió establecer en esta ciudad el gobierno general de la Polonia ocupada. Los nazis desarrollaron un ambicioso proyecto urbanístico para Cracovia que imitaba algunos aspectos de Berlín pero que no tuvieron tiempo para llevar a cabo. Se pueden ver los planos de algunos de los proyectos en el antiguo cuartel de la Gestapo en la calle Pomorska, actualmente una sede del Museo de Historia de la Ciudad, centrada en los tiempos de la Cracovia ocupada por el régimen alemán.
  • Los alemanes nazis asociaban la capital Varsovia a la polonidad mientras que irónicamente Cracovia–la capital histórica, espiritual y cultural de Polonia lugar de residencia en vida y muerte de los reyes, para los polacos–era para ellos un símbolo de germanidad.
  • En Cracovia no tuvo lugar una rebelión a gran escala como el Levantamiento de Varsovia que generara en las autoridades nazis un deseo de venganza y destrucción total–a causa de una mayor presencia de administradores y policías alemanes, un mayor número de infiltrados y delatores, y un mala organización de la resistencia. Sin embargo, hay que matizar que sí que existía en Cracovia una importante actividad de movimientos de resistencia clandestinos que llegó a ejecutar acciones concretas. Por ejemplo, una de ella fue un ataque con bomba el 22 de diciembre de 1942, con importante participación de la resistencia judía, a la cafetería Cyganerja en la calle Szpitalna donde se reunían comandantes nazis de alto rango. 11 de ellos resultaron muertos.
  • Aunque no hay estudios historiográficos serios sobre esta cuestión, algunas fuentes apuntan a que los alemanes nazis se tomaron en serio la leyenda o creencia hindú del chakra de Wawel y querían protegerlo para beneficiarse de él. Según esta creencia que dió a conocer un visitante hindú en Cracovia en los años 1920, en los restos de la iglesia de San Gereón escondidos detrás de la pared del extremo noreste del patio el Castillo de Wawel se encuentra uno de los 7 chakras en la Tierra: una piedra que emana una poderosa energía espiritual. Curiosamente, los creyentes en esta historia, que desde todo el mundo se acercan a menudo a ese rincón del patio del castillo, defienden la idea que fue el chakra de Wawel el que salvó a la ciudad de la destrucción durante la Segunda Guerra Mundial.
  • Ni siquiera las sinagogas del barrio judío, Kazimierz, fueron destruídas, aunque sí saqueadas, a pesar de que casi la totalidad de los 60.000 judíos residentes en la ciudad–un tercio de la población– fueron exterminados. (Verdad o leyenda, en varias fuentes se puede leer que aunque lo intentaron, no pudieron destruir la tumba de Moshe Iserles en el cementerio judío viejo junto a la sinagoga ReMu porque al ver que los martillos no pudieron romper ni siquiera la lápida a los soldados les invadió el pánico y se fueron corriendo). En realidad los nazis querían dejar el barrio de Kazimierz intacto como si fuera un museo o parque temático testimonio de la presencia judía en la ciudad durante más de 800 años, como prueba de la aniquilación de lo que ellos consideraban una raza subhumana. El aspecto arquitectónico de este barrio en los años 1930 difiere poco del actual y del que Steven Spielberg mostró en La Lista de Schindler en 1993.

Vídeo con imágenes reales de la Cracovia bajo la ocupación nazi

Fuentes:

Información facilitada durante una visita guiada en Cracovia dirigida por la investigadora polaca norteamericana Dra. Agnieszka Legutko, responsable del programa de estudios de lengua yiddish en la Universidad de Columbia en EE.UU. Datos basados en su propia investigación.

A History of Kraków for Everyone. John M. Malecki. Wydawnictwo Literackie 2008

Cracovia Legendaria, Historias Conocidas y Desconocidas. Ewa Basiura. Storyteller 2006

God’s Playground: A history of Poland. Revised Edition. Norman Davies. Oxford University Press 2005

Iron Curtain. The Crushing of Eastern Europe 1944-1956. Anne Applebaum Penguin Books 2012

La Marcha Ciclista de los Vivos de Auschwitz a Cracovia, una nueva iniciativa del ejemplar JCC (Centro de la Comunidad Judía de Cracovia)

La Marcha Ciclista de los Vivos de Auschwitz a Cracovia, una nueva iniciativa del ejemplar JCC (Centro de la Comunidad Judía de Cracovia)

El Centro de la Comunidad Judía de Cracovia Foto: JCC Kraków

A finales de 2013 Robert Desmond, miembro del Centro de la Comunidad Judía de Cracovia (JCC Kraków), recorrió en bicicleta los 2.172 km que separan el campo nazi de concentración y exterminio de Auschwitz y Londres, siguiendo el trayecto occidental de liberación de la Europa ocupada por la Alemania nazi.

El próximo 6 de junio los miembros del JCC, trabajadores de la institución, otros miembros de la comunidad judía de Cracovia y algunos allegados van a tomar a Desmond como referente para participar en la primera edición de la llamada ‘Marcha Ciclista de los Vivos’. Una salida ciclista de 50 km entre Auschwitz y la sede del JCC en el barrio judío de Kazimierz en Cracovia, junto a la Sinagoga Tempel.

Este acontecimiento llega a colación de la Marcha de los Vivos de Auschwitz, que tuvo lugar el pasado 4 de mayo. Un acto anual celebrado desde hace 20 años para recordar a las víctimas del Holocausto que reúne en el antiguo campo de concentración miles de jóvenes judíos de todo el mundo también acompañados por numeros escolares polacos, que recorren a pie los 3 km entre los campos de Auschwitz y Birkenau.

El objetivo de este nuevo evento sobre dos ruedas, que cuenta con el apoyo del Gran Rabino de Polonia Michael Schudrich, es por un lado celebrar el renacimiento de la vida y la comunidad judías en la Polonia del siglo XXI, y por el otro recaudar fondos para costear un viaje a Israel para algunos polacos judíos que sobrevivieron el Holocausto y residen hoy en día en Polonia.

La iniciativa ha tenido ya un éxito incuestionable y a día de hoy se han completado todas las inscripciones posibles, por lo que la organización se ha visto obligada a abrir ya el proceso de inscripción para la edición de 2015.

El JCC de Cracovia–cofinanciado por el world Jewish Relief (una organización judía internacional) y el American Jewish Joint Distribution Committee (JDC), pero creado a iniciativa del Príncipe Carlos de Inglaterra tras su fructuoso encuentro con la comunidad judía de la ciudad en 2002–es una institución muy dinámica y reconocida que se ha consolidado en la ciudad y desde su fundación en 2006 ha obtenido logros remarcables.

El centro se ha visto favorecido también en los últimos años por el gran esfuerzo a nivel institucional y dentro de la sociedad polaca por recuperar el gran legado judío del país que empezó tras la caída del telón de Acero –pese a un antisemistismo todavía bien arraigado en Polonia en ciertos grupos y tendencias ideológicas y religiosas, aunque en ningún caso predominante.

El objetivo principal del JCC es construir de nuevo una la comunidad judía en Cracovia, donde está floreció antes de la guerra, y a pequeña escala lo está consiguiendo. El JCC reúne a gente de origen judío y a todos aquellos de un modo u otro interesados en la cultura, religión y tradición judía. En el JCC se realizan a diario conferencias, cursos, talleres y clases de hebreo y yiddish. Con frecuencia aquí tienen lugar exposiciones, encuentros, proyecciones de películas y presentaciones de libros. Cada viernes se organiza una cena del shabbat con comida kosher. Para celebrar las fiestas judías a lo largo el año el centro organiza reuniones, y celebraciones y la institución también alberga un club de gente mayor, el club de los Estudiantes y una guardería. 

La sinagoga más antigua de Polonia en pie, que data del 1504, en la calle Szeroka en el barrio de Kazimierz de Cracovia
La sinagoga más antigua de Polonia en pie, que data del 1504, en la calle Szeroka en el barrio de Kazimierz de Cracovia  Foto: Ángel López Peiró

Muchos polacos que de niños fueron educados en el catolicismo y que descubrieron más tarde sus raíces judías que les habían sido ocultadas tras la guerra durante el periodo comunista, han acudido a este centro para conocer la religión y la cultura de sus padres y abuelos, o en muchos casos reencontrarse con su propia identidad e incluso recrearla de nuevo.

Además, el Centro de la Comunidad Judía de Cracovia ha conseguido atraer a un número nada despreciable de jóvenes polacos no judíos como voluntarios del Festival de Cultura Judía de Cracovia, el más importante de este tipo en el mundo, que tiene lugar cada año a finales de junio. Durante el mismo muchos eventos tienen lugar en la sede del JCC, entre los que destacan conferencias y una cena de shabbat abierta a todo el mundo: judíos, católicos, practicantes de otros ritos, agnósticos, gente local, expatriados o turistas. Esta institución también tiene un papel muy activo en la Noche de las Sinagogas, organizada por el JDC, que cada año hasta altas horas de la madrugada atrae a miles de cracovianos y turistas que visitan las siete sinagogas de la ciudad y asisten en cada una de ellas a algún tipo de evento, como conciertos o proyecciones de vídeo. Este año se celebra el próximo 7 de junio.

Actualmente esta institución–no solo durante el festival en junio, sino todo el año mantiene sus puertas abiertas a católicos y practicantes de otras confesiones religiosas–está dirigida por el judío norteamericano Jonathan Ornstein, originario de Nueva York, quien curiosamente decidió trasladarse a Cracovia después de conocer a una voluntaria polaca, que acabaría convertiéndose en su esposa, mientras trabajaba en un kibbutz en el desierto en Israel.

La exposición de Hevda Ser “La Destrucción y el Renacimiento” en el Museo Judío Galicia de Cracovia

La exposición de Hevda Ser “La Destrucción y el Renacimiento” en el Museo Judío Galicia de Cracovia
Foto: galiciajewishmuseum.org
Foto: galiciajewishmuseum.org

Este lunes 27 de enero se inaugura  la exposición de arte de Hedva Ser bajo el título La Destrucción y el Renacimiento, en el Museo Judío Galicia en el  antiguo barrio judío de Kazimierz. Se ha escogido esta fecha para la apetura de la exposición al tratarse del Día Internacional del Holocausto — el 27 de enero de 1945 Auschwitz fue liberado– el mismo día en que un gran número de diputados del Parlamento de Israel, Knesset, van a realizar un pleno extraordinario, por primera vez fuera de Israel,  precisamente en el museo del antiguo complejo de campos de concentración y exterminio de Auschwitz-Birkenau, a unos 40 km de Cracovia.

Hedva Ser es una famosa pintora, escultora y creadora de tapices israelí de origen judío.polaco y nacionalizada francesa. En 2011 fue premiada con el título de Artista para la Paz de la UNESCO. Ella misma ha descrito el concepto y  a importancia de su trabajo para el museo judío de Cracovia:

“Cuando comencé a trabajar en estas cuatro esculturas del año pasado, no me di cuenta de lo mucho que se me revela acerca de muchas cosas relacionadas con mi vida y la vida de la comunidad judía de Polonia.

Yo soy  hija de la diáspora. Mis padres murieron hace veinte años. Mi madre se crió en Varsovia, y mi padre en Lod . Después de sobrevivir a los horrores de los campos de concentración, empezaron una nueva vida en Israel, donde nací.
 
Ninguno de nosotros , los hijos de sobrevivientes,  era consciente de la suerte que teníamos de habernos criado en Israel. Para aquellos que pasaron esos terribles años en Europa, la vida era difícil, ya que las dos comunidades judías y gentiles estaban tratando de pasar página de lo que la generación de sus padres había soportado o entregado en el dolor y el sufrimiento. Nuestra herencia judía era a menudo demasiado pesada para ellos, y muchos optaron en mayor o menor grado por abandonarla.
 
En Israel, estábamos rodeados de gente como nosotros. Allí, las personas que vivieron el Holocausto eran parte de la vida cotidiana. Sin embargo, muchos de nosotros no se dan cuenta de lo mucho que los miedos y las pesadillas de nuestros padres nos marcaron , y cómo todos nosotros para siempre serían tocados por la tragedia humana que fue el Holocausto.
 
Algunos de nosotros tratamos de escapar de ella, aún sin comprender que era imposible hacerlo. Me mudé a Francia y estudié allí . Adopté el arte como mi idioma y mi vida y traté de enterrar el pasado. Pensé que mis raíces en Polonia habían muerto con mis padres. Entonces, hace cuatro años en mi primer viaje a Varsovia , de repente me encontré a mí misma llorando mientras caminaba por el aeropuerto, como si algo me había tocado en el pasado. De alguna manera, estaba reconociendo una conexión profunda que nunca había conocido. Me encontré con un verdadero sentido de pertenencia aquí: en esta tierra que durante siglos fue el hogar de una de las comunidades judías más grandes y vibrantes de Europa. Cuando encontré el cementerio judío donde fueron enterradas generaciones de mi familia, por fin entendí que este lugar es la tierra de mis padres. Sin embargo , casi nadie se quedó para contar la historia de estas personas . Me di cuenta de que esto era mi responsabilidad.
 
Así que me puse a contar la historia de las generaciones perdidas y sus vínculos con esta tierra , usando el lenguaje del arte y la escultura. Hace dos años, como Artista de la UNESCO para la Paz, tuve el honor de participar en una visita especial a Auschwitz encabezada por la Directora General de la UNESCO, Irina Bokova. Fue mi primera vez en este sitio, un lugar que, con toda sinceridad, había estado evitando toda mi vida.
 
Rodeada de buenos amigos, tuve la oportunidad de soportar  ese día tan difícil, sin embargo, al mismo tiempo, las poderosas emociones que surgieron en mi me animaron creara una obra que sería una voz duradera , tanto como un testigo para el dolor y como un faro de esperanza futura.
 
El resultado es este conjunto de cuatro esculturas basadas en los temas derivados de la Kabbalah, que representan a la destrucción y la reconstrucción de la comunidad judía de Polonia. La primera escultura se titula ” Rasgado ” .La segunda se titula ” Explosión ” . La  tercera ” Intersticio : arrebato con esperanza” , y la cuarta “Totem : Renacimiento y la Reunificación ” . Durante este año de conmemoración del 70 aniversario de la liquidación del gueto de Vilna,  quería conmemorar estos eventos con los símbolos que unen el pasado y el futuro, y marcan la distancia entre la desesperación y la esperanza. El trabajo que hago en la UNESCO es la construcción de la paz a través del arte . Mi objetivo es enseñar a los niños el uso de lenguaje artístico del dibujo y la escultura. Cuando enseñamos sobre el Holocausto, las palabras simplemente no tienen el poder de transmitir los sentimientos y emociones que son necesarios para entender este momento oscuro de nuestra historia. Yo creo que la escultura, a través de su forma física, su masa palpable en el espacio y el tiempo, tiene la fuerza necesaria para transmitir la historia de los judios de Polonia a una nueva generación . Si tocamos estas esculturas de bronce pesados, esto ​​nos permite sentir el peso de la historia y la forma del futuro. A través de estos bronces que susurran , las voces de mi madre, mi padre, y de las generaciones perdidas de la comunidad judía de Polonia hablarán de sus sueños y de paz para el futuro, haciendo de ellas un símbolo perdurable de esperanza para la nación polaca “.

Esta Información sobre la exposición ha sido facilitada por la revista New Eastern Europe, que es uno de los patrocinadores de la misma.

Más acerca de esta exposición, que se puede ver hasta el 30 de abril de 2014, en la página web del Museo Judío Galicia de Cracovia

Kroke, exportadores de klezmer y música étnica, de Cracovia al mundo

Kroke, exportadores de klezmer y música étnica, de Cracovia al mundo

Concierto de Kroke en el Centro de Cultura Judía de Cracovia el 24 de noviembre de 2013
Foto: Ángel López Peiró

Tuve el placer de presenciar en directo un concierto del grupo Kroke en el Centro de Cultura Judía de Cracovia, situado en una antigua casa de oración (Beit ha-midrash) construida en el siglo XIX en el antiguo barrio de judío de Kazimierz. El concierto tuvo lugar como parte de los actos de celebración del vigésimo aniversario de esta institución, gestionada por la Fundación Judaica, dedicada a la promoción y conservación de la cultura judía en Cracovia y organizadora entre muchos eventos — junto a otras instituciones locales — del famoso e internacional Festival de Cultura Judía de Cracovia que tiene lugar cada año en junio.

El nombre del grupo, Kroke, significa Cracovia en lengua yiddish y define muy bien la filosofía y los orígenes del mismo. El grupo, que estos últimos días celebró su vigésimo primero aniversario, fue fundado en 1992 por tres chicos polacos no judíos graduados de la Academia de Música de Cracovia, Tomasz Lato, Tomasz Kukur  y Jerzy Bawoł, que se dedicaban exclusivamente a tocar  música klezmer con influencias de los Balcanes, sobre todo actuando en los locales del barrio de Kazimierz de Cracovia y otros lugares de Polonia. Más tarde su música se dejó influenciar por el jazz y músicas étnicas orientales.

En 1993 los tres jóvenes músicos cracovianos grabaron su  primera cinta kassette editada por ellos mismos llamada ” música klezmer acústica” . Durante sus actuaciones en el restaurante “Ariel” en la calle Szeroka se fijó en ellos el mismísimo Steven Spielberg que por entonces estaba rodando en Cracovia su película  “La Lista de Schindler” En los últimos días del rodaje el director invitó a Kroke a Jerusalem donde el grupo dio un concierto en la celebración de la reunión de los salvados por la lista de Oskar Schindler. Spielberg mandó también la copia de la cinta a Peter Gabriel quien en 1997 invitó a Kroke a Gran Bretaña para el festival WOMAD donde el grupo cracoviano se ganó al público y dejó una muy buena impresión. La colaboración con Peter Gabriel les dio grandes frutos para darse a conocer a nivel internacional. En 2011 empezaron a  colaborar con el reconocido violinista británico Nigel Kennedy, una alianza gracias a la cual se acabaron de consagrar en el panorama internacional de la música étnica. Su tema The Secret of the Life Tree aparece en la banda sonora de la película “Inland Empire” de David Lynch.

Yo incluso después de haber asistido dos veces  al Festival de Cultura Judía de Cracovia y haber empezado a adentrarme en el mundo de la música klezmer, desconocía este grupo y su historia hasta que descubrí su música hace algunos meses gracias a un compañero del trabajo polaco que tenía una de sus canciones como tono de llamada en el móvil. Hasta ahora me he escuchado toda su música disponible en Youtube, incluyendo sus numerosas colaboraciones con Nigel Kennedy y  también con la cantante cracoviana Maja Sikorowska. Ahora ha llegado el momento de empezar a comprar su música porque sin duda merece la pena.

Sin embargo, ayer descubrí que su directo es música klezmer y étnica a otro nivel, y esto desgraciadamente no se puede comprar. He asistido a muchos conciertos de este tipo de música desde que vivo en Cracovia pero nunca he escuchado nada igual a lo de ayer. Los tres músicos polacos, tocando en su ciudad, lo dieron todo sobre el escenario durante más de dos horas sin pausa para el deleite de unos 200 afortunados entre los que me encontraba. Violín, acordeón, contrabajo, voces y sonidos étnicos, combinados con tal arte y habilidad que las más de dos horas parecieran poco para un público entusiasmado y entregado. Este concierto fue también el que ponía fin a la gira 2013 de Kroke por toda Europa, y que ha contado con ocho conciertos en España, donde el grupo cuenta con una gran popularidad.

A continuación los vídeos de algunas de los temas destacados de Kroke:

Más información sobre Kroke en la versión en español de su página web.