Este año se cumple el 70 aniversario de la liberación de los campos de concentración y exterminio alemanes nazis en la Europa central oriental. El pasado 27 de enero, con motivo del 70 aniversario de la liberación de Auschwitz, 300 supervivientes del campo participaron en un acto conmemorativo junto a autoridades y personalidades de Polonia y todo el mundo en el actual museo.

Este lugar constituye un símbolo del horror del nacionalismo y racismo extremos cultivados por Alemania en los años 1930, cuyo resultado no fue sólo los campos de concentración, y cuyas víctimas no fueron sólo los judíos (polacos, gitanos, prisioneros de guerra soviéticos, discapacitados y homosexuales). En el ideario nazi la siguiente raza inferior a eliminar después de la judía era la eslava.

Un mensaje claro se transmite con motivo de esta efeméride: no hay que olvidar, para intentar que no se vuelva a repetir, algo que nada ni nadie puede garantizar. Un mensaje que  es más necesario que nunca en un contexto de auge de los extremismos nacionalistas y el antisemitismo en Europa, (y de persecución y asesinato de cristianos por parte del Estado Islámico en Oriente Medio).

La parte positiva–si es que puede haberla, en la mayor tragedia de la historia de Europa–es la de los que milagrosamente sobrevivieron al Holocausto, y de los que pusieron en peligro su propia vida para salvar a la de otros, como fue el caso del protagonista de esta historia en ambos aspectos.

En junio de 2014, durante un evento enmarcado en el Festival de Cultura Judía de Cracovia, tuve el placer de hablar con las dos hijas de un superviviente del Holocausto y uno de los más de mil nombres que figuraban en la Lista de Schindler: Josef Bau.

La historia de Josef Bau

Bau

Evento en el JCC de Cracovia conducido por las hijas de Bau para conmemorar el 70 aniversario de la boda de sus padres en el campo de Plaszów
Evento en el JCC (Centro de la Comunidad Judía) de Cracovia el 29 de junio de 2014 conducido por las hijas de Bau para conmemorar el 70 aniversario de la boda de sus padres en el campo de Plaszów. En la imagen las hermanas Bau hablando del mapa de dicho campo que su padre tuvo que dibujar para los nazis. Foto: Ángel López Peiró

Josef Bau fue un dibujante, pintor y poeta polaco judío, uno de los pioneros del cine de animación israelí y también trabajó para el Mossad falsificando documentos de identidad para los espías israelíes operando en diferentes países de Oriente Medio (algo que sus hijas no descubrieron hasta después de su muerte).

Durante la Segunda Guerra Mundial fue empleado (ganando a cambio su supervivencia, luego extendida gracias a la archiconocida lista de Schindler) por los nazis para dibujar mapas y escribir señales al ser capaz de escribir letras góticas. Una habilidad que utilizó para salvar a centenares de judíos gracias a la falsificación de documentos.

Bau se casó  de forma clandestina con una interna judía, Rebecca Tennenbaum, dentro el campo de concentración nazi de Płaszów en Cracovia, jugándose la vida con ello. Una boda que fue plasmada por Steven Spielberg en una escena de la película La Lista de Schindler.

Precisamente, en el acto en Cracovia las dos hermanas Bau, que dirigen el museo Joseph Bau en Tel Aviv, realizaron una conferencia en el Centro de la Comunidad Judía de Cracovia sobre la vida y obra de su padre. Además, organizaron una recreación de la boda de sus padres en Płaszów para conmemorar el 70 aniversario del enlace.

Antes de la guerra

Bau nació en Cracovia en 1920 en el seno de una familia judía asimilada donde se hablaba polaco y donde había un sentimiento de pertenencia a Polonia, al igual que a la tradición, cultura y religión judías. Desde bien joven  Josef mostró ya un llamativo y polifacético talento artístico. En 1938 empezó a cursar sus estudios en la Universidad de Artes Plásticas de Cracovia. Estudios que quedaron interrumpidos por el estallido de la guerra. Precisamente en la universidad decidió aprender a dibujar letras góticas germánicas; algo que les ofreció un profesor a los alumnos de una clase pero que sólo, Bau, un judío, quiso aprender, ya que había mucha recelo a todo lo alemán, por todas la noticias que llegaban esos años a Polonia sobre el III Reich. Bau quedó fascinado por las letras góticas, que durante la guerra le salvaron la vida y le ayudaron a salvar la de muchos otros.

Gueto de Cracovia

Josef y su hermano Marcel no disponían de kennkarten (documentos de identidad válidos ante las autoridades de la ocupación nazi) y corrían el riesgo de deportación a un campo de concentración. Después de merodear por Cracovia y alojarse en una casa en un pueblo a las afueras de Cracovia donde sólo podían pasar las noches, tuvieron que entrar en el gueto en el barrio de Podgórze de forma ilegal para poder reunirse con el resto de su familia, que vivía en condiciones infrahumanas un apartamento diminuto de Plac Zgody 1 (Plaza de la Paz, actualmente llamada Plaza de los héroes del Gueto) tras ser expulsados de su casa. Los valientes e intrépidos hermanos Bau tampoco disponían de libros de racionamiento para comprar alimentos ni permiso de residencia (carta azul) del Judenrat.

Dibujo que hizo Josef Bau de la puerta de entrada al Gueto de Cracovia josephbau.com
Dibujo que hizo Josef Bau de la puerta de entrada al Gueto de Cracovia josephbau.com

El Judenrat le contrata como dibujante y escritor de letras góticas para los administradores del gueto. Se le encarga dibujar un nuevo mapa del gueto en que se divide este entre una zona A y una B. Un mapa que reflejaba la reducción de tamaño del gueto y las inminentes primeras deportaciones en masa. Consigue a cambio una kennkarte pero no la carta azul que le permitiría permanecer en el gueto legalmente. Estuvo a punto de morir en el patio de la fábrica Optyma donde estaba retenido, pero fue rescatado por la intervención de su madre ante el comandante del gueto, que le estaba en deuda por su trabajo.

En el campo de concentración de Plaszów, Cracovia

En 1942 Bau es trasladado a Plazsów, a unos 2 km del gueto, junto con algunos centenares de residentes del gueto que pudieron escapar de las deportaciones a campos de exterminio o las ejecuciones inmediatas.

Fuente: josephbau.com
Fuente: josephbau.com
plaszow map - baum
Mapa del campo de Plaszów josephbau.com

Aquí Bau trabajaba para los administradores del campo dibujando mapas y escribiendo letras góticas para señales. A cambio, recibía un poco más de comida que el resto de los internos.

Josef y Rebeca se conocieron en Plaszów, se enamoraron y se casaron de forma secreta en los barracones para mujeres del campo. Fue un auténtico milagro que pudieran enamorarse y casarse en esa situación,  y todavía más que pudieran vivir juntos y felices después de la guerra durante muchos años. No es de extrañar entonces que Bau hasta el día de su muerte creyera en los milagros.

Un día vio desde la distancia como un oficial de las SS, Gruen, mataba a su padre. El oficial hubiera acabado también con su vida si no fuera por Isaac Stern, que le evitó acercarse más al asesino de su progenitor. Su hermano fue asesinado en el gueto y su madre murió por un exceso de comida cuando fue liberada del campo de Bergen-Belsen por las tropas norteamericanas.

Pese al horror, Josef nunca perdió su gran dotación de humanidad, esperanza y buen humor durante su tiempo en Plaszów. Incluso en las circunstancias horribles que le rodeaban, no dejó de dibujar, pintar y escribir historias divertidas además de poemas de amor a su querida Rebecca.

En Moravia con los salvados por la Lista de Schindler

La mujer de Bau consiguió incluirle en la Lista de Schindler (una lista que fue posible gracias a la inestimable contribución de Mietek Pemper, aunque la película minimice este punto), mientras que ella escapó de la muerte hasta tres veces en Auswitch, engañando al Dr. Menguele, el Ángel de la Muerte.

Bau se trasladó con el resto de listados a la nueva fábrica de Oskar Schindler en Brünnlitz (actual República Checa) en octubre de 1944. Una fábrica donde se cambió la producción de cacharros de cocina y esmaltes que se hacía en Cracovia por la de granadas, pero con una productividad extremadamente baja intencionada.

Lo que no es ampliamente conocido es que Josef Bau, al igual que la mayoría de los salvados por la lista de Schinler, muchos años después mandó dinero a Oskar Schindler cada mes cuando este estaba pasando por una situación económica muy difícil, porque ninguno de sus negocios después de la guerra tuvo éxito.

retrato de Oskar Schindler

Regreso a Cracovia tras el horror

Después de una auténtica odisea desde Moravia y tras poder reencontrarse por casualidad con su esposa consigue regresar a su ciudad, pero su antiguo piso había sido ocupado por otros ‘inquilinos’. Durante los primeros años de posguerra Bau completa sus estudios universitarios en Cracovia y trabaja como caricaturista para tres periódicos locales.

Años después de la guerra cuando le preguntaron por qué no escapó de los campos de concentración falsificando documentos para él mismo, y respondió: “Si hubiera escapado, ¿quien hubiera salvado a los otros? Además, si hubiera escapado en lugar de sufrir durante 5 años nunca hubiera conocido a mi mujer”

Nueva vida en un nuevo país: Israel

En 1950 Bau decide emigrar a Israel para emprender una nueva vida junto con su mujer y su hija de tres años. Una decisión que hay que contextualizar en las secuelas creadas por el lugar de los horrorosos hechos que vivió durante el Holocausto y el duro momento que vive Polonia entonces bajo el régimen estalinista.

En Israel al principió trabaja para el Brandwein Institute de Haifa y más tarde en 1956, toda la familia se traslada a Tel Aviv, donde continuó pintando, dibujando en su propio estudio. En los años 1960 creó los títulos de casi todas las películas israelís.

Bau se convirtió en un artista pionero en Israel y el padre del sector de los dibujos animados en el país de Sión. Era conocido como “el Walt Disney de Israel”. Sin duda, el arte de Josef Bau ayudó a transformar el nuevo estado de Israel, infundiéndole solidaridad, esperanza, humor y sobre todo, optimismo.

En 1998 fue candidato al Premio Israel que condecora a aquellas personas o instituciones que han contribuido de forma más notable a la cultura israelí.

Juicio de Viena

En febrero de 1971 Bau y su mujer reciben invitaciones del gobierno austriaco para testificar en un juicio contra  Gruen, acusado de matar a miles de judíos en Plaszów. Tras ciertas dudas el matrimonio decide viajar a Viena y ayudar a que se imparta justicia. El juicio le trae tanto a la memoria todo lo vivido durante la ocupación nazi de Cracovia, que Bau sufre una fuerte subida de tensión. Tuvo que permanecer un mes en el hospital antes de poder regresar a Israel. Durante su estancia en el hospital Oskar Schindler, quien entonces residía en la capital austriaca, le visitó dos veces.

Durante su vida en Israel, y especialmente durante y después de su viaje a Viena, Bau sufrió los traumas de la guerra y en muchas ocasiones llegó a tener alucinaciones que le devolvían a los escenarios y momentos como si los estuviera reviviendo.

Josef Bau murió en Tel Aviv en 2002 a los 82 años de edad a causa de una neumonía.

El Museo Bau en Tel Aviv

La Casa de Josef Bau se ubica en el edifico donde el artista polaco tenía su estudio en Tel Aviv. Aquí pueden verse muchos de sus trabajos en los campos del dibujo, pintura, cine de animación, poesía y humor, además de consultar materiales que permiten profundizar en la figura de Bau y su legado. Un museo que estuvo a punto de cerrar sus puertas hace un par de años por problemas económicos, por lo que sus hijas, Hadassah y Tzlila animan a los interesados en la figura de Bau a realizar donaciones.

Vea este reportaje sobre el Museo Bau (en inglés, 15 minutos)

Museos y galerías de arte en todo el mundo siguen exponiendo los trabajos de Bau así como lugares tan emblemáticos como el Knesset de Israel, la sede las Naciones Unidas en Nueva York y el Congreso de los Diputados en Madrid.

Bibliografía

Para aquellos interesados en indagar en la figura de Josef Bau, su autobiografía ha sido traducida al español bajo el título “El Pintor de Cracovia”(Ediciones B, 2008).  Sin duda, una de las memorias de un superviviente del Holocausto más notables y sorprendentes que se hayan escrito hasta ahora. En el libro Bau, una persona muy humilde como destacan quienes le conocieron, no menciona en ningún momento que salvó la vida de centenares de judíos en las selecciones realizadas por las autoridades ocupantes nazis, gracias a la falsificación de documentos de identidad.

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Un comentario en “Josef Bau: una visión optimista ante la vida pese al Holocausto

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