Imagen superior: el cementerio y mausoleo soviético de Mokotów, Varsovia. Foto: Ángel López Peiró

En 2014 la ocupación rusa de Crimea y la guerra en el este de Ucrania avivaron viejos fantasmas en la política y la sociedad polacas. El miedo a una agresión rusa o a la escalada de un conflicto armado generado por Rusia caló de nuevo en el país centroeuropeo. Ciertamente, el riesgo de que Polonia pueda quedar atrapada en medio de una contienda entre la OTAN y Rusia en un futuro no es mínimo. La actual ubicación geopolítica de Polonia es una bendición desde el punto de vista económico, pero  no es nada envidiable en cuanto a la seguridad del país.

El miedo a una agresión rusa es lógico si miramos a la historia reciente de Polonia, algo que actualmente los polacos acertadamente hacen a menudo para entender el presente.

Pregunten a los polacos sobre Rusia: un poco de historia

En el periodo de entreguerras Francia, Estados Unidos –y Reino Unido en menor medida—subestimaron el potencial agresivo, imperialista y totalitario de la Unión Soviética, mientras el mariscal polaco Pilsudski intentó combatirlo y frenarlo a base de esfuerzos diplomáticos hasta su muerte,–al igual que posteriormente el ministro de exteriores Beck– aunque finalmente  sin éxito. De hecho, el renacido estado polaco de entreguerras siempre vio a la Unión Soviética como una mayor amenaza para la seguridad y estabilidad de Polonia que Alemania. La estrategia  política y acciones propagandísticas del Komintern  en toda Europa agravaban todavía más el potencial peligro.  Ese mayor miedo al vecino oriental que al occidental duró como mínimo hasta el cambio de actitud de la Alemania nazi hacia Polonia a principios de 1939. Pilsudski basó su estrategia en pactos de no agresión con las dos potencias que amenazaban a Europa e intentó crear el proyecto de Intermarum, la alianza de estados entre Alemania, la URSS, el Mar Baltico y el mar Negro para defenderse de la amenaza soviética. Un proyecto que Polonia y Croacia han impulsado de nuevo, ampliándolo a estados de la zona adriática, hace pocos días con una visión más comercial,  muy centrada en políticas engergéticas: la cumbre de los tres mares.

Pilsudski tenía razón; su preocupación estaba justificada. La Unión Soviética, tras pactar el reparto de Europa centroriental con la Alemania nazi, invadió Polonia en 1939 y la ocupó de nuevo, esta vez en su totalidad en 1944-45. En 1939-40 la URSS deportó a más de un millón de ciudadanos polacos a Siberia y Asia Central, y en febrero de 1940 asesinó a unos 22.000 oficiales, funcionarios e intelectuales polacos en una serie de masacres, entre ellas la del bosque de Katyn.  En 1944 los soviéticos no cruzaron el río Vístula y quietos en el barrio varsoviano de Praga, dejaron que los alemanes destrozaran Varsovia y acabaran con la vida de 150.000 civiles polacos.

Mucho antes, en 1920 la Rusia bolchevique de Lenin intentó hacerse con Polonia y extender la revolución comunista a Europa occidental, pero su derrota en la Batalla de Varsovia–en el llamado Milagro del Vístula–ante las tropas de Pilsudski truncó sus planes. Hasta la Primera Guerra Mundial la Rusia zarista ocupó el noreste de Polonia durante casi 150 años. La nación polaca sufrió la opresión de su autogobierno, si cultura, su identitad y Rusia deportó a Siberia a miles de intelectuales e insurgentes polacos.

A finales de la Segunda Guerra Mundial, Reino Unido, y sobre todo Estados Unidos, para evitar una confrontación inmediata con Stalin, traicionaron a Polonia en la Conferencia de Yalta y la dejaron en manos de la Unión Soviética. Polonia, aunque teóricamente mantuvo su independencia, se convirtió en un estado subyugado a la URSS,  sufrió la represión estalinista hasta 1956 y un régimen comunista represivo hasta 1989.

Nadie mejor que los polacos conoce las ambiciones imperialistas hacia el oeste  y la falta de escrúpulos de las élites políticas y militares rusas. Deberían consultar con ellos periodistas, analistas y sobre todo políticos en Europa occidental. Hoy la opinión pública, y parte de la opinión política, en la vieja Europa, occidental, es todavía incomprensiblemente blanda y miope ante el peligro para la estabilidad y seguridad de Europa que supone la Rusia de Putin. Es incomprensible que varios estados y numerosos políticos europeos sean tan permisivos y blandos con la potencia de Europa oriental.

La llamada nueva Europa, la zona este de la Unión Europea, es decir Europa centroriental, es la que mejor conoce a Rusia, y la que más desconfía de ella. En cuanto a política exterior y defensa, ve a Rusia como la continuadora de la Unión Soviética. Putin recientemente se refirió a la desintegración de la URSS como “la mayor tragedia geopolítica del siglo XX”.

El giro occidental de Europa centroriental 1989-2017

Desde la caída de los regímenes comunistas y la desintegración de la URSS (1989-1991) Europa centroriental ha pasado de encontrarse bajo el control directo e influencia de la Unión Soviética y luego Rusia, a formar en la actualidad  parte de la UE, la OTAN y ser uno de los mayores aliados de EEUU en el mundo. Un golpe muy duro para Rusia, que se siente derrotada y humillada.  Se puede discutir si la ampliación de la OTAN al este ha sido un acierto o un error desde el punto de vista de la estabilidad y seguridad europeas, pero hay que tener presente que este proceso de occidentalización política y militar ha sido consecuencia del propio deseo de estos estados exsoviéticos y antiguos miembros del Bloque del Este de liberarse de las zarpas rusas. Un deseo motivado por el miedo a nuevas agresiones, y a perder su independencia y libertad de nuevo en el futuro. El argumento ruso, compartido por analistas occidentales de tendencia prorusa,  de que la ampliación al este fue una traición de la OTAN y un ataque a la seguridad de Rusia no se sostiene si nos atenemos a los orígenes de este proceso.

Sin embargo, cabe matizar que Rusia tiene una gran influencia económica y política en algunos de los estados de la Europa centroriental, como es el caso de Bulgaria y en menor medida de Hungría. Rusia utiliza la negociación de los precios del gas como arma política en sus relaciones con los estados de la región.

Las operaciones militares de Rusia

El ex-diplomático y experto en asuntos internacionales José Zorrilla cree que Putin no cometerá el mismo error que Lenin y Stalin. Sin embargo, la historia reciente nos muestra como Rusia, ya sea blanca o roja, desea siempre mantener una zona búfer, una zona de seguridad entre el mundo occidental y su territorio. Una función que desempeñaba la parte occidental del Imperio ruso hasta 1918, el bloque comunista del Este entre 1945 y 1989, y hasta hace bien poco Georgia, Moldavia, y sobre todo Ucrania y Bielorusia. En 2014 Rusia perdió la influencia sobre Ucrania (excepto  en Crimea y la región suroriental del país) después de la Revolución (o golpe de estado) del Maidan en Kiev, una operación claramente orquestada por Occidente (la UE y la OTAN), que cambió el gobierno proruso de Janukowicz por uno pro-EU, pero también (peligrosa y excesivamente) nacionalista.

Es frecuente oír entre tertulianos, analistas y periodistas el argumento de que Rusia sólo actúa militarmente donde hay una abundante minoría de población rusa. Sería más acertado asegurar que para Rusia es mucho más fácil crear un pretexto para lanzar una operación militar en los estados donde hay una abundante minoría rusa. Proteger a las minorías rusas no es precisamente la mayor prioridad de las autoridades políticas y militares rusas, más preocupadas por intereses geopolíticos y económicos. Una estrategia que ya inventó y desarrolló la Unión Soviética. Por ejemplo, el 17 de septiembre de 1939 la URSS invadió el este de Polonia anunciando a través de un comunicado oficial que al no ser vigente según los soviéticos la autoridad del estado polaco, las autoridades soviéticas tomaban el control de los territorios orientales con el objetivo de proteger a las minorías ucraniana y bielorrusa.

Rusia actuó militarmente en Georgia en 2008 y en Ucrania (en este caso como reacción al Maidan) en 2014. Para este verano el ejército ruso prepara los ejercicios militares Zapad-17, unas maniobras en Bielorrusia que contemplan también la escenificación de un ataque a los Países Bálticos y a Polonia. En Bielorrusia temen que las tropas rusas  que entren en el país ya no lo abandonen y usen estos ejercicios para ocupar el país.  

Por si esto fuera poco, las maniobras armamentísticas de Rusia en el enclave de Kaliningrado, incrustado entre Polonia y Lituania, son más que preocupantes. Los rusos disponen ya de armamento nuclear con capacidad para alcanzar a una docena de grandes ciudades europeas en un rango de 500 km.

 

KALININGRAD_WEAPON_SYSTEMS_MARCH_2017

 

La guerra híbrida, estrategia en la Nueva Guerra Fría

Es bien sabido por gobernantes y especialistas en política exterior e inteligencia, que actualmente Rusia, por medio de una ingeniosa estrategia a largo plazo, quiere recuperar la influencia rusa en el centro y este del viejo continente, desea jugar un papel importante en el tablero mundial y quiere desestructurar el orden liberal occidental, la UE y EEUU. Para tal fin apoya a movimientos populistas y tiene una estrategia de inteligencia y propaganda muy efectiva.

La actual estrategia de la OTAN pasa por la firmeza y el poder disuasivo ante Rusia de implementación de tropas y bases en su flanco este. Además la OTAN quiere compensar con su nuevo estado miembro, Montenegro, y el control que  este supone del Adriático, la gran presencia militar rusa en el Mediterraneo oriental.

¿Mantiene la OTAN una actitud excesivamente agresiva con Rusia?¿Debería la OTAN centrarse mucho más en buscar acuerdos de seguridad con Rusia? ¿Tiene derecho Rusia a sentirse agredida por las operaciones de la OTAN en Europa centroriental? Son estas algunas de las preguntas que nos podemos hacer ante lo que parece una nueva Guerra Fría y es ciertamente una guerra híbrida, en que la desinformación tiene un papel muy importante.

Todo parece indicar que Rusia intervino en las elecciones norteamericanas de noviembre de 2016 y en la votación del Brexit de junio de ese mismo año. Además,   algunos medios y analistas aseguran que el gigante del este influyó también en el resultado de las elecciones presidenciales y parlamentarias de Polonia en 2015, porque habría estado detrás del llamado escándalo de las cintas. (afera tasmowa en polaco), unas escuchas ilegales cuyo contenido, publicado, comprometía a políticos del gobierno de PO y reflejaba un menosprecio de estos a la separación de poderes en Polonia).

El amigo americano y la visita de Trump

Polonia ha sido desde la caída del comunismo el estado más proamericano de Europa. A pesar de ser un personaje controvertido y sus supuestos tratos con Rusia, Trump recibió ayer un baño de masas y mediático, incluso por parte de ciudadanos y políticos alejados de las tesis del partido en el gobierno, PIS (muy cercano ideológicamente a Trump), por todo lo que representa el cargo que ocupa el millonario norteamericano. El gran esfuerzo de Ronald Reagan en su alianza con Juan Pablo II en los años 1980 para derrotara los regímenes comunistas en Polonia y Europa centroriental compensa hasta cierto punto la anteriormente mencionada traición americana a Polonia de 1945.

Trump se refirió ayer en su discurso en Plac Krasinski, frente al monumento a los héroes del Levantamiento de Varsovia, a las actividades desestabilizadoras de Rusia, en Europa y en Siria, aunque tampoco de una forma especialmente contundente.  De momento parece comprometido a no levantar las sanciones a Rusia, pero su futura postura hacia Rusia es un incógnita, teniendo en cuenta sus posibles obligaciones ante un supuesto kompromat (chantaje en base a favores recibidos) por parte rusa, debido a los favores rusos a Trump en el pasado y durante la campaña electoral.

Además, el presidente norteamericano prometió ayer a Polonia y Europa centroriental ayudar a terminar con la dependencia energética de Rusia de la región con gas barato americano, así como cumplir con el artículo 5 del tratado atlántico:

Las Partes convienen en que un ataque armado contra una o varias de ellas, ocurrido en Europa o en América del Norte, será considerado como un ataque dirigido contra todas, y, en consecuencia, convienen en que si tal ataque se produce, cada una de ellas, en el ejercicio del derecho de legítima defensa, individual o colectiva, reconocido por el art. 51 de la Carta de las Naciones Unidas, asistirá a la Parte o Partes atacadas tomando individualmente, y de acuerdo con las otras, las medidas que juzgue necesarias, comprendido el empleo de las fuerzas armadas para restablecer la seguridad en la región del Atlántico Norte.

Del discurso de Trump ayer en Varsovia (puede leérlo aquí íntegro en inglés) se pueden extraer varias conclusiones:

  • Trump ayer dijo a los polacos lo que estos querían oír. Apeló a la épica y la emotividad de la lucha polaca por la libertad contra los tres imperios que la dividieron, el nazismo y el comunismo.  Sois una gran nación, os admiramos por vuestra permanente lucha por la libertad en los últimos 200 años, entendemos vuestra preocupación, apreciamos que dais un 2% del presupuesto a la OTAN, Estados Unidos mantendrá aquí las tropas y os protegerá. Palabras muy  bien intencionadas que a priori reconfortan a Polonia.  Pero del dicho al hecho hay un trecho.
  • El estado que, como Polonia, compre armament americano, recibirá protección norteamericana.
  • Él cree, o al menos así lo aparenta, que Occidente no puede olvidar sus valores, su esencia  y sus pilares tradicionales como el cristianismo y la familia. Valores que Polonia, al igual que otros estados vecinos de Europa centrotriental, encarna y mantiene a diferencia de la Alemania de Merkel, los líderes de la UE en Bruselas y las sociedades de la Europa occidental actual.
  • El presidente norteamericano no mencionó el conflicto del actual gobierno polaco con la UE por haber sobrepasado los límites del Estado de derecho. Es lógico al tener una mayor afinidad política con el actual gobierno polaco que con los líderes liberales de Europa occidental y de la UE.

La hipocresía del gobierno alemán: Rusia enemiga en lo político, amiga en los negocios

Por su parte, la Alemania de Merkel  mantiene una postura política dura ante Putin pero peca de una gran incoherencia al impulsar al mismo tiempo el proyecto Nord Stream II para construir un gaseoducto  de Rusia a Alemania a través del Báltico que beneficiaría, además de a la propia Alemania,  a Rusia, perjudicaría a Ucrania, Polonia, Hungría, Rumanía y otros estados de la región, y consolidaría la dependencia energética europea de Gazprom.  Con Nord Stream II Alemania traiciona no solo a Polonia y la Europa centroriental, sino a la propia firmeza de la política de la UE hacia Rusia.

¿Rusofobia en Polonia?

El problema no es el pueblo ruso, son las élites rusas. No hay que confundir una fuerte crítica, condena y oposición a la política exterior de la Rusia de Putin y el justificado miedo a una amenaza rusa con la rusofobia u odio a todo lo ruso. Tanto algunos medios y ciudadanos polacos como algunos medios o periodistas (también occidentales) prorusos confuden estos conceptos. Algunos polacos, por odiar a todo lo ruso y algunos medios, por entender, erróneamente, como rusofobia el anti-Putinismo o anti-imperialismo ruso mayoritario en la sociedad polaca y en los partidos políticos polacos.

Rusia es una potencia mundial en decadencia interna pero con presencia global creciente. Una nación formada por millones de personas trabajadoras y honradas, que actualmente, en su mayoría,  padecen una situación económica y social complicada. Viven en una dictadura. Un régimen que combina el deseo expansionista pero rusocéntrico de la URSS con los valores de la cristiandad ortodoxa (con variaciones) típico de la Rusia zarista, y con el nacionalismo populista que resurge en toda Europa.

Rusia, con una rica cultura, con una historia llena de grandes ensoñaciones y errores en política internacional, es una nación que ha aportado mucho al desarrollo de la educación, literatura, la filosofía, el cine, la ciencia y la tecnología en el mundo. El constante imperialismo del estado y las élites rusas (incluyendo las soviéticas) ha tenido históricamente nefastas y sangrientas consecuencias para Polonia y los polacos. Sin embargo, no tiene sentido culpar al pueblo ruso, a la cultura rusa, y a todo lo que implica Rusia, por ello. De hecho, el pueblo ruso ha sido históricamente la mayor víctima de las estúpidas o malvadas acciones y decisiones de sus propios líderes zaristas y soviéticos. Fue la mayor víctima, junto a los polacos y los ucranianos del terror perpetrado por el sistema totalitario comunista de la URSS.

¿Miedo a Rusia o populismo?

Puede ser que el miedo a Rusia de votos en Polonia. Puede ser que beneficie al populismo de PIS (Derecho y Justicia, partido del gobierno, social-conservador, nacionalista y relativamente euroescéptico) y que PO (Plataforma Cívica, liberal-conservador, europeísta, principal partido de la oposición) quiera también aprovecharlo electoralmente. Puede ser que los medios de comunicación polacos aprovechen este medio para crear sensacionalismo. Mas el riesgo geopolítico en Polonia de las actividades rusas es innegable. La amenaza rusa para Polonia y Europa centroriental es una realidad que hay que tener siempre presente. Por supuesto, las circunstancias son muy diferentes ahora con respecto a las de  1939, 1945, 1956, 1968 y 1981, pero el problema ruso de Europa sigue vigente. Polonia no exagera, simplemente tiene muy presente su historia más reciente.

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