Una ciudad herida: Belgrado, 17 años después de los infames bombardeos de la OTAN

Una ciudad herida: Belgrado, 17 años después de los infames bombardeos de la OTAN

Foto superior: Edificio que albergaba el Ministerio de Defensa de la República Federal de Yugoslavia / Ángel López Peiró

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Tras el paso de nueve meses puedo analizar, con una cierta perspectiva, frialdad y serenidad, las impresiones que me generó mi viaje a la excapital del desintegrado exestado yugoslavo. Del 15 al 17 de abril de 2016 me encontré con una Belgrado–que tenía oportunidad de visitar por primera vez–moderna, limpia, verde, activa, dinámica y ciertamente hospitalaria con el visitante. Una urbe vibrante, joven, espaciosa, donde parece, en un primer momento, que ya no se respira un aire asfixiante con olor a guerra. Una Belgrado que parece encarar el futuro con optimismo.

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Panorámica de Belgrado desde el hotel Srbja. Foto: Ángel López Peiró

Balcones llenos de aparatos de aire acondicionado y antenas parabólicas, animados restaurantes y cafeterías, parques muy bien cuidados, terrazas junto a los ríos Danubio y Sava, el bonito y gentrificado barrio histórico de Gardos, además de numerosos desarrollos urbanísticos en construcción. ¿Sólo apariencias de un cierto benestar?

Ateniéndonos a las estadísticas, Serbia se encuentra a años de luz de Polonia, República Checa y Eslovaquia en cuanto a desarrollo económico (72 PIB nominal del mundo, 66 del mundo según Índice de Desarrollo Humano). Asimismo, por detrás de la vecina Croacia–que, a diferencia de Serbia, contó con la creación de muchas infraestructura en su territorio por parte de los alemanes–pero mantiene una perspectivas de futuro esperanzadoras.

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La Plaza de la República de Belgrado. Foto: Ángel López Peiró
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Calle peatonal del centro de Belgrado. Foto: Ángel López Peiró

Ante todo, recordaré Belgrado como una ciudad agradable e interesante, aunque no especialmente hermosa, que organizó a las mil maravillas un gran evento internacional como el vigesimonoveno Maratón y Medio Maratón de Belgrado. Acontecimiento deportivo en que tuve el placer de participar, y que constituía mi excusa para realizar el viaje.

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El Maratón de Belgrado 2016. Foto: Ángel López Peiró

Una ciudad herida

Sin embargo, al mismo tiempo, me encontré una ciudad herida, enfadada, traumatizada y muy rencorosa por los duros bombardeos padecidos entre marzo y junio de 1999. Mucho más de lo que me podía esperar antes de mi llegada a la capital serbia. Numerosos activistas políticos nacionalistas, antiatlantistas o prorusos, o todo ello, se encargaron de decorar las calles por donde pasaba el Maratón con carteles en serbio e inglés con mensajes contra la OTAN. Al mismo tiempo me percaté de pintadas, carteles o pegatinas con las mismas referencias eran visibles por toda la ciudad. Incluso durante el Maratón vi a corredores vistiendo camisetas reivindicativas con proclamas contra la OTAN y menciones a los injustificables bombardeos.

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A la izquierda de la imagen, pancartas con mensajes anti-Otan y anti-EEUU en la zona de inicio del Medio Maratón. Foto: Ángel López Peiró

Este resentimiento, aparentemente bastante generalizado entre los serbios, más allá de intereses políticos de carácter nacionalista, antioccidental o proruso, es perfectamente comprensible e incluso justificable. No en vano, estamos hablando de unos 3000 civiles serbios fallecidos como consecuencia de los ataques aéreos de las fuerzas noratlánticas y EE.UU. 212 bombas se lanzaron contra la ciudad en 78 días. Fueron bombardeados hospitales, escuelas y edificios de viviendas además de los objetivos militares estratégicos.

Se atacaron los estudios de Radio y Televisión de Yugoslavia (el 23 de abril, con 16 fallecidos como consecuencia), el Ministerio de Defensa, puentes, fábricas y centrales eléctricas. Los primeros aviones en ejecutar el ataque sobre la ciudad fueron los F-18 del Ejército del Aire de España, seguidos por los alemanes.

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La torre Ucse de Belgrado en llamas poco después del impacto de los misiles de la OTAN Foto: beoforum.rs
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Estado de la torre Usce tras sufrir el impacto de varios misiles Tomahawk el 21 de abril de 1999. Foto: es.amnesty.org

En el centro de la ciudad abundan todavía edificios parcialmente destruidos que no han sido todavía reconstruidos, entre los que destaca la antigua sede del Ministerio de Defensa. Según nuestro encantador guía serbio polacohablante (y rusohablante), Filip Andrejević, el hecho que no se haya completado su reconstrucción se debe a problemas económicos o en algunos casos urbanísticos. No me lo creí. La única mentira que les explica a todos los grupos de turistas polacos, ucranianos y rusos que lleva cada semana, probablemente.

Es muy evidente que hay un gran interés propagandístico por parte de las autoridades del país y dentro de la sociedad en dejar esas heridas de los bombardeos perpetrados por la OTAN muy visibles ante los turistas extranjeros.

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Edificio que albergaba el Ministerio de Defensa de Yugoslavia en 1999. Foto: Ángel López Peiró
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Foto más cercana del antiguo Ministerio de Defensa. Foto: Ángel López Peiró
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Edificio en el centro de Belgrado, cerca de la Embajada de Polonia, destruido por los bombardeos de 1999. Foto: Ángel López Peiró

¿Por qué la OTAN bombardeó Belgrado?

Los bombardeos aéreos de la OTAN sobre Serbia se produjeron como castigo por el rechazo del entonces presidente de la República Federal de Yugoslavia (en ese momento solo formada por Serbia, Kosovo y Montenegro) Slobodan Milosevic, a las condiciones propuestas por la OTAN para la introducción de una fuerza de pacificación en Kosovo.

El objetivo de la operación, lanzada el 24 de marzo de 1999, era debilitar la infraestructura militar yugoslava, retirar a las tropas serbias de Kosovo y generar las condiciones necesarias para que regresaran a sus ciudades los refugiades alabano-kosovares. Dejar a la ONU al mando de la situación y crear un nuevo estado kosovar.

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Imagen tomada dutante el bombardeo aéreo de Belgrado por parte de la OTAN. Foto: nexusedizioni.it

Esta provincia serbia, históricamente serbia y de gran importancia simbólica y religiosa para los serbios por la Batalla de Kosovo contra el Imperio Otomano, estaba poblada casi completamente por serbios en 1945. Sorprendentemente en los 1960 pasó a estar habitada mayoritariamente por albaneses nacionalistas radicalizados, reprimidos por el gobierno comunista central. En la región se intensificó en 1998 la lucha armada entre el Ejército de Liberación de Kosovo de los radicales albaneses y el Ejército Yugoslavo. El ELK fue secretamente apoyado por Estados Unidos para contrarrestar la influencia rusa en la región mientras era considerado como organización terrorista por Serbia.

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La ciudad de Pec, al oeste de Kosovo, durante la guerra. Foto: noc-kosovo.org

Antes de las tensiones y conflictos armados con Kosovo como telón de fondo, el Ejército Popular de Yugoslavia controlado por serbios estuvo implicado en una sangrienta guerra que enfrentó a serbio-bosnios con bosnios musulmanes en territorio de Bosnia-Hezergovina entre 1992 y 1995. En el marco de este conflicto los serbio-bosnios del Ejército de la República Srpska cometieron un genocidio contra 8000 musulmanes en la masacre de Srebnica además de otras limpiezas étnicas anteriores.

La contienda de Kosovo, que se alargó hasta después de los bombardeos de la OTAN sobre Serbia, generó miles de víctimas mortales, tanto serbias como albano-kosovares, la limpieza étnica de poblaciones de ambas etnicidades,  y centenares de miles de refugiados kosovares.

Sin embargo, las condiciones para el marco de paz que quería imponer la OTAN  en la Conferencia de Rambouillet eran exageradamente desfavorables para los intereses serbios y favorables para los albaneses. Además,  marcaban ya las pautas para la creación de un estado de Kosovo independiente. El lógico rechazo serbio condujo a la operación Fuerza Aliada, que se ejecutó sin la previa autorización del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Alineamiento actual de Serbia en la esfera internacional: entre Occidente y Rusia

El comprensible resentimiento hacia la OTAN y en algunos casos a todo lo que representa el mundo occidental, palpable en las calles de Belgrado, reflejado en los sucesivos gobiernos nacionalistas, podrían frenar las inversiones extranjeras occidentales y poner en peligro las posibles opciones de ingreso del país en la Unión Europea, además de incrementar la dependencia política y económica de Rusia.

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El Yugo, el coche yugoslavo más popular y exportado en los años 1980. Foto: Ángel López Peiró

Serbia está en un cruce de intereses, ya que se trata de una zona de influencia disputada entre Rusia de un lado y Estados Unidos  y la UE por otro. No se trata, sin embargo, de un país con la importancia estratégica, energética y geopolítica de por ejemplo, Ucrania.

El país forma parte de la llamada Asociación por la Paz dependiente de la OTAN pero no está en condiciones de plantearse un posible futuro ingreso en la Organización del Atlántico Norte, precisamente por el gran rechazo social a esta organización en la sociedad serbia.

Lecciones de la historia

Lo sucedido en Yugoslavia nos enseñó que una nación de naciones (lo que algunos, por cierto, ahora quieren intentar crear en España artificialmente) no es una buena idea. Se trataba de una nación de naciones sostenida durante más de 40 años gracias al liderazgo de Tito y el relativo éxito del comunismo de tercera vía con mercado libre abierto a Occidente; ambos desparecieron en los 1980.

A diferencia de Polonia, en Yugoslavia la caía del comunismo llevó al país de una cierta estabilidad a la inestabilidad. Del comunismo unificador y estabilizador se pasó a la fuerza desastabilizadora de los nacionalismos serbio, croata, bosnio, esloveno y albanés que Tito reprimió con éxito.

El ultranacionalismo serbio fue, sin duda, uno de los principales causantes, y quizás el principal culpable, del complejo sangriento conflicto armado, religioso y étnico vivido en los Balcanes, cuyos inicios se encuentran ya en las Guerras Balcánicas anteriores a la Primera Guerra Mundial.

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Edificio bombardeado por la OTAN en el centro de Belgrado Foto: Ángel López Peiró

Aún con todo, los bombardeos de Belgrado en 1999 fueron un crimen de guerra, no eran necesarios y no estaban justificados. El episodio más negro y condenable en la historia de esta organización. La OTAN debe ser garante de paz, seguridad y estabilidad, a las veces que garante del derecho internacional; un mecanismo de defensa y disuasión eficaz ante grandes amenazas a las que se exponen los países democráticos,  como la que podría representar la Rusia de Putin para Europacentroriental–especialmente para los Países Bálticos–tras los visto en Ucrania recientemente.

Para no ponerse al nivel de sus potencias militares potencialmente rivales y no darles motivos para juzgar sus acciones, la OTAN nunca debería volver a actuar de forma preventiva, unilateral y poniendo en riesgo vidas civiles de forma indiscriminada. No pueden haber más Belgrados.

La famosa cadena con emisiones en español Russia Today, es decir, el instrumento mediático de propaganda (mucho menos sutil y disimulada que la de CNN) del régimen de Putin–a pesar de ello integrado por muy buenos profesionales de la comunicación–emitió un documental muy recomendable sobre los bombardeos que padeció la capital serbia. Un film con fines claramente propagandísticos, pero muy bien documentado. Presenta informaciones completamente verídicas sobre el ataque militar occidental a Belgrado.

El documental ” ¿Por qué? “sigue el hilo de la narración de la periodista serbia de RT Jelena Milincic, quien experimentó de primera mano los bombardeos cuando, con 18 años, vivía en la capital serbia, donde cursaba su primer año en la Universidad de Belgrado. Lo pueden ver a continuación:

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