Nicolás Copérnico usó anotaciones del reflejo de los rayos solares en esta pared del castillo de Olsztyn para los cálculos de su teoría heliocentrica Foto: Ángel López Peiró

Un gran número de polacos han contribuido significativamente a lo largo de la historia al desarrollo de la ciencia y la tecnología, pero el país centroeuropeo no se ha ganado la fama internacional que justamente se merece en este campo del conocimiento.

Escribe sobre esta cuestión, en su primera colaboración especial para ‘La Polonia de los Polacos’, el periodista polaco norteamericano Filip Mazurczak:

Filip

Una vez un grupo de alumnos universitarios de Rumanía me mostró un video en Internet que exponía como nuestro mundo sería peor sin las contribuciones de los rumanos al arte y a la ciencia. Aprendí mucho gracias a este clip, pero sobre todo tras verlo pensé que merecería la pena realizar un vídeo parecido sobre los polacos. Concretamente, los polacos han contribuido mucho a nuestro entendimiento del mundo natural. Aunque todo el mundo sabe de varios descubrimientos científicos de los polacos, pocos saben que sus autores fueron polacos.

Sin embargo, hay dos excepciones. Uno de los dos científicos polacos que conoce cada persona educada es Nicolás Copérnico (1473-1543), nacido en la ciudad prusiana de Toruń que en esa época pertenecía a Polonia. Copérnico fue educado en la Universidad de Cracovia (hoy día se llama la Universidad Jaguelónica; esta universidad, establecida por la Corona Polaca en 1364, es la segunda más antigua en Europa Oriental) y después en la Universidad de Bolonia. Cuando volvió a Polonia, Copérnico trabajó como canónigo en la diócesis de Warmia. Era un verdadero Hombre Renacentista: fue educado como médico, abogado, astrónomo y experto del derecho canónico. Sabía muchos idiomas: polaco, alemán, italiano, griego y latín. Es probable que Copérnico fuera sacerdote católico, pero falta evidencia que lo confirme.
Copérnico es más conocido por haber rechazado el modelo geocéntrico. El científico griego Ptolomeo, nacido en el Imperio Romano, desarrolló un modelo de nuestra galaxia según cual la Tierra está en su centro. Hasta Copérnico, así los europeos veían al universo. Pero en su obra Sobre las revoluciones de las esferas celestes Copérnico argumentaba que el sol estaba en su centro.

La que se cree que fue la casa natal de Copérnico en Torun. Alberga un museo sobre su vida y la Torun de la época. Foto: Ángel López Peiró
La que se cree que fue la casa natal de Copérnico en Torun. Alberga un museo sobre su vida y la Torun de la época. Foto: Ángel López Peiró

Es un mito que Copérnico fuera condenado por la Iglesia Católica (por lo menos en vida). Como escribí antes Copérnico era canónigo en la catedral de Frombork posiblemente fue cura. Su obra Sobre las revoluciones de las esferas celestes fue dedicada al papa Pablo III. Sin embargo, tras la muerte de Copérnico, durante el caso Galileo, su obra fue puesta en el Index.

La Catedral de Frombork Foto: Ángel LópezPeiró
La Catedral de Frombork Foto: Ángel LópezPeiró

La relación entre Copérnico y el nacionalismo alemán es interesante. La Polonia de Copérnico fue multicultural, y durante el Renacimiento – siglos antes del nacimiento del nacionalismo moderno en el siglo XIX – los europeos no se veían como miembros de una nación en el sentido moderno. El padre de Copérnico nació en Silesia en el seno de una familia eslava, mientras que su madre a étnicamente alemana. Sin embargo, la familia de la madre de Copérnico se identificaba fuertemente con Polonia; por ejemplo, el tío de Copérnico, Lucas Watzenrode, el obispo de Warmia, defendió a Polonia contra los Caballeros Teutónicos. Cuando Copérnico publicó su controvertida tesis, los alemanes se burlaban de ella, que para ellos representaba la ciencia “atrasada” de Polonia (por ejemplo, Lutero se reía de la “mala ciencia polaca” de Copérnico).

Sin embargo, en el siglo XX los nacionalistas alemanes comenzaron a decir que Copérnico fue alemán por los orígenes de su madre. Como parte de su campaña contra la cultura polaca, durante la Segunda Guerra Mundial los nazis pusieron una placa en el monumento de Copérnico en Varsovia según a cual él fue alemán (un scout polaco destruyó esta placa durante la guerra).

Tumba de Nicolás Copérnico en la Catedral de Frombork. Foto: Ángel López Peiró
Tumba de Nicolás Copérnico en la Catedral de Frombork. Foto: Ángel López Peiró

La otra científica polaca que conoce todo el mundo es Marie Curie (1867-1934), nacida en Varsovia como Maria Skłodowska. Hoy día, hay un museo en la casa donde nació. Está abierta para los turistas y tiene una muralla de Marie Curie en su pared. Esta mujer provenía de una familia patriótica que luchaba contra los rusos (a finales del siglo XVIII, Polonia desapareció del mapa del mundo y fue dividida por Rusia, Prusia y Austria, pero los polacos seguían luchando por su independencia), y por eso fue difícil para ella ser admitida en una universidad. Científicos polacos, amigos de su familia, la educaron, pero a la edad de 24 años Maria Skłodowska huyó de Polonia y se trasladó a París, donde comenzó los estudios en la Universidad de Sorbona. Allí conoció a Pierre Curie, su futuro marido.
Marie Curie inventó el término “radioactividad” y es autora de una tesis sobre sus orígenes. Descubrió dos elementos, polonio y radio. Desarrolló un método para aislar a isotopos radioactivos. Ella ganó el premio Nobel dos veces; sólo tres personas más lo ganaron dos veces. Aunque pasó el resto de su vida en Francia, Curie seguía considerándose una patriota polaca. Nombró uno de los dos elementos que descubrió, polonio, en honor de su patria. Hoy día, se puede visitar la tumba de Marie Curie en el Panteón en París (fue la primera mujer enterrada allí). Muchos “peregrinos” polacos vienen allí, y siempre hay flores blancas y rojos en su tumba.

Casa natal y museo de Marie Curie en Varsovia Foto: Ángel López Peiró
Casa natal y museo de Marie Curie en Varsovia, en la calle Freta 16 Foto: Ángel López Peiró

Sin duda, Nicolás Copérnico y Marie Curie son los dos científicos polacos más importantes. Sin embargo, otros polacos también han revolucionado cómo vemos el mundo natural. Otro científico polaco que, como Marie Curie, nació en la Polonia bajo las Particiones fue Jan Dzierżon (1811-1906), un sacerdote que fue excomulgado pero que después se reconcilió con la Iglesia. Se le considera el padre de la apicultura moderna. Descubrió la reproducción asexual en las abejas y diseñó la primera colmena de cuadros móviles. Hoy día hay una estatua de Dzierżon y un museo de apicultura en Kluczbork, el pueblo silesiano de donde originó.

Todos sabemos qué son las vitaminas. Cuando éramos niños, nuestras madres nos obligaban a que comiéramos zanahorias porque contienen Vitamina A, y por eso son buenas para la vista. Pero menos gente sabe de donde viene el término “vitamina”:

KazimierzFunk (1884-1967; vivió muchos años en los Estados Unidos, y por eso su nombre es frecuentemente anglizado como Casimir Funk) nació en Varsovia. Terminó el colegio en Polonia y la universidad en Suiza. Algún día en 1912, este bioquímico polaco leyó un articulo escrito por el holandés ChristianEijkmann según cual gente que consumía el arroz marrón contraía beriberi menos. Eso le hizo pensar, y Funk postuló que hay ciertas cosas que comemos que nuestros cuerpos necesitan para protegerse contra las enfermedades. Funk llamó esas cosas “vitaminas”, un neologismo que derivó de dos palabras inglesas: “vital” (necesarias para la vida) y “amines” (aminas). Otro científico polaco, LudwikRajchmann (1881-1965; uno de los fundadores de UNICEF) le ayudó en eso. Funk pasó el resto de su vida buscando una cura para el cáncer y tratando enfermedades que se producían por la carencia de vitaminas.

Otro científico polaco muy importante fue el biólogo y zoólogo Rudolf Weigl (1883-1957). Este hombre nació y fue educado en Leópolis (Lviv), una ciudad históricamente polaca que hoy día es parte de Ucrania. Weigl desarrolló la primera efectiva vacuna contra el tifus en los 1930. En esa época, todo el mundo científico estaba enamorado en Weigl. Después de haber invadido a Etiopía, el gobierno italiano de Mussolini invitó a Weigl a Etiopia para que desarrollara una vacuna que protegiera a los italianos contra las enfermedades contraídas por la población local. Luego, Weigl volvió a Polonia. Durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis contrataron a Weigl para que desarrollara la vacuna para los soldados alemanes que luchaban en la Frente Oriental y morían muy rápidamente por el tifus. Weigl se acordó de esta, pero clandestinamente envió muchas vacunas al contrabando al Gueto de Varsovia, así mismo que salvando a muchos judíos polacos (que, trágicamente, murieron por otras causas después). Los alemanes no cerraron al laboratorio de Weigl, y gracias a eso él siguió desarrollando su vacuna durante la guerra. Muchos polacos sobrevivieron por ser contratados por Weigl para criar a los piojos para hacer más vacunas en su laboratorio.

Un colega de Weigl que también influyó mucho a la ciencia fue Ludwik Hirszfeld (1884-1954), primo de Ludwik Rajchmann que mencioné antes, un microbiólogo polaco. Se nació en una familia judía en Varsovia (después Hirszfeld se convirtió al catolicismo) y después de la Segunda Guerra Mundial se trasladó a Breslavia, ciudad alemana que pasó a formar parte de Polonia (bajo el nombre Wroclaw) en la posguerra, donde se hizo decano del departamento de medicina en la universidad y donde vivíó hasta su muerte. En el Gueto de Varsovia, Hirszfeld – que trabajaba para el Instituto Polaco de la Higiene – recibía las vacunas de Weigl y las vendía a los judíos allí. Antes de la guerra, Hirszfeld se hizo famoso por haber descubierto los tres grupos sanguíneos y fue la primera persona que propuso tres categorías para estos: A, B y O.

Otra contribución polaca a la medicina que cabe mencionar es la invención de la primera vacuna efectiva contra la poliomielitis, que desarrolló el virólogo Hilary Koprowski (1916-2012) para la compañía American Cyamid.

Entre los científicos polacos de hoy, uno de los más famosos es Aleksander Wolszczan (nacido en 1946), uno de los astrónomos más influyentes del mundo. La idea que pueden existir planetas fuera de nuestra galaxia no es nueva; Giordano Bruno ya lo postuló durante el Renacimiento. Sin embargo, en 1992 Wolszczan y su colega canadiense Dale Frail fueron los primeros en confirmar su existencia. Mucha gente piensa que Wolszczan puede llegar  a ganar el Premio Nobel.

Hablar de las contribuciones polacas a la ciencia, obliga a mencionar brevemente los grandes inventos polacos. El matemático polaco de origen judío Stanisław Ulam (1909-1984) fue uno de los inventores de la bomba atómica que trabajó para el Proyecto Manhattan en los Estados Unidos. Un ingeniero polaco, Henryk Magnuski (1909-1978), que trabajaba para Motorola en Chicago inventó uno de los primeros Walkie-Talkie (desarrolló tres patentes), que los soldados estadounidenses usaban para comunicarse en Europa durante la Segunda Guerra Mundial. Un sacerdote polaco, Kazimierz Żegleń (1869-1910) que se trasladó a los Estados Unidos, inventó el primerchaleco antibalas. Mientras Leo Gerstenzang (1892-1973), un inmigrante judío de Polonia a los Estados Unidos, inventó el hisopo, esta herramienta que los médicos nos dicen que no podemos poner en nuestra oreja (pero que, en mi opinión, es el mejor modo para limpiar nuestras orejas de la cera).

Aunque poca gente se de cuenta de eso, no entenderíamos nuestro mundo tan bien sin los científicos, investigadores e inventores polacos. Gracias a ellos sabemos que el Sol y no la Tierra está en el centro de nuestro mundo, estudiamos la radiología, sabemos que tenemos que consumir vitaminas y podemos protegernos contra enfermedades como la poliomielitis o el tifus. Gracias a los genios polacos el mundo nunca nos parecerá igual.

Filip Mazurczak  (Legnica, Polonia, 1988) cursó estudios de Historia y Literatura Latinoamericana en la Universidad de Creighton y un Máster de Relaciones Internationales en la Universidad George Washington. Ha escrito en inglés y polaco para publicaciones como Visegrad Insight, New Eastern Europe, First Things y el semanario polaco Tygodnik Powszechny entre otros.

Anuncios

4 comentarios en “Filip Mazurczak: la notable y poco conocida contribución polaca a la ciencia

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s