Jaime Llinares Taboada (Silleda, Galicia, España, 1994) es graduado en periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Tras pasar el último año de la carrera estudiando en Cracovia, actualmente está en la redacción del diario El Economista. Ha decidido aportar su grano de arena al proyecto “La Polonia de los polacos” con un reportaje en que aborda su gran pasión, el periodismo, junto con uno de sus nuevos intereses recientes: Polonia. Lo hace a través del análisis del periodista polaco más renombrado de todos los tiempos:

Jaime Llinares

Jaime Llinares Taboada

Kapuscinski, o la ventana polaca al mundo

Hubo una época en la que existió un periodista que conseguía hacer llegar las voces del tercer mundo a nuestras orejas. Entre 1932 y 2007, para ser exactos. Su nombre: Ryszard Kapuscinski. Decía el polaco que para ejercer esta profesión un requisito es el de no ser cínicos. Sin duda, él no lo era.

Si hay una característica común a toda la obra del considerado mejor reportero del Siglo XX–que incluye despachos de agencia, reportajes, ensayos, poesía y fotografía–, es, en una palabra, el humanismo. La capacidad de ponerse en el lugar de los demás, de transmitirnos no solo sus vivencias y experiencias, sino sus historias, sus aspiraciones, sus miedos, sus realidades. Todo lo que permite entender a las otras personas, independientemente de países, sociedades y creencias. Escribió Andrés Barba, a propósito de su primer libro, “La Jungla Polaca”: Quienes conozcan otros trabajos de Kapuscinski verán que aquí están ya las claves de sus grandes textos, su medida humanidad, su sensibilidad para el dolor ajeno, su absoluta falta de cinismo, el dinamismo y la inteligencia narrativa de quien sabe que la mejor manera de describir un paisaje es describir el corazón de quien habita ese paisaje. Kapuscinski no ama lo que narra, desearía que su país fuese otro, más sabio, más competente, menos sumiso, y sin embargo transmite la conmoción de quien no puede situarse sino del lado de los parias.

Los libros de Kapuscinski son un conglomerado de conversaciones y descripciones que le permiten ir haciendo un esbozo general del contexto en el que se engloba el reportaje, que podía ser desde la Unión Soviética (no dejéis de leer “El Imperio”) hasta las revoluciones africanas (Imprescindibles “Ébano” y “El Emperador”). Es el método de, mediante lo concreto, construir lo abstracto. De construir historias que nos permitiesen conocer y entender lo que pasa en esos países que, muchas veces, ni tan siquiera sabemos colocar en un mapa. A ello lo acompaña una manera de escribir atractiva, insultantemente directa y cercana a los sentimientos más elementales. Un estilo, perfectamente transmitido por la traductora Agata Orzeszek, que enamora por su cercanía.

Pero todo empezó mucho antes de los libros. La carrera de Kapuscinski empieza en la República Popular de Polonia, en la Universidad de Varsovia. Allí el joven Ryszard estudió Historia, aunque finalmente lo que le acabó tirando fue el periodismo. Fue el periódico de las juventudes comunistas en el que trabajaba el primero que le ofreció la oportunidad de mostrar sus dotes para el reporterismo. Sus excepcionales trabajos en el ámbito doméstico le dieron la oportunidad de empezar a cruzar fronteras. Pakistán, India y Afganistán fueron sus primeros destinos exóticos.

Más tarde entró en las filas de la Agencia de Prensa Polaca, quien le permitió cumplir sus sueños de ser corresponsal en el exterior. África, especialmente, y América Latina fueron sus dos grandes plazas. En el continente negro, Kapuscinski vivió al calor del fuego de las revoluciones que pusieron fin a las colonias. En esas guerras por la independencia no tomó posiciones equidistantes. Su corazón estaba con los rebeldes que intentaban, por la fuerza, liberarse del yugo imperialista de occidente. Pero después de la ilusión llega la decepción. El periodista polaco también daba cuentas de los desastres creados por los nuevos gobiernos, algo que le supuso varias reprobaciones por parte de las autoridades comunistas.

Como demuestra Artur Domoslawski en su polémica biografía “Kapuscinski non-fiction”, la vida del brillante reportero tiene alguna sombra entre tanta luz. Su relación con el régimen comunista fue un aspecto siempre obviado en sus propias memorias, aunque debe ser contextualizado. La ideología de Kapuscinski siempre fue de izquierdas, desde que en su infancia entró en las juventudes comunistas, pasando por su afiliación al POUP (Partido Obrero Unificado Polaco), y su posterior escepticismo hacia el sistema socialista. El periodista, consciente de los errores del régimen, era partidario de reformas que democratizaran Polonia y la hicieran más independiente de Moscú. Sin embargo, pese a sus diferencias con los gobernantes, Kapuscinski tuvo la habilidad de mantener las buenas amistades y los contactos que le permitieron lo que a casi ningún reportero proveniente de alguna de las repúblicas soviéticas: tener el apoyo suficiente para trabajar en el extranjero con una cierta independencia.

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Fuente: The Guardian

Como ya está reseñado con anterioridad, “El Imperio” es el libro de Kapuscinski que mejor recoge las realidades que se construyeron alrededor de la Unión Soviética. Sin embargo, entre todas las críticas allí recogidas, no se advierte ni una línea en la que el autor admita su creencia en y su afiliación al partido comunista. No está, se omite. Un hombre con su capacidad para entender y para hacer entender, prefirió ocultar su propio “yo” y no explicarlo. La construcción de su propia imagen, de una figura de reportero heroico, sin tachas, comprometido ante los males de la tierra, es otra de las faltas que le achaca Domoslawski en su biografía. Allí se le define como excesivamente sensible a las críticas, muy celoso acerca de lo concerniente a sí mismo, torpe para la discusión. Lo anterior no es un intento de desprestigiar a Kapuscinski, sino de describir las esquinas que también son parte de este genio. En su propia obra, escrita en primera persona, él es el narrador y el personaje más importante. Son libros escritos a través de él mismo, por lo que conocer al autor ayuda a entender mejor su producción.

Lectores empedernidos, amantes de la historia, periodistas en ciernes, incluso viajeros en busca de nuevos destinos, tengo una buena noticia para ustedes. Polonia nos dio una grandísima razón por la que tener un libro en la mano. Aprovéchenla. Lean a Kapuscinski.

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Un comentario en “Jaime Llinares: Kapuściński, o la ventana polaca al mundo

  1. Magnífica la semblanza de este gran periodista y escritor. Quedé impactado con “Ébano” y con el resto de títulos suyos. Me gustaría saber si dejó algún discípulo polaco para leerle.

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