Polonia celebra este martes el Día Nacional de la Independencia Foto: David Corral Abad

Las complejas relaciones polaco-rusas viven su peor momento en 25 años desde la caída del régimen comunista en Polonia. El conflicto en Ucrania ha dejado mella y ha devuelto viejos fantasmas a esta parte de Europa. Aunque la mayoría de ciudadanos polacos no tienen nada contra Rusia, su cultura y sus ciudadanos, el sentimiento contrario al estado ruso ha crecido significativamente en Polonia últimamente.

Los partidos políticos—ante las elecciones municipales el próximo domingo 16 de noviembre—y los medios de comunicación polacos—que en algunos casos tienden al sensacionalismo y la exageración cuando hablan sobre Rusia—no parecen ajenos a ello. En las últimas semanas incluso se ha publicado en Polonia el rumor (cuya veracidad tampoco se puede descartar tajantemente) que Putin podría padecer cáncer de páncreas, le quedaran 3 años más de vida, y quisiera crear un gran imperio ruso antes de pasar a mejor vida.

Las relaciones entre ambos países se enrarecieron después de la catástrofe de Smolensk en abril de 2010, cuando se estrelló el avión del entonces presidente, Lech Kazcynski. El presidente, acompañado de numerosos altos mandos del ejército polaco, asistía a un acto de conmemoración del 60 aniversario de la masacre de Katyń (22.000 militares, oficiales e intelectuales polacos fueron asesinados por orden de Stalin en 1940), al que también iban a asistir las autoridades rusas y tenía que servir para escenificar una reconciliación histórica entre ambos países.

Siguió una frialdad diplomática, sin mayores conflictos, e incluso hubo una estrecha cooperación en muchas áreas; se organizó por ejemplo en el ámbito cultural el Año de Rusia en Polonia y Año de Polonia en Rusia para 2015 (finalmente suspendidos).

La situación cambió estrepitosamente cuando estalló la revolución del “EuroMaidán” hace un año en Kiev. Una revolución apoyada por Polonia, la UE y EEUU que generó la huida del proruso Víktor Yanukówich y grandes cambios políticos en Ucrania, que contaron con una gran implicación del entonces Ministro de Exteriores Radoslaw Sikorski, interesado en un gobierno proeuropeo en Kiev. Cambios que condujeron a que Putin llevara a cabo la anexión de Crimea y apoyara a los rebeldes separatistas del Donbass al sureste del país.

A menudo uno lee que todos los males que acechan hoy el este de Europa se deben al hecho que “tras la caída del Muro de Berlín, la OTAN se expandió hacia el este y rompiendo el acuerdo que terminó con la Guerra Fría”. Este el argumento que esgrimen algunos medios y analistas—no solamente rusos—y el propio Kremlin para justificar la actitud de Putin y la posición de Rusia en el conflicto ucraniano. En realidad lo que ocurrió es que ningún país saliente del bloque comunista o formado tras la desintegración de la URSS—como en el caso de los tres bálticos—quiso quedar desprotegido ante una hipotética invasión rusa, por lo que todos solicitaron la ayuda de la OTAN para protegerse. La Rusia de 2004 no era la actual en cuanto a poder militar, mediático y liderazgo: no podemos asegurar con certeza si una Rusia entonces parecida a la actual hubiera permitido la entrada en la UE de los países excomunistas de Europa central.

La nueva primer ministro polaca Ewa Kopacz, que sustituye al nuevo Presidente del Consejo Europeo Donald Tusk, afirmó tras tomar posesión del cargo en octubre que la posición de su gobierno en relación al conflicto ucraniana iba a ser a partir de ahora “pragmática”. En otras palabras dejó entrever que el gobierno polaco rebajaría la dureza de su discurso contra Putin por el papel ruso en Ucrania.

Dicho y hecho, porque le quitó la cartera de Ministro de Exteriores a Radoslaw Sikorski, quien sonaba como sustituto de Catherine Ashton como máximo representante de exteriores de la UE pero era visto como demasiado duro con Rusia por muchos países miembros de la UE. Sikorski, que puso a Polonia en el mapa en cuanto a relaciones internacionales concierne, y cuenta con una buena imagen en los círculos políticos y periodísticos—sobre todo en el mundo anglosajón—también se vio salpicado este año por un escándalo de escuchas ilegales: se le oía decir que la alianza con EEUU era perjudicial para Polonia ya que causaba una falsa sensación de seguridad, que el país estaba abocado a una guerra con Alemania y Rusia y que los polacos carecían de autoestima.

Nunca desvinculado de la polémica Sikorski, desveló en una entrevista en la revista Politico que Putin propuso al primer ministro polaco Donald Tusk en 2008 repartirse Ucrania entre los dos países, aunque luego se retractó de esas declaraciones. Le supuso una moción de confianza del Parlamento en su nuevo cargo de presidente de esta institución, que superó esta misma semana.

El gobierno polaco, pese a haber rebajado el tono ligeramente desde la llegada de Kopacz, tiene una posición mucho más firme con Rusia que la de sus vecinos en la Europa central oriental con la excepción de los países bálticos; una posición opuesta a la de Hungría, cuyo presidente Viktor Orban se ha convertido en el caballo de Troya de Putin en la UE, y que contrasta con la ambigüedad de Eslovaquia y República Checa que, pese a temer a Rusia, parecen temer todavía más las consecuencias económicas de enfrentarse a uno de sus principales socios comerciales. No en vano Polonia ha dejado de ser el principal exportador de manzanas del mundo a causa del embargo ruso.

Paralelamente, es notorio que el pasado miércoles el presidente polaco Bronislaw Komoroswki firmó la nueva Estrategia Nacional de Defensa, según la cual, la anexión de Rusia por parte de Crimea y su implicación en el conflicto este de Ucrania han socavado la seguridad regional. El nuevo plan de defensa pone el énfasis en la cooperación con OTAN, EEUU y la UE y está enfocado al refuerzo de la frontera este de Polonia. Sin embargo, este plan tiene implicaciones todavía más significativas: considera como escenario una hipotética y potencial invasión rusa de Polonia.

Al mismo tiempo, no parece una actuación pragmática que el Ministerio de Exteriores retirara la semana pasada la acreditación periodística al corresponsal ruso de la agencia Rossiya Segodnya, Leonid Svirídov y anunciara la intención de retirarle el permiso de residencia en Polonia. Una actuación vista como una provocación por el Kremlin. En declaraciones a la radio polaca la semana pasada, el historiador polaco norteamericano Richard Pipes, especialista en historia rusa, manifestó que Polonia tiene que ser muy cuidadosa con su actitud hacia Rusia y no puede ser tan agresiva como Estados Unidos, por su cercanía geográfica. Pipes cree que Polonia debería dejar en manos de EEUU y Europa occidental el apoyo a Ucrania, no estar tan expuesta y pasar a un segundo plano en este asunto. Este antiguo colaborador de la CIA añadió un apunte interesante: “Rusia desde hace siglos siente animadversión por Polonia porque considera que los polacos como eslavos deberían ser ortodoxos y no católicos, hecho que ven como una traición”. No obstante, afirmó que no considera como real la posibilidad de una invasión rusa de Polonia, por la pertenencia de este país a la OTAN.

La verdad, sin embargo, es que Polonia se queja de que en Europa occidental nadie se toma en serio la amenaza rusa ni entiende la manera de operar de ese país. Si alguien en la UE puede entender bien la mentalidad rusa son los polacos, vecinos con los rusos durante siglos y sufridores de sus ambiciones imperialistas. Afortunadamente para Polonia, la presencia de Donald Tusk al frente del Consejo Europeo puede tener una influencia en la posición de la EU con Rusia, aunque numerosos miembros comunitarios se oponen a endurecer las sanciones y el poder económico ruso se ha infiltrado significativamente en el viejo continente–Gazprom vendría a ser el mejor ejemplo de ello.

Para acabar de rizar el rizo, la tensión entre ambos países ha entrado también en el ámbito historiográfico. El pasado miércoles, Vladimir Putin ante un grupo de jóvenes historiadores rusos manifestó que el pacto Molotov-Ribbentrop no fue tan malo, porque en primer lugar la URSS no quiso ir a la guerra con Alemania en 1939. Putin, además, acusó a Polonia de demostrar una gran hipocresía por criticar ese pacto, que llevó a dos invasiones del país en 1939 y su partición entre nazis y soviéticos. Según el presidente ruso Polonia se aprovechó en 1938 de la invasión nazi de los Sudetes para ocupar una parte de territorio checo (que habia sido polaco antes de que Polonia desapareciera del mapa a finales del siglo XVIII). Mientras es cierto que Polonia ocupó una minúscula parte de territorio checo y—al igual que Francia e Inglaterra, se lavó las manos ante la invasión nazi de los Sudetes para evitar la guerra con Alemania en ese momento—comparar este episodio de 1939 con la invasión total de Polonia en dos frentes por la Alemania Nazi y en septiembre de 1939 es una barbaridad y un intento de manipular la historia.

Las declaraciones de Putin han causado estupor en Polonia y las reacciones no se han hecho esperar. El nuevo ministro de exteriores polaco Grzegorz Schetyna (que aprendió el poco inglés que sabe hablando con los jugadores norteamericanos del club de baloncesto en Breslavia que presidía), aseguró que “Putin se ha olvidado que en 1990 el Consejo Supremo de Rusia declaró nulo el pacto Molotov-Ribbentrop” y “este es el estado de la política rusa hoy en día”.

Por si esto fuera poco, esta polémica llega en un momento de lo más propicio: hoy se cumple un cuarto de siglo de la caída del Muro de Berlín y el próximo martes día 11 Polonia celebra el Día Nacional de Independencia—96 años desde que el mariscal Józef Pilsudski proclamara la independencia de Polonia, que había desaparecido del mapa durante 123 años, repartida entre Austria, Prusia y Rusia. En la celebración de 2013 un grupo de radicales ultranacionalistas atacó la Embajada Rusia en Varsovia y este año las autoridades han extremado las medidas de seguridad en la capital polaca ante la amenaza de nuevos incidentes.

Han pasado 25 años desde las primeras elecciones en un país del bloque comunista y de la caída del muro: la integración de la UE al Este ha sido un éxito (más para los nuevos miembros que para los antiguos), Polonia es hoy un miembro más, y destacado, del club de Occidente, un nuevo líder en la UE y una de sus economías más pujantes. Sin embargo, algunas cosas no han cambiado mucho desde entonces: el miedo a los tanques rusos permanece y la desintegración de la URSS no es un proceso cerrado.

Los exmiembros del bloque comunista han incrementado su presupuesto en defensa desde la invasión rusa de Crimea y la guerra en el sureste de Ucrania.

Russian Shadow

Pragmatismo, sin caer en una excesiva la agresividad dialéctica, y una eficaz estrategia de defensa preventiva ante la amenaza rusa parecen las políticas más inteligentes que Polonia puede llevar a cabo en este momento. En un momento en que los populismos de extrema izquierda, extrema derecha y nacionalistas invaden el viejo continente, Europa no se puede permitir volver al horror totalitario del siglo XX. No hay que olvidar que solo en las “tierras ensangrentadas” (término acuñado muy acertadamente por el renombrado historiador norteamericano Timothy Snyder) de la Europa central oriental éste acabó con la vida de 14 millones de personas.

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3 comentarios en “Máxima tensión entre Polonia y Rusia 25 años después de la caída del Muro de Berlín

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