Lviv, antaño la polaca Lwów y la austríaca Lemberg, capital de la  región histórica de la Galicia oriental, es hoy en día el mayor feudo del nacionalismo ucraniano. Foto: Ángel López Peiró

El periodista e historiador polaco Filip Mazurczak, quien ya contribuyó a “La Polonia de los polacos” con un monográfico sobre las aportaciones polacas a la ciencia y la tecnología a lo largo de la historia, ha acordado ceder el contenido de un artículo suyo en inglés  en Visegrad Insight para ser traducido al español en este portal. El  esclarecedor, objetivo y bien documentado artículo de Mazurczak explora una cuestión a la cuál  ya me referí aquí: las relaciones polaco-ucranianas en la actualidad en relación con las masacres de polacos por parte de ucranianos durante la Segunda Guerra Mundial.

Texto original en inglés: Filip Mazurczak / Traducción al español: Ángel López Peiró

Aparentemente Polonia y Ucrania son hoy en día son estados aliados y cercanos en política exterior. Varsovia apoya de forma consistente las aspiraciones de su vecino exterior para ingresar en la OTAN y en la Unión Europea. Sin embargo, en realidad las tensiones generadas por la continuada negación del genocidio [o de tal consideración para dichas masacres] de decenas de miles de polacos cometido por parte de nacionalistas ucranianos dificultan la posibilidad de una reconciliación total entre ambas naciones. La negación del genocidio no es solo un flaco favor a la memoria histórica polaca, sino también tóxica para la incipiente identidad ucraniana postsoviética.

Durante siglos la Ucrania occidental fue reinada por Polonia [Mancomunidad de Polonia y Lituania]. Después del resurgimiento de un nuevo estado polaco independiente en 1918, las regiones de Galicia oriental [excepto su principal ciudad Lwów, poblada  por un gran porcentaje de polacos] y Volinia, pobladas mayoritariamente por ucranianos, volvieron a quedar bajo la administración polaca. La Segunda República Polaca (1918-1939)  llevó a cabo políticas discriminatorias con los ucranianos [principal minoría del país], convirtiendo las escuelas ucranianas en escuelas bilingües y promoviendo los asentamientos de colonos polacos en estas zonas.

Como respuesta, en 1929 se formó  la Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN). Dicha entidad realizó actividades terroristas, como el asesinato del ministro polaco Bronisław Pieracki en 1934. El OUN estaba influenciado por la ideología fascista de Dmytro Dontsov,  quien buscó establecer de una forma violenta un estado ucraniano étnicamente homogéneo. Existían dos facciones dentro del OUN, una moderada liderada por Andriy Melnyk, y otra genocida, liderada por Stepan Bandera.

En 1939 con la invasión de Polonia por parte de la Alemania Nazi y la Unión Soviética, los nacionalistas ucranianos se llevaron una alegría y se aprovecharon de la situación. La facción de Bandera dentro del OUN formó el Ejército Ucraniano (UPA). En 1943,  el UPA buscó exterminar todos los no ucranianos en el oeste de Ucrania. La mayoría eran polacos, pero entre sus objetivos también había judíos, armenios  y otras minorías, así como ucranianos no nacionalistas. Más de 100.000 civiles fueron asesinados. Los métodos del UPA eran sádicos;  niños forzados a beberse la sangre de sus padres asesinados eran situaciones habituales. 

Después de la anexión del oeste de Ucrania por la USSR [1944], Stalin mandó a los miembros del UPA a los gulags, donde, como Aleksandr Solzhenitsyn escribió, organizaron rebeliones. Desde que Ucrania se convirtiera en un estado independiente en 1991, el país ha estado muy dividido sobre esta cuestión. En la mitad este del país, UPA y Bandera son hoy considerados escoria fascista. En el oeste, sin embargo, donde el nacionalismo ucraniano tiene más popularidad, muchos ven a los banderitas como héroes nacionales.

Viktor Yuschenko, presidente de Ucrania de 2005 a 2010, otorgó el mayor honor de estado a Bandera. Su sucesor, Viktor Yanukovych, retiró esta condecoración honorífica. Con Petro Poroshenko, presidente desde 2014, UPA y Bandera son de nuevo emblemas nacionales. Poroshenko ha elogiado repetidamente el UPA por su lucha en pro de la independencia de Ucrania  y su “heroísmo,” y ha convertido el aniversario de la fundación de UPA en una fiesta nacional. El parlamento ucraniano ha ratificado una resolución que criminaliza la crítica del UPA. Recientemente una calle de Kiev fue renombrada en honor de Stepan Bandera.

Desde su ingreso a la OTAN en 1999 y a la Unión Europea en 2004, un aspecto crucial de la política exterior de Polonia ha sido atraer a Ucrania y  otras antiguas repúblicas soviéticas hacia estas estructuras. Como los nacionalistas ucranianos apoyan la aproximación de Ucrania a occidente, el gobierno polaco no ha reconocido los eventos de 1943 como genocidio, para disgusto de muchos polacos. El partido liberal Plataforma Cívica, que gobernó Polonia de 2007 a 2015, bloqueó la aprobación de resoluciones que condenaban  la aprobación de resoluciones parlamentarias  condenando los eventos en el oeste de Ucrania como genocidio, argumentando que esto dañaría las  relaciones polaco-ucranianas.

El otoño de 2015, el partido conservador Ley y Justicia (PIS) se hizo con el poder en Polonia. Su política con Ucrania ha sido similar a la de su predecesor. Derecho y Justicia (PIS) es más proclive a la catalogación  y condena de la masacre como genocidio, pero existe división dentro del partido en relación a esta cuestión. Recientemente, su líder Jarosław Kaczyński se refirió a la masacre  de 1943 como  “genocidio;” sin embargo, el portavoz de Derecho y Justicia en la cámara baja del Parlamento  rechazó entregar un borrador realizado por senadores del partido para someter a votación la definición de la susodicho crimen como genocidio.

La mayor parte de los medios polacos también son cautelosos con el uso del término “genocidio.” Por ejemplo, el periódico derechista Gazeta Polska despidió al padre Tadeusz Isakowicz-Zaleski, un sacerdote católico y veterano de Solidaridad que trabajaba como columnista para esta publicación, después de que escribiera un artículo criticando a los protestantes del Maidan por glorificar a UPA. Por su parte, Adam Szostkiewicz de la publicación izquierdista  polaca Polityka escribió que los ucranianos necesitan UPA y Bandera porque cada nación necesita mitología.

Algunos ucranianos han intentado reparar el daño, pero sus intentos se quedan muy cortos. Recientemente, intelectuales, políticos y obispos ucranianos mandaron una carta abierta, pidiendo perdón y perdonando a los polacos por sus pecados pasados. Sin embargo, las palabras “UPA” y “genocidio” nunca aparecen en la carta;  esta se refiere eufemísticamente a la “tragedia de Volinia.” Mientras tanto, historiadores ucranianos como Jaroslav Hrytsak presentan el genocidio de 1943 como parte de un complejo conflicto polaco-ucraniano con el mismo nivel de fechorías. El periodista Andrzej Brzeziecki escribió en Gazeta Wyborcza que los orígenes de este genocidio están en las políticas polacas del periodo de entreguerras hacia la minoría ucraniana. Tales declaraciones revelan mala voluntad;  la Segunda República Polaca no era ningún paraíso para los ucranianos, pero hay una gran diferencia entre polonizar escuelas y el genocidio.

A largo plazo, no reconocer los eventos de 1943 como genocidio tendrá consecuencias negativas no solo para los polacos, pero también para Ucrania. Como Ucrania, atascada por la guerra y la pobreza, no parece mostrar ninguna señal de que pueda rebotar de su miseria, es probable que los ucranianos sigan emigrando a su vecino más próspero, Polonia. Algunas estimaciones sitúan el número de ucranianos en Polonia en un millón. Sin una disculpa ucraniana, las tensiones entre ambos países crecerán. Una encuesta muestra que a los ucranianos les gusta Polonia más que ningún otro país extranjero. Sin embargo, no se trata de un amor correspondido. Muchos polacos guardan cierta aprensión a los ucranianos por los hechos de 1943.

Contrariamente, los rencores polacos contra los alemanes, que también cometieron enormes crímenes [mucho mayores] contra los polacos durante la guerra, están desapareciendo. Esto sucede principalmente porque los alemanes se han disculpado por las atrocidades cometidas contra los polacos, empezando por la visita de Willy Brandt a Varsovia en 1970. Glorificando al UPA, el gobierno ucraniano está generando sentimientos amargos hacia Ucrania entre los polacos.

Además, si tanto Polonia como Ucrania quieren que esta última  ingrese en la OTAN y en la UE, no es mucho pedir que los ucranianos adopten valores occidentales. Bruselas ha convertido el reconocimiento por parte de  Turquía del genocidio armenio en una conditio sine qua non para un futuro acceso a la UE. Es inconcebible que un país dirigido por un gobierno que abiertamente glorifica a nacionalistas genocidas pueda pertenecer a la UE. Con solo 25 años de independencia como estado, Ucrania es una nación joven que está empezando a crear su mythos. Si nada cambia, UPA y Bandera podrían convertirse en pilares de la identidad ucraniana.

Aquellos que aseguran que Ucrania necesita Stepan Bandera y UPA para tener una identidad fuerte  son ignorantes de la historia ucraniana. Cuando Yuschenko dio a  Bandera la mayor distinción honorífica de Ucrania en 2010, la llamada Anti-Defamation League, una organización judía dedicada a luchar contra el  antisemitismo, sugirió que se diera este honor en su lugar a los ucranianos que escondieron judíos durante el Holocausto. El cáncer nacionalista hizo metástasis en solo una parte de la sociedad ucraniana, y muchos ucranianos nobles fueron asesinados por esconder sus vecinos polacos y judíos. En lugar de honorar a Stepan Bandera, Kiev debería promover luchadores ucranianos por la independencia que no cayeron en el chauvinismo, como Symon Petliura,  líder de la efímera República Popular de Ucrania occidental (1918-1919). Petliura fue un aliado de Polonia durante la guerra polaco-bolchevica y se opuso al antisemitismo, interviniendo para intentar parar pogromos.

Todas las naciones cuentan con episodios oscuros en su pasado, porque cada nación está formada por personas falibles. Confesar transgresiones pasadas e intentar evitar que se repitan convierte a las sociedades en más maduras. No es la continuada glorificación del UPA y Stepan Bandera, como ha sugerido Adam Szostkiewicz, lo que fortalecerá la identidad ucraniana. Solo una evaluación objetiva del pasado de una nación, tanto sus logros como sus fracasos, la puede hacer más fuerte

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3 comentarios en “Filip Mazurczak: El reconocimiento como genocidio de las masacres de Volinia, un reto para la reconciliación polaco-ucraniana

  1. Vaya artículo más mentiroso y malísimo. “Durante siglos la Ucrania occidental fue reinada por Polonia” eso es verdad y porque no cuentan cómo fue “reinada”. ¿¿¿Los ucranianos han querido ese gobierno polaco??? ¿¿¿Trató bien ese gobierno a los ucranianos??? ¿¿¿Quién se metio en el territorio que no era el suyo para “gobernar”??? Cualquier pueblo ocupado se levanta y lucha contra los ocupantes, así que podéis inventar lo que os de la gana pero quien tiene cerebro puede sacar las conclusiones.

    1. Los Polacos vivian en Wolyn desde hace siglos, compraron la tierra porque era barata y la cultivaban, tenian sus negocios, daban trabajo a los Ucranianos y convivian con ellos. Escuelas eran bilingues, muchos profesores eran Rusos ,y muchos medicos Judios. De repente, pueblo Ucraniano se levantó contra los Polacos (pero tambien Judios, Checos y todos los que no eran etnicamente Ucranianos) y atacó como el cobarde – de madrugada – a los niños, mujeres y ancianos (la mayoria de los hombres polacos luchaba contra ocupacion alemana y rusa y no estaba en casa). Ucranianos cortan literalmente a sus indefensos vecinos en trozos, los queman vivos, los torturan para que : ¨hasta la decena generacion de los Polacos no puede ni mirar hacia Ucrania¨ (las palabras de Mychaiło Kołodziński, uno de los jefes de OUN). DE VERDAD ESO ES LO QUE OS PARECE NORMAL Y CORRECTO? No teneis otros heroes en Ucrania?

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