Foto: Krynica Morska en el Cordón del Vístula, con la Laguna del Báltico a la derecha y el Mar Báltico a la izquierda. Foto: gotravelaz.com

Elbląg–ciudad polaca de 127.000 habitantes, conocida como Elbing cuando formaba parte de Prusia y Alemania, y ubicada al noreste del país en el voivodato de Varmia-Mazuria–no es una población importante desde un punto de vista  económico, político y urbanístico, ni siquiera un destino turístico muy concurrido.

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Su casco antiguo quedó completamente destruido tras la Segunda Guerra Mundial; ha sido reconstruido desde el fin del comunismo en 1989 con edificios que muestran unas fachadas de estilo aparentemente hanseático, pero con mucho cristal y un toque moderno. Un intento más o menos acertado—hay opiniones para todo–de recrear las fachadas del hermoso centro histórico de Gdansk, pero sin duda un experimento arquitectónico único.

Muy pocos extranjeros habrán oído hablar sobre esta localidad y aun muchos menos la sabrían situar en el mapa. Su principal atracción turística es el canal que la conecta con Ostróda, 80 kilómetros al sureste en la región de Mazuria, navegable prácticamente en su totalidad, excepto en un pequeño tramo en que por las diferencias de desnivel, los barcos son transportados (con los pasajeros a bordo) sobre unos raíles. Algo único en el mundo, pero que no ha servido para que Elblag obtuviera una gran repercusión como ciudad turística.

En el aspecto económico la ciudad destaca única y principalmente por tener la mayor fábrica de cerveza de Polonia, Elbrewery, que pertenece al grupo Zywiec, productor de algunas de las cervezas más consumidas en Polonia.

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El centro de Elbląg (Stary Rynek) con la emblemática Brama Targowa y la arquitectura neohanseática característica de la ciudad Foto: Ángel López Peiró

De la prosperidad portuaria al declive

Sin embargo, las apariencias nos ocultan la verdad sobre el pasado de este lugar. Ciertamente la Elbląg de hoy, una pequeña ciudad de provincias, es solo una sombra de lo que fue en la Baja Edad Media: una esplendorosa, próspera ciudad portuaria hanseática, que llegó a ser el principal puerto de Polonia. Título que le robaría Gdansk, y que hoy en día ostenta Gdynia. Algo difícil de creer hoy en día si miramos dónde se encuentra Elbląg en el mapa actual de Polonia—no es una ciudad costera.

Es bien sabido que la historia es caprichosa, y todo lo que baja puede volver a subir—y al revés. La geografía tampoco es inamovible. Contra todo pronóstico, Elblag cuenta hoy con una gran oportunidad de recuperar su próspero pasado portuario gracias a su ubicación privilegiada y estratégica—entre Kaliningrado, Gdansk, Mazuria-Varmia y la Laguna del Vístula.  Y ante todo, gracias a un nuevo proyecto de Polonia y la Unión Europea que, de ejecutarse finalmente, cambiará literalmente la geografía y la orografía polacas.

Durante cientos de años, el llamado Cordón del Vístula, una franja estrecha de terreno que separa el Mar Báltico de la Laguna del Vístula–llamada así porque dos de los ramales (uno es el llamado río Nogat que transcurre junto al famoso castillo de Malbork creando una imagen muy pintoresca) del río Vístula desembocan en este último—tuvo una brecha en la mitad, permitiendo la navegación entre el mar y la principal población en la orilla sur de la laguna: Elbląg. La laguna se extendía mucho más al sur que en la actualidad.

Esa peculiar característica geográfica permitía que Elbląg, fundada por la Orden de los Caballeros Teutónicos en 1237, tuviera una salida directa al mar Báltico. Ese hecho impulsó el florecimiento económico de la ciudad gracias al comercio marítimo. Los caballeros germánicos, con muy buen olfato para los negocios, consiguieron inscribir a la ciudad en la Liga Hanseática.

Cuando fue tomada por el reino polaco, como región autónoma controlada por los prusianos (pueblos nativos paganos de esta zona, no confundir con los habitantes germánicos de Prusia posteriormente) en 1466 tras la Segunda Paz de Torun, y oficial y plenamente en 1569,  la ciudad ya era un puerto marítimo típico de pleno derecho y en el sentido geográfico. De hecho, esta poblacón mantenía unas intensas relaciones comerciales con Inglaterra, Francia, Flandes y Holanda; desde Elbląg se exportaba sobre todo granos, metales y madera al resto del continente.

Luego, caprichos del destino,  la naturaleza le jugó una mala pasada a Elbląg. La salida de la ciudad a la laguna se secó y se convirtió en un cenagal. La causa fue el proceso natural de sedimentación por parte del Río Vístula, que finalmente terminó también por cerrar la brecha en el cordón. Elbląg, al igual que otras poblaciones a la orilla de la laguna, como el pueblo de Frombork, habían perdido su acceso al mar Báltico (Golfo de Gdansk). Frombork cuenta hoy  con un pequeño puerto a orillas de la laguna y en Elbląg ya no hay puerto marítimo, solo fluvial.

Elbląg entró en un declive acelerado, que vino acompañado de las invasiones suecas (El Diluvio). Un tímido resurgimiento a finales del  siglo XIX gracias al desarrollo de la actividad industrial durante su periodo de pertenencia a Alemania,  no fue suficiente para cambiar la tendencia decadente de la ciudad. En 1945, tras su pertenencia al Tercer Reich y ser campo de batalla germano-soviética, la ciudad volvió a manos polacas. Una urbe destrozada y repoblada con los polacos expulsados de los territorios perdidos en favor de la URSS en el este. La laguna, por su parte, quedó divida entre Polonia, la parte occidental cercana a Elblag, y la Unión Soviética, la parte oriental. Bajo jurisdicción prusiana y alemana durante las particiones de Polonia, posteriormente en el periodo de entreguerras la parte occidental de la laguna pertenecía a la Ciudad Libre de Danzig mientras que las aguas de la zona este quedaban bajo control alemán.

 

El resurgimiento: el proyecto que puede cambiar el destino de Elblag, Frombork y Krynica Morska

 

En realidad la laguna del Vístula ya cuenta con una salida al mar. El estrecho de Baltiysk. Se encuentra en su extremo oriental del cordón, dentro del enclave ruso de Kaliningrado, y permite la navegación de barcos rusos desde el Báltico a la ciudad de Kaliningrado, que tiene el único puerto ruso que no se congela y es navegable en invierno. Es decir, el estrecho conecta esta ciudad por mar con los puertos de la Rusia propiamente dicha.

Las autoridades portuarias rusas que controlan el estrecho de Baltiysk dificultan o impiden la circulación de barcos polacos como medida de presión política, aunque sobre el papel existe un acuerdo entre ambos países sobre la navegación en la laguna que se renueva cada pocos años. Diferentes gobiernos polacos buscaron una solución a este problema, con el fin de evitar la dependencia de Rusia, y decidieron proponer a la Unión Europea un proyecto para abrir una brecha–un canal–en el Cordón del Vístula, dentro de territorio polaco. Finamente, en agosto de 2014 el ejecutivo de Donald Tusk anunció el plan de lanzar el proyecto.

Esto permitiría impulsar la navegación desde el Báltico a través de la laguna hacia Elblag, donde se podría incluso construir un gran puerto marítimo a las afueras de la ciudad en su cara norte. El mero proyecto de apertura al Báltico ya  impulsaría el crecimiento urbanístico de la ciudad y el puerto—ya sea en su estado actual o como ambicioso puerto marítimo— generaría un desarrollo económico de grandes dimensiones en esta población, castigada por la historia natural y el infortunio. Otras poblaciones de la región en la orilla meridional de la laguna, especialmente la emblemática y más pequeña Frombork (2500 habitantes)—donde Nicolás Copérnico pasó sus últimos días y yacen sus restos mortales—se beneficiarían notablemente del proyecto.

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Al fondo de la imagen el Cordón del Vístula visto desde la otra orilla de la laguna en Frombork. Foto: Ángel López Peiró.

 

El canal tendría un 1 km de longitud y el proyecto de construcción costaría unos 880 millones de zlotys. Sería financiado con fondos de la Unión Europea. El futuro del proyecto queda, sin embargo, pendiente de la evolución de su impacto ambiental por parte de la Comisión Europea. La zona donde se quiere construir el canal queda enmarcada en un área natural protegida dentro de la red Natura 2000 de la UE.

Varios grupos de ecologistas se han opuesto al proyecto porque la apertura de una brecha del cordón va a provocar un intercambio de aguas entre el Báltico y la laguna que podría dañar seriamente los ecosistemas de esta. La Laguna contiene agua dulce de origen fluvial, y la apertura al Báltico provocaría un drástico aumento de la salinidad de sus aguas. Además, la migración de mamíferos marítimos por la laguna se podría ver afectada.

El proyecto encuentra otro problema, la única población ubicada dentro del Cordón del Vístula: el popular destino de veraneo de Krynica Morska. Los vecinos, hoteleros y restauradores de este localidad temen, en primer lugar, que su acceso terrestre a Gdansk, con el resto de Polonia, se vea afectado por la construcción del canal. En segundo lugar, creen que el paso de embarcaciones por el nuevo canal contaminará las playas, la base del turismo en Krynica Morska.  En respuesta a estas quejas, de momento el gobierno ha comunicado que está dispuesto a hacer una oferta especial para asegurar que el proyecto pueda satisfacer las necesidades de los vecinos de Krynica. Las autoridades han asegurado que la construcción del canal no empeorará las comunicaciones entre esta población y la Polonia “continental”, pues, todo lo contrario, las mejorará.

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Las diferentes variantes que se contemplan para el lugar exacto donde se tiene que cortar el Cordón del Vístula. Fuente: http://wiadomosci.gazeta.pl/wiadomosci/51,114871,19413609.html?i=1

 

La construcción de este canal es una gran prioridad para el actual ejecutivo polaco, que está negociando su aprobación con la Comisión Europea y desea empezar los trabajos ya en 2017. Desde el lado polaco se esgrime como principal argumento ante las autoridades en Bruselas lo siguiente: tener una alternativa de acceso a la laguna en el lado polaco es de vital importancia, para así no depender del estrecho ruso. Nos encontramos ante una cuestión que va más allá de la economía, un problema estratégico, geopolítico y de defensa, que no deja lugar a dudas al analizar el mapa de la zona. Por supuesto, como era de esperar, Rusia se ha opuesto firmemente desde un inicio a la apertura de la laguna en la zona polaca.

De aprobarse el proyecto, Elbląg ciertamente pasará a ser una de las ciudades polacas con mejores expectativas de desarrollo urbanístico, crecimiento económico y mayor potencial para inversiones, en toda Polonia en la próxima década. Las posibilidades de que ante tal escenario Elbląg recupere su destacado papel comercial, y supere en desarrollo a otras ciudades polacas de mucho mayor tamaño, son muy elevadas.

¿Recuperará Elbląg su esplendor y prosperidad hanseáticas? ¿Competirá con los puertos de Gdynia y Gdansk? El futuro de la ciudad está vez no está en manos de la naturaleza sino en los despachos de la Comisión Europea en Bruselas.

 

Elbląg a vista de pájaro:

 

 

 

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